Pura conquista rural

Los 40 pueblos medievales más bonitos de España

Castillos portentosos, murallas resistentes, callejuelas de piedra... estos pueblos con encanto presumen de ser historia viva.

No es que por estos enclaves no haya pasado el tiempo. Simplemente lo ha hecho conviviendo con el pasado, haciendo que el progreso y la herencia medieval convivan de una forma muy estimulante. Hoy en día, estos bonitos pueblos son mucho más que callejuelas retorcidas. Son conjuntos históricos amurallados que presumen de contar con plazas empedradas, iglesias antiquísimas y unos baluartes y muros que dan fe de su importancia siglos atrás. Pequeñas joyas de España que merece la pena conocer, sobre todo, por su patrimonio, aunque muchas de ellas también presumen de poseer una gastronomía rica en sabores, una judería singular o un gran baluarte que lo arropa todo. 

 

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15 castillos medievales de leyenda

 

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iStock-1352460931. Puebla de Sanabria (Zamora)

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Puebla de Sanabria (Zamora)

La capital de la comarca de Sanabria es un pueblo con carácter y creciente atractivo turístico, potenciado por su propia belleza y su proximidad al Parque Natural del Lago de Sanabria, poblado por bosques de robles y castaños que rodean las aguas. La villa, declarada Conjunto Histórico-Artístico, prosperó en la Edad Media como un enclave estratégico en el paso hacia las tierras portuguesas. De ese periodo es el Castillo que domina este pueblo de casas con aleros, galerías y balcones de madera, y techos de pizarra que parecen ascender como escalones hacia la fortaleza. Erigida a partir del siglo XV, se trata de uno de los recintos fortificados mejor conservados de la provincia de Zamora. Es su sólida estructura defensiva, en la que los ventanales abiertos en uno de sus laterales le confieren un aspecto palaciego. En su centro sobresale una esbelta Torre del Homenaje. El monumento alberga actualmente la Casa de la Cultura, una biblioteca y un pequeño museo. A su alrededor se pueden visitar la anexa ermita barroca de San Cayetano y la iglesia de Nuestra Señora del Azogue, de origen románico. En el pueblo, la vida gira alrededor de la Plaza Mayor, presidida por un elegante edificio del siglo XV que hoy hace las veces de Ayuntamiento.

shutterstock 1460779463. Castro Caldelas (Ourense)

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Castro Caldelas (Ourense)

La capital de la comarca de Terra Calderas, en Orense, es una villa dominada por un imponente Castillo, que está rodeado por un caserío de piedra en el que abundan las casas encaladas y los rincones con galerías y corredores abovedados. El bastión del siglo XVI aún domina el casco histórico, con sus murallas y las sólidas torres del Reloj y del Homenaje. El hermoso edificio del Ayuntamiento comparte su espacio con una biblioteca, un pequeño auditorio y una sala de exposiciones donde se muestran piezas etnográficas y paneles sobre la arquitectura tradicional de la Ribeira Sacra gallega. La plazoleta de O Prado, centro vital De Castro Caldelas, acoge desde hace siglos el mercado semanal. Por su lado, el santuario neoclásico de los Remedios, hoy parroquia, engloba un pequeño museo de arte sacro. Al norte de la localidad se puede llegar varios miradores bien señalizados sobre el grandioso Cañón del Sil.

Calatañazor (Soria)

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Calatañazor (Soria)

Encaramado a un cerro desde el que se contempla el curso del río Abión, se asienta este pueblo soriano que preserva en muy buen estado su fisonomía de arquitectura tradicional y un trazado muy similar a cómo era en la Edad Media. Sus calles pedregosas están flanqueadas por casas con muros de piedra, y balcones, vigas, ventanales y salientes en madera. Calatañazor alcanzó gran importancia en época de la Reconquista, siendo una zona de paso fronteriza entre territorios musulmán y cristiano. Pasó a la historia, porque fue aquí donde se venció a las tropas de Almanzor. De ahí la famosa frase «Calatañazor, el lugar donde Almanzor perdió el tambor». Con una única calle principal, esta enlaza la Plaza Mayor con la base del Castillo. La iglesia románica de Nuestra Señora del Castillo, la ermita de la Soledad y, en las afueras, la Reserva Natural del Sabinar de Calatañazor son propuestas para descubrir a ritmo lento.

shutterstock 2015646611. Sos del Rey Católico (Zaragoza)

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Sos del Rey Católico (Zaragoza)

Hermoso y singular pueblo medieval de la comarca zaragozana de las Cinco Villas, cuyo encanto y patrimonio monumental se benefició del aislamiento en el que vivió durante algún tiempo. Apretujado dentro del perímetro de sus murallas, Sos del Rey Católico, nombre que ostenta porque en él nació en 1452 el futuro esposo de Isabel de Castilla, se accede al pueblo por un portalón que conduce a la Plaza de la Villa, donde se conservan edificio muy bellos de la arquitectura civil aragonesa del siglo XVI. Un pasadizo abovedado conduce a la iglesia de San Esteban, de aspecto fortificado y adosada a una torre del antiguo bastión. Entre callejuelas flanqueadas por casas solariegas se alcanzan otros monumentos de interés, como el que hoy aloja un Parador de Turismo, el Palacio de la Seda, la iglesia de San Martín de Tours, de factura tardorrománica, y varias ermitas dispersas por los alrededores.

iStock-1308827842. Cuéllar (Segovia)

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Cuéllar (Segovia)

Este histórico enclave de la provincia de Segovia atesora un rico patrimonio monumental en el que, ademas de su Castillo y tramos de las murallas, destacan varios templos mudéjares. En la parte más alta del casco antiguo, con extensos pinares como telón de fondo, se contempla el restaurado Castillo de Cuéllar, construido originalmente entre los siglos XV y XVI. De aspecto palaciego, incluye un hermoso Patio de Armas renacentista. Cuéllar es rica en iglesias y conventos. En la encantadora iglesia de San Martín, templo del siglo XII, se halla instalado el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar, centrado en el pueblo y en los ejemplos dispersos por toda la provincia. Entre otros templos que surgen durante el paseo también destacan los de San Andrés y San Esteban, ambos del siglo XIII, y este última con sepulcros góticos-mudéjares decorados con filigranas. En su Plaza Mayor, irregular y en pendiente, se alzan el Ayuntamiento y otra iglesia, la de San Miguel, con retablos barrocos en su interior.

GettyImages-1300483301. Valderrobres (Teruel)

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Valderrobres (Teruel)

Al atractivo paisaje que envuelve este pueblo turolense, semiemboscado a los pies de los puertos de Beceite y bañado por el río Matarraña, se une la belleza de su casco histórico. Entre piedras, paredes, suelos, caminos y esquinas con leyenda, en Valderrobles sobresalen un Puente de Piedra medieval, las murallas del siglo XIV y el torreón del Portal de San Roque que cerraba el acceso principal a través de este puente, con un arco de medio punto y una hornacina con la imagen del patrón de la localidad. En la visita también hay que buscar el Ayuntamiento de estilo manierista, la iglesia de Santa María la Mayor (sigo XIV) y los vestigios de un antiguo Castillo gótico. 

shutterstock 1074302333. Guadalest (Alicante)

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Guadalest (Alicante)

En el norte de la provincia de Alicante, algo retirado en el interior en la comarca de la Marina Baja, se localiza este pequeño pueblo de origen árabe, situado en una especie de fortaleza natural inexpugnable. Su núcleo antiguo está declarado Conjunto Histórico-Artístico. Desde la plaza del Castillo, en lo más alto del bastión de origen musulmán, se contempla una panorámica del entorno. Dominado por su Castillo, mimetizado con la roca gris de la sierra alicantina, el pueblo seduce desde hace siglos a quien llega desde la cercana Costa Blanca. Su calle principal asciende hasta la fortaleza de Sant Josep (siglo XI), el fuerte erigido por los árabes para controlar el valle del río Guadalest. De aquella época se conservan la prisión, en los bajos del Ayuntamiento, y la torre de la Alcozaiba, en un cerro desde el que se domina el blanco campanario de la iglesia parroquial. La visita debe completarse con alguno de sus museos curiosos de esta localidad, como el de Microminiaturas, el de Saleros y Pimenteros, el de Tortura o la Casa Orduña (siglo XVII), que expone mobiliario y objetos de arte de los antiguos marqueses de Guadalest.

shutterstock 1726671136. Medellín (Badajoz)

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Medellín (Badajoz)

A 45 km de Mérida, con sus magníficas ruinas romanas, se halla Medellín, la villa natal del navegante Hernán Cortés. Su caserío se localiza en la comarca de Vegas Altas del Guadiana, en el corazón de Extremadura. Debido a su situación estratégica y la riqueza agrícola de sus tierras, ya fue un punto clave para civilizaciones que pasaron por ella, como los romanos, visigodos, árabes y cristianos, que dejaron a lo largo de los siglos su impronta en el pueblo y los alrededores. Su Castillo, de origen musulmán, aunque muy reformado entre los siglos XIV y XVI, parece seguir protegiendo este lugar en el que se puede pasear entre bonitas casas solariegas y algunos templos góticos.

GettyImages-1164932593 (1). Almodóvar del Río (Córdoba)

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Almodóvar del Río (Córdoba)

Al oeste de Córdoba capital se localiza este hermoso pueblo, dominado por un monumental Castillo que se atisba desde muchos kilómetros a la redonda. Aunque el bastión es originario del siglo VIII, su fisonomía actual se debe a la reconstrucción realizada tras los daños sufridos durante la Reconquista. La más imponente de sus nueve torres es la del Homenaje, donde los vasallos rendían honores a su rey, como muestra una representación animada; desde la azotea se contemplan una vista magnífica de este pueblo de casas blancas y de la campiña que cubre el horizonte, regada por el río Guadalquivir. Por su lado, la Torre Redonda acoge una muestra indumentaria medieval y la Torre Escuela, una exposición sobre los trabajos de reconstrucción del monumento. Pero Almodóvar del Río es más que su imponente fortificación. En el pueblo también se puede descubrir la iglesia de la Inmaculada Concepción, edificada en el siglo XV; la Casa Señorial de los Natera que, de 1777, hoy es la sede del Ateneo Popular, institución fundada en 1925 para promover la cultura en la población; la Capilla del Hospital de la Caridad, que después fue convento, fechada en el siglo XVI, siendo el edificio religioso más antiguo de Almodóvar; la Ermita del Rosario y San Sebastián; y el antiguo Ayuntamiento del siglo XVII, hoy biblioteca. Asimismo se pueden visitar varios museos de interés, entre la Colección Etnográfica Ángel Estévez, el de Arqueológica Municipal, o la Colección de Máquinas de Coser y Carteles Taurinos.

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Mascarell (Castellón)

Mascarell es un minúsculo enclave nacido alrededor de su recinto fortificado, localizado al sur de Castellón de la Plana, a 1 kilómetro escaso del municipio de Nules. Declarado Bien de Interés Cultural y totalmente amurallado, su origen está ligado a la expulsión medieval de la población musulmana. Lo explica el primer documento que existe sobre su Castillo, del año 310, de cuando el rey Jaume I expulsó a los moros de la zona. Entonces Mascarell quedó despoblado y hasta bien entrado el siglo XVIII no superó ese estado. Su bastión es de planta cuadrada, con murallas y cuatro torres almenadas en el centro de cada lado. Hoy en un agradable por el pueblo también se contempla su modesta Casa Consistorial, de 1789, y la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, del siglo XVIII, con interesantes esgrafiados.

shutterstock 1514236214. Laguardia (Álava)

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Laguardia (Álava)

Hay algo curioso cuando la retina se va aproximando a la capital de Rioja Alavesa. Por la cabeza pasan muchos conceptos: el vino, la loma, las bodegas modernas que asoman en sus pagos e, incluso, el desafío que le plantean sus tejados y campanarios a la Sierra de Cantabria. Y sin embargo, una vez que se deja el coche a un lado, el modo de empleo de esta localidad se vuelve medieval. Hoy en día, sus murallas apenas lucen imponentes ya que la mayoría de ellas se han visto reemplazadas por casas adosadas al muro. Pero sus puertas sobreviven, sobre todo las de Páganos, Carnicerías y San Juan, que son capaces de ejercer de portal a otro tiempo. Ya dentro de la almendra, las callejuelas estrechas conducen a joyas góticas como la Iglesia de Santa María de los Reyes, junto a la que sorprende la torre Abacial, la fortificación más imponente de las que quedan en esta localidad.

iStock-1197869946. Montfalcó Murallat (Lleida)

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Montfalcó Murallat (Lleida)

No es que Montfalcó Murallat sea un pueblo amurallado. Es que todo él es una fortaleza. Ubicado en un promontorio desde el que se domina toda la comarca de Segarra, este baluarte fue muy valioso durante la Reconquista y la consolidación de la corona de Aragón. Más tarde, el límite de espacio limitó su expansión y se convirtió en casi un recuerdo. Hoy en día, su indudable fotogénica lo ha resucitado, ofreciendo al viajero una experiencia muy genuina donde no solo destaca su fotogenia, también lo bien conservado (y reconstruido) que está. Pura piedra.

iStock-510804008 (1). Castellar de la Frontera (Cádiz)

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Castellar de la Frontera (Cádiz)

Su nombre es de por sí una declaración de intenciones. Y es que, efectivamente, Castellar de ls Frontera fue un enclave estratégico para durante las Guerras de Granada en el siglo XV. De ahí que su principal icono sea la fortaleza nazarí del siglo XII que, tras la Reconquista, se convirtió en la sede palaciega de los Condes de Castellar. El principal encanto de esta localidad está intramuros, ya que la fortificación protege una pequeña villa que prácticamente se mantiene intacta desde la época andalusí, con callejuelas mínimas, casitas encaladas y alguna que otra rendija desde donde se domina, con la vista, todo el condado.

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Niebla (Huelva)

Normalmente se le suele asociar el concepto muralla ibérica a los romanos y a los pueblos cristianos. Y sin embargo, Al-Andalus se sabía defender, y muy bien, con baluartes y murallas. Quizás uno de los mejores ejemplos que queda de baluarte almohade, sobre todo en cuestión e tamaño (2 kilómetros en total) y de número de elementos, con cuarenta torres y cinco puertas que hoy en día siguen protegiendo a esta localidad. En su interior, espera el imponente castillo en el que todo este amalgama defensivo alcanza la máxima expresión así como otros monumentos mestizos como la iglesia de Santa María la Granada, donde abundan los detalles moriscos. Extramuros, el puente sobre el río Tinto y las necrópolis dolménicas se ganan su minuto de gloria.

shutterstock 1645609819. Daroca (Zaragoza)

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Daroca (Zaragoza)

En muchas ocasiones, la herencia medieval suele ser un problema para un determinado pueblo. Las toscas construcciones tienden a limitar la expansión urbanística de estos lugares mientras que su arcaico choca (o chocaba) con el progreso hasta que apareció el turismo. Sin embargo, en Daroca han sabido convivir muy bien con este legado, incluso lo cuidaron en la Edad Moderna haciendo de sus torres una monumental bienvenida para el forastero. Porque, si de algo puede presumir Daroca, es de tener algunas de las torres más bellas de las península, estoicos recuerdos de la que un día fue una de las murallas más largas del país y que hoy aún circunvalan esta bella localidad y desembocan en su ajado, pero aún así impresionante, castillo.

almazan-village-in-soria-province-spain-picture-id957500916. Almazán

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Almazán (Soria)

La historia reciente de Almazán ha hecho de esta antigua plaza fortificada un relevante eje comercial del sur de Soria. Sin embargo, detrás de su carretera nacional repleta de comercios se esconde una ciudad que sigue marcada por su pasado medieval. La puerta de entrada, cómo no, es a través de unos arcos de muralla que acaban desembocando en su impresionante Plaza Mayor, una desproporcionada explanada coronada por la iglesia de San Miguel y el Palacio de los Hurtado de Mendoza. Pero lo medieval no se ciñe solo a un tiempo pasado y a unos vanos en la muralla baja. En esta misma plaza se abre una puertecita hacia el Duero que, al traspasarla, conduce hasta una pasarela donde se descubre la Almazán más fortificada e imponente, con unas torres y baluartes infranqueables desde el río. 

shutterstock 1336841246. Olivenza (Badajoz)

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Olivenza (Badajoz)

Pocas localidades en todo el mundo tienen más marcada la doble nacionalidad. De hecho, hasta 1801 Olivenza no fue completamente española ya que, durante siglos, fue moneda de cambio y objeto de deseo de ambas coronas. Esta singularidad se traduce en dos maravillosas evidencias. La primera, que tanta tensión provocó que se levantaran murallas y defensas, siendo el ejemplo más portentoso su imponente castillo templario, un baluarte que, a lo largo de los siglos, se fue ampliando y acompañando con poderosas atalayas. La segunda, que entre murallas y arcos, esta localidad se maquilló con lo mejor del arte castellano y portugués, un mestizaje que se disfruta en edificios imprescindibles como el Ayuntamiento.

iStock-576892500. Alquézar (Huesca)

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Alquézar (Huesca)

Hay lugares donde la orografía se propuso invitar al ser humano a levantar un baluarte. Y uno de ellos es Alquézar, una villa ubicada entre los barrancos que esculpe el río Vero y las grietas de la sierra de Guara. En lo más alto de una de ellas se ubica su castillo-colegiata, una preciosa metáfora del devenir histórico de esta villa, que comenzó siendo un alcázar (de ahí su nombre) clave para la defensa de la Barbitania del al-Ándalus pasó a ser una próspera plaza católica. Su modo de visita exige ir de la panorámica al detalle. Es decir, comenzando con esas vistas impresionantes de su estampa ocre al borde del abismo para luego empezar a perderse entre callejones, plazoletas y ermitas. El punto final es lo más alto de la roca, el citado castillo-colegiata, un monumento que se disfraza de baluarte para luego sorprender con un claustro trapezoidal plagado de alucinantes frescos. 

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Trujillo (Cáceres)

La Trujillo de piedra tiene dos caras. La primera, la que enamora a simple vista, con la entrada a esa exuberante Plaza Mayor donde la iglesia de Santa María, la estatua dedicada a Francisco Pizarro y el palacio de la Conquista. Una estampa renacentista que remite a la época en la que esta localidad recibió el oro de América que trajeron de vuelta sus conquistadores. Y sin embargo, cuando se traspasa esta imponente bienvenida en forma de ágora, se da con una localidad mucho más callejonera y de esencia medieval. Poco a poco, esquivando algún que otro edificio renacentista, se accede a las cavas que recuerdan el trazado de los antiguos fosos del castillo, a las calzadas empedradas y a los hallazgos sorprendentes, como es el caso de la románica Torre Julia (con escudo del Athletic de Bilbao incluido, cosas de restauradores modernos...) o su imponente castillo, una fortificación que no solo impone por su tamaño, también por sus vistas y por haber servido de escenario para películas que encontraron en esta localidad una semejanza con laGranada nazarí y de los Reyes Católicos. 

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Alarcón (Cuenca)

Probablemente, el río con más afán constructor de toda la meseta sea el Júcar. De hecho, si se sigue su curso se llega a rincones como este meandro fortificado donde el rey es el castillo. Hoy transformado en Parador Nacional, esta construcción impone con su presencia y cobija, en su exterior, un conjunto de callejuelas que dan fe de lo rico que llegó a ser este emplazamiento. Sobre todo, se nota en las iglesias, ya que en esta pequeña superficie sobresalen numerosos templos, cada uno con un estilo propio que demuestra que Alarcón siguió siendo relevante hasta bien entrada la Edad Moderna. 

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Sigüenza (Guadalajara)

A esta localidad de Guadalajara no se le puede discutir su esencia medieval. Y es que, se llegue por donde se llegue, lo primero que fascina de su skyline es su imponente castillo. Divisarlo desde lejos es la mejor forma de comprender la relevancia de esta localidad durante el Medievo y, también, la mejor manera de trazar una ruta. Con dicha fortaleza como meta de todo recorrido, Sigüenza va sorprendiendo poco a poco con una catedral que aún tiene heridas (y hechuras) de guerra y que guarda en su interior una de las esculturas góticas más preciosistas (el Doncel). Después, espera una Plaza Mayor empedrada repleta de soportales, unos arcos inexpugnables como la Puerta del Hierro o el Portal Mayor, y unas callejuelas que poco a poco se van empinando y que, cuanto más metros ganan, más añejas parecen. Y al final, cómo no, el baluarte de la ciudad, hoy reconvertido en Parador Nacional pero que, pese a su hedonista uso, sigue pareciendo inexpugnable.

iStock-812334350. Morella (Castellón)

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Morella (Castellón)

A más de 1000 metros de altitud, el castillo de Morella sigue siendo el rey del Maestrazgo castellonense. Su fotogenia es innegociable, como lo es, también, acercarse hasta esta localidad que sigue teniendo muy presente su pasado medieval. Eso sí, su auténtica joya nada tienes ue ver con las férreas defensas de la villa. Se trata de la Iglesia Arciprestal Santa María La Mayor, una maravilla gótica que ejemplifica el poderío de este emplazamiento durante siglos. Luego aparecen otras sorpresas sacras como el Convento de San Francesc y su curioso cuadro de La Danza de la Muerte así como otros rincones con mucha solera como la muralla con sus portales, el acueducto gótico o la apuntada casa del Ayuntamiento. Y, por su puesto, al final espera el su portentoso castillo y sus poderosas estancias.

shutterstock 370216763. Frías (Burgos)

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Frías (Burgos)

Pasarán los siglos y esta localidad burgalesa seguirá presumiendo de ser la ciudad más pequeña de España. Este privilegio, obtenido en el siglo XV por orden del rey Juan II de Castilla, es mucho más que un eslogan turístico. Es una evidencia, sobre todo cuando se conquista poco a poco no sin antes haber cruzado su innegociable puente medieval sobre el Ebro. Arriba espera una ciudad tan bien amurallada que apenas ha cambiado su aspecto en los últimos siglos y donde la visita consiste en, sencillamente, no dejarse nada. Eso sí, en toda checklist viajera y rural no debería de faltar su coqueto castillo, su preciosista parroquia de San Vicente Mártir y sus casas colgadas. No muy lejos esperan otras sorpresitas como la ermita de Santa María de la Hoz junto a la cascadita de Tobera.

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Montblanc (Tarragona)

Si hubiera un ránking con los pueblos más y mejor amurallados de España, Montblanc estaría, como mínimo, en el podio. Por eso es indiscutible aprovechar las visitas guiadas que se realizan de las torres de la muralla, además de circunvalarla para descubrir sus muros más magnéticos. Antes de cruzar cualquiera de sus poderosas puertas, merece la pena echar un vistazo a su bodega modernista y, de paso, catar cualquiera de sus vinos. Pero volviendo, de nuevo, a tiempos lejanos, lo que espera es un pueblo que aún conserva su trazado ancestral y que conduce, poco a poco, a rincones mágicos como la Iglesia de Santa María la Mayor, la Plaza Mayor o el mirado de Santa Bárbara, desde donde uno se siente el rey del mundo o, al menos, el señor de todo.

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Besalú (Girona)

Es uno de los núcleos medievales mejor preservados y en realidad no le falta de nada. Situado en la comarca de la Garrotxa, Girona, se entra al pueblo a través de un majestuoso puente románico que conduce al interior del recinto amurallado. Una vez allí, callejuelas empedradas se entretejen para llevarnos hasta visitas tan recomendables como la iglesia de Sant Vicenç del siglo XII y la Sala Gótica de la Curia Real. No perderse el recorrido por el barrio Judío, el Call jueu.

Turismo de Albarracín

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Albarracín (Teruel)

Desde lejos se observa la silueta fortificada de este pueblo turolense que se baña en las aguas del río Guadalaviar. Aupado en la cresta de un peñasco a más de 1.100 metros del nivel del mar, sus calles costean la difícil orografía, entre casas de entramados de madera y barro. Con vestigios celtas y romanos, Albarracín debe su nombre a la presencia musulmana que se dilató durante casi un siglo, hasta el siglo XII. Conviene no perderse el paseo por las murallas y detenerse en la Plaza Mayor y la calle de la Catedral, el centro histórico de la ciudad. 

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Santillana de Mar (Cantabria)

Los orígenes de esta población cántabra se remontan al siglo VIII, cuando unos monjes construyeron una pequeña iglesia para albergar la reliquias de santa Juliana que un siglo más tarde dio lugar a la colegiata (en la imagen) alrededor de la cual se articula Santillana. La calle del Rey y la plaza del Mercado son sus dos centros principales, flanqueados de edificios sublimes. Además de su patrimonio medieval, Santillana se destaca por su importante legado renacentista y barroco. 

Gtres

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La Alberca (Salamanca)

En el corazón de la Sierra de Francia, a unos 70 kilómetros de Salamanca, se halla este pueblo, parada de la Ruta del Camino de Santiago y de la Ruta de la Plata. Fusión de tres culturas, la cristiana, la musulmana y la judía, sus calles laberínticas y estrechas llevan hasta el corazón de la población, la plaza Mayor con espléndidos balcones y soportales. 

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Peñafiel (Valladolid)

Vino e historia son una combinación perfecta y más si se trata de una comarca como la de Ribera del Duero. El castillo de Peñafiel atisba sobre los viñedos y protege a la población que nació en el siglo X y que se desarrolló en paralelo a la bondad de sus vinos. Para comprobarlo, nada mejor que una visita al Museo del Vino, que se halla en el castillo de Peñafiel. 

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Aínsa (Huesca)

Sus viejas calles, su castillo del siglo XI, la muralla, la plaza Mayor, la iglesia de Santa María (siglo XII) y las fachadas de casa Arnal (siglo XVI) son algunas de las muestras de la dilatada historia de esta población que también conserva vestigios celtas y romanos. Aínsa es una de las puertas de entrada al Parque Nacional de Ordesa y Monte perdido. 

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Pedraza (Segovia)

Esta población segoviana se erige como una de las mejor conservadas y rehabilitadas con varios premios que lo acreditan. Desde mediados del siglo XIV hasta bien entrado el siglo XVII, Pedraza fue un importante centro de elaboración de paños de lana de oveja merina, con talleres que abastecían a ciudades como Florencia y Brujas. Pero, además, Pedraza bulle de animación y vida cultural, con buenos restaurantes y grandes acontecimientos anuales como los Conciertos de la Velas que se celebran en julio. 

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Peratallada (Girona)

Como un museo al aire libre, pero vivo y trepidante, así es la visita a este pequeño pueblo ampurdanés, envuelto en sólidas murallas y con calles estrechas y tortuosas en la que se alinean bares y restaurantes con encanto. Conserva su carácter rural y su distribución medieval original en un alarde de preservación admirable. Rocomendación: sentarse a tomar algo en la Plaça de les Voltes, rodeados de siglos de historia.

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Montefrío (Granada)

Bastión del Reino de Granada, fortaleza inexpugnable, Montefrío creció alrededor de un gran castillo que sucumbió ante los Reyes Católicos en 1486. El paseo por las calles descubre retazos de esta historia a través de sus monumentos y plazas, como el mismo castillo que preside la población. 

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Olite (Navarra)

Un pueblo de leyenda, con torreones, almenas y fosos, así es Olite, enclavado en el corazón de Navarra. La entrada por la Torre del Chapitel al recinto amurallado medieval que esconde vestigios romanos es un buen anticipo de lo que depara el recorrido. El casco antiguo de Olite conserva el mismo trazado de calles e incluso los mismos nombres medievales que hace siete siglos.

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Zafra (Badajoz)

Fundada hace casi un milenio como fortaleza fronteriza entre los reinos de taifas de Sevilla y Badajoz, esta localidad fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una de las localidades más monumentales de España. Sus dos plazas principales y siamesas y el Palacio del Duque de Feria (actual Parador Nacional) son los grandes referentes de una urbe que, por lo demás, se esparce formando callejuelas retorcidas y encaladas. Una mezcla de pasado defensivo y andalusí que la convierte en un lugar lleno de encanto.

iStock-1147650932 (1). Buitrago de Lozoya (Comunidad de Madrid)

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Buitrago de Lozoya (Comunidad de Madrid)

El casco antiguo de este pueblo de la Sierra de Guadarrama se alza sobre un meandro del río Lozoya que en el pasado ejercía como foso defensivo natural. Al norte del recinto medieval, el río se puede cruzar por el Puente del Arrabal o Puente Viejo (siglo XIV), construido en piedra de granito con un único arco central. Los orígenes de Buitrago se remontan a su fundación como la colonia romana de Licabrum (siglo I a.C.) y luego pasó a ser un asentamiento musulmán. En el siglo XI, el rey Alfonso VI conquistó la plaza de Buitrago a los árabes y el pueblo empezó a prosperar, recibiendo los privilegios de los monarcas cristianos hasta el siglo XIV, época de su máximo esplendor.  

Buitrago del Lozoya, pueblo declarado Bien de Interés Cultural, es la única villa madrileña que conserva completo su perímetro amurallado de 800 metros de recorrido construido en el siglo XI. Fue erigido en época de Abderramán III, con la intención de vigilar las incursiones cristianas a través del Sistema Central. Se puede entrar en el casco antiguo a través de la Torre Albarrana, una de las tres puertas de acceso al conjunto monumental. En el pueblo destacan el Castillo gótigo-mudéjar de los Mendona (siglos XIV- XV), con planta rectangular, siete torres y un patio de armas central. Muy cerca de levanta el Palacio del Bosque, en realidad un rústico pabellón de caza del siglo XVI. En sus calles se pasea entre bellas casas blasonadas.Otro de sus monumentos destacados es la Iglesia de Santa María del Castillo (siglo XIV) fundada por el Marqués de Santillana, y el único templo medieval que se mantiene en pie dentro del recinto amurallado. Como curiosidad, en Buitrago del Lozoya se puede visitar un inesperado Museo Picasso, creado por la amistad entre el pintor malagueño y su peluquero, nacido en esta localidad: el espacio recoge una peculiar colección de 60 piezas, entre las que se incluyen bocetos, pinturas, carteles y documentos que el artista realizó durante las décadas de los años 50 y 60 en el exilio francés.

shutterstock 1643134018. Granadilla (Cáceres)

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Granadilla (Cáceres)

Las Tierras de Granadilla es una de las comarcas más fértiles y verdes de la Alta Extremadura, un territorio de grandes ríos y embalses, oxigenados por bosques de alcornoques, robles y castaños, y sembrada con olivares. Fue uno de los territorios cruzados por la antigua Vía de la Plata, de la que se conservan en los alrededores los vestigios romanos de Cáparra, uno de los municipios de la época del emperador Vespasiano. Mitad naturaleza, mitad historia, en esta comarca extremeña se halla Granadilla, una villa que fue fundada en el siglo IX por los musulmanes y repoblada a partir del año 1170 por el rey Fernando II de León, quien la destacó como lugar de contención frente a las tropas almohades.

Sin embargo, este enclave fue forzado a cambiar su rumbo a mediados del siglo XX, cuando Granadilla fue expropiada por el gobierno del Francisco Franco y tuvo que ser abandonada a causa del proyecto de construcción del embalse de Gabriel y Galán. Sus últimos vecinos salieron del pueblo en barca el año 1964. En 1980 la antigua villa fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, comenzando entonces los trabajos de recuperación de las zonas salvadas de la inundación.

Las aguas inundaron las zonas bajas del pueblo, con sus accesos y fosos amurallados que en otro tiempo la defendieron, dejando el caserío alto como una isla aislada en mitad de sus aguas. Conserva un tramo de 800 m del antiguo lienzo de muralla. Su paseo entre calles vacías y silenciosas sobrecoge, y a la vez hace sentir admiración por el esfuerzo de los vecinos implicados en la reconstrucción de su legado histórico. Se conserva el Castillo, que en 1473 mandó erigir en un altozano el entonces duque De Alba, y la Iglesia parroquial de la Asunción, levantada en el siglo XVI. El entorno de Granadilla también ha sido repoblado de pinos y eucaliptos que le confieren verdor. 

shutterstock 1067483645. Hondarribia

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Hondarribia (Guipúzcoa)

Hondarribia se asienta en un bello paraje natural abierto a la bahía de Txingudi, el estuario donde el río Bidasoa se vierte en el Cantábrico. Dicen que en sus aguas habitan lindas sirenas, tan celebradas en la localidad que hasta lucen en su escudo. Esta desembocadura del Bidasoa y Txingudi ha sido desde antiguo la frontera natural entre Hondarribia y la francesa Hendaya. Su ubicación estratégica ha determinado la configuración de la villa y ha legado una muralla que cuenta con un paseo que rodea el casco antiguo, al que se accede por las Puertas de San Nicolás y de Santa María, ambas del siglo XVI. 

En Hondarribia, los tramos de muralla que se conservan datan de los siglos XVI y XVII e incluyen cuatro baluartes: San Nicolás, de la Reina, San Felipe y Santiago. En la parte alta del pueblo se asienta el Castillo de Carlos V, una fortaleza medieval hoy reconvertida en Parador de Turismo. La Marina, antiguo barrio de pescadores, se ubica extramuros y es muy popular por sus casas de colores y tabernas de pescadores. 

En el corazón medieval de Hondarribia destaca la Iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, un templo erigido entre los siglos XV y XVI, cuyo campanario barroco es visible desde prácticamente todo el pueblo; su interior recoge las pinturas murales la Subida de Cristo al Calvario (1882) y un pequeño museo sacro. El Palacio de Zuloaga, del siglo XVIII, alberga la Biblioteca y el Archivo Histórico de Hondarribia. Existen además multitud de calles que trasladan al pasado, como Ubilla, del Sol, Pampinot o del Obispo, con casas que se adaptan a las empinadas cuesta: por su belleza, vale la pena buscar la Casa Mugaretenea, de delicado estilo renacentista, y las barrocas Casa Casadevante y Casa Consistorial. 

GettyImages-1329671428. Urueña

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Urueña (Valladolid)

Urueña es una de las localidades medievales mejor preservadas de la provincia de Valladolid. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1975, conserva gran parte de su perímetro amurallado, con dos de sus puertas, lienzos de su Castillo, casonas de piedra y la hermosa iglesia parroquial gótico-renacentista de Santa María del Azogue (siglo XVI). En 2014 fue elegido como uno de los pueblos más bonitos de España.

Su historia traslada a los primeros asentamientos de pueblos prerrománicos como los vacceos, antes de ser romanizada en el siglo X y convertirse en cabeza del Infantado de Valladolid a partir del siglo XII. Su trazado y edificios restaurados hacen que mantengan su esencia medieval. La muralla que rodea la localidad data de los siglos XII y XIII. El Castillo de Urueña conserva la Torre del Homenaje y el 80% de su perímetro defensivo. La Puerta de la Villa está sobrevolara por un arco, y la Puerta del Azogue es un arco de medio punto flanqueado por dos cubos que crean un estrecho pasillo defensivo. 

La Casona del Mayorazgo alberga el Museo Etnográfico, pero una de las singularidades de Urueña son los museos que reúne. Es el caso del Museo del Cuento, cuya exposición esta formada por ilustraciones de los más conocidos relatos de la literatura clásica infantil; incluye una valiosa colección de libros desplegables, procedentes de todo el mundo y diversas épocas. El Museo de la Música cuenta con más de mil instrumentos de diversos orígenes, materiales y épocas. También cuenta con un Museo del Gramófono, el primero que hubo en España, y el Museo de Campanas, con una veintena de piezas de distintos tamaños, con cronología comprendida entre los siglos XV y XVI. Por último destaca el Centro e-LEA Miguel Delibes, creado para potenciar la lectura, la escritura y sus aplicaciones, que incluye un área expositiva donde ver distintos soportes y técnicas utilizadas a lo largo de la historia, así como salas de conferencias.

Pero Urueña guarda un tesoro más. Extramuros, además de ser un mirador privilegiado sobre los paisajes de la Tierra de Campos, allí pueden visitarse varios palomares tradicionales y la ermita santuario de Nuestra Señora de la Anunciada, originaria del siglo XI y uno de los mejores ejemplos de románico de la meseta castellana. 

GettyImages-543139144. Jerez de los Caballeros

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Jerez de los Caballeros (Badajoz)

Al aproximarse a Jerez de los Caballeros, el pueblo más barroco de Extremadura, su blanco caserío ya deslumbra desde la lejanía. Su trazado parece estar dispuesto para la contemplación, con monumentos de distintos estilos además del citado barroco: también mudéjar y gótico. La mayoría de calles conducen a la Plaza Mayor, donde se levanta la Iglesia de San Miguel. En el centro de esta madeja de calles intrincadas se asentó en el siglo XIII la Orden de los Templarios, cuyos monjes-guerreros construyeron un castillo defensivo sobre los restos de una alcazaba árabe, junto a los barrios judíos y moriscos; quedan en pie tramos de la muralla defensiva, con varias torres almenaras. A esta fortaleza se accede por las Puertas de Burgos y de la Villa. La tradición narra que junto a la Torre del Homenaje, tradicionalmente conocida como en Torre Sangrienta y alzada en un extremo del castillo, perecieron degollados decenas de templarios al disolverse la Orden por decisión del papa Clemente V.

Jerez de los Caballeros sobresale por la belleza de sus torres campanario, la mayoría de factura barroca. Hoy nada amenaza la tranquilidad de esta localidad de la provincia de Badajoz, sobrevolada por las cigüeñas que puntualmente llegan para anidar en sus campanarios como el de la Iglesia de San Bartolomé (siglo XV), que luce una de las torres barrocas más bellas de Extremadura. Está recubierta con cerámica vidriada y policroma, que aporta cierto regusto oriental a tanta severidad. Los templos de Santa Catalina, el de San Miguel Arcángel y el de la Encarnación, también enseñan líneas barrocas en sus silenciosas paredes. Además, la localidad y su entorno están salpicados por una docena de conventos y ermitas. Por último, Jerez de los Caballeros no es solo un recinto monumental. También se siente orgullosa de haber dado hijos ilustres como Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), el primer navegante español que vio las aguas del océano Pacífico, cuya casa es hoy un museo que se puede visitar, ampliado en un centro cultural y archivo histórico de líneas contemporáneas, donde se recrean sus hazañas.

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