Noches de bohemia y de ilusión…

Karlovy Vary y el auténtico secreto del cristal de Bohemia

Sus aguas termales no forman parte de la lista de sus ingredientes, pero si son uno de los motivos por el que sus piezas son las más caras del mundo.

Entre los vapores que emergen de las aguas termales, los vastos bosques que rodean Karlovy Vary y los cientos de edificios teñidos de colores pastel, se encuentra una de las cristalerías más importantes y antiguas de la República Checa, Moser. Un lugar único, no escogido ni mucho menos al azar, que permite al visitante descubrir la producción del cristal desde que el vidrio es tan sólo una mezcla de sílice, caliza y carbonato de sodio hasta que se convierte en una de las piezas más caras que han existido nunca.

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Área de soplado del cristal de Bohemia © Lucía Díaz Madurga

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La relación entre la ciudad balneario y el cristal de Bohemia

Hace más de 160 años que Moser trabaja el cristal de Bohemia. Lo hace desde que Ludwig Moser se lanzó a abrir un pequeño taller de grabado en una ciudad en la que la burguesía de toda Europa pasaba pequeños periodos vacacionales. Se trata de Karlovy Vary, en la Bohemia Occidental, un destino que junto a Mariánské Lázne y Frantiskovy Lázne, conforma la ruta de las aguas curativas de la República Checa.

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Piezas de cristal de Bohemia © Lucía Díaz Madurga

Su elección fue meditada y elegida concienzudamente, a sabiendas de que allí se encuentra una de las aguas mineromedicinales más conocidas de Europa. Y es que, del suelo de Karlovy Vary brotan más de 80 manantiales que vierten a diario alrededor de seis millones de litros de agua mineral. Un agua que durante siglos fue disfrutada por la alta aristocracia, los zares y la nobleza. Motivo, también, de la belleza de esta ciudad desde cualquiera de sus perspectivas, pues está plagada de edificios barrocos, neoclásicos y art noveau.

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© Lucía Díaz Madurga

El cristal más caro del mundo

Que, ¿cómo Moser ha conquistado el mundo? Existen dos razones para explicarlo. La primera de ellas es porque su cristal se fabrica sin plomo, logrando un producto más transparente, con un brillo espectacular, una luminosidad que está presente en muy pocas piezas de vidrio y una dureza que permite tallar y grabar sobre ella todo lujo de detalles.

La segunda razón responde a la perfecta elección que Ludwig Moser tomó al decidir instalar la fábrica en una ciudad a la que la realeza acudía con asiduidad. Así, sus piezas comenzaron a estar presentes desde el inicio en residencias y palacios de monarcas, presidentes y representantes gubernamentales. E, incluso, a día de hoy siguen siendo unas de las piezas infalibles dentro de sus mesas. Pues no es ningún secreto que la cristalería de la boda de los actuales Reyes de España fuera fabricada en exclusiva allí, ni que la Familia Real Británica encarga cada año la reposición de las piezas de su cristalería que se han ido rompiendo. Un hecho que les garantiza que sus piezas se utilizan todavía a día de hoy en los palacios de los monarcas de todo el mundo.

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Área de soplado del cristal de Bohemia © Lucía Díaz Madurga

El arte del soplado del cristal

El Museo de la Fábrica de Cristal Moser impacta por su autenticidad e impresiona por la delicadeza de las piezas que allí se crean. Está abierto a todo el mundo y en su interior se tiene la oportunidad de observar profesiones -como la de vidriero, afilador o grabador- que llevan a su espalda la experiencia de más de 160 años convirtiendo una masa de vidrio en arte.

Desde sus inicios, Moser se ha centrado en mantener la perfección en cada una de sus piezas haciendo de esta regla el pilar fundamental de sus creaciones. Hasta el punto de que las piezas que se consideran que tienen pequeños fallos, inapreciables a simple vista, son directamente desechadas.

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© Lucía Díaz Madurga

En el taller de soplado de vidrio, la parte más sorprendente del recorrido, la temperatura sube más de veinte grados, pues sus hornos necesitan estar a 1500º C para lograr llegar al punto de fundición del vidrio. En este espacio en el que el aire huele a madera quemada y al gas que sueltan sus hornos, los tonos incandecentes del vidrio ardiendo contrastan con lo oscuro del lugar creando una amalgama de colores hipnótica para quién lo presencie. Las tareas se dividen entre los hombres, que soplan las piezas de vidrio, y las mujeres, encargadas de hacer que las piezas se enfríen quedando perfectas. Aquí cada persona tiene un papel y todos son fundamentales en el proceso de creación.

Tras la creación llega el templado y el corte de cada pieza y, si es de recibo, el tallado o el grabado, dos artesanías reservadas únicamente a los maestros con más experiencia y a las piezas más especiales. En esta parte del proceso no se permite el más mínimo error. Es por eso por lo que se lleva a cabo en un edificio contiguo en el que la tranquilidad y el relax son reglas básicas en su trabajo.

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La única encargada de cortar las piezas de cristal de Bohemia © Lucía Díaz Madurga

El recorrido finaliza en el Museo del Cristal haciendo un viaje a través de la historia de las casas reales de medio planeta y por la vida de decenas de celebrities de todo el mundo que han elegido algunas de las piezas de Moser para presidir en sus casas. Incluso en El Vaticano cuentan con una cruz en color púrpura tallada en cristal de Bohemia. Quién dijo que la Iglesia no era exquisita…

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Tallado manual del cristal de Bohemia © Lucía Díaz Madurga

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