Del 7 al 1

Alsacia en siete pecados irresistibles

Un listado de menos a más para degustar en profundidad esta arrebatadora región.

Será por sus colinas, por la influencia del Rin o por ese empeño en no ser Alemania por mucho que lo parezca. El caso es que esta franja fronteriza es un paraíso de viñedos, pueblitos Disney y ciudades con más enjundia de lo esperado.

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Foto: Tourisme de Mulhouse

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En el #7: Darle una oportunidad a Mulhouse

Hay dos datos que fascinan de Mulhouse. El primero, que se trata de la segunda ciudad más multicultural de Francia. Es decir, que tiene un mayor porcentaje de vecinos de origen extranjero en un hito nacional que solo es superada por Marsella. El segundo, que siempre ha sido una urbe condenada a la industrialización por su ubicación y su proximidad al Rin. Pero, si se mezclan ambos ingredientes, lo que se obtiene es una serie de propuestas turísticas curiosas que van desde su paseíto por el centro hasta sus tours de street art en el que muestra su faceta más racial o la visita a la Cité de l’Automobile. que presume de ser la mayor colección privada de coches del mundo. 

 
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Foto: Fundación Françoise Schneider

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En el #6: Captar su pujanza contemporánea

Aunque evocar la Alsacia sea hablar en pretérito perfecto, su proximidad a Alemania y Basilea y su estatus de región rica ha impulsado en los últimos años una serie de iniciativas muy a tener en cuenta por parte de los marchantes y aficionados al arte. Entre la más destacadas está la Fundación Françoise Schneider en la que el agua es la protagonista de sus obras, exposiciones y jardines; el FRAC de Sélestat, un escaparate para los creadores más jóvenes más inquietos de la región o el MAMCS  de Estrasburgo, el principal espacio dedicado a los lenguajes contemporáneos. 

 
iStock-471009320. Obernai St. Pierre

Foto: iStock

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En el #5: Descubrir sus pueblos norteños

La parte norte de Alsacia también tiene sus cepas y sus Grand Cru, pero estos no maridan tan bien con sus pueblecitos. Eso no quita que no haya pequeñas joyas medievales que merezca la pena descubrir como es el caso de Obernai, Wissembourg o Marmoutier. Todas ellas están marcadas por su mezcla de influencias germánicas, flamencas y galas y por la presencia de un poder eclesiástico que dejó patente su autoridad a base de iglesias portentosas y palacios sobredimensionados. 

 
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Foto: Villa René Lalique

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En el #4: Profundizar en su gastronomía

El vino es una pieza indiscutible de cualquier placer que se disfrute en estas coordenadas. De hecho, se trata de un elemento transversal, aunque también merece un papel protagonista de vez en cuando. Enoturísticamente, Alsacia maravilla más por sus paisajes que por sus bodegas, aunque hay algunas como Cattin o René Lalique están apostando claramente por ofrecer una experiencia más moderna y multisensorial. Más allá del vino, el otro producto indispensable es el queso de Munster, una D.O. que cuenta con un museo propio y un ecosistema de tiendecitas y queserías que son la alegría de este valle. 

 
iStock-495672715. Perderse en Estrasburgo

Foto: iStock

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En el #3: Perderse en Estrasburgo

La capital de la Alsacia es mucho más que la sede del gobierno local y del famoso tribunal europeo. Es un claro ejemplo de como el pasado se puede encapsular en los tiempos modernos. Como muestra, su famosa Gran Isla que conserva su trazado medieval y sus grandes monumentos rodeados por las aguas del río lll. Cruzar sus puentes es sumergirse en el imaginario de un tiempo pasado pero con las comodidades actuales mientras que extramuros esperan otros alicientes como el barrio alemán o el parque de L’Orangerie.

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Foto: museo Unterlinden

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En el #2: Cortocircuitar en Colmar

Hubo un tiempo, en concreto a finales del siglo XIX, en el que Colmar era mostrado en los primeros folletos turísticos como la Venecia de Prusia. Aquello convenció a más de un inglés despistado y sigue siendo la carta de presentación de esta ciudad en la que sus diferentes canales son los reyes de Instagram. No obstante, en cuanto se supera esa primera impresión idílica de postales con casas entramadas reflejándose en el agua, la ciudad regala sorpresas mayúsculas como el museo Unterlinden  donde el arte sacro y el contemporáneo comparten espacio o la casa natal de Bartholdi, el creador de la Estatua de la Libertad que aquí cuenta con un museo propio.

 Riquewihr en Alsacia

Foto: iStock

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En el #1: Deambular de pueblo en pueblo

La verdadera esencia de Alsacia se conserva en sus pequeños pueblos rodeados de viñedos. Seguir la Ruta de los Vinos, un trazado por carretera, permite ir descubriendo las poblaciones que mejor han conservado su esencia eno-medieval (aunque muchas hayan sido restauradas o reconstruidas con el tiempo). ¿Las esenciales? Eghsheim y sus callejuelas concéntricas, Riquewihr y sus torres fotogénicas, Kaiserberg y sus vistas desde el castillo o Hunawihr y su fotogénica iglesia elevándose entre las cepas.

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