¡Por tutatis!

Las epopeyas de Astérix y Obélix

Un mapa para recorrer los destinos por los que pasó la mítica pareja gala.

En el año 50 antes de Cristo, las tropas romanas habían conquistado hasta el último rincón de la Galia... excepto una aldeíta en el rincón noroccidental del Hexágono donde resistían un grupo de chiflados nativos. Este es el punto de partida con el que los autores René Goscinny y Albert Uderzo construyeron un universo del cómic que lleva vivo más de seis décadas y que incluso les ha sobrevivido.

 

Los protagonistas de la historia son una pareja de peculiares galos. Astérix, bajito y resuelto; Obélix, grandullón, dubitativo y bobalicón. Ambos dotados de la fuerza descomunal que les proporciona la poción mágica que prepara su druida con hierbas secretas del bosque.

 

Ya en su tercer álbum (han protagonizado casi cuarenta), los dos héroes se dedicaron a viajar por el mundo antiguo. Así, el quebradero de cabeza en el que se habían convertido para las guarniciones de Babaorum, Aquarium, Laudanum y Petibonum se trasladó a todos los rincones del Imperio romano, y puso en jaque a las fuerzas del ejército más poderoso que se hubiera conocido hasta el momento.

 

 

La vuelta a la Galia

Lógicamente, la primera vez que Astérix y Obélix deciden salir de casa lo hacen protagonizando su propio Tour de France, dando la vuelta a la Galia. ¿Refuerza la idea de que se trata de unos personajes chovinistas? El guionista Goscinny lo negó siempre, asegurando que eran, precisamente, una parodia del patriotismo. Los nombres de los personajes –que en francés en el original tienen mucho más jugo– sustentan esta teoría. El propio Astérix (porque es pequeño como un asterisco); Obélix (porque su trabajo es transportar obeliscos); el terco perrito Idéfix (es decir, “idea fija”) o el pelmazo del bardo, Asurancetúrix (assurance tout risque, “seguro a todo riesgo”).

Franceses especialitos

Tras la vuelta a Francia, los autores se comenzaron a fijar en aquellas nacionalidades dentro del Estado francés que tenían sus peculiaridades. Así, en Astérix en Bretaña saltan el Canal de la Mancha para sorprenderse ante unos tipos, los celtas britanos procedentes de la otra orilla, que toman tazas de agua caliente (no había llegado el té a Europa) o cuyas exclamaciones más soeces son “¡Bondad graciosa!”. Una chanza a la flema británica. La simpática pareja viajó por Normandía en Astérix y los normandos para descubrir sus particulares gallegos, incapaces de dar una respuesta concreta a una pregunta. O la susceptibilidad de los corsos en Astérix en Córcega. 

Bajo las pirámides

Astérix y Obélix navegaron por el Mediterráneo –para desgracia de un barco pirata que se tropezó con ellos– con el objetivo de conocer Egipto en uno de los álbumes de 1965, y coincidir con el reinado de las mísmisima Cleopatra, una faraona sospechosamente parecida a Elizabeth Taylor. Y a Julio César, un tipo irritable que no resiste las bromas cachazudas de los pintorescos galos.

Toros y sangría

Era inevitable que los héroes galos traspasaran los Pirineos en determinado momento de sus viajes para visitar la provincia romana vecina por el sur: Hispania. Allí descubrieron que había algo tan inimaginable como las corridas de toros o que muchos otros europeos atascaban las vías para ir allí a pasar sus vacaciones. En Hispalis (Sevilla), los druidas van vestidos de nazarenos y realizan unos desfiles muy aplaudidos por la ciudadanía.

Error en la fondue… 

... ¡AL LAGO!

Uno de los ábumes más redondos de los viajes de nuestra pareja de galos es por Suiza. En Astérix en Helvecia, el incombustible apetito de Obélix se topa con la costumbre local de comer pequeños picatostes bañados en un mar de queso. A quien se le desprende el pedazo de pan del palito queda castigado con ser lanzado de cabeza al lago. El paisaje alpino se presta a ello. Astérix y Obélix han llegado a Suiza buscando una flor, el edelweiss, que crece en sus laderas… para curar al corrupto recaudador de impuestos Ojoalvirus.

Patatas avant la lettre

A los belgas se los llevan los demonios al comprobar que, en buena parte del Globo, a las patatas fritas –que según ellos son de su invención– se les conoce como french fries (fritas francesas). Esta polémica forma parte del álbum Astérix en Bélgica, el número 24 de la serie. Que las patatas no llegaran a Europa hasta quince siglos después tiene poca importancia. En este álbum llueve constantemente, lo que es una burla al clima belga, pero también el sentido homenaje que Uderzo quiso rendir a su socio, Goscinny, fallecido poco antes de su aparición.

Pasaje a la India

El álbum de 1987 llevó a los héroes galos hasta la India. Un exótico personaje montado en una alfombra voladora les pidió ayuda para rescatar a una princesa que deberá casarse obligada si antes no llueve sobre su reino. Como método infalible, Astérix y Obélix cargan con el desafinado bardo Asurancetúrix, pensando que con él conseguirán un chaparrón instantáneo. El asunto se complica cuando el trovador se queda afónico.

Más brutos que ellos

Obélix encuentra la horma de su zapato en Astérix y los pictos, cuando el rescate de un picto llamado Mac Loch los lleva hasta Caledonia (Escocia). Allí descubren que puede haber gente más bruta que ellos mismos, un pueblo que practica deportes como lanzamiento de troncos y que bebe un agua ambarina que quema la garganta. Un remedo del monstruo del lago Ness no puede dejar de aparecer en la primera historia llevada al papel por unos autores diferentes a los originales: Jean-Yves Ferri y Didier Conrad.

El corazón del Imperio

Hasta el momento, la última escapada temática de la pareja de galos ha sido al corazón del Imperio, en la aventura aparecida en 2017: Astérix en Italia. Queda claro que nuestros héroes deberán enfrentarse a duros retos, entre los que se encuentran comer pizza o pasta, y a un personaje, Cresus Lupus, con un parecido asombroso con Silvio Berlusconi. La carrera de cuadrigas transitaliana en la que Obélix debe participar según un augurio de una sibila, recorre varias de las provincias ahora más turísticas de la Península Itálica. Uno de los rivales más duros, un enmascarado llamado Coronavirus.

Astérix, Obélix, el perrito Idéfix y el druida Panorámix han recorrido otros territorios y prácticamente siempre tienen que abandonar el refugio de su aldea en la que tan a gusto se encuentran comiendo jabalí. Pero es en los álbumes citados donde los irreductibles galos han practicado turismo con todas las de la ley, dejando por el camino un montón de peleas, humor blanco y un banquete a la luz de la lumbre como final siempre feliz.   

 

 

Astérix en Italia

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