Con mucha épica

En busca de los monumentos templarios de España

Este viaje a través del tiempo y del territorio pone al descubierto gran parte del patrimonio y legado de los legendarios caballeros.

Este es un viaje que se remonta a principios del S. XII, cuando se fundó la Orden del Temple para proteger la vida de los peregrinos que llegaban a Jerusalén tras la conquista de Tierra Santa por orden del Papa Urbano II. Y aunque éste nunca se enteró de las buenas noticias que llegaban desde allí, los hechos siguen aún hoy presentes, ya sea en el imaginario popular, en forma de películas, novelas o videojuegos, como en las ruinas que persisten como pecios históricos. Mitad monjes, mitad guerreros, los caballeros de la Orden del Temple se convirtieron en una de las fuerzas militares cristianas más poderosas durante la Edad Media. Algunas leyendas, como ser los últimos conocedores del escondite del Santo Grial, y la forma en que fueron perseguidos y destruidos tiempo después de su formación, ha levantado a su alrededor una atmósfera de misterios que sigue atrayendo a muchos viajeros hasta a aquellos lugares templarios de España que una vez vivieron escenas épicas.

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Miravet (Tarragona)

Basta verlo coronando el imponente cerro que domina el paso del Ebro para entender que este castillo esté considerado como uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar templaria de Europa. El conjunto fue donado por Ramón Berenguer IV en 1153 a Pere de Rovira, maestro de los templarios en Hispania y Provenza, convirtiéndolo éste en uno de los centros templarios más importantes de la época. Los patios, las dependencias internas, algunos restos de muralla, que llegan a alcanzar los 25 metros, y la iglesia conservan un buen estado de conservación. Suficiente como para que vuele la imaginación y los visitantes sientan un poco la épica de aquellos otros tiempos.

 
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San Bartolomé de Ucero (Soria)

No hay duda de que el Parque Natural del Cañón del Río Lobos es una de las grandes maravillas de Castilla y León, y es que allí, la persistente erosión provocada por el paso del río, ha modelado cuevas, grutas, cañones y simas espectaculares. Pero, además de la naturaleza, el parque conserva algunos otros intereses, como la ermita de San Bartolomé, uno de los enclaves más importantes de la orden de los caballeros templarios. Aislada en la boca del Cañón del Río Lobos, su fotogenia no decepciona. Del S. XIII, formó parte de todo un cenobio templario del que hay recuerdo en las crónicas.

 
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Castillo de Monzón (Huesca)

Su perfil recortado sobre el cerro en el centro de la ciudad aún conserva la presencia sobrecogedora de cuando, hace diez siglos, los caballeros de la Orden del Temple lo convirtieron en uno de sus castillos-convento más importantes de la Península. No en vano, entre sus muros se formó Jaime I. En la actualidad, un centro de interpretación dedicado al Temple transmite toda la información necesaria para entender aquella época de batallas heroicas. 

 
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Jerez de los Caballeros (Badajoz)

Hay topónimos que revelan la esencia del lugar solo con verlo en el mapa. Este es uno de ellos. Es pronunciar Jerez de los Caballeros y ya evocar templarios, pero cuando cuando se llega a la Plaza de la Alcazaba, la visión de su asombroso castillo transporta inmediatamente a tiempos de la reconquista, que es cuando las crónicas indican que la fortaleza pasó a manos de la Orden del Temple. Desde el cerro en el que se levanta, las vistas de la vega y de Sierra Morena son magníficas. Sus murallas y baluartes repelieron durante siglos infinidad de asaltos enemigos, pero aún hoy aguantan cuatro de las seis puertas que una vez tuvo el castillo. Mucho debieron amar esta ciudad los templarios si se hace caso a la leyenda que explica cómo varios de ellos fueron degollados y sus cuerpos arrojados desde la Torre del Homenaje de la Alcazaba, conocida como la “Torre Sangrienta” desde entonces, por no querer abandonar el lugar cuando Clemente V disolvió la orden.

 
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Ponferrada (León)

Santo y seña de los castillos templarios en España, sus almenas y torreones a orillas del río Sil son una visión fascinante aún a día de hoy. Mayor debía ser la fascinación que despertaba en la Edad Media, cuando según la tradición debió contar con 12 torres relacionadas, dicen, con las constelaciones del Zodiaco. Así eran los templarios que se hicieron cargo en el año 1204 de esta posición defensiva, muy amantes de los símbolos y misticismos varios. Allí permanecieron hasta la disolución de la Orden y convirtieron a este castillo de trazado poligonal y casi ocho mil metros cuadrados en una de las tres posiciones defensivas que los templarios tuvieron a lo largo del Camino de Santiago.

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iglesia de la Vera Cruz (Segovia)

Desde una esquina del mirador del Alcázar de Segovia se puede ver una extraña iglesia de forma circular y ancha torre, aislada de cualquier otra construcción cercana. Tal vez pase desapercibida para algunos, deslumbrados por la belleza del propio Alcázar, pero resulta que esa es la Iglesia de La Vera Cruz, una de las obras más fascinantes del románico español que se suele relacionar con los templarios. Para otros, fue la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén los responsables de su construcción, tomando como ejemplo la Mezquita de la Roca y la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Sea como fuere, la iglesia es propicia a leyendas como la que afirma que bajo su suelo hay enterrado un fabuloso tesoro protegido por cadáveres de caballeros templarios de los que emanan rayos fulminantes contra aquellos que osaran profanar el lugar.

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Castillo de Caravaca de la Cruz (Murcia)

La muralla se avista sobre una elevada colina desde la que se domina toda la ciudad. Un bastión inexpugnable considerado como una de las fortalezas más bellas de la Costa Cálida murciana. Seguramente de origen islámico, este castillo fue donado por el rey Alfonso X a la orden del Temple en pago por sus jornadas bélicas. Allí estuvieron hasta 1312 y posteriormente se instaló la Orden de Santiago. Que hoy alberguen estas murallas  el Santuario de la Santísima y Vera Cruz, uno de los centros de peregrinación de la cristiandad más importantes, ha hecho de este vestigio templario uno de los más famosos de la Península.

 
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Castillo Palacio de Peñíscola (Castellón)

Aunque esta escénica fortaleza fuera uno de los baluartes defensivos más importantes de los Templarios, se la conoce más por ser la sede del antipapa Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna, aquel que se mantuvo en sus trece hasta el final de sus días. Gracias a la magia del cine, por aquí cabalgó también el Cid, encarnado en los años 60 por Charlton Heston. La imagen del castillo de Peñíscola, levantado sobre una antigua alcazaba árabe, con su muralla y baluartes, por encima de las casas de la ciudad, forma parte de una de las estampas veraniegas mediterráneas por antonomasia: Playa Norte de Peñíscola.

 
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Iglesia de Santa María de Eunate (Navarra)

A pocos kilómetros de Muruzábal, en pleno Camino de Santiago, se encuentra una de las joyas románicas más singulares de España. Enigmática y llena de secretos, es además de uno de los enclaves templarios más destacados. Explica la leyenda que en algún lugar de la iglesia está cifrada la ubicación de la tumba de la reina de Saba, enterrados en el Camino de Santiago. Más allá de sus leyendas, la arcada que rodea al templo, al modo de un extraño claustro exterior, justifica cualquier viaje a la región. 

 
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Castillo de Gardeny (Lleida)

Fue allá por el año 1129 cuando el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV inició el asedio contra los musulmanes de Lleida. Entre sus huestes, caballeros de la Orden del Temple, quienes le aseguraron la victoria. Fue por ese arrojo en el campo de batalla que recibieron, precisamente, numerosas donaciones en forma de tierras. Entre ellas, la propia colina desde donde se inició el asedio, la colina de Gardeny. Allí levantaron los caballeros su nueva “Domus”, la Casa de Gardeny, donde hoy las únicas huestes que llegan son las de los turistas que se acercan al centro de interpretación que permite conocer bien la mítica del Temple. Además, desde lo más alto de las almenas defensivas se obtienen buenas vistas de la ciudad y de su otro monumento destacado, “La Seu Vella”.

 

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