¡Qué pinta!

Cracovia, una sorpresa asequible

En el ranking de las ciudades más económicas de Europa, la antigua capital de Polonia es todo un planazo.

Cracovia es una ciudad que sigue sumando atractivos a su increíble legado arquitectónico. Ahora añade nuevas oportunidades, como el haber sido Capital Europea de la Cultura Gastronómica durante el 2019 o estar considerada como una de las ciudades más asequibles para el viajero.

 
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1Stare Miasto

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Para flaneûrs cosmopolitas

Monumental y a la vez mundana, resulta esencial el paseo a pie para captar los detalles de su arquitectura; pero sobre todo para integrarse en su vitalidad cosmopolita. A diferencia de otras urbes polacas, Cracovia logró sobrevivir casi intacta a la Segunda Guerra Mundial. Su centro histórico, Stare Miasto, conserva un trazado que se remonta al siglo XIII, cuando el primitivo burgo fue reconstruido después de las invasiones tártaras. Es en esta Ciudad Vieja donde se impone el carácter de Cracovia, con iglesias góticas junto a casas burguesas, cuyas fachadas remiten a la aclamada simetría polaca. 

 
2Rynek Glówny

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Una plaza de récord

El epicentro de la ciudad es la Rynek Glówny, considerada la mayor plaza medieval del mundo, que resulta un espectáculo de gente a cualquier hora del día. Es recomendable verla al anochecer, cuando la iluminación de las farolas otorga al conjunto una atmósfera irreal, y desde las terrazas se escucha de fondo a los músicos callejeros. 

 
3 iglesia de Santa María

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En la asimetría está la belleza

En la plaza destaca La Lonja de los Paños, el centro comercial textil más importante de la Polonia medieval; en su planta superior hoy aloja la Galería de Arte Polaco. Aunque sin duda la joya del lugar es la iglesia de Santa María, de fachada gótica y torres asimétricas, cuyo interior deslumbra con una bóveda de estrellas azul. En este templo coinciden además dos tradiciones: la apertura diaria del retablo de la Virgen, que una monja lleva a cabo con puntualidad cracoviana; y el Hejnal Mariacki, un toque de corneta que sale desde una de sus torres cada día a las 12 h.

 
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¡A comer!

Las plazas y calles de la Ciudad Vieja reúnen restaurantes y cafés idóneos para la primera inmersión en la cocina polaca más tradicional. El espíritu de Cracovia no se refleja solo en su arquitectura e historia sino también en su cocina, donde se aprecia la huella de otros pueblos y culturas. Un cruce de sabores con todo tipo de influencias, pero siempre con la premisa de ser sustanciosas. Es el caso del bigos, el plato nacional polaco, que consiste en carne guisada con chucrut (col fermentada) y varios tipos de carnes y embutidos, o los pierogi, una pasta rellena con ingredientes vegetales.

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¡Ah del castillo!

El poder nutritivo de cualquiera de los platos típicos de Cracovia se puede intentar compensar con un paseo. Lo mejor será subir a la colina de Wawel y al Castillo que la corona, junto a un meandro del río Vístula donde se localizaba el primer asentamiento de la ciudad. Durante siglos, el castillo fue la residencia de los reyes polacos, muchos de los cuales reposan en la cripta de la Catedral Real. Los rincones imprescindibles de la ciudadela son la Capilla de Segismundo, con su enorme campana, y la Cueva del Dragón que, además de leyendas, ofrece vistas al apacible Vístula.

6Schindler

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para no olvidar

El patrimonio de Cracovia sobrevivió a la ocupación nazi, pero el recuerdo de aquella tragedia humana aún pervive en un barrio situado a un corto paseo desde Wawel. En Kazimierz convivían judíos y cristianos hasta que la población hebrea fue obligada a desplazarse al gueto de Podgorze, como describe Spielberg en La lista de Schindler. Allí, la antigua fábrica de esmaltes de Oskar Schindler ha sido convertida en un museo que narra la ocupación de Cracovia y la existencia del cercano campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Su visita es un recordatorio de que Polonia guarda bellezas y tesoros magníficos, pero también escenarios del horror.

 
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El barrio más cool

Kazimierz ha recuperado su idiosincrasia y se pueden visitar sinagogas, museos sobre la cultura judía y restaurantes kosher con música klezmer en directo. Hoy se trata del barrio con el mejor ambiente de la ciudad, con terrazas y patios donde no faltan talleres de jóvenes diseñadores y tiendas de ropa de segunda mano.

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Un festival de comida callejera

Kazimierz pone el broche al viaje por Cracovia con una despedida que incluye otra vertiente de su gastronomía: el llamado street-food. Comida callejera para aplacar el hambre más allá de medianoche que existe en la ciudad desde la Edad Media. Especialmente en torno a la Plac Nowy, los puestos del mercado y los food trucks nocturnos permiten saborear una zapienkankas, la pizza local, o la típica rosquilla de pan obwarzanek con semillas de sésamo. ¡Smaczneg! (buen provecho).

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Cracovia, una sorpresa asequible

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