Territorio internacional

Tánger como un espía

La ciudad de Marruecos donde se mezclaron espías y artistas claves para comprender la historia del pasado siglo XX (y algo del XXI).

A Tánger hay que llegar por mar, atravesando el Estrecho de Gibraltar. Así se toma conciencia de la cercanía y la lejanía existente entre dos mundos. Apenas son un par de horas navegando entre el Atlántico y el Mediterráneo, pero es tiempo suficiente para empaparse de la historia y el encanto de Tánger la Blanca.

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iStock-484648307. Una explosión de luz y color

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Una explosión de luz y color

“El paraíso existe”, Matisse describió Tánger con tal sentencia. Antes que él, la ciudad ya había seducido a pintores como Delacroix o Mariano Fortuny. A todos ellos les fascinó su luz cálida y la frescura que le concede el océano. A lo cual se suma el exotismo de lo diferente, en este caso la cultura del Rif rebosante de color y sensualidad en todas sus manifestaciones, desde sus bailes hasta sus ropajes. Así que no es extraño que el pintor fauvista se enamorara del lugar y retratara con pasión rincones de la kasbah y de la laberíntica medina. Durante varios meses de 1912 salía de la habitación 35 del Hotel Ville de France y buscaba plasmar el encanto de la ciudad. Sin embargo, aun sabiendo captar toda su belleza, Matisse no se adentró en las esencias, se quedó en la superficie.

iStock-1200382320. Un poco de historia

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Un poco de historia

La ecuación del embrujo tangerino es más compleja. Resulta clave su historia cercana, más vinculada a acontecimientos mundiales de lo imaginado. Por su valor estratégico, en el siglo XIX se asentaron aquí las delegaciones de muchas potencias europeas, para las cuales era la ciudad marroquí más importante. Tanto es así que en 1923 se le concedió el estatus de Zona Internacional. Tánger lo controlaban representantes de Francia, España, Gran Bretaña, Portugal, Italia, Países Bajos y Bélgica, a los que más tarde se sumaron las influencias estadounidenses y soviéticas. Todo ello en un periodo previo a la Guerra Civil al otro lado del Estrecho y una Guerra Mundial por medio planeta. Así que, como relata El tiempo entre costuras, espías como Rosalinda Fox hicieron que los cafés de Tánger y el glamuroso Hotel Continental, con vistas a la medina y el puerto, fueran el escenario perfecto para conspirar.

Minzah. Escritores americanos en Tánger

Foto: Hotel Minzah

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Escritores americanos en Tánger

Se cuenta que el Rick’s Cafe de Bogart no debería ubicarse en Casablanca, sino en Tánger. E incluso se asegura que se inspiró en el Hotel Minzah, que desde 1930, sigue siendo el más elegante de la ciudad. Un sitio por el que han pasado una larga nómina de visitantes insignes. Solo mencionando a escritores, aparecen un sinfín de literatos, especialmente todos los estadounidenses de la generación beat: Borroughs, Capote, Kerouac,… y sobre todo Paul Bowles, que fue el primero en llegar en 1947 con su esposa Jane. Y también fue el último en irse. De hecho, falleció en la ciudad marroquí en 1999. Más de 50 años fascinado por el lugar, aunque siempre lo contempló con mirada displicente y colonialista. Basta leer su gran obra El cielo protector para comprobarlo.

libraire. Muchos más personajes

Foto: La libraire des Colonnes

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Muchos más personajes

Tánger también atrapó a escritores europeos como Juan Goytisolo o Jean Genet, que además entablaron mayor contacto con autores locales como Mohamed Choukri. Todos se citaban en uno de los grandes templos culturales de Tánger, la Libraire des Colonnes. Negocio abierto en 1949 y que hoy permanece al pie del cañón. Un viajero cultureta que se precie debe pasear ante sus anaqueles repletos de títulos en diversos idiomas. Este lugar fue de los mejores para hallar libros prohibidos por el franquismo. Mientras que muy cerca actuaban las folklóricas más queridas en la dictadura, desde Estrellita Castro a Lola Flores, que solían acudir al Gran Teatro Cervantes, construido por los españoles en 1913. Hoy es una ruina, pero tal vez la restauración emprendida le devuelva todo su esplendor.

Le Mirage. La época dorada

Foto: Le Mirage

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La época dorada

En los 50, Tánger alcanzó su cima de glamour y desenfreno. Se recuerda la presencia de Rock Hudson, Errol Flynn o Rita Hayworth. El limbo de internacionalidad, exotismo y misterios ofrecía un sinfín de placeres prohibidos. Por ello se levantaron hoteles de lujo como Le Mirage, cuyas habitaciones, orientadas al Cabo Espartel y el inmenso Atlántico, guardan secretos inconfesables. No obstante, aquella atmósfera de vicio, intrigas e inspiración llegaba a su fin. En 1956, Marruecos logró la independencia y las autoridades musulmanas tomaban el poder en Tánger. ¡Un cambio radical! Todavía viajaban personalidades como los Rolling, inmortalizados fumando hachís en el Café Baba. O pasó un tiempo en Tánger el pintor Francis Bacon buscando a su amante. Así como se recuerda a Yves Saint-Laurent o al propietario de la revista Forbes comprando casa en la ciudad. Pero los años dorados habían pasado, y se inició una larga fase decadente.

raul-cacho-oses-2A8ONQWR69g-unsplash. El Tánger del siglo XXI

Photo by Raul Cacho Oses on Unsplash

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El Tánger del siglo XXI

En los últimos años el rumbo ha cambiado. Tánger quiere ser emblema del turismo en Marruecos, y las inversiones no cesan. Desde su marina para embarcaciones deportivas, hasta la mejora de las infraestructuras, con hoteles más contemporáneos y una gran oferta de centros comerciales donde no falta ninguna firma internacional. El hecho es que ese resurgir de nuevo atrae a famosos y celebrities, además de grandes fortunas y políticos de diferentes orígenes. Aunque ahora se instalan en fastuosas villas a las afueras. Y al mismo tiempo, los continuos ferrys desde Tarifa o Algeciras, los vuelos a su aeropuerto internacional y hasta el tren de alta velocidad entre Tánger y Casablanca, hacen que los turistas de economías más modestas lleguen y lleguen a la ciudad.

iStock-1178863808. Para no perderse

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Para no perderse

El principal destino de todos esos visitantes son las calles de la medina. Pero antes hay que recorrer la Plaza 9 de abril, conocida como el Gran Zoco. Allí está la fachada del viejo cine francés Rif aún en activo. También se ve la mezquita de Sidi Bou Abib dominada por el alminar de ladrillos y azulejos. Y detrás del templo musulmán se levanta la iglesia anglicana de Saint Andrews. La peculiar historia tangerina se plasma en sus monumentos. Y llega el momento de cruzar el arco de la Puerta Bab Al Fahs y entrar al laberinto de la medina. Tarde o temprano se llega a la Gran Mezquita, la Antigua Legación Americana, los restos de una sinagoga o al Pequeño Zoco, donde es bueno descansar imitando a los locales y sentarse en la terraza de los históricos cafés Tinguis o el Gran Central. Y tras retomar fuerzas se asciende un poquito más hasta la Kasbah, donde es visita obligada el Palacio del Sultán, transformado en un delicado Museo de las Artes Marroquíes.

shutterstock 1453566260. Té o café

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Té o café

Parece un recorrido muy rápido, pero no lo es. Se trata de callejear, desorientarse, hacer fotos, regatear, comprar y soportar a guías improvisados e infatigables vendedores de souvenirs. Cuando uno se cansa, sale de nuevo a la ciudad nueva. La amplitud de las calles alivia, pese al tráfico. Realmente saturado como se comprueba desde el Grand Cafe de París, en la Plaza de France, donde se sentó Matt Damon en The Bourne Ultimatum. Por cierto, no es su único personaje vinculado con Tánger. Antes hizo El talento de Mr. Ripley, basada en una saga de novelas de Patricia Highsmith. Esta autora visitó Tánger para conocer a Bowles, y aunque huyó espantada, ambientó una riña de su personaje Tom Ripley en el célebre Hafa Cafe. Si bien este establecimiento, que pronto cumplirá 100 años, invita a cualquier cosa menos a pelear. Sus vistas al Estrecho lo convierten en el mejor lugar para tomar un té, contemplar el mar y dejarse llevar. Un lugar para la inspiración, como le ocurrió a Luis Eduardo Aute quien tituló Hafa Café a una de sus canciones más románticas, sensuales y lascivas, casi tanto como Tánger.

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Tánger como un espía

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