Viejo continente, viejo mar

Diez acantilados costeros de Europa que hay que visitar una vez en la vida

No son los más altos, ni quizás tampoco los más impresionantes; pero seguro que son paisajes que jamás olvidarás

Ningún estilo artístico hizo nunca tanto por los acantilados como el Romanticismo. Y entre las pinturas que dio, ninguna como los Acantilados blancos en Rügen (1818) de Caspar David Friedrich. De hecho, este óleo sobre tela y El caminante sobre el mar de nubes tal vez sean las dos obras más representativas de un estilo que elevó al nivel estético las ruinas, ambientes nocturnos, cementerios y naturalezas intimistas. 

 

No es extraño que los románticos le pusieran el ojo a los acantilados. Y es que tal vez solo los faros les superan en cuanto a capacidad para inspirar lo trascendente, la nostalgia o la idea de pequeñez frente al infinito. Sea como sea, con mirada romántica o no, estos acantilados ubicados en Europa son como para contemplarlos con detalle.

 
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iStock-841311616. Acantilados en la isla de Ruegen

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Acantilados en la isla de Ruegen

Si hay que comenzar con algún acantilado en esta selección, estos son la formación de caliza de creta en la isla de Rügen. Caspar David Friedrich conoció los Wissower Klinken (que forman parte del Parque Nacional de Jasmund) durante un viaje por la costa del mar Báltico en 1818. Su visión le impresionó tanto que los inmortalizó en uno de sus famosos óleos. Reflejó la emoción del encuentro en una carta de aquella época: “De repente se abrió un claro en el bosque y nos encontramos en lo alto de los abruptos acantilados blancos del Königsstuhl. Las jóvenes hayas rojas despliegan sus largas ramas colgando sobre el rompiente del mar y el azulado espejo gris del Báltico se extiende hasta las delgadas líneas del horizonte”. Hoy la panorámica ha cambiado algo debido a dos siglos de erosión.

 

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Acantilado de Gásadalur (Islas Feroe, Dinamarca)

Gásadalur es un poblado de la isla Vágar, en las alejadas Islas Feroe (Dinamarca). Es famoso por lo escénico del lugar que ocupa, en una meseta junto a la costa, y por los acantilados cercanos al mismo. La peculiaridad de estos acantilados es que desde ellos cae una bellísima cascada.

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Étretat y acantilados de Aval en Normandía (Francia)

Es uno de los tramos más bellos de la espectacular de la Côte d’Albâtre, que se extiende por el norte de Normandía. Del pueblo de Étretat parte un sendero permite contemplar la arquitectura que el viento y el mar esculpieron hace millones de años en las rocas de la región y que, en el siglo XIX, cautivaron a pintores como Claude Monet y a escritores como Victor Hugo.

Foto: José Alejandro Adamuz

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Punta de San Lorenzo en Madeira (Portugal)

La belleza de Madeira no está sólo en los verdes intensos de sus bosques. En una esquina del extremo este de la isla, encontramos la Punta de San Lorenzo, un paisaje dominado por amarillos y ocres con unos acantilados sobre el Atlántico espectaculares que se pueden recorrer a través de algunas sendas habilitadas. Es zona protegida desde 1996 y hábitat de la foca monje, aves y plantas endémicas.

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Los "Seven Sisters" (Inglaterra)

Mirando al Canal de la Mancha se yerguen en la costa de Sussex, en el sur de Inglaterra, estos acantilados blancos, blanquísimos, formados por creta que la erosión del viento ha dejado desnuda a merced de los embates del mar. Su visión es espectacular y ha sido escenario cinematográfico en muchas ocasiones como Robin Hood, el Príncipe de los ladrones (1991) y Expiación (2007). El sendero South Downs Way discurre por el borde de los acantilados por un trazado sinuoso que ofrece vistas magníficas.

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Costa Quebrada en Cantabria (España)

Su nombre ya lo dice todo… La Costa Quebrada constituye uno de los tramos del litoral cantábrico más singulares, una verdadera maravilla geológica. Son veinte kilómetros que van desde los arenales de Liencres a la península de la Magdalena. Es uno de los puntos de Interés Geológico del IGME (Instituto Geológico y Minero de España), y está incluido en la Red Natura 2000 como Lugar de Interés Comunitario.

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Acantilados de Moher (Irlanda)

Ocho kilómetros de precipicios de hasta 214 metros de altura. Da tanto respeto acercarse al borde que incluso los valientes se tumban como precaución a las inesperadas rachas de viento. Abajo rugen las olas y graznan las gaviotas. Un camino entre muretes recorre el borde de los acantilados. Enfrente emergen las islas Aran. También en Irlanda, merece la pena acercarse hasta el acantilado de Croaghaun con una altura de 668 metros.

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Preikestolen de de Ryfylke (Noruega)

Esta inmensa roca plana que atisba sobre el fiordo de Lysefjord es uno de los acantilados costeros más altos del mundo. Aunque hay otros que lo superan en metros, pocos son más espectaculares como éste de Noruega. Tras recorrer los cinco kilómetros de camino que llevan a la cima, se llega a la gran plataforma pétrea, que es lo que significa su nombre, desde donde se obtienen unas vistas increíbles.

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Los Gigantes de Tenerife (España)

Este farallón de roca volcánica situado en la costa oeste de Tenerife se alza seiscientos metros sobre el nivel del mar. Los guanches lo llamaban las «murallas del infierno». La mejor vista del conjunto se obtiene desde Punta Teno. En España, hay otros riscos descomunales como los de Faneque en la isla de Gran Canaria, que miran al mar desde más de mil metros de altura. O los de Vixía Herbeira, en La Coruña, considerados los más altos de la Europa continental, con 613 metros sobre el mar.

iStock-506572589. Bonifacio, en Córcega (Francia)

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Bonifacio, en Córcega (Francia)

Lo cierto es que la panorámica no puede dejar indiferente a nadie. La comuna francesa de Bonifacio se encuentra enclavada en una pequeña península rodeada de acantilados blancos que se muestran rematados por el verde de la vegetación en su totalidad, salvo en la parte donde se ubica la ciudad alta. Ahí es donde ganan mayor dramatismo y potencia visual, pues las estrechas fachadas de las viviendas se agrupan justo en la vertical del acantilado, casi como si estuvieran a punto de ser arrojadas al mar azul que rodea Córcega. Sin duda, las mejores panorámicas de estos acantilados se tienen desde alguna de las excursiones en barco que salen del puerto. 

 

Acantilado de Gásadalur (Dinamarca)