Siempre bella

Roma infinita

Pocas ciudades del mundo consiguen esa mezcla de magnificencia y cotidianidad como Roma. Quizá por la alegre despreocupación que exhibe ante su extraordinaria belleza.

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Boris Stroujko / Shutterstock

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El Foro Romano

El Foro era el centro político, religioso y económico de la antigua Roma. En la fotografía, las columnas del templo de Saturno y el arco de Septimio Severo.

 

Elia Locardi

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El Coliseo

El Anfiteatro Flavio, Colosseo o Coliseo empezó a construirse bajo el gobierno de Vespasiano (años 69-79) y fue inaugurado por el emperador Tito el año 80. Se realizan visitas guiadas nocturnas.

 

Massimo Ripani / Fototeca 9x12

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Museos Capitolinos

Exhiben pintura y escultura desde la época de la antigua Roma hasta el siglo XVI. Ocupan el Palacio Nuevo y el de los Conservadores.

 

Giovanni Simeone / Fototeca 9x12

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El Panteón

La única abertura del edificio es el óculo de 9 metros de diámetro de la cúpula. Erigido en el año 126 d.C., el papa Bonifacio IV lo consagró iglesia de Santa Maria ad Martyres en el 609.

 

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El Panteón

De noche, la ajetreada plaza del Panteón recupera la calma. Sobre el pórtico de ocho columnas se aprecia la inscripción dedicada a Agripa, promotor del primer templo.

 

Pietro Canali / Fototeca 9x12

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Plaza Navona

El lugar donde se hallaba el Estadio de Domiciano en el año 86 lo ocupan hoy tres fuentes escultóricas: la de los Cuatro Ríos, la de Neptuno (en primer término) y la del Moro.

 

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Bocca de la Verità

La Bocca de la Verità fue probablemente una tapa de alcantarilla en tiempos de la antigua Roma. Hoy se halla encastrada en la pared de la basílica de Santa María en Cosmedin, a poca distancia del Circo Máximo.

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Stefano Politi Markovina / AWL Images

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Barrio del Trastevere

Este barrio cuyo nombre significa "al otro lado del río Tíber" está repleto de tabernas, templos con tesoros artísticos y comercios tradicionales. 

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Isla Tiberina - Roma

El puente Fabricio o de las Cuatro Cabezas comunica el Campo de Marte con la isla Tiberina. Es el puente más antiguo de Roma, del año 62 a.C.

Patrizio Napolitano

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Santa Maria in Trastevere

La basílica de Santa Maria in Trastevere (del siglo III y renovada en el XII) es una de las iglesias más antiguas de Roma. El interior destaca por el techo de madera, las columnas de mármol que separan las tres naves, y los frescos y mosaicos que decoran las capillas. 

Massimo Pignatelli / Fototeca 9x12

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Palacio Borghese

El Sátiro danzante (copia del siglo II de una escultura griega) es una de las obras clásicas del Palacio Borghese, un museo de arte repleto de pinturas de Caravaggio y esculturas de Bernini.

 

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Fontana de Trevi

La fuente, de 1732, se halla en el lugar donde finalizaba el Aqua Virgo, uno de los acueductos que suministraban agua a la ciudad de Roma en tiempos del Imperio.

 

Roma Tíber

Roma infinita

Roma es la ciudad del mundo con más monumentos por metro cuadrado. Su centro histórico, Patrimonio Mundial desde 1980, abarca casi 25.000 puntos de interés en solo 20 km2. Con tal riqueza y variedad de atractivos, son interminables las oportunidades para disfrutar de la estancia. Se pueden aprovechar las tibias noches del otoño romano para ver la ciudad desde una perspectiva más intimista y romántica.

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Roma

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Roma, la ciudad eterna

Un buen punto de partida es la Piazza Venezia, donde brilla cándido el mármol del Victoriano, el monumento a Víctor Manuel II, que los romanos denominan «la tarta nupcial». Su edificación comportó un enorme desembolso económico y el derribo de parte de la colina Capitolina o Campidoglio, corazón y primer núcleo de la ciudad y hoy sede de las oficinas del Alcalde.

Miguel Ángel reformó la plaza del Campidoglio, adornándola con una ancha escalera, la Cordonata, y con una hipnótica pavimentación alrededor de la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio, cuyo original se encuentra en los cercanos Museos Capitolinos. Esta colección es una de las más antiguas del mundo (siglo xv) y presenta algunas de las obras de arte más significativas de Roma, como la estatua de la loba amamantando a Rómulo y Remo, los legendarios hermanos fundadores de la ciudad.

La Roma imperial

Nuestro paseo sigue por la Via dei Fori Imperiali, un bulevar flanqueado de pinos y de historia: a la izquierda se encuentra el Foro de Trajano (53-117 d.C.). El emperador provenía de la Hispania Bética, la actual Andalucía, y debió su gloria a sus campañas de guerra, que le permitieron la edificación del Foro y que quedaron grabadas en el bajorrelieve en espiral de la Columna Trajana.

A la derecha, en el valle entre los montes Capitolino, Palatino y Esquilino, se abre la majestuosa explanada del Foro Romano, eje de la vida política, económica y religiosa de la antigua Roma durante más de mil años. Las luces del oscarizado fotógrafo Vittorio Storaro permiten imaginar templos y basílicas (tribunales y comercios) a lo largo de la Via Sacra, encabezada y cerrada por arcos de triunfo.

Coliseo y Circo Maximo

Al final de la calle de los Foros Imperiales se erige el Coliseo. Empezado por el emperador Vespasiano el 72 d.C., el anfiteatro más grande del mundo se estrenó ocho años después con el sacrificio de más de 5.000 fieras en los primeros 100 días de juegos. Las visitas guiadas revelan curiosidades de su estructura y la organización de los espectáculos. Hasta finales de octubre abre sus puertas por las noches para visitas guiadas a la luz de la luna.

La calle San Gregorio en dirección sur conduce hasta el antiguo complejo de las Termas de Caracalla, un lugar de ensueño para el cuidado del cuerpo y de las relaciones sociales. Volviendo atrás, si se toma la calle dei Cerchi hacia la izquierda, se pasa frente al edificio de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU) y se llega a una gran pradera, utilizada a menudo por los romanos para disfrutar de un pícnic. Es el Circo Máximo, el mayor estadio al aire libre de la antigua Roma, donde más de 250.000 espectadores se deleitaban con pruebas deportivas y carreras de cuadrigas. No muy lejos, cada fin de semana un mercado vende las hortalizas, quesos y vinos de la región del Lazio, que se pueden consumir allí mismo.

Seguimos nuestro paseo hacia el Aventino, nos sentamos en el precioso Giardino degli Aranci (Jardín de los Naranjos) y echamos un vistazo por el ojo de la cerradura del Priorato de Malta a la búsqueda de un panorama secreto y precioso.

El colindante rione (distrito) de Testaccio debe su nombre al montículo de fragmentos de vasijas (testae) que aquí se acumulaban y que todavía se ven en las paredes de algunos bares y de locales nocturnos. Este sector ofrece otros dos enclaves de interés: el Museo de Arte Contemporáneo MACRO, en el antiguo matadero, y el cementerio protestante, donde yacen el político y pensador Antonio Gramsci
y los poetas románticos ingleses John Keats y Percy B. Shelley.

La Boca de la Verdad

Desde el Circo Máximo en dirección al Tíber, se llega a la plaza Bocca della Verità. A la entrada de la basílica de Santa María en Cosmedin, en la que se conservan las reliquias de san Valentín, se encuentra el desagüe de alcantarilla más famoso de la historia: la Boca de la Verdad, que muerde al mentiroso que introduzca la mano.

Para dar la bienvenida al nuevo día, nada mejor que un buen desayuno alla romana, con un maritozzo (bollo relleno de nata montada, piñones, pasas y cortezas de naranja confitadas) y un espresso o un cappuccino. El mejor café de toda Roma, por cierto, se saborea en La Tazza d’Oro, una cafetería que parece sacada de los años 1950.

Se encuentra cerca del Panteón, un magnífico edificio circular del año 126 d.C., edificado sobre uno anterior de la época del emperador Agripa. Al entrar en este templo, bañados por la dulce luz que proviene del óculo abierto en el techo, asombra la prodigiosa capacidad arquitectónica romana: la cúpula, de altura y diámetro iguales (43 m), da la sensación al visitante de hallarse dentro de una esfera perfecta.

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Los secretos del Panteón de Roma

A unos cinco minutos de allí se encuentra una de las plazas más bellas de Roma, la Piazza Navona, que conserva la forma alargada del antiguo estadio del emperador Domiciano (85 d.C.) y está embellecida por la Fuente de los Cuatro Ríos del multifacético artista barroco Gian Lorenzo Bernini y por la iglesia de Sant’Agnese in Agone, diseñada por su rival, el arquitecto Francesco Borromini. Para luchar contra el calor, desde 1652 hasta 1866, los fines de semana de agosto se tapaban los desagües de las fuentes y la plaza, cóncava en su parte central, se transformaba en una piscina.

El Pasquino, la estatua parlante

Cerca se encuentra la Biblioteca Angélica, la más antigua de Italia (1604), y en dirección al río Tíber, la Piazza di Pasquino, que debe su nombre a la maltrecha estatua adosada al Palacio Braschi. Se trata de la única que queda de las famosas «estatuas parlantes»: desde el siglo XVI, los ciudadanos que querían criticar al gobierno escribían sátiras que colgaban de las estatuas. Aún hoy, Pasquino «habla» y se burla
–en dialecto romano– de los protagonistas de la actualidad política.

En el popular Campo dei Fiori otra estatua nos mira desde un pedestal: la del astrónomo y filósofo Giordano Bruno, quemado vivo por hereje el año 1600. De lunes a sábado, de siete a dos de la tarde, su mercado de frutas y verduras ofrece la ocasión de vivir una Roma sencilla y poética con sus sabrosos productos de temporada.

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Plaza di Spagna

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Las 10 plazas más seductoras de Roma

Un ejemplo de otra Roma, la ciudad-artefacto barroca, se encuentra en la galería del Palacio Spada, un trampantojo creado por Borromini para dar la ilusión de un largo pasillo hasta un jardín secreto. Nos encontramos en el que, en época romana, fue el distrito de los teatros, como el de Marcello, el de Balbo y el desaparecido teatro de Pompeo, que tenía una capacidad para 30.000 espectadores, un porche con 100 columnas y un jardín con árboles, al final del cual se hallaba la Curia, donde se reunía el Senado. En este espacio, a los pies de la estatua de Pompeo, los conjurados mataron a César el año 44 a.C. Hoy este lugar, proclamado por Augusto locus scelleratus o maldito, se halla en el Largo di Torre Argentina. Conocido como «el santuario de los gatos», hospeda una colonia felina que incluso se puede visitar.

A la hora de la comida, el cercano barrio judío es el lugar ideal para probar ricos platos de la tradición judiorromana, como las alcachofas a la judía (fritas en aceite de oliva) o las flores de calabacín rellenas de mozzarella y anchoas.

Ya estamos a orillas del Tíber y de su única isla, la isla Tiberina. Cuenta la leyenda que se originó por la acumulación de las fanegas de trigo del último rey etrusco, Tarquinio el Soberbio, arrojadas al río por los latinos. Desde siempre vinculada a la salud por albergar un templo de Esculapio, dios griego de la medicina, hasta finales de septiembre se transforma en un cine al aire libre con el festival «L’isola del cinema». El Lungotevere, bulevar que corre a lo largo del río, permite pasear para descansar del bullicio de la ciudad, así como disfrutar de eventos, espectáculos y puestos de artesanía.

Gastronomía en el Trastevere

Cruzando el río se extiende el barrio del Trastevere, nombre que significa «más allá del Tíber». A pesar de la gran afluencia turística, el barrio ha mantenido un aire de pueblo. Paseando por sus callejuelas estrechas, a la sombra de edificios renacentistas, se descubren tiendas de artesanía, como Polvere di Tempo, que vende artículos para geógrafos y viajeros, rincones gastronómicos como l’Antica Caciara Trasteverina, con sus quesos (cacio) artesanales, o la pastelería el Biscottificio Innocenti, ideal para probar los dulces de la tradición romana.

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Visita a Roma en solo 3 días

Al caer el sol, el Trastevere se viste de luces y de ajetreo, cuando romanos y forasteros disfrutan del aperitivo en locales característicos, como el diminuto KMO, frutería de día y refugio enogastronómico de noche. Las plazas anchas y coloridas son perfectas para tomar una cerveza contemplando, por ejemplo, la fuente de Bramante frente a Santa Maria in Trastevere. Esta basílica del siglo III fue uno de los primeros templos cristianos de Roma y muestra en los mosaicos del ábside la influencia bizantina. También se puede experimentar una «cena con insulto» en la taberna Cencio La Parolaccia, donde deslenguados camareros sirven los platos tradicionales como tonnarelli cacio e pepe (espaguetis de pasta fresca, queso y pimienta negra), o a la amatriciana, con salsa de tomate, papada frita y queso pecorino.

Después de alegrar el estómago, podemos contactar con los padres carmelitas descalzos para que nos dejen visitar la Spezieria di Santa Maria della Scala, una farmacia del siglo XVI. O bien dar un bonito paseo por el monte Gianicolo para ver la iglesia de San Pietro in Montorio, su Tempietto de Bramante y el Fontanone (la gran fuente), donde empieza la película La grande bellezza (2013) de Paolo Sorrentino.

El Vaticano, templo del arte

Una vez ajustado el reloj como hacen los romanos, con el cañonazo del mediodía, bajamos por la Passeggiata del Gianicolo hasta la Ciudad del Vaticano. La visita a los museos y a la Basílica de San Pedro, subiendo a la cúpula para penetrar las entrañas del prodigio arquitectónico de la cristiandad, o dejándose asombrar por la perfección de La Piedad de Miguel Ángel, lleva un día entero.

Si el otoño romano resulta caluroso, el mejor modo de refrescarse consiste en tomar una grattachecca, un granizado rascado de un bloque de hielo, con sirope o jugos de frutas frescas. Uno de los mejores lo sirven en la heladería Sora Lella.

De compras hasta la Piazza Spagna

Las tiendas más originales se localizan en el barrio Monti. Antaño Suburra, el distrito más peligroso de la antigua Roma, hoy es el reino de la moda alternativa, de los mercadillos vintage, de las tiendas para amantes del lujo y de las gangas, de complementos para la casa o de joyas artesanales. También destacan las boutiques del barrio del Tridente, compuesto por las calles Ripetta, del Corso y del Babuino, que nacen en la plaza del Popolo. Ahí se tiene la ocasión de ver la Roma de los artistas porque, paralela a la calle del Babuino, se encuentra la Via de Margutta, en la que residieron el director de cine Federico Fellini, la actriz Anna Magnani y el pintor Giorgio de Chirico.

La Piazza Spagna se abre a los pies de la escalinata de Trinità dei Monti. Ahí está la casa del poeta Keats y el actual Museo Keats-Shelley. La cercana Galleria Borghese –llamada «el joyero de Roma»–, sus jardines y las románticas terrazas del monte Pincio, atraen como un imán. En la iglesia barroca de Santa Maria della Vittoria se halla El éxtasis de Santa Teresa, de Bernini.

Y paseando por las elegantes calles del Corso y Condotti se puede tomar un descanso en el Antico Café Greco, a sabiendas de que toda la gente guapa, desde Casanova hasta Buffalo Bill, hizo lo mismo. Y en la pequeña plaza de la Fontana de Trevi, lanzar una moneda de espaldas pidiendo volver a Roma otra vez para sentirnos parte de este flujo de historia y vida y, parafraseando a Andy Warhol, «tener derecho a cinco minutos de inmortalidad».

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