Tailandia genuina

Bangkok: lo que el turista no ve

Una visión diferente de la capital de Tailandia sin pisar el Gran Palacio ni Khao San Road

Con Bangkok no suele haber término medio. O no gusta o engancha más que un buen pad thai. Para algunos solo es una ciudad caótica con un tráfico infernal, una obligada penitencia que hay que cumplir para alcanzar los campos de té del Triángulo de Oro, las ruinas de Ayutthaya o las playas de anuncio de la costa de Andamán. Otros, en cambio, la ven como una adictiva locura, donde todo o casi todo puede suceder, que merece mucho más que una fugaz escala.

 

Para motivar a los primeros y complacer a los segundos, nada mejor que embarcarse en una ruta alternativa por ese otro Bangkok que no suele aparecer en las guías. Sin highlights y en busca experiencias que valen la pena.

 

 

 

Charoen Krung

Husmear en los escaparates de Chinatown tiene un pase si esta explosión consumista de dudosa reputación se compensa en Charoen Krung, el distrito creativo de la capital. El paisaje de este vecindario, que se articula alrededor de la carretera asfaltada más antigua de Bangkok, no puede ser más sugerente: arte urbano, concept stores, restaurantes de autor, boutiques independientes y las galerías más vanguardistas de la ciudad. La mayoría de estos locales, estilosos a más no poder, se ubican en las antiguas fábricas que impulsaron el nacimiento del barrio en 1860. Es el caso de Warehouse 30, un complejo de almacenes de la Segunda Guerra Mundial que el afamado arquitecto Duangrit Bunnag ha transformado en un bastión del diseño más trendy. ¿El Soho de Bangkok? Probablemente.

Parque Lumphini

El gran pulmón verde de Bangkok, que toma su nombre del lugar de nacimiento de Buda, cumple su objetivo con creces: olvidar que uno está en una de las metrópolis más congestionadas y calurosas del mundo. Para disfrutar de este reducto natural, que se alza en medio de una maraña de torres de oficinas y apartamentos, lo mejor es ir a primera hora de la mañana -como hacen los locales adictos al taichí- o al atardecer. Un picnic junto al lago, pasear por los jardines o liberar adrenalina en una sesión gratuita de aerobic son algunos planes a tener en cuenta. Y sí, es común toparse con varanos gigantes deambulando por los senderos, pero son inofensivos y su presencia es un atractivo más de este refrescante cambio de ritmo en los antiguos dominios de la familia real.

TCDC

El Centro Creativo y de Diseño de Tailandia es otro de los secretos mejor guardados de Charoen Krung. Situado en la oficina general de correos y a dos pasos del río Chao Phraya, el TCDC es la gran incubadora creativa de Tailandia. Este fascinante espacio, más que una escuela o un centro de investigación, es una fuente de entretenimiento intelectual en el que se programan exposiciones, charlas y talleres enfocados a promover un desarrollo empresarial más equilibrado y sostenible desde diferentes disciplinas como la moda o la arquitectura. ¿Un plus? Desde su azotea se divisa una soberbia panorámica de Bangkok que se puede disfrutar prácticamente en soledad.

Wat Mahathat

Wat Mahathat es uno de los templos más antiguos y venerados de Bangkok. Es la sede de la primera universidad budista del país, su ubosot o sala de ordenación es uno de los más grandes de Tailandia y, lo más interesante, cuenta con un Centro de Meditación Vipassana que abre sus puertas a todo aquel que esté interesado en esta práctica tan fundamental del budismo. Hay tres clases de meditación diarias -gratuitas y dirigidas por monjes que hablan inglés-, y también organizan retiros de varias semanas que incluyen alojamiento y comida. Como ellos mismos dicen, encontrar el equilibrio interior, descubrir la verdadera naturaleza de las cosas y asumir que nada existe indefinidamente no es cosa de un día. Aun así, esta experiencia resulta perfecta para conocer un poco más la religión que practica más del 90% de la población y, de paso, desconectar del bullicio que impera en las calles

Khlong Lat Mayom

Ni Damnoen Saduak ni Amphawa. Si lo que se busca es un mercado flotante que mantenga su esencia tradicional, Klong Lat Mayom es la mejor opción. Y es que, aunque no sea tan espectacular como los anteriores -es cierto que hay menos aldeanos que ofrecen sus mercancías desde las barcas-, el ambiente que se respira es mucho más auténtico. ¿Por qué? Los que lo frecuentan son tailandeses, no está atestado de turistas y la experiencia de navegar por el laberinto de canales que lo rodean no es una mera turistada. Es una interesante aproximación, de hora y media de duración, al modo de vida en los khlongs. Niños pescando, siestas a la sombra, vecinos que vuelven de comprar, casas de madera sobre el agua, viveros de orquídeas, pequeños templos... Por solo 100 bahts y a 20 km de Bangkok.

ICONSIAM

La nueva estrella de Chao Phraya es ICONSIAM, el centro comercial más grande Tailandia. Hay muchas razones para visitarlo: su arquitectura es brillante, su espectáculo nocturno a lo largo del río es el más extenso del sudeste asiático, las vistas desde su terraza son impresionantes, tiene un parque infantil de cuento, y sus cientos de tiendas son un poderoso imán para adictos a la moda, la tecnología y la artesanía contemporánea. Aun así, la joya de la corona es SookSiam, un paraíso para foodies, con su propio mercado flotante, que reúne en un solo lugar las mejores especialidades de cada una de las 77 provincias del país. Recetas tradicionales para comerse Tailandia bocado a bocado.

Erawan Museum

Un gigantesco elefante de bronce de tres cabezas -según dicen, la escultura tallada a mano más grande del mundo- es la carta de presentación del Museo Erawan, obra del excéntrico empresario y mecenas tailandés Lek Viriyaphant. Su interior está dividido en tres plantas según la representación hindú del universo: el Inframundo, que alberga su colección personal de arte; la Tierra, con antigüedades tailandesas y europeas; y el Cosmos, un delirio visual, decorado con pinturas que simbolizan el universo y estatuas de Buda de diferentes épocas, donde acuden los creyentes para honrar al dios Indra. Esta estimulante fusión de arte y religión continúa en el cuidado entorno que rodea al colosal paquidermo, un precioso jardín tropical con estanques, más elefantes, fuentes y pequeños altares que también reciben ofrendas. Fascinante y sin apenas turistas occidentales.

The Siam

The Siam forma parte de este otro Bangkok por las originales experiencias que ofrece a sus huéspedes. Clases particulares de Muay Thai -también conocido como boxeo tailandés- con un entrenador profesional, traslados privados en barco a los principales puntos de interés de la capital, clases de cocina que incluyen hacer la compra en un mercado, exclusivos tratamientos de belleza en su galardonado Opium Spa... Y la propuesta más singular de este lujoso resort: hacerse un Sak Yant, o lo que es lo mismo, un tatuaje mágico tailandés cuyo origen hay que buscarlo dos milenios atrás. Con un reconocido maestro como es Ajarn Boo y siguiendo las técnicas tradicionales. ¿Alguien da más?

 

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