Amor en palíndromo

Roma en siete imprescindibles

Sí, la capital de Italia es eterna, pero en estas coordenadas se condensa gran parte de su majestuosidad.

Roma se erige sobre sus siete colinas como un collage confeccionado con retazos de historia, vestigios imperiales, plazoletas con iglesias barrocas y trattorias encantadoras. El patrimonio artístico de la capital de Italia es tan abundante que no queda restringido a los museos, sino que aparece en plazas y calles del centro, integrado en la vida cotidiana de sus habitantes. A pesar de ello, su visita siempre reserva nuevos atractivos de arte y gastronomía para disfrutar en segundas y terceras visitas. Y es que en Roma es posible tomarse un café junto a un templo de 2000 años o curiosear escaparates con la última moda. 

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iStock-527051641. Villa Borghese, el jardín romano

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En el #7: Villa Borghese, el jardín romano

Una larga escalinata comunica la Piazza del Popolo con el monte Pinzio, la colina sobre la que se extiende la hermosa Villa Borghese (siglo XVII) con sus jardines, una de las zonas verdes favoritas de los romanos. La visita al conjunto, que también incluye las villas Giulia y Medici, discurre por senderos con miradores que sorprenden con vistas sobre el Tíber y la otra orilla de Roma. El Ayuntamiento adquirió en el siglo XIX estas fincas con el fin de abrirlas al público: su inauguración fue en 1903. Los jardines de la Villa Borghese ocupan 80 hectáreas y fueron diseñados al estilo inglés, de moda en la época de su creación, con frondosas arboledas que simulan una naturaleza silvestre, deliciosas rosaledas, estanques y lagos con embarcaderos y pequeños puentes, y románticas glorietas que se reflejan en el agua. En la villa principal se halla instalada la Galería Borghese, un museo cuyos fondos incluyen lienzos de Bellini, Rafael, Tiziano, Correggio y Caravaggio entre otros pintores. En el ámbito escultórico, además de obras de Gian Lorenzo Bernini, la galería exhibe la delicada Venus Borghese, una escultura de Paulina Bonaparte Borghese, la hermana menor de Napoleón, que es una de sus piezas más famosas. Por su lado, la Villa Giulia alberga el Museo Nacional Etrusco mientras la Villa Medici, con otro jardín precioso, es la sede de la Academia Francesa en Roma.

iStock-1065348008. Iglesias fuera del Vaticano

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En el #6: Las iglesias fuera del Vaticano

Roma reúne más de 700 iglesias. Muy cerca de la Villa Borghese se puede visitar la hermosa Santa Maria del Popolo. Con cimientos del siglo XI, es una de las cuatro «basílicas mayores» de la ciudad: en su interior destacan varias pinturas de Caravaggio. San Giovanni in Laterano (San Juan de Letrán) es la catedral católica de Roma, un edificio erigido por el arquitecto Borromini, que esconde una resplandeciente nave central y un delicado claustro que regala al que lo recorre un momento de paz durante la visita. No muy lejos de la plaza de Vittorio Emanuel II se puede entrar en Santa Maria Maggiore, otra de las basílicas mayores romanas. El Papa o sus delegados son los únicos que pueden consagrar misa en sus altares principales. En un extremo del crucero sobresale la Capilla Borghese, añadida en el siglo XVII, que exhibe una decoración barroca que contrasta con los mosaicos bizantinos del resto de la iglesia. En Santa Maria de la Victoria, basílica del siglo XVII erigida cerca de las Termas de Diocleciano, se puede ver un hito de la escultura barroca: El éxtasis de Santa Teresa, un conjunto en mármol tallado por Bernini en 1645. También vale la pena acercarse a la pequeña iglesia de San Pietro in Vincoli, en la zona de Esquilino, para contemplar al Moisés de Miguel Ángel, una escultura renacentista realizada en el siglo XV. Por último, la iglesia del Santo Nome di Gesú, en la plaza homónima, es un templo de sobria fachada tras la cual se abre un interior decorado con magníficos y coloristas frescos del siglo XVI y XVII.

 
iStock-537714748. De 'piazza' en 'piazza'

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En el #5: De 'piazza' en 'piazza'

Uno de los lugares más emblemáticos de Roma es la Piazza di Spagna, un popular punto de encuentro tanto para romanos como para visitantes. Se conoce con este nombre desde el siglo XVII cuando la embajada española se instaló en el Palacio Monaldeschi. Desde su amplia base nace una elegante escalinata de travertino creada en 1725 que asciende hasta lo alto de este céntrico lugar presidido por la iglesia de la Trinità dei Monti, un templo de estilo gótico finalizado en 1519, y el mejor mirador sobre este animado enclave lleno de cafés con terrazas y encajado entre callejuelas y plazas históricas con restaurantes. La Piazza di Trevi, en el barrio del Quirinal, es otro enclave ineludible en toda visita a Roma. Está dominada por la famosa Fontana, un magnífico conjunto escultórico barroco creado en el siglo XVIII donde sobresalen de la roca las esculturas del dios Océano y dos tritones. En este rincón, inmortalizado por películas clásicas como La Dolce Vita (1960), todo visitante cumple con la tradición de arrojar una moneda para regresar a Roma, o dos si lo que se desea es encontrar el amor. En un lateral vale la pena acercarse a la llamada Galería Sciarra, un pasaje peatonal de la Vía Minghetti, que es un ejemplo de arquitectura urbana y artes decorativas del siglo XIX. La Navona es otra plaza imprescindible. Su forma alargada delata la antigua condición de arena de un estadio del Imperio romano. En época medieval acogía el mercado diario y entre los siglos XVI y XVII fue embellecida con las tres fuentes monumentales de Neptuno, de los Cuatro Ríos y del Moro. La plaza es famosa por sus heladerías y cafés que rebosan de gente, especialmente al atardecer y por las noches. También merece un paseo el encantador Campo dei Fiori, un pequeño espacio que desde 1869 acoge cada mañana un mercado al aire libre, y un buen inicio de cualquier jornada en Roma; de noche el protagonismo se lo llevan las trattorias cercanas con su suculenta oferta de platos típicos.

Por último, la plaza de San Pedro del Vaticano. Temprano por la mañana o ya entrada la noche, se puede disfrutar casi en soledad de la obra de algunos de los grandes maestros del Renacimiento y del Barroco. Para empezar, la imponente columnata que abraza la plaza de San Pedro, creada por Gian Lorenzo Bernini, autor también de gran parte de la decoración interior de la basílica cuya inmensa cúpula, visible desde casi toda Roma, se debe al genio de Miguel Ángel Buonarroti. 

iStock-542835242. Un día en el Trastevere

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En el #4: Un día en el Trastevere

Al sur del Vaticano se extiende este encantador dédalo de calles y plazoletas que esconden palacios y jardines renacentistas, tiendas de artesanos y numerosos restaurantes de comida tradicional, uno de sus principales atractivos. La vida en este carismático barrio se concentra especialmente alrededor de la Piazza di Santa Maria in Trastevere, en la que se puede visitar la antiquísima basílica del mismo nombre. Frente a ella hay una fuente que suele ser lugar de encuentro. Por la mañana, el mercado de San Cosimato y la misma plaza plasman el latido del barrio. El aperitivo se puede tomar en la Piazzale Garibaldi, en la colina del Gianicolo, para ver una perspectiva de Roma. En torno a Il Fontanone, una fuente de 1612, abundan los restaurantes y bares nocturnos. El paseo por las estrechas calles empedradas del Trastevere sorprende además con rincones menos conocidos que dan cobijo a modestas iglesias medievales o a la Spezieria de Santa Maria in Trastevere, una farmacia del siglo XVII en funcionamiento hasta 1978, que se puede visitar en el convento de Santa Maria della Scala.

iStock-493907838. El Panteón de Agripa

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En el #3: El Panteón de Agripa

El imponente Panteón aparece de forma inesperada en una pequeña plaza encajada entre el laberinto de calles del centro romano. Este edificio circular, con un óculo en la cúspide de su cúpula, fue erigido como «templo de todos los dioses» por el emperador Adriano entre los años 118 y 125 d.C. Posteriormente fue consagrado en el año 609 como iglesia de Santa María de los Mártires por el emperador bizantino Flavio Focas. En la actualidad alberga los mausoleos de los reyes de la Italia moderna Vittorio Emanuele II, Umberto I y su esposa Margarita de Saboya, y también la tumba de Rafael, del que este año de conmemoran los 500 años de su muerte. La técnica arquitectónica empleada para levantar el Panteón de Agripa sigue hoy sorprendiendo y ha sido tema de numerosos estudios. La cúpula es una maravilla realizada con cemento y piedra porosa, sin armazón de acero, que se construyó sobre un molde de madera. El óculo, con 9 metros de diámetro, es la única abertura del edificio –además de la entrada– y deja penetrar la luz y el agua de la lluvia. El pavimento de mármol aún preserva el diseño romano y tiene 22 orificios apenas visibles que filtran el agua de lluvia que entra a través del óculo.

iStock-618332658. En el #2: El Legado del Imperio

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En el #2: El legado del Imperio

Los vestigios que perviven en el Foro romano siguen impresionando al viajero, sobre todo si los contempla en su conjunto desde colinas cercanas como la del Palatino. Con solo un poco de imaginación, las basílicas vuelven a erguirse, los templos se llenan de ofrendas, el Senado resuena de voces y los soldados desfilan por la empedrada Vía Sacra. La visita al Foro romano se inicia en la Vía de los Foros Imperiales, una avenida cuya construcción entre 1924 y 1932 sacó a la luz ruinas sepultadas. A pocos metros de la entrada al recinto se yerguen a la derecha los restos de la basílica Emilia (179 a. C.), un edificio que tenía función comercial y cuyos soportales albergaban tiendas y tabernae argentiariae, los bancos de la época. A partir de ahí se propone una visita que es como un libro de historia a cielo abierto en el que aún se reconocen muchos monumentos. Entre los más destacables se hallan los templos de Antonino y Faustina, el de Rómulo o el de Venus; el edificio de la Curia; el Arco de Septimio Severo… Cerca de la salida del recinto sobresale la silueta del grandioso Coliseo (siglo I) emergiendo al fondo. La inauguración del gran circo romano en el año 80 fue uno de los mayores acontecimientos del Imperio. Se realizan visitas comentadas que incluyen las galerías, la arena central y las gradas que podían acoger 55.000 espectadores. Alrededor de estos potentes vestigios también se pueden buscar rincones curiosos, por ejemplo la legendaria máscara del pórtico de la basílica de Santa María en Cosmedín, famosa por aparecer en la película Vacaciones en Roma (1953) protagonizada por Audrey Hepburn y Gregory Peck. También resulta un reto descubrir la Roma subterránea, una ruta por escondites donde se refugiaron de su persecución los primeros cristianos y catacumbas: la antigua ley romana prohibía que se diera sepultura a los difuntos dentro de la ciudad, por lo que, entre los siglos II y V, los enterramientos se realizaban junto a las canteras extramuros. Hay más de 60 catacumbas excavadas, aunque menos de una decena están abiertas al público.

iStock-472094874. En el #1: Los tesoros del Vaticano

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En el #1: Los tesoros del Vaticano

El Vaticano, el estado más pequeño del mundo, reúne dos mil años de historia y arte. En menos de un kilómetro cuadrado, su capital, Ciudad del Vaticano, contiene algunas de las joyas y piezas de arte y arquitectura más valiosas que se conocen. Residencia de los pontífices católicos, es un inmenso museo además de un lugar de peregrinación. El paseo completo puede durar más de un día, pues engloba la Basílica de San Pedro y sus grutas, los Museos Vaticanos incluyendo la Capilla Sixtina y los desconocidos Jardines Vaticanos. San Pedro, la mayor iglesia de la cristiandad, se asienta sobre la colina Vaticana. La grandeza que se vislumbra al aproximarnos por la Via della Conzilliazione se confirma cuando se entra en la plaza, en cuyo centro se erige el Obelisco que el emperador Calígula trajo de Egipto en el siglo I. Una vez dentro, la imagen que se contempla abruma por su grandeza y riqueza decorativa. Enseguida todos los ojos se dirigen a la derecha, hacia la emotiva escultura La Piedad de Miguel Ángel, protegida tras una mampara de cristal después de un ataque vandálico en 1976. Lo siguiente es acercarse por la nave central hasta el Altar Mayor que, según la tradición, fue erigido sobre la tumba de san Pedro. Allí se alza el baldaquino que Bernini cubrió con láminas de bronce del Panteón de Roma y, tras él, en el ábside, la Cathedra Petri, un púlpito-relicario del mismo autor. Por debajo se abren las Grutas Vaticanas, una necrópolis con tumbas papales y reales que requieren un permiso de visita.

Pero sin duda uno de los momentos más deslumbrantes de la visita se vive al recorrer los palacios y villas que albergan sus Museos Vaticanos, donde se exhiben las deslumbrantes colecciones papales y que tiene como meta inigualable la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel. Si hay tiempo conviene empezar por el Museo Gregoriano Egipcio, seguir con el Pío Cristiano (mosaicos, relieves y escultura primitiva) y finalizar en la Pinacoteca (obras del XIV al XVIII). Si no, lo mejor será ir directamente al Cortile della Pigna (Patio de la Piña), para disfrutar de la imprescindible colección de escultura clásica del Museo Pío Clementino. La visita puede concluir en el cercano Castillo de Sant’Angello, una fortaleza emplazada a orillas del Tíber erigida en el año 123 como mausoleo para el emperador Adriano –y hoy un museo–, desde cuya terraza se contempla una soberbia vista del Vaticano, del Tíber y de los barrios de Roma.

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Roma en siete imprescindibles

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