Tremenda capital

Belfast es indestructible

La capital de Irlanda del Norte se reinventa como pocas para seguir en lo más alto.

Es compacta, manejable y con mucha historia a sus espaldas. La música corre por las venas de sus pubs, vio nacer al Titanic y sus propuestas gastronómicas están dando mucho que hablar. Es divertida, cercana, contradictoria y muy cultureta. Así es Belfast, la señorita más seductora de Irlanda del norte.

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shutterstock 1506018584. Donde rezan todos los Credos

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Donde rezan todos los Credos

El barrio de la Catedral es la joya de Belfast, el más antiguo y el más de moda. El propio templo de Santa Anta, con su altísima aguja de acero apuntando al cielo y sus valiosos mosaicos, las calles empedradas repletas de pubs, las galerías de arte y el buenrollismo reinante son sus señas de identidad. Explorar la diversidad creativa en el MAC (Centro Metropolitano de Arte, una cata de whiskey norirlandés en The Friend At Hand, y probar las exquisiteces con estrella Michelin del chef Gareth McCaughey al frente de The Muddlers Club son algunas de las experiencias que nadie debería pasar por alto. ¡Larga vida al Cathedral Quarter!

iStock-1134231625. Y del lino surgió el centro

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Y del lino surgió el centro

Las antiguas fábricas del que fue uno de los principales productores de lino del mundo son ahora concurridas avenidas por las que desfilan edificios históricos, centros comerciales y restaurantes de postín. Es el centro de Belfast o Linen Quarter, un barrio que se articula detrás del colosal Ayuntamiento que se concluyó poco después de que la reina Victoria le concediera el estatus de ciudad. Hacer un tour gratuito es muy recomendable. Como también lo es la agenda de eventos de la Linen Hall Library, subir a la cúpula de Victoria Square para disfrutar de sus vistas, asistir a una velada musical en la Grand Opera House, o acabar la noche en el Ulster Hall, donde, por cierto, Led Zeppelin estrenó su inmortal Stairway to Heaven en 1971.

St. George’s Market 1 © Alícia Bea. Mucho más que un gastromercado

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Mucho más que un gastromercado

Con un palmarés que lo sitúa entre los mejores mercados del Reino Unido e Irlanda, acercarse el fin de semana al St. George’s Market es rodo un planazo. Razones hay muchas: cientos de puestos de alimentación, artesanía, ropa, libros, flores, antigüedades y todo lo imaginable digno de ser vendido, una ecléctica oferta gastronómica con el tradicional Ulster Fry por bandera, música en vivo y, sobre todo, un ambiente increíble que mezcla a vecinos y curiosos. Que nadie lo tome como una visita de doctor porque es imposible salir de aquí con las manos o el estómago vacíos. Además, hay un servicio gratuito de autobús que lo conecta con el centro cada 20 minutos (12-20 East Bridge Street).

iStock-103962044. Dios salve a la Reina

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Dios salve a la Reina

Recorrer el precioso campus de la Queen’s University y pasear por el Jardín Botánico, una exótica burbuja natural presidida por un coqueto invernadero de hierro fundido, encabezan el top de actividades recomendadas en el Queen’s Quarter, un barrio salpicado de espléndidas casas victorianas y zonas verdes que enmarca el Belfast más cultural. Su peso pesado es el Museo del Ulster8.000 m2 que albergan todo de tipo de exposiciones: ciencias naturales, artes plásticas, exhibiciones arqueológicas, etnografía, y, como curiosidad, los únicos huesos de dinosaurio encontrados en la isla de Irlanda.

iStock-173543812. Cicatrices en color

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Cicatrices en color

Lejos del cálido bullicio del centro hay otro Belfast, el de la periferia, el de la clase obrera. El Belfast de Falls Road, epicentro del barrio católico donde se recuerda al activista Bobby Sands al lado de la sede del Sinn Féin. El Belfast de Shankill Road, el núcleo protestante que enarbola banderas de la Union Jack. Y el del Muro de la Paz, con mensajes de paz y esperanza. Es el Belfast de The Troubles, como se conoce al conflicto norirlandés. Con sus puertas que a día de hoy siguen separando a unionistas y republicanos al caer el sol, sus vallas y alambres de espino, memoriales que honran a los héroes de cada bando, y cientos de murales pintados sobre barreras de hormigón que nadie retira, aunque hayan pasado veintiún años desde el Acuerdo de Viernes Santo. Un recorrido que no deja indiferente por el oeste de la ciudad y que muchos realizan a bordo de los famosos taxis negros o black cabs conducidos por guías oficiales.

Kelly's-Cellars-©-Tourism-NI. A todas horas... Sláinte

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A todas horas... Sláinte

Hablar de Belfast es hablar de sus pubs, el mejor escenario para tomarle el pulso y comprobar que a sociables y fiesteros no les gana nadie. Aunque la lista de recomendaciones daría para un memorándum, para una primera incursión bastaría con dejarse caer por The Duke of York, The Dirty Onion, McHugh's, Whites Tavern y, cómo no, The Crown Liquor Saloon, una delicia visual de vidrieras y madera tallada, considerado por muchos como el mejor salón victoriano del Reino Unido. En cualquiera de ellos las good vibes están aseguradas.

Y si lo que apetece es una copa relajada, dos apuestas seguras: el Berts Jazz del lujoso Merchant Hotel y The Observatory, el sky-bar más alto de la isla de Irlanda situado en el Grand Central Hotel. No es precisamente barato, pero solo por las vistas merece la pena.

Queen's Bridge  © Tourism NI. Reflejos del pasado y del presente

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Reflejos del pasado y del presente

Uno de los paseos más agradables que se pueden hacer en Belfast discurre junto al río Lagan. Los muelles y los puentes que lo atraviesan crean un atractivo escenario en el que no es difícil imaginar cómo era esta zona en pleno auge de la industria naval. Aquí se impone detenerse en Donegall Quay para repasar la historia de la capital en las escamas del Big Fish, un enorme salmón que conmemora la regeneración del río. Y también un poco más adelante, a la altura del Queen’s Bridge, donde se alza una figura femenina de casi 20 metros de altura que simboliza la paz y marca el camino hacia la modernidad y el progreso. Su nombre, Beacon of Hope.

iStock-909149648. Jack cabía en la tabla

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Jack cabía en la tabla

Las imponentes grúas de Harland & Wolff sirven de faro para llegar al barrio del Titanic que custodia el rico patrimonio naval de Belfast. Aquí está el SS Nomadic, el último barco que queda de la compañía White Star Line, el HMS Caroline -el único buque que sobrevivió a batalla de Jutlandia-, y el motor de este renovado distrito: el Titanic Belfast. Este singular edificio, cuya altura iguala a la del famoso trasatlántico que nunca llegó a Nueva York, recrea de forma interactiva su historia justo donde se construyó y se ha convertido en el símbolo de la nueva Belfast. ¿Solo para fans de Jack y Rose? En absoluto. Una sugerencia más: tomar algo en la majestuosa Drawing Office Two del Titanic Hotel, la antigua sede de Harland & Wolff.

iStock-987378554. En busca de Finn McCool

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En busca de Finn McCool

Belfast es una estupenda base de operaciones para visitar otra de las grandes citas del Condado de Antrim: la Calzada del Gigante. El marco natural más reconocible de Irlanda del Norte y la imagen más buscada del ya de por sí fascinante Causeway Coast Way. Declarada Patrimonio de la Humanidad, esta maravilla geológica es un surrealista rompecabezas formado por más de 40.000 columnas de basalto que se funden en el Atlántico originado un paisaje de extrema belleza que la leyenda atribuye al superhéroe nacional, el gigante Fionn mac Cumhaill. ¿Un consejo? Rematar la excusión con la adrenalínica experiencia de cruzar el puente de Carrick-a-Rede antes de dejarse caer por Bushmills, la destilería con licencia más antigua del mundo.

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Belfast es indestructible

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