De L.A. mano con Bukowski

Bukowski ‘on the road’, un paseo por Los Ángeles del último poeta maldito

Ya fuera en el fondo de una botella de whisky, en las gateras de un hipódromo o en los besos de una prostituta, Charles Bukowski dedicó gran parte de su obra a describir como nadie la cara más sórdida de Los Ángeles.

A lo largo de Hollywood Boulevard una larga lista de nombres adorna la avenida. Están grabados sobre piedra rojiza que simula ser mármol y alrededor de ellos, el contorno de una estrella dorada remata cada adoquín como si el cielo estuviera de repente al alcance de unos pasos. Son miles pero en ninguna figura el nombre de uno de los personajes más célebres que ha vivido en la capital de California, Charles Bukowski.

¿La razón? Quizás fue por su forma de representarla, y es que el último de los poetas malditos describió mejor que nadie la cara más sórdida de Los Ángeles. El suyo es el retrato de una ciudad alejada del glamour y el lujo que rodea a los barrios pudientes de Beverly Hills o Bel Air, o la fascinación que despiertan los grandes centros de culto como los estudios cinematográficos de Hollywood, el estadio de beisbol de los Dodgers o el mítico Staples Center donde juegan los Lakers. Su ciudad no se encuentra en ninguno de esos lugares, la suya está en el fondo de una botella de whisky, en las gateras de un hipódromo o en los besos de una prostituta. 

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Entre bares y caballos

Los Ángeles de Charles Bukowski

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Foto: Cordon Press

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Persiguiendo el sueño americano

Heinrich Karl Bukowski nació el 16 de agosto de 1920 en la ciudad alemana de Andernach, a orillas del río Rin, pero su periodo en tierras teutonas sería realmente breve. Nacido en el seno de una familia obrera, la Primera Guerra Mundial había causado graves estragos económicos y con tan solo tres años, en 1923, emigra con sus padres hacia Estados Unidos.

Se establecieron primero en la localidad de Baltimore, al este del país tocando el Atlántico, aunque al poco tiempo se mudaron definitivamente a Los Ángeles, de donde no se movería más a excepción de algunos viajes fugaces. Para entonces ya no quedaba demasiado de su legado alemán, y es que de hecho, sus padres decidieron cambiarle el nombre nada más llegar a suelo americano. A partir de ese momento todos conocerían como Henry. En 1939 se gradúa en Los Ángeles High School e inicia varias carreras: arte, periodismo y literatura aunque la mala relación con su padre hace que deje la universidad y comience una etapa marcada por trabajos temporales y viajes a ninguna parte saltando de pensión en pensión. La experiencia de esta etapa derivada de la violencia doméstica forja la identidad del escritor que desde temprana edad se refugia en la soledad y en el alcohol como vía de escape.

Pregúntale al polvo

Los Angeles Public Library

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Pregúntale al polvo

Es en ese punto cuando el joven Bukowski comienza su andadura como escritor, más concretamente, en la Biblioteca Pública de Los Ángeles, en West 5th Street. Era un lugar que visitaba frecuentemente y pasaba largas horas hojeando libros bajo el globo terráqueo que domina las alturas del edificio. Allí descubrió Pregúntale al polvo, de John Fante, el libro iniciático que le abriría las puertas del realismo sucio, un movimiento literario relacionado con la generación ‘beat’ que primaba la precisión y la sobriedad ante todo. Tan importante fue para él aquel libro que años más tarde aceptó el encargo de escribir el prólogo de una nueva edición. Dice así:

"Pasé unos minutos hojeándolo. Y entonces, a semejanza del hombre que ha encontrado oro en los basureros municipales, me llevé el libro a una mesa. Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, allí había fluidez. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto."

De profesión, cartero

Foto: iStock

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De profesión, cartero

A través de las desventuras de su alter ego, Henri Chinaski, su obra es en esencia una gran autobiografía, pero antes de dar vida a su personaje más famoso publicó en algunas revistas varios relatos breves como Aftermath of a Lengthy Rejection Slip o 20 Tanks From Kasseldown. Tras ello, dejó de escribir durante más de diez años.

A principios de la década de los cincuenta, Bukowski comienza a trabajar en la Terminal Annex de la Oficina de Correos de los Ángeles. Así transcurren los años, se casa por primera vez, se divorcia más tarde, conoce a varias mujeres más, tiene a su única hija, Marina Louise Bukowski, ingresa en el hospital por una ulcera sangrante, comienza a escribir poesía y en medio de esa espiral de amor, sexo, alcohol y literatura, escribe su primera novela, Cartero, que bien podría tratarse de una crónica en primera persona sobre su experiencia en la oficina de correos.

"Empezó por una equivocación. Estábamos en navidades y me enteré por el borracho que vivía calle arriba, y que lo hacía todos los años, que contrataban a cualquiera que se presentase, así que fui y lo siguiente que supe fue que tenía una saca de cuero a mis espaldas y que me dedicaba a pasear a mis anchas. Vaya un trabajo, pensé. ¡Tirado!"

De Longpre Avenue, un volcán en erupción

Foto: Creative Commons

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De Longpre Avenue, un volcán en erupción

Leer Cartero como una simple novela sería desperdiciar una fantástica guía por Los Ángeles más alternativo. El libro es casi un mapa preciso de esa ciudad escondida a los ojos del viajero: desde los suburbios periféricos dominados por personajes extraños hasta los antros, las licorerías o el hipódromo donde el poeta solía pasar grandes ratos. Pero también es un largo sendero a través de los vicios de Bukowski: el sexo, el juego, la violencia, la soledad y el alcohol dan forma al escritor, y todos ellos se concentran en un mismo espacio, su casa.

Durante décadas vivió en el 5124 de De Longpre Avenue, un pequeño apartamento situado en el noroeste de Los Ángeles. De estética sobria y humilde, en el interior de aquellos muros de hormigón desnudo desata sus impulsos más bajos forjándose la fama de viejo indecente, que más tarde adoptaría él mismo como mote. Las mujeres llegaban allí como polillas a la luz, solo que atraídas por sus poemas y el aura de escritor underground. Bebían, se acostaban, se enamoraban, aunque por poco tiempo, se peleaban y se insultaban para finalmente esfumarse. El vacío era reemplazado casi al instante por otra mujer, y así eternamente. Y sin embargo, cuanto más profundo se hacía el círculo vicioso mayor era la producción de su obra. Las mujeres y el sexo y el alcohol fueron la materia prima en la que basó sus grandes obras y poemas y De Longpre Avenue fue el lugar donde vieron la luz.

No obstante, a principios del nuevo milenio, un proyecto inmobiliario amenazó con derribar el complejo para construir nuevos edificios, pero gracias a la presión de los propietarios y sus seguidores consiguieron paralizar el plan hasta que finalmente, en 2008, el Consejo de la ciudad lo declaró Monumento Histórico y Cultural. El consejero de aquel entonces dijo: "Hollywood no es famoso por sus santos o por sus monjas. Siempre atrajo a gente complicada e importante, Bukowski definitivamente encaja en ese molde”.

El ascenso literario, a lomos de un gorrión negro

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El ascenso literario, a lomos de un gorrión negro

La fama como escritor llegó tarde. Era 1969, Bukowski tenía 49 años y seguía trabajando como cartero. Fue entonces cuando su compañero John Martin consiguió convencerlo para que dejara su trabajo y se dedicase plenamente a la escritura. Tres años antes, Martin había fundado en Los Ángeles la editorial del gorrión negro, Black Sparrow Press, y lo hizo con el objetivo expreso de publicar las novelas y poemarios de Bukowski, aunque también ayudó a dar a conocer a varios autores de vanguardia como John Fante, Paul Bowles o Lucia Berlin.

Dicho y hecho, aceptó el trato aunque en palabras del propio Bukowski, hacerlo era prácticamente morir de hambre, pues todo lo que le ofrecía su amigo eran cien dólares mensuales, pero eso sí, de por vida, publicara o no.

"Tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre."

Fama, alcohol y caballos

The Pink Elephant Liquor

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Fama, alcohol y caballos

El acuerdo de colaboración no tardó en dar sus frutos y pronto pudo olvidarse de los cien dólares mensuales. La década de los setenta trajo consigo mucho dinero y como no podía ser de otra manera, gran parte iba a ser invertido en sexo, alcohol y apuestas. Lo primero que hizo fue dejar su apartamento en De Longpre Avenue, aunque por su cabeza no existía la posibilidad de dejar atrás la ciudad de Los Ángeles. Preguntado por la posibilidad de trasladarse fuera, Bukowski respondió tajante:

"¡No, por dios! Me gusta la anarquía de la ciudad, la mugre, el aire contaminado, la peligrosidad de las calles. En el campo me volvería loco. A mí dadme el estruendo de las bocinas de los coches y las aceras sucias."

El lugar elegido fue una casa en San Pedro, el distrito más al sur de la ciudad. Allí pasó la última etapa de su vida acompañado de Linda Lee Beighle, dueña de un restaurante de comida sana. Entre tanto, el 'viejo indecente' se dejaba caer con frecuencia por el Frolic Room, el bar situado en el paseo de la fama o el The Pink Elephant Liquor, la licorería por excelencia de Bukowski. Cuando el alcohol no calmaba su sed, asistía a las carreras de caballos que se celebraban en el hipódromo de Hollywood Park o el de Santa Anita. Mataba el tiempo apostando y, a veces cuando ganaba dinero, se permitía auténticos festines culinarios en buenos restaurantes como el Musso & Frank, también ubicado en Hollywood Boulevard y a menudo frecuentado por las estrellas de cine.

“No lo intentes”

Foto: Creative Commons

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“No lo intentes”

Su recorrido termina en el hospital San Pedro Peninsula, allí pasó sus últimos días. El 9 de marzo de 1994, Charles Bukowski murió a los setenta y tres años al no superar el tratamiento de quimioterapia al que estaba siendo sometido contra la leucemia. Cinco días más tarde, y a petición suya, tres monjes budistas trasladaron el cuerpo hasta el cementerio de Green Hills Memorials Parks, en el Rancho Palos Verde, donde fue enterrado. Su tumba hoy se convertido en un punto de peregrinación para sus seguidores y en su lápida se lee “No lo intentes”, una frase demoledora sacada de una de las cartas que envío a su amigo William Packard en 1990:

"Trabajamos demasiado duro, lo intentamos demasiado. No lo intentes, no trabajes. Está ahí. Mirándonos fijamente, deseando salir a patadas del útero cerrado."

Homenaje contemporáneo

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Homenaje contemporáneo

El tiempo ha ensalzado a Bukowski como un escritor y poeta de masas. Su estilo visceral, aparentemente sencillo y preciso ha atraído a muchos que intentan seguir sus pasos. Quizás su nombre no tenga una estrella en el paseo de la fama, pero Los Ángeles ha encontrado otras formas de rendirle homenaje. Uno de los elementos más característicos de la ciudad son los murales y graffittis, y Bukowski tiene el suyo propio. Se encuentra en el barrio de Los Feliz, cerca del observatorio Griffith. El humo de un cigarro deja entrever su rostro marcado por el acné galopante que le acechó durante toda su vida y a su lado, una cita suya: "Lo más importante es lo bien que camines por el fuego".

Su rostro también es visible en el cruce de Pico Boulevard y South Crescent Heights Boulevard, justo al lado de la sala de conciertos The Mint. También aparece con un cigarrillo en los labios y una de sus frases más conocidas: "No me gusta la cárcel: tienen el tipo equivocado de barras ahí”. Las barras que más le gustaban, sin duda, eran las que venían acompañadas de un vaso de ginebra o whisky y es tras una de ellas, donde el escritor sigue apareciéndose cada día. Se trata de Barkowski, un bar temático de Santa Mónica decorado completamente por fotografías del autor de Factotum, Mujeres o La Senda del perdedor.

De profesión, cartero