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Tierra Santa: una ruta para no perderse nada

De Jerusalén a Tel Aviv, la religión y la historia se mezclan con la modernidad de las urbes.

En Tierra Santa las escenas bíblicas son en el hilo argumental de los viajes. Y no es para menos, en este territorio del Próximo Oriente nació, creció, murió y resucitó Jesús. Es por esto que viajar a Tierra Santa se ha convertido en una de las experiencias más espirituales a la vez que en un destino de turismo religioso por excelencia. Pero visitar los monumentos que reconstruyen la vida de Jesús no es lo único que uno puede hacer. Desde Jerusalén hasta Tel Aviv, pasando por Nazaret y Belén, Tierra Santa ofrece espacios arqueológicos, naturales y de ocio en los que se puede nadar sin hundirse, perderse por el bullicio de los mercados o escuchar conciertos de grupos locales.

 

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Jerusalén

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Jerusalén

Mezquitas, sinagogas y basílicas son testigos de la historia de Jerusalén, Ciudad Santa para las tres religiones monoteístas. Con asentamientos que fechan del V milenio a. C., es una de las ciudades más antiguas del mundo y conocerla es retroceder en la historia, pero también prestarse a entender el presente. Sin duda, uno de los espacios más frecuentados es la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo que, presidida por la cúpula dorada del Domo de la Roca, es un lugar sagrado para los musulmanes. Pero no solo para ellos. El Muro de las Lamentaciones es el principal lugar de peregrinaje para los judíos y la Iglesia del San Sepulcro alberga la tumba de Jesucristo según la tradición cristiana. Se mire donde se mire, la religión está presente en Jerusalén y, entre templos, las callejuelas esconden mercados, restaurantes y locales de ocio. Para acabar el día, el Monte de los Olivos ofrece una de las mejores vistas de la ciudad y el mercado Mahane Yehuda es el lugar ideal para contactar con su gastronomía y cultura. En este shuk se combina la tradición con la Jerusalén más moderna. 

 

Ciudad de David

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Ciudad de David

Para completar la visita a Jerusalén, fuera de los muros se encuentra la Ciudad de David, que sorprende al visitante con túneles subterráneos que esconden parte de la historia de esta localidad. Al menos desde el año 3000 a.C., Jerusalén ha estado habitada continuamente, pero fue en la época de Salomón, cuando los límites se expandieron hasta lo que hoy se conoce como la Ciudad de David. Algunas noches, la ciudadela se ilumina con espectáculos de luces y música sobre las murallas del castillo.

 

Belén

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Belén

Belén es una ciudad marcada por el muro que establece la frontera entre Israel y Palestina que, desde su construcción en 2002, se ha ido llenando de graffitis hasta convertirse en una galería de arte al aire libre. El muro se ha llenado de street art de denuncia, donde la libertad es el tema principal e incluso Banksy ha dejado su huella. Pero si por algo es conocido Belén es por ser el lugar donde nació Jesús. Concretamente en la basílica de la Natividad, levantada sobre la cueva en la que María dio a luz. Cerca de esta, se encuentra la gruta de la Leche, donde la familia se refugió cuando huía hacia Egipto. Hacia el sur, se encuentra el Parque Nacional de Herodión, una montaña coronada por un palacio-fortaleza que construyó el rey Herodes, desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la ciudad. 


 

Jericó

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Jericó

Cerca del río Jordan, Jericó se presenta como un oasis verde en medio del desierto gracias a las fuentes de agua que se encuentran en el Valle del Jordán, ubicado a unos 30 kilómetros al este de Jerusalén. Conocida por ser la ciudad más antigua continuamente poblada, Jericó cuenta con un gran legado arqueológico. Dentro de la misma ciudad se encuentran los restos de la ciudad bíblica de Tel es-Sultan y del Palacio de Hishman. En las afueras, merecen una visita el Valle Qelt y la Iglesia de San Jorge en Kosiba. Además, se puede subir a lo alto del Monte de las Tentaciones con un teleférico para observar la ciudad y el desierto y, al atardecer, disfrutar del ocio de Jericó en Central Square.

 

 

 

Mar muerto

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Mar muerto

A pocos kilómetros de Jericó, se presenta uno de los espacios más curiosos del mundo: el famoso mar muerto. Al visitar Israel o Jordania, uno no puede perderse la experiencia de acercarse a sus aguas, donde uno puede relajarse... sin hundirse. Pero también puede pasear por una orilla formada por cristales de sal, untarse de arriba abajo con barro y recargar pilas frente al dorado de los paisajes. En los alrededores la oferta hotelera y de restauración no deja indiferente e incluso se puede probar la cultura gastronómica de los beduinos. 

Río Jordán

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Valle del río Jordán

Desde Jericó y bordeando el Mar Muerto, antes de llegar al Valle Jordán, se encuentra el sitio arqueológico de Masada, construido por Herodes. Una vez en el valle, que se extiende a lo largo de los 105 kilómetros que van del Mar de Galilea al sur del Mar Muerto, se puede visitar Betania de Transjordania (ya en Jordania), el lugar donde se bautizó Jesús. Rumbo al norte, otra vez en territorio israelí, sorprende la ciudad romana de Bet She’an, donde se halla un anfiteatro, baños y columnas de la época. 

Nazaret

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Nazaret

También con un importante legado bíblico, uno de los monumentos más conocidos es la Basílica de la Anunciación, una de las más grandes de Oriente Medio, erigida donde se dice que el arcángel Gabriel anunció a María que iba a tener un hijo. Además, es la ciudad en la que Jesús pasó la infancia, y la Iglesia de San José es donde su padre tenía el taller de carpintería y la de la Sinagoga donde Jesús estudiaba y rezaba. Pero no todo iba a ir sobre la religión. Entre las calles de la ciudad vieja, se encuentra el mercado, que brinda al visitante todos los aromas, sabores y texturas de Próximo Oriente. Asimismo, desde allí se puede emprender una excursión a lo alto del monte Merón, donde se encuentra el pueblo de Beit Jann, habitado por los drusos.

Jaffa

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Jaffa

Si se continúa por la costa Mediterránea, se alcanza Jaffa, puerto estratégico que fecha de la Edad de Bronce, convirtiéndose en uno de los más antiguos del mundo. En este enclave, habitado desde el 7500 a. C., la arquitectura antigua se mezcla con casas remodeladas de construcción moderna. De Jaffa salieron en 1909 los primeros hebreos que fundaron Tel Aviv, y en 1954 se consideró parte de esta ciudad, convirtiéndose en Tel Aviv-Yafo. En el recinto amurallado del puerto, entre los pasadizos, calles y construcciones de piedra, que recuerdan a otros tiempos, los vendedores exhiben alfombras, anticuarios y vasijas. Jaffa aporta una gran historia a una de las ciudades más internacionales y eclécticas del mundo.

Tel Aviv

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Tel Aviv

Tel Aviv se erige como una ciudad moderna, joven e internacional. Parecida a las grandes capitales de occidente, la segunda ciudad de Israel despunta por su gastronomía, fiesta, playas y diversidad cultural, así como por su arquitectura. En Tel Aviv se disfruta, y mucho. Sus 14 kilómetros de playa lo hacen un destino ideal para relajarse, pero también para disfrutar de su oferta nocturna. La ciudad es la capital LGBT de Oriente Medio y también uno de los destinos más deseados para los veganos. Merecen una visita el bullicioso Mercado del Carmel y el Parque Yarkon, que aúna urbanismo y naturaleza.

Jaffa

Tierra Santa: una ruta para no perderse nada

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