A la sombra fértil del Reichstag

Berlín, la capital verde y transgresora

La metrópoli alemana cautiva con su vitalidad cultural y su intensa actividad a pie de calle, en los mercadillos, en las orillas del Spree y también en sus museos.

Cuando llega el buen tiempo, en Berlín ocurre algo sorprendente en una metrópoli se oyen los pájaros. No es algo insólito en esta ciudad con un tercio de superficie ocupado por zonas verdes.

Incluso desde lo alto de la cúpula del Reichstag, excepcional mirador que abarca los monumentos más importantes del centro berlinés, destacan el silencio y el verdor. La cúpula de vidrio del Reichstag (el edificio del Parlamento), diseñada en los años 90 por Norman Foster como metáfora de la transparencia del sistema democrático, constituye un lugar privilegiado desde el cual comenzar a conocer Berlín, una ciudad construida, destruida y reconstruida en múltiples ocasiones a lo largo de la historia.  Desde lo alto del domo es posible ver los monumentos más importantes del centro berlinés, teniendo la posibilidad de sumergirse en la evolución de la ciudad y el país.

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La mejor panorámica de la ciudad

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La mejor panorámica de la ciudad

El edificio del siglo xix que alberga la imponente cúpula, así como el céntrico enclave en el que se encuentra, revelan mucho acerca de la capital de Alemania. Sede del Parlamento durante el Segundo Imperio alemán (1871-1918) y la República de Weimar (1918-1933), víctima de un gran incendio en 1933, abandonado bajo el dominio nazi y dejado en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial, el Reichstag se convirtió en símbolo de la Alemania reunificada durante la década de 1990.

El central Park berlinés

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El central Park berlinés

Al subir la doble rampa en hélice de la cúpula, lo primero que se ve es la extensión verde del parque Tiergarten, el principal pulmón de la capital alemana. A lo lejos se divisa la sede del Ayuntamiento de Schöneberg, ahora un barrio incorporado a Berlín. Allí, en junio de 1963, poco después de la construcción del Muro, el presidente estadounidense John F. Kennedy dio su famoso discurso «Ich bin ein Berliner» (soy berlinés), con el que quería mostrar el apoyo de su país a la Alemania del Oeste. Si se dirige la vista hacia el centro de la ciudad, destacan el amarillo y las líneas asimétricas de la Filarmónica de Berlín, de 1963, un ejemplo de arquitectura orgánica que recuerda una gigantesca carpa de circo. 

Tecnología y arquitectura para recuperar uno de los centros simbólicos

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Tecnología y arquitectura para recuperar uno de los centros simbólicos

Desde la cúpula del Parlamento se puede divisar la Potsdamer Platz. Protagonista de grandes proyectos urbanísticos en los años 90, esta plaza acoge hoy una mezcla de edificios imponentes, como el Sony Center con su característica forma de tienda de campaña, y de pequeños espacios arbolados, como la plaza dedicada a la actriz Marlene Dietrich, nacida en Schöneberg en 1901.

Tras la puerta de la paz, la habitación del silencio

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Tras la puerta de la paz, la habitación del silencio

Otro de los grandes iconos berlineses es la Puerta de Brandemburgo, a pocos pasos del Reichstag. Ideada en 1788 como un emblema de paz por el arquitecto Carl Gotthard Langhans, la puerta se convirtió tras la Segunda Guerra Mundial en un símbolo de la división del país. Cuando por fin el Muro cayó, la obra de Langhans pasó a encarnar un futuro de paz no solo en Alemania sino también en Europa. Como prueba de que ha recuperado su mensaje original, alberga la Habitación del Silencio (Raum der Stille), un espacio para meditar o relajarse en el que hay una sola regla: respetar el silencio. No es el único enclave de Berlín dedicado a la contemplación y a la memoria histórica. El más impresionante por su magnitud y a la vez sencillez se encuentra allí cerca, justo detrás del edificio color crema que hospeda la embajada estadounidense: el Holocaust-Mahnmal, un conjunto de 2711 bloques de hormigón en memoria a las víctimas del Holocausto diseñado por Peter Eisenman e inaugurado en 2005. 

La Puerta de Brandemburgo se abre por un lado al Tiergarten y por el otro a la avenida Unter den Linden, flanqueada de frondosos tilos y elegantes edificios. El hotel Adlon Kempinski, de ladrillo y techo verde, es uno de los más llamativos y también famosos, sobre todo desde que, en 2002, Michael Jackson mostrara a su hijo recién nacido desde un balcón, una exhibición que causó un escándalo mediático.

 

Dos catedrales sin vocación religiosa

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Dos catedrales sin vocación religiosa

Un paseo de apenas 15 minutos lleva hasta la majestuosa plaza Gendarmenmarkt, con sus dos catedrales gemelas (la Francesa y la Alemana) del siglo XVIII. A día de hoy ninguna de las dos se usa como iglesia: la Deutscher Dom acoge una exposición sobre la historia del Parlamento alemán, mientras que la Französischer Dom alberga el Museo Hugonote, dedicado a la comunidad protestante que huyó de Francia a finales del siglo XVII. La estatua del poeta Friedrich Schiller –figura esencial de la cultura en la Alemania de Weimar– se yergue en el centro de la plaza, dominada por la neoclásica Konzert-haus, el gran liceo berlinés. 

Tanto dentro como fuera, en la Gendarmenmarkt la música no para nunca. Además del programa anual de la Konzerthaus, en verano la plaza se llena de conciertos de música clásica, mientras que en invierno los villancicos reinan día y noche en el mercadillo de Navidad que aquí se instala. Al cruzar la calle, llama la atención el edificio modernista de color rojo y amarillo que acoge la tienda Das Sachsenhaus. Entre sus pasillos repletos de artesanías –principalmente de madera– el tiempo parece haberse detenido.

El edificio de acceso público más alto de Europa

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El edificio de acceso público más alto de Europa

En esta zona de la ciudad, junto al río Spree, otra cúpula mucho más grande que las de la Gendarmenmarkt y de color verde claro se alza sobre los tejados. Se trata de la Catedral de Berlín, una monumental obra de 1905 que quedó seriamente afectada durante la Segunda Guerra Mundial y cuya reconstrucción finalizó en 1993. A lado y lado de este gran templo protestante se alzan el edificio de ladrillo rojo del Ayuntamiento y la Torre de la Televisión, otro emblema berlinés.

Con 368 m, la Torre de la Televisión (Fernsehturm) es el edificio de acceso público más alto de Europa y su inauguración en 1969 supuso todo un logro y orgullo para la República Democrática Alemana (RDA) o del Este: un símbolo de la sociedad socialista alzándose sobre la capitalista. Por cierto, para entender cómo se vivía en el Berlín oriental resulta muy útil visitar el Museo de la RDA que se encuentra justo encima del puente, al otro lado de la Catedral de Berlín. Sus salas recrean de manera realista e interactiva todos los aspectos de la vida cotidiana en el costado oriental del Muro; es un museo también ameno para el público infantil. 

 

La isla de los museos

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La isla de los museos

El privilegio de haber contemplado la ciudad desde lo alto del Reichstag permite hacerse una idea más clara del recorrido del muro que la dividió durante décadas, desde 1961 hasta su caída en noviembre de 1989. Justo a orillas del río Spree se localiza la estación de Friedrichstrasse, un antiguo puesto fronterizo. Sin embargo, el paso más conocido es sin duda el Checkpoint Charlie, el punto donde se registraba a los soldados estadounidenses, ingleses y franceses antes de que viajaran al Berlín Este. 

Entre la estación de Friedrichstrasse y la catedral se halla la Isla de los Museos, un conjunto de cinco recintos que alojan tesoros de civilizaciones antiguas. Destacan la Puerta de Ishtar (una de las entradas a Babilonia) y el Altar de la ciudad griega de Pérgamo. Ambos se encuentran en el Museo de Pérgamo, aunque debido a obras de renovación la sala con el Altar no estará abierta al público probablemente hasta 2024. Otra de las obras más llamativas de este conjunto museístico declarado Patrimonio de la Unesco es el busto de la reina egipcia Nefertiti, que se expone en el Museo Neues. Además de estas perlas, los museos de la Isla –los otros tres son la Alte Nationalgalerie y los Bode y Altes Museum– exhiben una valiosa colección de pinturas románticas e impresionistas, así como piezas del antiguo Egipto y de Bizancio. 

Enfrente del Altes Museum (literalmente, Museo Antiguo) está el Lustgarten o Jardín del Placer, otro de los muchos parques diseminados por la ciudad. Para el próximo septiembre está prevista la apertura de un nuevo museo en la Isla: el Humboldt Forum. Se instalará en el emblemático y barroco Palacio de Berlín y reunirá los fondos de los actuales museos Etnológico y de Arte Asiático. 

 

Hackescher Markt, la zona más 'cool'tural

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Hackescher Markt, la zona más 'cool'tural

Berlín vuelve a sorprender con su vitalidad en Hackescher Markt. Desde esta estación de metro caminamos hacia la plaza dedicada a la teórica marxista Rosa Luxemburgo (1871-1919). Aquí ha surgido la que posiblemente sea la zona de tiendas y oficinas más cool y alternativa de la ciudad, cuyo centro se sitúa en las calles Alte y Neue Schönhauser. En cambio, al oeste de Hackescher Markt, bien visible gracias a su llamativa cúpula azul y dorada, se alza la Nueva Sinagoga. Este grandioso recinto de oración y reunión abierto en 1866 fue derribado entre 1938 y 1959, y se reconstruyó en 1995. 

La Nueva Sinagoga se halla en la Oranienburgerstrasse, la misma calle que hasta 2012 albergaba el centro okupado de arte Tacheles. Con 9000 m2 distribuidos en cinco plantas en pleno centro de la ciudad, durante 22 años el recinto acogió una colonia de artistas, un teatro y un bar que ejercían como punto de encuentro de la gente joven, símbolo del auge cultural de Berlín tras la caída del Muro. Casi desde su okupación el Tacheles fue el objetivo de diversos intentos de desalojo, hasta el definitivo de 2012. En la actualidad permanece vacío.

Descubrimiento de la tuberculosis

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Descubrimiento de la tuberculosis

Desde ahí vale mucho la pena desviarse brevemente hacia el norte para visitar el Museo de Historia Natural y el cercano cementerio de Dorotheenstadt, donde están enterrados el escritor Bertolt Brecht y su mujer, la actriz Helene Weigel. El cementerio y la casa de la pareja –pegada a este– constituyen un oasis de paz y verdor, no en vano la palabra alemana para cementerio, friedhof, significa «lugar tranquilo».  

Reencontrar el Berlín verde es tan fácil como pasear desde el Museo de Historia Natural, atravesar el parque Invaliden y llegar al antiguo hospital de la Charité. Se trata de uno de los edificios más imponentes del centro, y su nombre se lee claramente desde lejos. Fundado a principios del siglo xviii a causa de una epidemia de peste bubónica, hoy es uno de los hospitales universitarios más grandes de Europa, y el lugar donde en 1882 se descubrió el bacilo de la tuberculosis.   

El 'boom' de los mercadillos

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El 'boom' de los mercadillos

Unos 500 m al noroeste del recinto de la Charité se halla la Hamburger Bahnhof. Este edificio de piedra color crema con dos torres posee un interior de hierro y cristal que, hasta principios del siglo xx, daba cobijo a una estación de ferrocarril y ahora aloja el Museo de Arte Contemporáneo. El monumental espacio ofrece una colección permanente que incluye los principales movimientos y artistas alemanes e internacionales a partir de los años 60. También acoge una gran diversidad de exposiciones temporales.

La actividad cultural y la animación de Berlín no hay que buscarla sólo en los museos. La ciudad está repleta de propuestas teatrales, musicales y de cine durante todo el año, y también de mercadillos al aire libre que recobran protagonismo en primavera, cuando las temperaturas son más agradables y el ambiente está impregnado de olor a flores y a kebab. De mercadillos hay para todos los gustos: de comida, de artesanías, de ropa y complementos, de antigüedades, a veces todo en un mismo sitio; están por toda la ciudad y constituyen un elemento importante de la cultura alemana. Los hay que merecen especialmente la pena, pues permiten acercarse a barrios muy interesantes que suelen quedar un poco fuera del circuito turístico, aunque están cada vez más gentrificados. Es el caso del mercadillo de Kollowitzplatz, en el nordeste de la ciudad, en el bohemio y familiar barrio de Prenzlauer Berg, que en su momento perteneció a la RDA y que en los años 90 atrajo al movimiento okupa. En sus puestos la fruta y las hortalizas ecológicas comparten espacio con artesanías, ropa infantil y puestos de comida; abre los jueves y los sábados.

Del Muro a los murales

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Del Muro a los murales

La Boxhagener Platz también se encuentra en el Berlín oriental, pero más al sur, en el barrio de Friedrichshain. Allí destaca otro gran espacio verde, el Volkspark o Parque del Pueblo. Cada día son muchas las personas que se acercan a Friedrichshain para contemplar y fotografiarse junto a la célebre East Side Gallery, el casi kilómetro y medio de Muro hoy convertido en obra de arte al aire libre gracias a sus centenares de grafitis. 

El mural más famoso es el del «beso fraternal» entre el político soviético Leonidas Breznev y Erich Honecker, el presidente del Consejo de Estado de la RDA. El nombre original de la pieza es My God, Help Me to Survive This Deadly Love (Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor letal), y fue realizado en 1990 por el artista ruso Dimitri Vrúbel a partir de una foto tomada en 1979 en ocasión del treinta aniversario de la RDA. Pero ese no es el único icono de la East Side Gallery. Entre los más destacados se encuentra también uno de Birgit Kinder que muestra un Trabant –el coche más habitual en el Berlín socialista– que atraviesa el muro rompiéndolo, en un homenaje a las muchas personas que intentaron cruzar al lado occidental.

 

El central Park berlinés

Berlín, la capital verde y transgresora

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