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Los pueblos imprescindibles de Castellón

Entre el Maestrazgo y el Mediterráneo, esta provincia demuestra que el tamaño (urbanístico) no importa.

Castellón se resume en dos palabras: mar y montaña. Esta provincia del norte de la Comunidad Valenciana es costa y es verano, y lo es por sus 120 kilómetros de litoral bañado por el mar Mediterráneo. Pero también es una de las provincias más montañosas de España, hogar de bosques mediterráneos, ríos, desfiladeros, paisajes de lo más pintorescos y pueblos amurallados. Entre naranjos, olivos y almendros, Castellón atesora un legado cultural e histórico que va del litoral al interior y pasa por pueblos como Peñíscola, Morella, Ares del Maestrat, Culla y Vilafamés.

 

 

Peñíscola

A Peñíscola se la conoce por ser lugar de veraneo y por su estampa de postal coronada por el que fue el hogar del Papa Benedicto XIII, apodado Papa Luna. Anclado en el mar sobre un gran montículo, este castillo reconstruye parte de la historia de caballeros y fortalezas de las tierras del Maestrazgo. Su patio de Armas y torre del Homenaje son un balcón ideal para observar el Mediterráneo. Detrás de las murallas que bordean el centro histórico, los hoteles y urbanizaciones han crecido año tras año para acoger al turismo de costa de la zona. Desde allí, uno puede conocer el Faro, el Museo del Mar y adentrarse en el Parque Natural de Sierra de Irta.

Morella

Un castillo y murallas medievales del siglo XIV se vislumbran a lo lejos al llegar a Morella por carretera. Y, una vez allí, el gótico se convierte en el protagonista. Este municipio atesora la iglesia de Santa María la Mayor, que cuenta con un bula papal, el antiguo convento de San Francisco, la iglesia de San Juan y la de San Nicolás y las ermitas de San Marcos y San Pedro Mártir. Si olvidar la arquitectura civil del Ayuntamiento, el Hospital y el Acueducto que, junto al resto, la hicieron merecedora de ser Bien de Interés Cultural. Al recorrer este conjunto histórico, el aroma a trufa negra se cuela en los restaurantes y establecimientos que la poseen y, quien lo desee, puede emprender una ruta gastronómica para olfatearla y saborearla.

Ares del Maestrat

Rumbo al sur, otro castillo se asoma en medio del paisaje de El Maestrazgo. En lo alto de Ares del Maestrat, las ruinas del antiguo castillo se entrelazan con los restos de muralla árabe de la Edad Media, mientras que a sus pies se encuentran la iglesia parroquial y la torre del campanario. Asimismo, en el corazón del pueblo, la Plaza Mayor actúa como eje central de otros edificios, entre los que se encuentran los Porches, la cárcel y el Ayuntamiento. A lo lejos, el Barranc dels Molins esconde cinco molinos de agua de los siglos XVII y XVIII, mientras que en la Cueva Remigia se puede apreciar el arte rupestre levantino.

Culla

A medio camino entre Ares del Maestrat y el Penyagolosa, Culla se asoma para sorprender al visitante y hacerlo viajar en el tiempo. Declarado Bien de Interés Cultural, atesora las ruinas del castillo árabe del siglo XIII, el Antiguo Hospital, la Iglesia de El Salvador y el antiguo Granero del Comandador. Las calles encaramadas, las fachadas de piedra y unas vistas impresionantes, lo convierten en el pueblo perfecto para desconectar, desde donde emprender rutas y excursiones hacia el Mirador del Terrat o el Parque Minero del Maestrazgo.

Vilafamés

A lo alto de una mole de la Sierra de les Conteses, el Castillo de Vilafamés corona la localidad. Si por algo destaca esta fortaleza es por la pintura rupestre que alberga el abrigo, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Pero también despunta por ser el reflejo del origen árabe de este pueblo, que también se percibe en las callejuelas y los edificios que las flanquean. También merecen una visita la Iglesia de la Sangre, las ermitas de San Miguel y de San Ramón y la Iglesia de la Asunción, así como el Palau del Batlle, construido entre los siglos XIV y XV y que en la actualidad actúa como Museo de Arte Contemporáneo.

Morella

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