Viaje a la oscuridad

Alquimistas, fantasmas y monstruos: un paseo por las leyendas de Praga

Un recorrido por la «ciudad de las mil torres» en busca de los rincones y monumentos envueltos en cientos de historias truculentas.

La capital checa no solo tiene uno de los cascos históricos más bellos de Europa: todos sus callejones y monumentos están forjados con capas superpuestas de historias y leyendas. En esta ciudad, que esconde con recelo sus secretos y maldiciones, el paseo diurno de los visitantes se funde de noche con el vagar de figuras fantasmagóricas, ánimas en pena que, según la tradición popular, habitan en todos los barrios praguenses. El deambular nocturno por las calles de día transitadas discurre entre sombras alargadas de farolas y torres afiladas, y un viento que mueve las hojas, pero también nos susurra y parece acariciarnos la espalda.

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shutterstock 1283904028. El castillo de los defenestrados

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El castillo de los defenestrados

La Praga primitiva nació en lo alto de una colina donde se construyó un bastión desde el que se dominaba el entorno y además se estaba a salvo de las inundaciones que regularmente provocaba el río Moldava. Cuando el rey Carlos I de Bohemia (IV de Alemania y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) regresó a su ciudad natal el año 1333, tras pasar su infancia en Francia, encontró la fortaleza inhabitable y tuvo que alojarse en una casa burguesa. Conmovido por esta circunstancia decidió iniciar la reconstrucción de la ciudad y convertir el Castillo de Praga en el centro de su reino: de su reforma afirmaba que era «el jardín de mi placer». Cuando en el siglo XIV finalizaron los trabajos, Praga ocupaba el tercer lugar en esplendor después de Roma y Constantinopla; Londres, París o Moscú eran enclaves menores. Durante aquellos tiempos medievales era costumbre lanzar por las ventanas a delincuentes y enemigos. Así sucedió con el revolucionario teólogo del siglo XIV Jan Hus, hoy héroe popular, que salió despedido desde lo alto del castillo.

iStock-176110938. Una estafa como una catedral

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Una estafa como una catedral

Uno de los edificios más emblemáticos del recinto del castillo es la Catedral de San Vito, donde se guardan las joyas de la Corona, así como tumbas de reyes y santos. Se alzó donde había un altar para sacrificios consagrados a dioses eslavos. Más tarde se construyó una rotonda románica dedicada a san Vito, protector de la ciudad, y en 1344 se inició la catedral actual. Para inaugurarla se enviaron reliquias del santo, aunque tuvieron que conformarse únicamente con su mano: el resto del cuerpo llegó siglos más tarde. En el templo hay una imagen de Cristo que el rey Carlos trajo de Roma sirviéndose de una treta. Le gustaba tanto que pidió al Papa que se la regalase. Ante su negativa, consiguió que se la prestase los días antes de su regreso a Praga. El monarca aprovechó para falsificar la obra, devolviendo al pontífice una reproducción.

iStock-1194830308. El violinista desaparecido

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El violinista desaparecido

En un extremo del recinto fortificado está el Callejón del Oro. El rey de Bohemia Rodolfo II lo mandó construir en el siglo XVI, con casas minúsculas para albergar primero a los arqueros y enanos de su corte, y luego a sus alquimistas: el Habsburgo estaba enfermo y confiaba desmesuradamente en estas y otras ciencias ocultas. Abandonado durante décadas, el Callejón volvió a la vida a inicios del siglo XX, cuando se instalaron bohemios y escritores como Kafka. Hoy acoge tiendas de artesanías y recuerdos. Cerca está la Torre Daliborka, que en el siglo XVIII era usada como prisión. El primer reo que la ocupó fue el caballero Dalibor, un buen hombre que aprovechó su encierro para aprender a tocar el violín, hasta el día que su música dejó de escucharse y él desapareció sin dejar rastro de su celda.

iStock-1387251456. La colina de los sacrificios

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La colina de los sacrificios

Frente a la colina Hrad que corona el Castillo se halla la boscosa de Petrín, lugar de encuentro de enamorados que cada mes de mayo acuden para jurarse amor, depositando flores bajo la estatua del poeta romántico Karel Hynek Mácha. En tiempos primitivos, Petrín era como Hrad un lugar de sacrificios humanos a dioses paganos. Con el cristianismo acabó siendo un terreno destinado a viñedos, tradición que pervive.

iStock-1132861018. La isla de la virgen apagada

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La isla de la virgen apagada

Junto a la escalinata que desciende a la isla de Kampa, con su molino de agua, en el muro de una casa puede verse un cuadro de la Virgen que estaba siempre iluminado desde que salvó milagrosamente de una inundación a los ocupantes. Pero surgió otra leyenda que afirmaba que cuando la luz se apagaba, quien pasaba frente a la imagen fallecía en breve. El dueño de la imagen optó por dejar de iluminarla...

shutterstock 217127341. Los fantasmas de Malá Strana

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Los fantasmas de Malá Strana

Cuando Wenceslao IV (rey de Bohemia entre 1363 y 1376) se peleaba con su esposa, la amenazaba con encerrarla en un prostíbulo. A los amigos que provocaban su cólera, los estrangulaba con sus propias manos. Y si el cocinero no preparaba bien la comida, lo hacía atravesar con un asador. Este monarca solía pasear disfrazado de noche por las colinas de Praga, para frecuentar junto a su verdugo favorito las tabernas que allí había. Entre las leyendas más temidas de Praga está la que afirma que ambos personajes siguen recorriendo de noche las calles empinadas del actual barrio de Malá Strana

 
iStock-174706522. El fisgón de San Nicolás

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El fisgón de San Nicolás

Por Malá Strana corre el último tramo del Camino Real que ascendía hasta el Castillo por la actual calle de Jan Neruda. En ella puede verse la Casa del Águila Negra, que albergaba la Apoteca Real y hoy ocupa la Taberna del Gato. Se conservan muchos símbolos que se colocaban en las fachadas para identificar las casas y mostrar el oficio del propietario. Perviven, por ejemplo, la Casa de los Tres Violines; la de la Copa de Oro, donde residía un orfebre; o la del Ancla de Oro, de navieros. Al pie de esta calle, cerca ya del Moldava, destaca la iglesia barroca de San Nicolás, cuya bóveda muestra frescos del patrón de los comerciantes. Cuando se pintó, el artista puso como condición que nadie le viese trabajar. Pero hubo un joven monje que, escondido tras una columna, le espiaba. El día de la inauguración, el cura comprobó como el pintor lo había inmortalizado fisgando. Resulta curioso localizar su imagen.

shutterstock 1998089690. El Puente de Carlos, entre barbudos y huevos

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El Puente de Carlos, entre barbudos y huevos

Donde se halla el Puente de Carlos había antes otro de madera, destruido por las inundaciones. Su reconstrucción se encargó a un arquitecto italiano que consiguió fuese el segundo puente de piedra de su época, con más de 500 metros de longitud. Orgulloso de su hazaña, quiso emplazar una escultura suya en uno de los pilares, pero fue sustituida en tiempos de Carlos IV por el «busto del barbudo»: cuando el agua llegaba a su barba, el Moldava se desbordaba y había que evacuar las orillas; cuando ocultaba su cabeza, todos corrían hacia el castillo.

El rey quería que su puente fuese el más robusto, por lo que mandó usar para sus cimientos una mezcla compacta de vino y huevos. Pero resultó que no había suficientes y hubo que traerlos de otros lugares. Como se rompían durante el viaje, los campesinos de Bohemia decidieron enviarlos cocidos, sin pensar que eso los inutilizaba para la argamasa. Su ingenuidad tuvo que competir con los que querían ganarse el favor del rey enviando leche y requesón, inútiles para la masa. El mismo rey quiso colocar la última piedra, y lo hizo el 9 de julio de 1357 a las 5.31 horas, una secuencia numérica (135797531) ascendente y descendente a la vez, de reminiscencia esotérica.

iStock-119357048. El confesor sin lengua

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El confesor sin lengua

En tiempos de Carlos IV el puente solo estaba decorado con una cruz de madera. Ante ella oraban convictos y comerciantes deshonestos antes de ser lanzados al río encerrados en cestas de mimbre. Hoy son más de 30 las estatuas que lo decoran, todas con su historia o leyenda. Una de las más queridas es la de San Juan Nepomuceno, confesor de la reina Sofía, esposa del rey Wenceslao (siglo XIV). Cuentan que pasaban tanto tiempo orando, que el rey empezó a tener celos del sacerdote. Un día mandó interrogarle con torturas, pero no consiguió nada, así que fue otra de las víctimas lanzada al Moldava, dicen que tras cortarle la lengua. La leyenda dice que donde fue arrojado aparecieron cinco estrellas doradas que hoy se reproducen alrededor de su estatua, una de las más desgastadas porque la tradición asegura que quien la acaricia regresará a Praga.

iStock-1216726300. El pozo de los ladrones

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El pozo de los ladrones

Los reyes y su séquito recorrían el Camino Real cuando llegaban a la ciudad para ser coronados en el Castillo. A lo largo del trayecto había cervecerías y tabernas. Algunas de las más antiguas de Praga aún mantienen su nombre y ubicación, como Las Tres Avestruces (siglo XVIII) o La serpiente de Oro. Estos lugares fueron escenario de sonadas escapadas nocturnas de la realeza, una tradición festiva que desemboco a inicios del siglo XX en tertulias literarias con escritores como Kafka, Rilke o Kundera.

En el Camino Real que discurre por el barrio de Staré Mesto quedan edificios preciosos como la Casa Rott, una antigua ferretería reconocible por los esgrafiados de su fachada que representan escenas y herramientas de este oficio. Dicen que en su sótano había un pozo que escondía un tesoro, y por el que uno tras otro fueron cayendo los que se asomaban a robarlo: según la leyenda, son sus almas las que se escucha suspirar cuando se entra en el edificio. Cerca está la Casa de las Tres Rosas, pintadas en la fachada por las hijas casaderas del primer propietario. Finalmente se casaron y se fueron de la ciudad. Pero se descubrió que siempre había sido el mismo pretendiente disfrazado el que se las llevaba, con el fin de dilapidar su fortuna tras dejarlas morir en la miseria.

iStock-500231058. Un esqueleto de portero

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Un esqueleto de portero

El Camino Real también pasa frente a la Universidad Carolina, fundada por Carlos IV en 1348, que tenía en la entrada un esqueleto que sostenía un bastón de forma que parecía estuviera vigilando el acceso. Se dice que los huesos pertenecían al sirviente de un profesor de anatomía que le propuso comprar su cuerpo. Y si de noche se recorre la cercana calle Liliova, que nadie se extrañe si se cruza con el fantasma de un jinete sin cabeza. En Praga todos saben que se trata de un caballero templario que fue decapitado tras renunciar a su fe cristiana, por lo que quedó maldecido a vagar eternamente.

 

iStock-1279996839. El relojero ciego

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El relojero ciego

La plaza que preside la iglesia de Nuestra Señora de Tyn, con sus pintorescos pináculos góticos, era en la Edad Media una encrucijada de mercaderes que llegaban a la ciudad. En una esquina destaca el Ayuntamiento Viejo (siglo XIV), que desde 1410 acoge en su torre el famoso Reloj Astronómico, que cada hora hace sonar el canto de un gallo y narra con figuras la futilidad del tiempo. En su época fue un invento tan codiciado que se mandó dejar ciego a su inventor. Pero este, más sabio, en venganza hizo girar un artilugio secreto que dejó detenido al reloj durante décadas.

Frente al Ayuntamiento, en el adoquinado se pueden ver unas cruces que recuerdan la ejecución en 1621 de 27 nobles checos que se habían sublevado contra el poder de los Habsburgo. Y justo detrás de la plaza, la iglesia de Santiago, famosa por la acústica de su órgano barroco y por un elemento algo macabro: un brazo momificado que pende del techo. Parece ser que apareció el mismo día que un ladrón quiso robar las joyas del templo....

iStock-1297365865. El Gölem y el elixir de la eterna juventud

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El Gölem y el elixir de la eterna juventud

Los judíos se instalaron en el siglo XII en un extremo de la Ciudad Vieja de Praga, donde vivían en un gueto sin poder participar de la vida pública. Como no podían salir libremente comenzaron a construir en el espacio que tenían, de forma que su barrio se convirtió en un laberinto. De la antigua Josefov quedan dos sinagogas y un cementerio donde se ven hasta 12.000 lápidas, muchas superpuestas hasta en doce pisos debido, precisamente, al escaso espacio. Con frecuencia los relieves de las lápidas hablan de la profesión del difiunto, con tijeras de sastre o pinzas de cirujano. En este cementerio no se ven flores, ya que la tradición es llevar piedrecitas. Una de las tumbas más buscadas es la del rabino Löw, defensor de los judíos checos, y creador de una de las leyendas más populares de Praga: la del Gölem. Se trataría de un ser monstruoso que ahuyentaba a los intrusos. En realidad el rabino creó esta figurilla de barro, haciendo que su leyenda terrorífica corriese por la ciudad. Asimismo, al norte del barrio, en los alrededores del Convento de Santa Inés de Bohemia se vislumbra el cadáver errante de una monja asesinada por amor, y que se dice que ayuda a los enamorados. Y también el Museo de la Alquimia, en cuyo sótano, Rodolfo II ocultó un taller para hallar la piedra filosofal y el elixir de la juventud.

shutterstock 91716260. La calle que no debería existir

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La calle que no debería existir

Carlos IV decidió ampliar la ciudad no sin antes consultar a los astrólogos que predijeron que la existente iba a desaparecer por incendios e inundaciones. Fue inaugurada a finales del siglo XIV, y el rey especificó los oficios de cervecero, herrero, tonelero y cerrajero que debían trasladarse al flamante barrio. La Ciudad Nueva se fortificó, conservando torres de defensa medievales como la de la Pólvora, la única que prevalece de las murallas. Resulta curioso buscar Nekázanka, «la calle que nadie ordenó construir», como hizo llamarla el rey cuando descubrió que no figuraba en los planos que él mismo supervisaba. En aquella época, las dos zonas de la ciudad estaban unidas por varios puentes: puede verse uno en la estación de metro de Mustek, a cinco metros bajo tierra. El corazón del barrio, –hoy Plaza de Wenceslao, casi toda peatonal y flanqueada por ejemplos de arquitectura modernista– acogía el mercado del ganado, que prevaleció hasta mitad del siglo XIX. Este espacio fue el escenario de la Revolución de Terciopelo de 1989, que dio pie al fin de la época soviética.

Ay prga