Fabada y litoral

Asturias a toda costa (verde)

El Principado despliega un extraordinario litoral de playas, acantilados y pueblos pescadores. Este viaje lo recorre de este a oeste, desde la ría de Tinamayor a la del Eo.

Bosques y praderías marcan el límite con el azul del mar imponiendo su color. Este verde ha concedido el título de Costa Verde al tramo que va desde la ría de Tinamayor a la del Eo. La costa asturiana ostenta, además, otros tres títulos no menos importantes: su litoral de 400 km es el mayor de todo el Cantábrico, es también el menos degradado con algunos tramos prácticamente inalterados y, finalmente, hay que destacar sus villas marineras. En todo el norte peninsular no he encontrado pueblos de pescadores con una arquitectura y un ambiente tan auténtico y bien conservado: Llastres, Tazones, Cudillero, Viavélez o Tapia de Casariego son algunos ejemplos donde todavía se puede respirar el aroma marinero.

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Pimiango

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Entre el bosque y el mar

Tras cruzar Tinamayor una naturaleza llena de sensaciones, esencias de lugares olvidados y alegorías del pasado se abre ante nosotros. Solo tenemos que llegar hasta el solitario pueblo de Pimiango, antaño cuna de zapateros, para descubrir estos lugares insólitos. La primera vez que visité las ruinas del monasterio de Santa María de Tina me quedé impresionado y, a pesar de los años transcurridos desde entonces, sus ruinas recubiertas de musgo y rodeadas de encinas me siguen impactando. Es como entrar en otro mundo a través de una litografía romántica. Este lugar no deja indiferente y nos hace pensar en los primeros hombres y mujeres que se movieron por estos parajes y que dejaron su huella en las pinturas de la cercana cueva del Pindal. La parada en el mirador de Pimiango es indispensable para contemplar el faro atrapado entre un mar de encinas, al borde de unos acantilados de vértigo, y otro inmenso mar que se pierde en el horizonte. 

Llanes

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La perla del oriente asturiano

A unos 20 km de Pimiango, de espaldas a la sierra del Cuera, Llanes se presenta como la perla del oriente asturiano. No en vano es la mayor ciudad y la que atesora un mayor patrimonio arquitectónico en este tramo costero. Llanes debe absorberse lenta y pausadamente, de una plaza a otra, de una esquina a la siguiente, parándose frente a sus pequeños detalles. Su herencia medieval se hace patente desde el primer paso que se da por el casco antiguo: el paño norte de la muralla del siglo XIII con un esbelto torreón circular, la basílica gótica iniciada en 1240 en la plaza de Cristo Rey y varias casas medievales, como el sobrio palacio de Gastañaga del siglo XIV. No menos importante es el legado indiano, asturianos del siglo XIX que regresaron de América con grandes fortunas y se construyeron casas que reflejaban su prosperidad. 

Gulpiyuri

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Paisajes excepcionales

La costa llanisca, que va de la ría de Tinamayor hasta Ribadesella, marca una gran diferencia respecto al resto del litoral asturiano. Aquí se despliega un paisaje único, formado gracias a la acción combinada de la lluvia y el mar sobre la roca calcárea desde hace millones de años. Sus formas han creado un entorno fascinante, y caminar por él es toda una experiencia. Descubrimos dolinas invadidas por el mar, como la playa de Gulpiyuri haciendo creíble lo increíble, ¡una playa en medio del campo! También hay puentes naturales de roca, cuevas que mágicamente terminan al borde mismo del océano, o los temidos bufones, profundos orificios por donde el mar respira y que durante los temporales escupen agua a más de 20 m de altura a la vez que emiten bramidos desde las profundidades. Los bufones de Pría son uno de esos lugares donde el espectáculo está servido. No recuerdo el número de veces que he ido a disfrutar de este regalo de la naturaleza y las horas que me he pasado haciendo fotos de las olas golpeando sin piedad los acantilados, elevándose sobre ellos a la vez que las numerosas chimeneas y grietas que horadan la roca expulsaban agua y vapor como géiseres marinos. 

Ribadesella

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Paisaje y cultura en Ribadesella

Después de Llanes, Ribadesella sobresale por su famoso Descenso Internacional del Sella. Sin embargo, esta ciudad ofrece numerosos atractivos, como su larga playa junto al Sella, el mirador del Monte Corbero con la ermita de la Virgen de la Guía, o la sorprendente cueva de Tito Bustillo, cuyas pinturas prehistóricas forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Asturias. Dinosaurios

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La Costa de los Dinosaurios

Avanzando hacia occidente, la Costa Verde toma otra denominación: la Costa de los Dinosaurios. Una auténtica joya paleontológica que se extiende desde Ribadesella hasta la playa de Merón en Villaviciosa. Decenas de huellas de dinosaurios y otros restos se esparcen a lo largo de este tramo, que cuenta con numerosas localizaciones habilitadas para su visita y carteles informativos. El pequeño Museo del Jurásico aporta un complemento científico a la ruta. Se localiza en la Rasa de San Telmo, entre las localidades de Colunga y Llastres. Su planta, con forma de enorme icnita, propone un viaje digno de las novelas de Julio Verne. Conoceremos un mundo desaparecido, habitado por dinosaurios, suaves playas en un mar interior poco profundo, salpicado de lagunas y altas coníferas en un clima subtropical. Con el tiempo aquellos bosques se transformaron en un mineral muy apreciado por la joyería tradicional, el azabache. 

Llastres

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Pueblos con aroma a salitre

Aferrada a un acantilado frente al mar, casita a casita con sus tejados rojos y las fachadas encaladas de blanco, la villa de Llastres sorprende siempre con ese aroma a salitre de los viejos pueblos marineros. Cuesta creerlo pero el 19 de septiembre de 1517, con una flota de más de 40 barcos, Carlos V decide desembarcar en la pequeña aldea de pescadores de Tazones para, desde tierras asturianas, dirigirse a la corte castellana a recoger la corona heredada. No está claro el motivo de su elección para el desembarco en este lugar, ya que en esa época Llanes era una pequeña aldea de pescadores no apta para recibir a «tanta gente principal». De cualquier modo, nada más tomar tierra se trasladaron en chalupa por la ría hasta Villaviciosa, donde la corte pasó la noche. Hoy Tazones recuerda este acontecimiento con una fiesta de recreación histórica que atrae a multitud de visitantes.

GijonBueno. Hay muchas ciudades en Gijón

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Hay muchas ciudades en Gijón

Gijón es la ciudad más poblada de Asturias y, quizá por esto y por su tradición marinera, se la considera la capital de la Costa Verde. Hablar de Gijón no resulta fácil, porque en realidad no es una, sino muchas ciudades que conviven unas junto a otras. Está la Gigia romana con interesantes restos de su pasado en las termas del Campo Valdés o la Campa Torres, el Xixón tradicional de pescadores y marineros en el barrio de Cimadevilla, el burgués decimonónico, con sus bellos edificios eclécticos y modernistas, el de las playas y paseos. Y, claro, el Gijón de la cultura, que acoge un amplio abanico de festivales, museos y centros culturales, como la Universidad Laboral, un colosal complejo de 1957 pensado como una ciudad en sí misma y que fue reformado en 2007 como Laboral Ciudad de la Cultura, un recinto dedicado a la creatividad. Sin olvidar el Gijón de los bares, las terrazas, las sidrerías y los merenderos. En definitiva una ciudad caleidoscópica con multitud de caras que se va adaptando a los nuevos tiempos sin perder sus raíces.

Cabo Peñas

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Las vistas desde Cabo Peñas

Tras abandonar Gijón, cambiamos el rumbo oeste de nuestro viaje por otro noroeste para llegar al Cabo Peñas. Como una punta de lanza, este saliente penetra en el mar Cantábrico dejando a su paso pueblos pesqueros, playas, estuarios, islas y golfos. Si los Picos de Europa son el macizo montañoso más emblemático de la montaña asturiana, el Cabo Peñas lo es de la costa. Sus 20 km2 poseen un alto valor ecológico y están preservados bajo la figura de Paisaje Protegido. El punto más espectacular se halla en la misma punta, donde se encuentra el faro, uno de los mayores del Cantábrico. Sus impresionantes acantilados, con más de 100 m de altura sobre el mar, sobrecogen a todo el que los contempla por primera vez. 

He perdido la cuenta de las veces que he ido a captar con mi cámara el espíritu de este lugar y siempre regreso emocionado. Su estado de ánimo cambia constantemente gracias a su luz, tan variable, que todo lo baña. No hay mejor experiencia que quedarse al atardecer e ir degustando lentamente la hora dorada, la hora azul, los diferentes crepúsculos hasta que, por fin, se impone la magia de su faro. 

vjx-media-t5R2mjjqcyY-unsplash. Todo lo que esconde Avilés

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Todo lo que esconde Avilés

Al este del Cabo Peñas, escondida en un rincón, se extiende la ciudad de Avilés, cuna de Pedro Menéndez de Avilés, Gobernador de Indias y Adelantado de La Florida. Esta villa ha sabido armonizar su pasado medieval y el posterior desarrollismo industrial de los años 60 y 70 con un urbanismo nuevo y dinámico. Ha resucitado su ría creando espacios con un gran impacto estético como el Centro Niemeyer (2011), referente artístico y cultural en Asturias. 

Al otro lado de la ría, la ciudad medieval de Avilés se abre tímidamente a través de callejuelas empedradas y porticadas, como la de Galiana o Rivero y plazas inesperadas. Paseando por este núcleo se descubren edificios de gran valor, como la iglesia de San Nicolás de Bari, de los siglos XII y XIII, la capilla de los Alas del XIV, o la iglesia Vieja de Sabugo del XIII. También habrá que detenerse a contemplar el palacio de Valdecarzana (siglo XIV), la iglesia de los Padres Franciscanos (siglo XII) y el palacio de Camposagrado (siglo XVII). A quien le guste el dulce, no podrá resistirse a probar el bollo de Pascua, un bizcocho mantecado, o las pumariegas de Avilés, unos pastelitos de almendra.

Pravia

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A orillas del Nalón

Al oeste de Avilés la costa cambia considerablemente de aspecto, en parte como consecuencia del estuario del Nalón, el río más largo y caudaloso de Asturias. En un tramo de menos de 12 km hallamos varios superlativos: el Playón de Bayas y la playa de los Quebrantos (la más larga), la isla de La Deva o el propio estuario del río, un espacio de alto valor medioambiental protegido bajo la figura de Monumento Natural.

A ambas orillas de la desembocadura del río se miran dos pequeños pueblos con un pasado muy diferente. San Esteban de Pravia se convirtió, a principios del siglo XX, en el primer puerto carbonero de Asturias. Hoy día, a modo de museo al aire libre, conserva sus antiguas instalaciones: cargaderos de carbón, caseta de los carabineros, casa del vigía, grúas de carga, etc. Aquí también se encuentra el faro que marca la desembocadura del Nalón y al que muchos fotógrafos y curiosos acuden durante los temporales a capturar imágenes de las enormes olas que lo rebasan. 

San Juan de la Arena es un pueblo de pescadores con una existencia más tranquila y relajada, incluso más literaria, ya que fue lugar de descanso del poeta Rubén Darío. Todos los años, el primer fin de semana de marzo tiene lugar el Festival de la Angula, una celebración  que se alarga tres días durante los cuales conoceremos las múltiples maneras de cocinar este manjar.

Cudillero

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El anfiteatro de Asturias

Cudillero es sinónimo de puerto pesquero, tradición y, por supuesto, buen comer. En la plaza del puerto se juntan la mayoría de los restaurantes, cuyas cartas y menús del día ofrecen toda clase de exquisiteces marineras. A la espalda, a modo de anfiteatro, las casitas de colores trepan por la empinada ladera sobre la que se asienta la villa. Además de ser una de las localidades costeras que mejor ha conservado su aspecto, Cudillero destaca por su esfuerzo en preservar tradiciones y una lengua propia, el pixuetu, variante del asturiano occidental.

Al poco de dejar atrás Cudillero, la línea litoral vuelve a penetrar en el mar con los imponentes acantilados de hasta 80 m de altura del cabo Vidio. Se trata de un lugar a la vez amable y esquivo, yo diría que casi mágico. Debajo del cabo, a la altura del faro, se encuentra La Iglesiona, la cueva marina más grande de la Costa Verde y, posiblemente, de todo el litoral cantábrico. Para visitarla hay que esperar la bajamar y, preferiblemente ir con un guía, pues el camino de descenso es empinado y expuesto.

Asturias

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La costa más fotogénica

Al oeste del cabo Vidio la costa se va rompiendo en numerosos peñascos y van surgiendo pequeñas calas escondidas al cobijo de acantilados. Es un entorno natural de gran belleza. Sus formaciones rocosas y los colores que algunas toman han hecho que, en los últimos años, tanto la playa del Silencio como las aledañas de La Conchona o La Gairua se hayan convertido en una meca para fotógrafos y amantes de la naturaleza.

Luarca, apodada como la Villa Blanca por sus paredes encaladas, es el polo turístico de la costa occidental, además de cabeza de comarca. Su profunda vocación marinera se articula en torno al puerto y al río Negro, que la atraviesa dibujando una ese. En realidad engloba dos ciudades: una medieval y pescadora alrededor del puerto, y otra burguesa y comerciante dispersa a lo largo de los meandros del río.

Tapia de Casariego

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El antiguo puerto ballenero

Entre los concejos de Valdés y Navia se halla la Reserva Natural de Barayo. Sus 2500 hectáreas albergan una biodiversidad admirable desde la Punta Romanellos hasta la playa de Arnela, con un complejo dunar, un estuario, una franja de marismas, acantilados,  los islotes de Pedroña y Romanellos, y un frondoso bosque de ribera. 

Al final de nuestro periplo visitamos Tapia de Casariego. Este viejo puerto ballenero, se abre al viajero como una pequeña joya sin apenas grandes transformaciones a lo largo de su historia. En verano las terrazas del puerto, sus playas o el campeonato de surf hacen las delicias de infinidad de visitantes, pero el invierno también guarda encantos con una atmósfera impregnada de Cantábrico. 

Castropol

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La guinda del pastel: Castropol

Nuestro recorrido finaliza en otra ría, la del Eo, límite con La Mariña lucense. En el lado asturiano se suceden varias villas importantes pero Castropol, asentada sobre un cerro en medio de la ría, sobresale sobre las demás. Con su característica silueta coronada por la torre de la iglesia a modo de faro, conserva un casco antiguo que es una maravilla para pasear. Casas de indianos, palacios centenarios y calles empedradas dan la sensación de que, aquí, el tiempo se detuvo en una época con ritmos más sosegados. Y sin embargo, Castropol también ha sabido acomodarse al viajero actual con una excelente gama de alojamientos y restaurantes que ofrecen, por supuesto, ostras del Eo, cultivadas en la ría y que gozan de una gran fama. Sabor a mar para finalizar este viaje por la Costa Verde. 

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