Alicante en profundidad

Altea es mucho más que un plan 'aftersun'

Una ruta para encontrarse con el legado cultural y la identidad marinera y artística de la localidad alicantina.

Altea sigue siendo lo que fue. Aunque a su manera, no ha abandonado la esencia de pueblo mediterráneo, con sus callejuelas empedradas y sus casas blancas engalanadas con la algarabía cromática de geranios, jazmines y buganvillas. Una postal que le ha valido el sobrenombre de ‘la cúpula del Mediterráneo’ pero que, más allá de ser un reclamo turístico, reivindica su belleza, legado cultural e historia.

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Altea

Foto: Shutterstock

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Un pueblo blanco de sabor morisco

Este legado cultural bebe de su pasado íbero, romano, musulmán y cristiano, visible en sus museos, monumentos y barrios. Los períodos íbero y romano dejaron asentamientos en los alrededores de la localidad, pero fue durante la época musulmana, en la que esta localidad alicantina perteneció a la taifa de Denia, cuando se asentaron las bases de lo que hoy es Altea. Su casco antiguo, conocido como el Fornet, revela esta herencia morisca que la ha acercado al mar y ha llenado sus fachadas de azulejos. Los vecinos todavía llaman al mirador de la plaza "la muralla", de la que permanecen la Torre de Galera y la de Bellaguarda y los accesos de del Portal Nou y del Portal Vell.

Altea. Iglesia...

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Mucho más que una cúpula

Subiendo por la calle Major, sin saber cómo, uno se topa con el primer peldaño de la escalera de la iglesia, toda embaldosada de una piedra negruzca que conduce hasta Nuestra Señora del Consuelo. Es aquí donde el emblema alteano por excelencia de 'la cúpula del Mediterráneo' adquiere especial relevancia gracias a las baldosas color azul marino que recubren las dos cúpulas de la iglesia y que atrapan todas las miradas. Aunque podría decirse que en Altea hay otra cúpula: el promontorio en el que reposa frente al Mediterráneo. Precisamente, se cree que su nombre bien procede del árabe ‘attalaya’, haciendo referencia a su posición elevada, bien del griego ‘Althaia’, que significa ‘curar’.

Nuestra Señora del Cpnsuelo

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La evolución de su iglesia

Asentada sobre las bases de una antigua parroquia, a inicios del siglo XVII se construyó un templo de una sola nave con capillas laterales. A causa del deterioro, tuvo que cerrarse al culto y, como respuesta, se decidió construir una capilla que acabaría formando parte de la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo y sirviendo de modelo para su restauración gracias a las pilastras, capiteles corintios compuestos, arquitrabes y frisos de su interior. El año 1901 se inició la demolición del antiguo templo y se erigió la nueva iglesia en una única nave cubierta por bóveda, con contrafuertes internos y capillas laterales.

Nuestra Señora del Consuelo. Altea

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Eclecticismo en el interior

La planta se diseñó para hacer coincidir el crucero con el eje de la ya existente capilla, que se convirtió en la Capilla de la Comunión de la nueva iglesia. Esta se caracteriza por la forma poligonal del ábside con deambulatorio y sin capillas abierta. A grandes rasgos, estilísticamente se inscribe en un cierto eclecticismo, con unas partes neogóticas y otras academicistas, e incluso guiños modernistas en la cerámica de la cubierta, las figuras con forma de dragón y los caballetes en forma de espina dorsal. Por lo que respecta al exterior, la fachada de mampostería resalta sobre el blanco de las casas y el azul de las cúpulas.

Altea. Balconada

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Todas las vistas de Altea

Junto a Nuestra Señora del Consuelo se encuentra el Mirador de la Plaza de la Iglesia, uno de los tantos con los que cuenta la localidad y desde donde la vista alcanza los altos edificios de la vecina Benidorm. En Altea, en cada balconada hay un mirador en el que detenerse y desde donde se alcanzan a ver las sierras de Aitania, de Bèrnia y el Puigcampana a un lado, y la Punta de l’Albir, el Morró de Toix y el Penyal d’Ifac envolviendo la bahía. Es en estos miradores donde el graznar de las gaviotas, acompañadas fielmente por unos barcos que duermen en el puerto y otros que, desvelados en la lejanía, recuerdan que este pueblo alicantino una vez fue de pescadores y de labradores.

Altea. Mar

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Pasado y presente marinero

De hecho, hasta hace poco, la calle del Sol todavía olía a pescado y a saladura, y de las puertas colgaban cortinas negras, indicando que se estaba en el barrio marinero. Hoy, la pequeña calle del Pescadors que en su día fue arteria principal, es una de las zonas más preciadas por su ubicación. Lo mismo ocurre con las turísticas calles del Mar y de Sant Pere, donde no hace mucho se tejían las redes que los marineros llevaban en sus barcas y colgaban en sus casas. Desde ambas se accede al puerto, a la cofradía y a la lonja de pescadores, donde cada tarde llegan los barcos y se subastan los peces que se servirán en los numerosos restaurantes y bares de la localidad alicantina. 

Mar

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Del mar y de la tierra

Los años de tradición pesquera han dejado una gastronomía en la que el pescado y el marisco son los protagonistas junto a las hortalizas. Como no podría ser de otra manera, los arroces ocupan gran parte del recetario alteano con el arroz con alubias y pulpo o cebolla y bacalao y la paella, desde mixta hasta de boquerón, pasando por el arroz caldoso y de bogavante. Aparte de estos, Altea también cuenta en su recetario con las tradicionales cocas “a la llumà”, término que viene dado por la caña que se encendía al lado de la coca una vez en el horno y que le daba un toque dorado. Actualmente, todos los jueves pueden adquirirse en las panaderías de la localidad, así como los días de fiestas locales. Junto a estas, también destaca la coca "farcida", rellena de pisto, y los bollos de "bleda" o de "farina de dacsa", empanadas fritas rellenas de espinacas, anchoa o morcilla.

Altea. ...

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Hogar de artistas

Junto a los restaurantes y bares, varias tiendas de artesanías advierten de la influencia artística de Altea que, con un entorno más que seductor, ha atraído a artistas desde hace años hasta convertirse en el gran atelier que es ahora. De hecho, en los bajos, varios talleres y estudios se abren a la calle para impregnarla de un aire bohemio, mientras que en cada local, tienda e incluso balcón, los cuadros y las artesanías se exponen como si de un museo al aire libre se tratara. Además, en lo alto del casco histórico, un antiguo liceo alberga la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández. Allí se encuentra el Palau Altea, donde la cultura rebosa por los cuatro costados con exposiciones y obras de teatro, danza y ópera.  

Altea. Rutas culturales

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Inmersión cultural y natural

Altea cuenta con varias galerías de arte y museos, entre los que se encuentra el de la Fiesta de Moros y Cristianos o el de Rocafort del automóvil. También son diversas las rutas que permiten conocer el legado cultural del casco histórico de Altea partiendo del Portal Nou, del Raval Mariner, de la Plaza del Convento o del Baluarte y Recinto Renacentista, que fue declarado Bien de Interés Cultural en 2013 y conserva el trazado fundacional de 1617. Además, en los alrededores se encuentran las ruinas íberas y romanas y varias ermitas que aúnan cultura y naturaleza en una misma ruta.

Altea. Playas

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Y finalmente: la playa

A su paso por Altea y como si fuera una luna, el litoral se extiende con la playa de Roda a los pies del mismo pueblo, una de las más grandes de Altea, colindante con la de l'Espigó, que nació hace escasos años como consecuencia de la reestructuración del casco urbano. Ambas, junto a Cap Blanch, cuentan con la Bandera Azul. Más alejadas del casco urbano e ideales para practicar submarinismo y deportes acuáticos, se encuentran la playa del Cap Negret, de guijarros negruzcos, que colinda con el río Algar a un lado y la cala del Soio al otro, la playa de l'Olla y la de la Solsida, donde se puede practicar nudismo.

Altea

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Todos los colores de Altea

Aunque lo mejor llega cuando se pone el sol y vienen las prisas para encontrar un mirador que se abra a la montaña y al mar, y que permita contemplar como los rayos de sol tiñen de dorado las sierras y los tejados, y las barcas vuelven a descansar en el puerto. De noche, sus bares se llenan de vida y las luces trepan por el promontorio donde de día lo hacía el blanco de la cal de las casas hasta encontrarse con el azul intenso de las cúpulas de la iglesia. Una imagen que recuerda que Altea sigue siendo lo que fue: la esencia de una mediterraneidad pura y genuina.

Altea

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