Fantasías de piedra

Once pueblos medievales para soñar con Gales

¿Qué se podría esperar de una nación sin grandes ciudades y con mucho encanto rural?

Gales es fruto de un clima lluvioso, de una orografía juguetona y de un pasado forjado en mil batallas. Por eso no es de extrañar que, a lo largo de su costa y de su interior, todavía sobresalgan localidades de piedra y almena cuyos baluartes y callejuelas empedradas son hoy un reclamo. Y estas son las más bellas. 

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iStock-136257136. Caernarfon

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Caernarfon

Este coqueto pueblo es, sin duda, uno de los más emblemáticos y relevantes del país. Su emblema, el castillo homónimo, fue levantado por Eduardo I en el siglo xiii con el fin de apaciguar las amenazas nacionalistas galesas y, desde entonces, se ha mantenido en pie viendo como el pueblo iba creciendo a su alrededor. Eso sí, ni sus torres ni sus murallas han caído desde entonces, siendo ahora un reclamo indiscutible del norte de esta nación y albergando, entre otras cosas, el nombramiento de los herederos británicos como Príncipes de Gales. Más allá de esta fortaleza, espera un puerto coqueto donde los mástiles no se atreven a competir con los altos muros y unas ruinas romanas que atestiguan la relevancia de este enclave a lo largo de la historia. 

iStock-1204296812. Tintern

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Tintern

Siendo exactos, Tintern no existe como pueblo. Es, más bien, un conjunto de casas de aspecto añejo levantadas junto al río Wye que administrativamente pertenecen a la cercana Chepstow. Sin embargo, los restos de su famosísima abadía, una de las más relevantes de la Alta Edad Media en Gran Bretaña, hacen que tenga una identidad turística propia. Y es que, más allá de las ruinas de este cenobio cisterciense, en Tintern esperan otras joyas medievales como el antiguo molino de agua y la iglesia (también en los huesos) de Santa María. 

iStock-653319492. St. Davids

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St. Davids

Ubicada en el extremo occidental del país, esta ciudad presume de ser la más pequeña del país. ¿Por qué? Pues porque, pese a no alcanzar lo 2.000 habitantes, su relevancia histórica y geoestratégica siempre ha sido innegable. Solo basta con mirar su inventario patrimonial, con una catedral dedicada al homónimo patrón de Gales que se yergue orgullosa sobre los tejados. La acompaña, también poderosa, la torre de la ciudad del siglo xiv que parece vigilar a los bañistas y regatistas que se agolpan en sus costas burlando, con su alegría, el semblante medieval. 

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Pembroke

Hay dos datos significativos que ejemplifican la relevancia histórica de este lugar. El primero, que aquí nació Enrique VII, fundador de la dinastía Tudor. El segundo, que esta localidad da nombre a todo un condado y a una costa protegida por su biodiversidad. Una vez presentadas las credenciales de esta localidad, lo que toca es explorarla, comenzando por su poderoso castillo (una de las herencias constructivas normandas más representativas) y siguiendo por sus murallas prácticamente intactas desde hace siglos. En uno de sus extremos asoma la torre de Barnard, uno de los mejores ejemplos de arquitectura defensiva del siglo XIII. 

iStock-482456766. Conwy

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Conwy

Este fotogénico pueblito pertenece a la red de baluartes levantados por Enrique I que hoy son patrimonio de la humanidad. No en vano, se trata de un baluarte notable por su estampa y, también, por su emplazamiento estratégico junto al río Conwy desde donde protegía el comercio marítimo de esta localidad. Su estampa es tan magnética, que en ocasiones eclipsa demasiado el hecho de que aquí hay otros enclaves imprescindibles como las tres puertas que cruzan la muralla y que siguen atemorizando con su porte, el precioso edificio del Plas Mawr, sede del antiguo ayuntamiento; la considerada como casita más pequeña de Reino Unido o la Abercowny House, hogar de un mercader del siglo XV. 

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Monmouth

A diferencia de lo que sucede con otras localidades galesas, Monmouth no tiene como emblema una iglesia en ruinas o un castillo. Su icono es un castillo medieval fortificado que, pese al paso de los años, sigue siendo el epicentro de la rutina del lugar. Eso sí, aquí no se quedan las reminiscencias de la que fue una capital relevante durante la época normanda. De aquellos siglos conserva un castillo semiderruido en el siglo XVII durante la Guerra Civil y un urbanismo en el que todo sucede alrededor del río. 

iStock-499127051. Laugharne

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Laugharne

Por mucho que la cercanía al mar o la imponente presencia de su castillo sean razones más que de sobra para visitar Laugharne, su encanto medieval no está en ningún edificio defensivo. Y es que su auténtica e indiscutible joya es la iglesia de Saint Martin, un templo levantado en el siglo XV que es un perfecto ejemplo de arquitectura medieval británica. En su interior destaca una losa con forma de cruz que data del siglo IX cuya autoría se duda si es celta o vikinga. Fuera de estos muros esperan las casas de estilo georgiano que son carne de Instagram o la cabaña del escritor Dylan Thomas. 

iStock-178508506. Tenby

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Tenby

A simple vista, Tenby no es más que una pintoresca localidad marinera con sus casitas de colores, su playa perfectamente alisada y sus barquitas meciéndose con el traqueteo de las olas. Pero, si se hace zoom in, lo que se descubre es que, tanto colorín y tanto aftersun está cimentado sobre el que fue un importante puerto marítimo medieval. Como evidencia de aquella época queda su castillo sobre la colina, su fantasiosa puerta de los cinco arcos o la iglesia de Santa María. El contraste de estos edificios con los tonos pasteles de las tiendecitas y hoteles que evocan la belle époque de finales del siglo xix  es único en todo el país. 

iStock-473547006. Beaumaris

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Beaumaris

Durante siglos fue la puerta de entrada de la isla de Anglesey, de ahí que no renunciara a su esencia defensiva durante la Edad Moderna y que su castillo concéntrico siga siendo imponente y majestuoso. La longitud de sus almenas y torres dan fe del tamaño que llegó a adquirir cuando protegía a uno de los puertos más importantes de los sajones. De aquel pasado relevante quedan más vestigios, como su iglesia de Santa María, su palacio de justicia y su casa Rosa Tudor, una de las construcciones de madera más antiguas (data del siglo XIV) y bellas de toda Gran Bretaña. 

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Llanrwst

Si, por norma general, toda visita a Gales tiene como atrezo una cota de mallas y una espada medieval, Llanrwst es más un escenario para películas románticas y escenas edulcoradas. De hecho, la estampa que forma el puente de Iñigo Jones con el salón de té Tu-Hwnt-I'r Bont es una de las más codiciadas por las parejitas que escapan a esta localidad, aunque sus encantos medievales estén justo al otro lado del río Conwy. Y es que en la ribera nordeste espera la recoleta iglesia de St. Grwst, la mejor reminiscencia de la que fue una localidad comercial durante el Medievo. 

iStock-471433331. Chepstow

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Chepstow

Muy próximo a la la frontera con Inglaterra y a la desembocadura del río Wye, Chepstow asoma transmitiendo esa sensación de poder que hacía antaño. El hecho de estar levantado en un meandro acrecienta esta primera impresión impactante con un castillo que no es una fortaleza cualquiera. De hecho, es el más antiguo de todo el Reino Unido, un dato que se comprueba al contrastar su piel con la de las alegres fachadas del resto de esta localidad. Eso sí, callejeando por esta se pueden encontrar otras maravillas coetáneas como la puerta de la ciudad o la iglesia normanda de Santa María. 

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