Cinco siglos de singularidad

La Habana: lo que el turista no ve

El mapa perfecto para descubrir una ciudad que es mucho más que decadencia y fotogenia.

En Cuba, la expresión “tiene tumbao” hace referencia a una persona, preferentemente una chica, con ocurrencia y magnetismo al hablar, expresarse o caminar. Una frase que también podría tomar prestada La Habana, esa ciudad fascinante donde la explosión de color, ritmos y cultura puede pecar de un exceso palpable en lugares tan turísticos como La Habana Vieja.

 

Una visita igualmente obligada que supone el mejor umbral a otros muchos rincones y experiencias más allá del típico mojito de Hemingway en La Bodeguita del Medio o un paseo por el Malecón, el gran sofá del Caribe. Con la “Llave del Nuevo Mundo” en el bolsillo, este mapa abre la puerta a los lugares más desconocidos de La Habana.

 

 

Fábrica de Arte Cubano

 

Instagram fue la encargada de darla a conocer al mundo, pero aún así, la Fábrica de Arte Cubano continúa siendo ese lugar genuino donde late la vanguardia cubana. Ubicada en una antigua fábrica de aceite del barrio de Vedado, la también conocida como F.A.C. es un proyecto fundado por el músico X Alfonso donde la danza, música, pintura o escritura coexisten en un mismo y fascinante universo (parcialmente) libre de censura.

El Bosque

Uno de los grandes retos que La Habana ofrece a los turistas es la búsqueda de una red de Internet. Generalmente, en Cuba hay que hacer cola para conseguir una tarjeta con un código mediante el que conectarse a la red local desde algún parque de la zona, entre ellos El Bosque. Una selva urbana a orillas del río Almendares donde las ofrendas de santería lucen a los pies de las palmeras reales, el árbol fetiche de los brujos yoruba, mientras los enamorados ríen entre canales y miradores.

Jaimanitas

Aunque alguien diga “allá, a tres cuadras”, lo cierto es que son algunas más las manzanas que separan el barrio de Jaimanitas de La Habana Vieja. Tras veinte minutos en taxi (o cuarenta de autobús), se llega a esa Cuba auténtica donde los locales bucean en busca de camarones a espaldas del gobierno y los ecos lejanos de salsa interrumpen la siesta de los vecinos. Pero si existe un gancho por el que Jaimanitas merezca la pena, ese es sin duda Fusterlandia, vivienda de José Fuster, un artista que tras un viaje por Europa trajo las influencias de Gaudí a este rincón de La Habana desplegando un submundo propio entre callejones y chozas de palma: mosaicos invadiendo las paredes, sirenas en la piscina y mujeres monóculas decorando los murales conforman este tropical País de las Maravillas.

Playita de 16

Los ecos de la nostalgia que rezuma La Habana conducen hasta Miramar, un barrio al este de Jaimanitas donde yace la conocida como playa de la calle 16, lugar de esparcimiento para los cubanos que acuden aquí para recrearse con sueños de libertad. Un rincón erosionado por el Caribe y convertido hoy en lugar de encuentro para locales y viajeros gracias a la incursión de un discreto chiringuito donde tomar un daikiri alejado de los circuitos turísticos. Eso sí, conviene llevar zapatillas de deporte.

Humboldt 52

Al final del Malecón se dibuja un sinuoso triángulo formado por la calzada de la Infanta, la calle L y la 23 donde nace el principal pulmón de ambiente gay de La Habana. A diferencia de lo que muchos viajeros piensan, la capital cubana vive una eclosión de la cultura LGBT propulsado por el activismo de Mariela Castro, hija del actual presidente Raúl Castro, que se despliega en locales tan agradables como el Humboldt 52, un oasis donde los mojitos y lámparas disco se asoman a una pista de baile que parece salida de una novela de Sarduy. El perfecto escenario donde enlazar con el ambiente de Mi Cayito, una de las muchas playas urbanas que abrazan La Habana.

El Hurón Azul

José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Cirilio Villaverde o el no tan nombrado Reinaldo Arenas... Cuba, y en concreto La Habana, son auténticas mecas literarias donde encontrar infinidad de librerías (Fayad Jamís es el mejor ejemplo), fundaciones como la Casa Museo de Lezama Lima, o lugares de encuentro como El Hurón Azul, nombre con el que también se conoce a la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC). Ubicada en el barrio de Vedado, esta agrupación se reúne en una antigua mansión colonial donde, cada miércoles, La Peña del Ambia toca desde son hasta trova reservando para el resto de la semana numerosos eventos culturales que comienzan alrededor de las 5 de la tarde.

Cine Yara

El barrio de Vedado aglutina algunos de los grandes atractivos de esa Habana nueva, menos turística y con un puntito kitsch. Basta con asomarse a la Avenida 23 y descubrir las cafeterías envueltas en plataneras donde el turista puede pagar en pesos cubanos, el colorido tráfico, o los supermercados rebosantes de sacos de azúcar y malanga. Pero es allí, al final de la misma calle, donde la presencia del cine Yara evoca el esplendor modernista de La Habana que se sueña a través de un viaje atrás en el tiempo de sesenta años.

Donde Lis

Si se tuviera que elegir una gastronomía del mundo, la cubana no estaría entre las primeras. O al menos, no hace diez años. Por suerte, la escena foodie de la ciudad, cada vez más liberada de las limitaciones de la dictadura, ha permitido a numerosos chefs apostar por nuevos sabores a través de restaurantes como La Guarida, Los Naranjos pero, especialmente, Donde Lis, un paladar donde se sirve la mejor ropa vieja de, sí, La Habana Vieja. Porque por muy turística que sea, incluso el gran pulmón viajero de la capital cubana guarda también unos secretos a los que cuesta resistirse.
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Foto: iStock

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