El palacio de un cartero

El bueno de Ferdinand Cheval invirtió 34 años de su vida en construir esta maravilla arquitectónica indescriptible.

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No está en una gran ciudad. Ni siquiera en las cercanías, sino en las antiguas afueras de Hauterives, un pueblo un tanto anodino ubicado al sur de Lyon. Y sin embargo, la voluntad de un solo hombre ha puesto este rincón en el mapa. El protagonista de esta historia es Ferdinand Cheval, un cartero que en 1879 se encontró con una piedra sugerente... que le cambió la vida. Resulta que la forma de esta pequeña roca le inspiró tanto que decidió que fuera la base de un palacio onírico, de un pequeña obra de arte a mitad de camino entre el modernismo de Gaudí y los templos de la India. Cuando se contempla tal obra resulta inverosímil creer que sea fruto de los delirios de un hombre sin apenas formación cuya única referencia era la revista Le Magazin Pittoresque.

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