Desgentrificando

Bilbao en cinco tiendas históricas... y muy actuales

Una guía para descubrir el Bilbao más auténtico y volver a casa con un 'souvenir' que valga la pena.

El Guggenheim es el referente de la nueva ciudad y todos los premios Pritzker que acumula -Isozaki, Frank Gehry, Norman Foster, Zaha Hadid, Richard Rogers-, el escaparate internacional de un urbanismo innovador que cambió el rostro a la ría, pero el actual Bilbao sería un poco menos si no fuera por ese otro Bilbao que lleva ahí más tiempo: el de las tiendas con solera que se cuidan de las antiguas tradiciones y cuentan con orgullo el número de generaciones que llevan en lo suyo, que es lo de todos al final. A simple vista parecen restos de un tiempo pasado, pero es en ellas donde se encuentra la verdadera inspiración local de la ciudad.

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paraguas

Foto: Sergat

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Paragüería Leoz: paraguas contra drones

(Calle Belosticalle, 25)

Lourdes Leoz recibe con amplia sonrisa y bata de doctora, aunque sus diagnósticos tienen más que ver con varillas, coronas, muelles y colantes, esas piezas que basculan por la barra y obran el milagro de la apertura de los paraguas. Ella es la tercera generación de esta paragüería de Bilbao. “En el cartel de afuera pone 1939, pero llevamos desde 1933”, aclara. Heredó tienda, taller y herramientas de su aitite. Lleva cuarenta años en el negocio familiar, aunque ahora, por culpa del cambio climático, se ve más como un pequeño dinosaurio cerca de la extinción. Eso sí, vende más sombrillas que nunca.  “La tienda es muy antigua, y yo también, pero me he sumado a las nuevas tecnologías —dice con una coquetería que no acaba de disimular— tengo tienda online y este año he ganado el primer premio de Arteshop Bilbao con un paraguas que es un distorsionador de drones (diseñado por Pablo Martínez Garrido)”. Quién sabe si el futuro de los paraguas no será el de salvar de la invasión de drones.

boinas

Foto: Sergat

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sombreros Gorostiaga: una cuestión de estética

(VIktor Kalea, 9)

"Las txapelas tienen memoria”, dice Emilio Pirla. A parte de su vena poética, sabe lo suficiente como para tener una cátedra. Y es que siendo la séptima generación que atiende tras el mostrador de Sombreros Gorostiaga (1857), parece que nació con una txapela puesta. “Somos algo así como la cuna de las boinas, porque con los años, nos hemos quedado los únicos que trabajamos con todas las fábricas”. Hay que seguir unas sencillas instrucciones para que la txapela pueda hacerse con la memoria de la forma de cada cabeza: se coge con las manos juntas, se apoya en la frente, se empuja y luego se arregla. “Aquí lo que destaca es la manera de llevar la boina, eso es lo famoso, la estética. No es que llevemos más boinas que los de Burgos o de Logroño”, cuenta Emilio. Según sea la txapela, se conoce la región de donde es cada uno: “la negra, afilada por delante, de Bilbao; la negra, un poco más pequeña, de Vitoria; azul y de lado, de San Sebastián; roja, de Pamplona, pero solo en Sanfermines, que el resto del año se lleva la boina normal y corriente”, aclara en una especie de geografía de la boina.

bavalao

Foto: Sergat

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Gregorio Martín: y la historia de un afortunado error

(Artekale Kalea, 22)

En Artacalle, 22, en la esquina con Cantón Julián Echevarría "Camarón”, un cartel anuncia bacalao “que se remoja todos los días”. Lleva allí desde 1931, cuando a Gregorio Martín, un joven emprendedor llegado a Bilbao, le dio por montar un ultramarinos donde vender bacaladas. No era mala idea si se tiene en cuenta que en Bilbao se regala bacaladas como el que regala una paletilla de jamón. Y todo por un maravilloso error: parece ser que un pequeño comerciante bilbaíno llamado José María Gurtubay hizo un pedido a sus proveedores en noviembre de 1835, pero cometió un error al redactar el telegrama. Su intención era hacer un pedido de 100 o 120 bacaladas, pero no colocó la tilde para marcar que aquello era una "o" y no un cero, por lo que finalmente le mandaron un millón ciento veinte mil bacaladas. Eso habría sido la ruina de cualquiera, pero parece ser que Gurtubay era tan despistado como "afortunado", y en esas que Bilbao quedó sitiado por los Carlistas. Ni entraba ni salía nada, y él con esa cantidad de bacalao. Fue entonces cuando se empezó a cocinar de todas las formas posibles, porque era lo único que había, con patatas, sin patatas, con tomate, al pil pil... En Ultramarinos Gregorio Martín gustan contar la historia. Allí ya van por la tercera generación vendiendo bacalao y todo sigue como siempre: el olor a la sal, los sacos de legumbres a granel, las grandes bacaladas colgadas, la báscula,las conservas apiladas, los trabajadores que llevan más de 40 años tras el mostrador, y los mismos compradores que llegan de los pueblos de alrededores, sobre todo en Navidad, que es el plato estrella de todas las mesas. Y todo porque alguien se dejó una tilde…

 
turrones

Foto: Sergat

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Turronería Adelia Ivañez: el portal más dulce de Bilbao

(Correo, 12)

“Nosotros aquí no solo vendemos turrones, vendemos alegría, Navidad... sentimientos”, explica Iván Iváñez, la quinta generación de una saga de turroneros que se inició con su bisabuelo Miguel Galiana, quien sobre 1850 cargó su carro de turrones y se dirigió a Bilbao, 800 km al norte de su Jijona natal, para hacer la campaña de Navidad. Seguir la saga de los Iváñez puede resultar tan apasionante como la historia de los Buendía, en Cien Años de Soledad. Todo comenzó en un portal de la calle Bidebarrieta, donde un simple tenderete servía para despachar el turrón. Del portal, pasaron a un primer piso tras las inundaciones de 1983. Cuenta Iván Iváñez que era divertido ver a los clientes hacer fila ordenadamente en las escaleras. Años después, la familia turronera se reparte en dos establecimientos ubicados en la misma calle del Casco Viejo. La primera, en Correo, 12, está regentada por Adelia Iváñez y su hijo Iván y la segunda, en Correo, 23, por los hermanos Celina y Eladio Iváñez. El carro del bisabuelo es lo único que ha quedado atrás en todo este tiempo.

Restaurante Aspaldiko

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Restaurante Aspaldiko: un caserío con muchas tablas

(Zabaloetxe Etorbidea, 14, Loiu)

Si alguien quisiera prolongar la pista del aeropuerto de Bilbao unos metros más, se daría de bruces con la historia. Parece una metáfora, pero es literal. Y es que resulta que el restaurante Aspaldiko, en la anteiglesia de Loiu, está a pocos metros del final de la pista principal del aeropuerto, pero lleva allí muchísimo tiempo más. Ni más, ni menos, que desde la época en que se llegó a América. Cuando Luís Javier Villar recuperó este singular caserío hace unos treinta años no esperaba encontrarse vigas tan antiguas, pues lo normal en estos caseríos tan típicos de la arquitectura popular vasca es que acabaran entre llamas. “Los de Patrimonio calcularon que había pilares que podían tener unos 900 o 950 años. Los 550 años que lleva el edificio construido, más la vida de los robles que se usaron en la construcción”, explica Luís Javier Villar. Así las cosas, se antoja acertado el nombre del restaurante: Aspaldiko  (“¡Cuánto tiempo sin verte!”) es lo que se suelen decir los amigos que llevan tiempo sin verse en el País Vasco. Estas tablas históricas son el lugar perfecto para disfrutar de la terrina de foie con gelatina de moscatel y chutney, las carnes o chipirones a la plancha con cebolla en dos texturas, mientras que la torrija caramelizada con helado es como para hacer un club de fans.

hotel mercure

Foto: Sergat

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Un hotel de inspiración local...

(Done Bikendi Kalea, 6)

Mercure Bilbao Jardines de Albia es el hotel que mejor representa el nuevo posicionamiento de la marca Mercure en España. En pleno centro de Abando y a poca distancia del Casco Viejo y del Guggenheim, este hotel que ocupa el espacio de un antiguo almacén de bacalao ha establecido una red de colaboraciones con artesanos y proveedores autóctonos con el objetivo de inspirar localmente a los clientes. Como buen embajador de la marca, pone de manifiesto que “son hoteles que lo que buscan es hacer sentir a los visitantes que son uno más en la ciudad”, tal como explica a Viajes National Geographic Rebeca Ávila, Directora de Responsabilidad Social Corporativa y Comunicación en Accor. En definitiva, una estancia en un hotel de la cadena es la garantía para una inmersión completa en el destino.

mercurelocal

Foto: Sergat

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...y sabores responsables

"Planet 21 - Acting Here" es el programa de Responsabilidad Social Corporativa de Accor que trabaja para poner en primer fila en cuanto iniciativas sostenibles a la marca. Ahí está "Plant for The Planet", que invita a los clientes a reutilizar las toallas, reinvirtiendo el ahorro de lavandería en proyectos de reforestación; también, la lucha contra el desperdicio de alimentos, el apoyo a los productos kilómetro cero o la apuesta por amenities eco-friendly, que conllevan la reducción del uso del plástico. En este marco, el Mercure Bilbao Jardines de Albia destaca por promover una alimentación saludable y responsable que favorece la inclusión en sus espacios de gastronomía local y de temporada, con una presencia notable de productos procedentes de la agricultura orgánica y una ganadería comprometida con el bienestar animal. En el hotel, los clientes disfrutarán del desayuno insignia Make my Local Day, que consiste en una exquisita selección diaria de los productos más frescos, de calidad y saludables de la zona, que incluye desde zumos naturales, bollería y embutidos artesanales.

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Bilbao en cinco tiendas históricas... y muy actuales

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