Mapa Viajes NG

Murcia, ¡qué rural eres!

Localidades empeñadas en seducir al viajero con sus monumentos, callejuelas y vistazas.

Entre la huerta y el mar, Murcia no solo atesora ciudades interesantes. También localidades más humildes (por tamaño) pero que compiten en interés con los grandes highlights de la Región. En este mapa se puede descubrir, coordenada a coordenada, estas joyitas hipnóticas. 
 

 

Moratalla

Murcia se pliega rumbo al norte, como queriendo dejar claro que entre Castilla y esta región hay una potente frontera natural. Algo de lo que se benefician localidades como Moratalla para brillar con más fuerza. Aquí lo que reina es la arquitectura popular, que tapiza con sus techos anaranjados las suaves lomas. Y así hasta ir poco a poco conquistando la panorámica dando con los dos grandes monumentos e iconos de la localidad: el castillo medieval, una portentosa torre que aún sigue gobernándolo todo; y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Además, en sus inmediaciones esperan dos direcciones fundamentales para los amantes de la arqueología: el yacimiento de Los Molinicos y un conjunto de abrigos con pinturas paleolíticas.

Caravaca de la Cruz

Sus dimensiones y su población (más de 25.000 habitantes) supera a lo que se le podría considerar pueblo, pero obviar su imponencia y su atractivo en una comunidad donde lo playero siempre ha brillado más que lo rural tendría delito. Y más si se tiene en cuenta es una de las tres ciudades jubilares de España (junto a Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana). Todo por cruz que, según cuenta la leyenda, fue traída desde Jerusalén por dos ángeles. Un mito que acabó por convertir este símbolo en icono de la Reconquista y que, desde entonces, ha hecho que Caravaca se mantenga casi intacta con su metrónomo marcado por la Basílica donde se venera la Vera Cruz. Pero aquí no redime su único encanto. En sus inmediaciones aparecen otras joyas como la iglesia renacentista de El Salvador, el Templete barroco y las puertas que siguen marcando el acceso a la antigua ciudad medieval.

Cehegín

Nombrado recientemente como la maravilla rural de 2019, este pueblo ha sabido surfear a la perfección esta condecoración para ponerse en boca de todos. Razones no le faltan, porque no consiste solo en un panorámica lejana más o menos apañada. Y es que debajo de un skyline bastante resultón sorprende un conjunto de callejuelas que son conjunto histórico-artístico y que que comunican auténticas joyas como la iglesia de Santa María Magdalena, la Iglesia de la Soledad, el convento de San Esteban o el Hospital de la Real Piedad. Todo ello sin obviar los palacios que se suceden en sus calles y que acaban rematando un viaje a una época próspera que hoy en día enamora a todos.

Aledo

Aledo podría considerarse historia viva de la Reconquista. O, en otras palabras, de cómo una localidad esencialmente andalusí ha ido reinventándose hasta convertirse al cristianismo sin acabar de de disimular del todo sus cicatrices. Esto se traduce en que aquí el callejeo es nervioso, marcado por un urbanismo que recuerda al de las (no tan) lejanas Medinas donde, de repente, aparecen restos de la muralla musulmana. O en un castillo, el de Calahorra, levantado durante el periodo de la taifa de Murcia y remodelado e intervenido para convertirse en baluarte cristiano tras el cambio de bando. Eso sí, no a Aledo no le falta su joya religiosa, la iglesia de Santa María la Real, donde el Barroco parece estar hecho con barro.

Cabo de Palos

La Murcia marinera tiene en esta localidad (homónima del accidente geográfico) su particular santuario. ¿Podría definirse como un viaje en el tiempo? Un poco, pero esto no significa que se trate de un lugar que renuncie al progreso, sino que se refugia mucho mejor en el encanto de sus barcas meciéndose en el agua, de sus casitas encaladas que han escapado de toda voracidad urbanizadora y de su faro, icono aún de la costa en estas coordenadas. Pasearla supone recorrer de un lado a otro el paseo de la Barra, curiosear en su puerto, procrastinar en la plaza de la Virgen del Mar y disfrutar de la brisa en sus playas. Y, por supuesto, un mar que lo esculpe todo con salitre y paz.

Cehegin

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