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Buenos Aires: lo que el turista no ve

Se la ha llamado la París de América o la Nueva York del sur, aunque el eclecticismo cultural de Buenos Aires es imposible de catalogar. Ciudad pujante, incansable como el carácter de su gente, es capaz de reinventarse a cada crisis.

 

Museo de la Inmigración

Este museo cerca del muelle destila nostalgia. Ubicado en el antiguo Hotel de los Inmigrantes, que funcionó entre 1911 y 1953 recibiendo a europeos recién llegados al país, el museo recuerda cómo la ley decretada por Nicolás Avellaneda (1876) promovió la inmigración como medida de atracción de mano de obra. También repasa cómo el edificio albergó a 3000 personas semanales de forma gratuita, cubriendo sus necesidades básicas y ofreciéndoles asistencia para la inserción. En la actualidad, un registro digital permite buscar familiares inmigrados en el pasado. El museo comparte edificio con el Centro de Arte Contemporáneo.

Open Folk Nights

Un piano, una lámpara a media luz y un micrófono abierto componen esta jam semanal de música folk en la que quince artistas se suben al escenario para tocar tres canciones cada uno. El ciclo, que es gratuito, empezó en mayo de 2014 cuando Buenos Aires no contaba con un circuito de cantautores del género. En ese momento, Martín Grossman y Federico Petrozzino, fanáticos del folk de los sesenta y de la escena neoyorquina, buscaban una forma de sanar la ruptura que tuvieron con sus respectivas parejas. Después de pasar por distintos espacios se ubicaron en El Universal, cuyas paredes con acabados de madera se acoplan a la perfección al ambiente del género. El proyecto creció creando una propuesta análoga al otro lado del Atlántico, el Open Folk Barcelona. En la actualidad, ambos ciclos se encuentran en pausa por la situación pandémica aunque apuntan a regresar pronto a los escenarios. En la actualidad, el ciclo se encuentra en pausa por la situación pandémica, que ha provocado el cierre de El Universal, aunque apunta a regresar pronto a los escenarios buscando otro espacio.

La Casa del Árbol

Este espacio cultural apuesta por ‘una cultura sin centro ni periferia’ en un barrio arrasado por el movimiento hipster. El proyecto se gestó nueve años atrás, con amigos amantes del arte juntándose para difundir contenidos culturales en un blog y organizar ciclos musicales con gente conocida. Con el tiempo, el colectivo pasó a ofrecer actividades de diversas disciplinas artísticas en este galpón. En la actualidad el lugar cuenta con una librería que integra editoriales independientes, un bar con salida a un patio y una tienda de comestibles que promueve el comercio justo.

Loreto Garden Bar

En la entrada, una terraza recibe como si el pequeño jardín de una casa se tratara, con un menú que incluye opciones veganas. Este antiguo hogar convertido en ‘restorán’ se esconde en el barrio residencial de Colegiales, que atrae por su tranquilidad y la belleza de sus calles empedradas. El emprendimiento fue creado en 2009 por los hermanos Balaciano, en un momento en que el barrio casi no contaba con opciones culinarias. Ambos vivían en la misma calle y conocían a la dueña de la casa de toda la vida, así que adquirieron el edificio con una convicción muy argentina: si aún no hay nada es que está todo por hacerse. En la actualidad atrae a personajes del espectáculo porteño por ubicarse en un área cercana a productoras audiovisuales.

Buena Birra Social Club

En octubre de 2010, cuando la cerveza artesanal casi no había instalado su pie en la ciudad, el homebrewer Ariel Golia y su hermana María Eugenia empezaron a invitar a amigos los viernes y los sábados para degustar las cervezas que Ariel producía en casa. La iniciativa creció de boca en boca hasta que el lugar donde pasaron su adolescencia abrió sus puertas al público en general. Actualmente tres patios y dos salones sirven cervezas rotativas de temporada producidas por el propio club –que dispone de una fábrica con una capacidad de más de 25.000 litros mensuales–, además de cinco estilos fijos.

Las Ocho esquinas

Ubicado en la conocida ‘triple frontera’ porteña, donde confluyen las avenidas Forest, Álvarez Thomas y Elcano –entre los barrios de Chacarita, Colegiales y Villa Ortúzar–, este café art-decó permite viajar en el tiempo con un buen plato de comida tradicional. Catalogado como ‘Bar Notable’ –una categoría que reúne a bares y cafeterías consideradas Patrimonio Cultural de la ciudad por su diseño arquitectónico y relevancia cultural–, el edificio fue frecuentado desde 1939 por personalidades del tango como Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y los hermanos Expósito. Conocido con otros nombres como ‘la Munich’ o ‘el bar Alemán’ por su oferta gastronómica de influencia alemana, las picadas también son su especialidad. Se le suman las cervezas artesanales y otros clásicos como el ‘Bife de Chorizo Completo’ o la ‘Napolitana con Españolas’.

La Mezzetta

Este pequeño local de 4x8 conserva la atmósfera de las pizzerías porteñas de antes: una buena barra, servilletas de papel de estraza, cubiertos a disposición, clientela fiel, mucho ruido y deliciosas porciones de muzzarella acompañadas de fainá –una masa de harina de garbanzo–. Aunque su mayor especialidad es la fugazza y la fugazzetta, además de las empanadas de carne y los postres de ricota, dulce de leche y pastafrola.
 Fundada en 1939, primero se ubicó en otro local de la misma calle, cuando Álvarez Thomas era una avenida empedrada en la que circulaban trolebuses y en la que el antiguo cine Atlántico atraía espectadores que se escapaban a la pizzería durante el intervalo. Actualmente es un imperdible dentro del circuito de pizzerías de la ciudad, que es abundante por el legado que dejó la inmigración italiana.

La Forma del Aire

Como pasa con muchos de los emprendimientos porteños, que son íntimos y a puerta cerrada, la dirección de este taller solo se consigue contactando por Instagram o email. Ubicado en el barrio de Villa Ortúzar, entre las avenidas Triunvirato y de los Incas, el espacio organiza ferias y showrooms en los que se adquieren pendientes realizados a mano a base de arcilla polimérica. El proyecto nació cuando Agustina Zero Setièn, su creadora, que también es bailarina, empezó a generar pendientes que la pudieran acompañar en su práctica de movimiento –con materiales livianos que se pudieran ver pero no sentir–. La propuesta creció inspirándose en las formas y colores que ella misma encuentra en la ciudad de Buenos Aires.

Parque Chas

Calles que empiezan en curva y evolucionan en línea recta; otras que empiezan en ángulo recto y se tuercen. Calles que se cruzan, otras que nunca se encuentran, que cambian de nombre. Y en el centro, un trazado circular que es un laberinto en sí mismo. Este particular diseño urbanístico define la esencia de este barrio, al que es fácil entrar pero no salir. De diseño radio concéntrico, sus calles contrastan con el plan ortogonal que define la ciudad de Buenos Aires. El nombre recuerda a los propietarios de los terrenos –la familia Chas– que en 1925 contrataron a los ingenieros Frehner y Guerrico para proyectar una trama urbanística inspirada en las llamadas ciudades jardín de Inglaterra. Aunque la nomenclatura de sus calles expone a ciudades europeas, el barrio conserva su espíritu de pueblo. Se recomienda visitarlo en coche.

Galpón de Ropa

Este emprendimiento dedicado a comprar ropa de marca de segunda mano y ofrecerla a precios competitivos empezó de forma particular. Gonza y Juan, fundadores del proyecto y amigos desde el bachillerato, coincidieron con otro amigo que quería vender ropa usada y no sabía donde llevarla. Desde entonces, un primer sistema de venta online fue creciendo en popularidad hasta abrir un primer local en un taller mecánico abandonado. En la actualidad, la iniciativa cuenta con tres locales a la calle y otro que solo toma ropa.

Pasaje Arribeños

De acceso privado, este pasaje ubicado entre las Calles Olazábal y Blanco Encalada es un punto de luz en la ciudad. Buganvillas y enredaderas trepan por este conjunto de viviendas neocoloniales de planta baja cuya visita sirve de excusa para dar una vuelta por el Barrio Chino. Éste da la bienvenida con un arco de once metros de altura adornado con dragones. Le sigue una calle principal con negocios y supermercados en los que es habitual encontrar oficinistas comprando rollos de sushi cada mediodía.

El Parque de los Niños

Este parque ubicado en el extremo noroeste de la ciudad congrega a amantes de los barriletes por sus fuertes vientos. Sus preciosas vistas al Río de la Plata también atraen a familias que aprovechan las mesas para picnic, el carril bici o la playa artificial que se instala durante el verano austral, con sombrillas y actividades deportivas. Un puente peatonal conecta el parque con Vicente López, la localidad de la provincia de Buenos Aires que alberga una Reserva Ecológica. El paseo por su selva marginal, bosque y laguna es mucho más tranquilo que el que permite la Reserva Ecológica Costanera Sur, en el otro extremo de la ciudad.

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