Una aventura hasta Muniellos, el gran bosque de Asturias

Un paseo otoñal por el gran robledal asturiano, un lugar rebosante de leyendas, vegetación y refrescantes arroyos.

Las comarcas de Eo-Navia y Narcea abarcan un tercio del Principado y, aun así, son las más despobladas del mapa astur. Es la Asturias más desconocida, la que se esconde en profundos bosques amparados como Reserva de la Biosfera, lugares donde canta el urogallo y en los que se perpetúan tradiciones que hace ya mucho se perdieron en otros lugares.

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Remontando el Eo desde Castropol

Un buen modo de adentrarse en esta tierra es a través de la ría del Eo. Esta frontera líquida separa Galicia de Asturias –en la orilla gallega está Ribadeo y en la asturiana, Castropol– forma un estuario de gran valor natural por ser un punto de paso para las aves que migran entre Europa y África. La elevada diversidad de especies animales y vegetales que pueblan la ría y su entorno llevó a la Unesco a declararla Reserva de la Biosfera en 2007. La pureza del agua la convierte también en un buen lugar para la acuicultura y son muchos los que se acercan a degustar en sus restaurantes delicias marinas como las ostras japonesas (Cassostrea gigas).

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Taramundi y sus navajas

Si desde Castropol seguimos el curso del río Eo por esa N-640 que hace equilibrios entre Asturias y Galicia llegamos a Taramundi, uno de los pueblos más bonitos de Asturias, famoso por la destreza de sus cuchilleros. A mediados del siglo xix el arte de templar navajas tomó fuerza en esta población, en cuyos alrededores abundaban los yacimientos de hierro. Las fraguas de la zona se especializaron en utensilios para el campo, la caza y otras actividades manuales; al siglo siguiente se contaban más de cien talleres repartidos por el concejo.

En el interior del occidente astur, un territorio abrazado por una orografía agreste que hasta el siglo xx carecía de carreteras, los aldeanos siempre tuvieron que espabilarse por sí mismos. Estos pueblos eran autosuficientes, criaban su ganado, recurrían a los bosques para obtener leña, castañas o miel, remendaban sus herramientas y ejercían tantos oficios como necesidades tenían. Muchos han desaparecido, pero siguen perpetuándose tareas heredadas de los abuelos que ya no existen en otros lugares.

iStock-1408069653. Santa Eulalia de Oscos y sus excursiones

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Santa Eulalia de Oscos y sus excursiones

Aparte de Taramundi y sus navallas destacan Trabáu y sus tachadeiras (útiles de madera torneados a mano), Llamas del Mouru y su cerámica negra, o el pueblo de Pambléi, donde se siguen tallando a mano las madreñas, el típico zueco asturiano.

Hay que seguir hacia el sur hasta Santa Eulalia de Oscos y su aldea vecina, Mazonovo, donde se conserva en activo una fragua del siglo xviii. Su entorno es propicio para el senderismo por caminos balizados que se dejan recorrer en completa intimidad. Uno de los más conocidos es la Ruta de A Seimeira, que se adentra en un bosque de castaños y avellanos hasta una cascada escondida entre la vegetación. Otra excursión popular es A Mina de As Talladas, un sendero que pasa por aldeas cuya toponimia (Ferreira, Ferreirela...) revela el pasado herrero de la zona.

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De Cangas de Narcea a Leitariegos

Si desde Santa Eulalia nos dirigimos hacia el este entramos en la comarca del Narcea, compuesta por tres concejos: Cangas del Narcea, Degaña e Ibias. La propia Cangas del Narcea es un buen lugar para proveerse de lo necesario para las excursiones. Cangas nació como villa cuando Alfonso X el Sabio le otorgó la Carta de Población en 1255, pero su mayor importancia le vendría gracias al vecino monasterio de Corias que durante la Edad Media fue una etapa en las rutas que unían Asturias y León a través del Puerto de Leitariegos (1525 m).


El cenobio benedictino actuó durante siglos como dinamizador de la comarca, pero la Desamortización de 1837 terminó con la vida monástica del recinto; en 2013 reabrió como Parador de Turismo. Por fortuna, los monjes dejaron como herencia algo más que arquitectura: los vinos asturianos, poco conocidos, pero con una larga tradición a sus espaldas y, desde 2008, regulados por la Denominación de Origen Protegida Cangas.

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El corazón de Muniellos

Nuestra ruta termina en el extremo sur de la comarca de Narcea, tapizada por un manto verde de hayas, robles, avellanos y fresnos. Bosques infinitos y animales emblemáticos como el oso pardo viven aquí protegidos por el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, que a su vez engloba dos reservas: Cueto de Arbás y Muniellos. Esta última, la Reserva Natural Integral del Bosque de Muniellos, presume de ser el mayor robledal de España y uno de los más extensos de Europa. El verde –ocre y anaranjado en otoño– lo aportan robles albar y robles rosados, mientras que la vida animal del sotobosque cuenta con especies escasas en otros lugares de la Cordillera Cantábrica como el urogallo. Para proteger la frágil supervivencia de los habitantes de esta arboleda y conservar el resto del entorno, a Muniellos solo se accede previa obtención de un permiso que puede gestionarse en la web de la reserva.

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