Teruel en bruto

Beceite y Valderrobres, ruta por el Matarraña más insólito

Los pueblos de esta comarca aragonesa enmarcan la ruta por una región de imponentes paisajes de roca y agua

El paisaje sigue bello, casi intocable, el río Matarraña, los ancianos olivares y sus cipreses...

Así describía el escritor chileno José Donoso la comarca donde vivió una temporada, cruce de fronteras entre Teruel, Tarragona y Castellón. La definición aún vale hoy: el paisaje sigue siendo bello y de naturaleza variada. Diríase un continente lleno de barrancos, sierras y miradores. También túmulos ibéricos, casas de labranza y dieciocho pueblos que aparecen ocres, terrosos, apiñados, siguiendo la carretera provincial.

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Foto: Getty Images

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El Parrizal

Uno de ellos es Beceite. Se ubica en la parte sur de la comarca, la de relieves más accidentados y espectaculares. El pueblo es la principal puerta al Parrizal, el referente natural más conocido de Matarraña. Allí el agua cristalina, como un ágata verde, corre alegremente entre los recovecos rocosos del cauce fluvial. Resulta difícil sustraerse a la tentación de darse un baño, pero se prohíbe para preservar el medioambiente.

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La garganta de El Parrizal

Este prodigioso espacio se enclava en Los Puertos/Els Ports, un macizo calcáreo que separa el valle del Ebro del Mediterráneo. En Beceite se inicia una excursión que, tras unos 8 km, llega a la meta: un espectacular cañón con paredes de más de 60 m. Pero el recorrido tiene más atractivos, como pozas, cascadas, bosques de roble carrasqueño y pinares, y unas pasarelas de madera que bordean el río: la parte más popular de la ruta. Por haber, hasta hay pinturas rupestres que pertenecen al arte esquemático levantino y, como tales, son Patrimonio de la Humanidad.

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Las pozas del Ulldemó

De vuelta a Beceite, el río dibuja un lugar escénico donde refrescarse en la Font de la Rabosa. No es el único espacio de baño en los alrededores: el agua también es protagonista en rincones como la Pesquera y el salto de La Portellada. El primero es un paraje natural ribereño que forma el río Ulldemó; y el segundo, una cascada que protagoniza el Tastavins. Ambos son afluentes del río Matarraña que vertebra y da nombre a la comarca.

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Productos locales y tradicionales

En la excursión sale al paso también la famosa huerta de Beceite, un damero de campos en el que se ha logrado recuperar una judía autóctona que ya aparecía reseñada en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845), de Pascual Madoz. De estos huertos se nutren los restaurantes de la zona, donde esas judías o fesols de Beceite y el tradicional pan de guitarra, de forma estirada con un punto de aceite, están siempre presentes.

No hace mucho, el edificio que hoy ocupa el restaurante La Fábrica de Solfa presentaba un estado ruinoso. Junto al puente de piedra que da acceso a Beceite, era uno de los molinos de papel del municipio. A finales del siglo xviii llegaron a contarse hasta nueve, un caso único en la industria papelera de Aragón. De aquí salió el papel para la primera edición de la serie de grabados La tauromaquia de Goya, o las cartulinas para los preciados naipes que Heraclio Fournier fabricaba en Vitoria para los principales casinos del mundo.

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Beceite

Con el tiempo, aquella industria cayó en el olvido, pero parte del patrimonio que conserva Beceite se debe a la riqueza que trajo el papel. Ahí están los sillares en las fachadas, los alfeizares con molduras y los balcones de sus casonas. Recorriendo sus calles, la mayoría estrechas y en pendiente, se llega a la plaza Mayor, a la iglesia de San Bartolomé con sus columnas salomónicas en la portada, a la Casa Consistorial y a la lonja delimitada por arcos apuntados.

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Valderrobres

Beceite es representante de esa colmena de pueblecitos que configura la comarca del Matarraña turolense, de la que la monumental Valderrobres, a solo 7 km, es la capital. Se accede a esta villa a pie por un puente gótico sobre el Matarraña que va a dar al portal de San Roque, abierto donde estaba la muralla. Aunque lo más imponente de Valderrobres –que figura en la lista de los Pueblos más Bonitos de España– es el conjunto del castillo y la iglesia de Santa María la Mayor que lo presiden.

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Paraíso senderista

De regreso a la naturaleza, los senderistas pueden elegir en Matarraña rutas por parajes como las icónicas Peñas del Masmut o, ya para iniciados en la escalada, ascensiones a la Peña de Aznar Lagaña o La Caixa. Esta mítica montaña, cuya forma se divisa desde gran parte de la comarca, es el mejor mirador posible. Quienes busquen más adrenalina pueden ir a Fuentespalda, donde está la tirolina más larga de Europa de doble cable que, con 2 km de largo y 200 m de desnivel, puede alcanzar los 120 km/h.

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Foto: Torre del Visco

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Desconectar en la Torre del Visco

A poca distancia de la tirolina está la Torre del Visco. El que escribe fue hasta allí a relajarse del vértigo. Para llegar a este hotel con encanto, un refugio de paz ubicado en una antigua casa de labranza, hay que seguir unos 5 km de pista sin asfaltar a través de un extenso pinar. Al llegar, su dueña me explicó sonriente que desde que abrieron hace más de veinticinco años nunca ha querido asfaltarlo, «para que se note que este es un camino para dejar atrás el mundo». Y eso es lo que sigue experimentando el viajero que hoy  se aventura a descubrir la comarca de Matarraña, que deja atrás el mundo.

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