Compostela a remojo

El Camino Marítimo de Muros-Noia o cómo peregrinar a Santiago navegando

Desde este año se puede lograr la Compostela combinando la travesía en barco con las etapas a pie.

Tres días muy intensos en contacto con el mar y visitando los rincones más emblemáticos de las Rías Baixas. Esta es la carta de presentación del Camino Marítimo de Muros Noia, una nueva ruta xacobea que exige cumplir con dos requisitos: realizar una travesía de, como mínimo, 90 millas náuticas y caminar al menos los últimos 12 km hasta llegar a Santiago de Compostela.

 

Esta novedad es un estímulo para cualquier tipo de peregrino, desde el que busca un recorrido diferente hasta el que prefiere navegar que desgastar las botas. Y todo ello con la ría de Muros Noia, la más salvaje de las Rías Baixas que, además de su naturaleza, presume de una gastronomía muy rica y muy km 0. 

 

1 / 6
Marisqueo-en-la-RÍA-DE-MUROS-NOIA. Primero fueron los cruzados

Foto: D.R.

1 / 6

Primero fueron los cruzados

El reconocimiento oficial de esta ruta que nace en el mar y su consecuente derecho a la obtención de la Compostela, ha sido posible gracias al gran trabajo de investigación llevada a cabo por la Asociación de los Concellos del Camino de la Ría de Muros Noia, a la Asociación de Náuticos de Galicia y a la empresa fletadora de barcos Sailway. Su labor no solo ha consistido en señalizar y rehabilitar algunos tramos, también ha sido necesario certificar la historicidad de este Camino, aportando documentos que verifican la existencia de esta ruta a Santiago desde el siglo XII. Este fue el aporte decisivo para recibir la bendición del Cabildo Catedralicio el día 15 de diciembre de 2020.

Quienes fundaron esta ruta fueron los cruzados, esos guerreros de fe que en 1147, de camino hacia Tierra Santa para reconquistarla, con una escuadra de más de 200 naves procedentes de Gran Bretaña, Borgoña y Alemania recalaron en el estuario del Tambre y peregrinaron hasta Santiago para implorar protección. Este hecho histórico representa la primera gran peregrinación que llega desde el mar. Unos años más tarde, en 1168, el rey Fernando II otorga a la villa de Noia el estatus de ciudad y el título de Portus Apostoli, un puerto al servicio de la catedral de Santiago. Estos son los dos hitos históricos más importantes del siglo XII pero también existen documentos del siglo XV y XVI que dan cuenta de la importancia de esta Travesía Náutica Xacobea.

iStock-994258796. Una experiencia en el mar

Foto: iStock

2 / 6

Una experiencia en el mar

Que el objetivo de esta travesía es conseguir la Compostela resulta innegable, pero focalizarse solo en este fin sería tirar por la borda la experiencia de navegar. La meta aquí es disfrutar de la travesía. Pasar unos días a bordo de un velero permite observar la costa desde una perspectiva diferente y es una oportunidad para vivir momentos en que la conexión con la naturaleza es total. Sentir la caricia del viento con olor a salitre, dejarse sorprender por unos delfines que parecen saludar con sus saltos, disfrutar del océano, contemplar cómo el sol y el mar se funden durante el atardecer son algunas de las vivencias a bordo. 

Más allá de esa conexión con el mar, también se aprenden maniobras básicas como arriar las velas o llevar el timón, siempre con la supervisión del patrón. Pero hay otros aprendizajes que depara el mar, que es la convivencia en un espacio reducido, la cooperación, el compartir… Son retos que ofrece este Camino y aunque al principio puedan parecer inconvenientes, el peregrino rápidamente se adapta y acaba convirtiéndose en una experiencia liberadora: olvidarse de esos camarotes tan pequeños y aprender a vivir más al aire libre. Al fin y al cabo, navegar potencia la flexibilidad y el conocerse a uno mismo.

AS 20100913-0651. En el mar (y sin motor)

Foto: Sailway

3 / 6

Navegando sin motor

Este nuevo Camino Marítimo de Ria de Muros Noia puede hacerse en un tiempo récord de tres días, o si se prefiere, añadir algún día más. Así se realizan más paradas y se navegan menos horas seguidas. Aunque surcar el mar es una gran experiencia y proporciona momentos de paz, también tiene sus peros. El tiempo puede variar repentinamente, aparecen rachas de viento de hasta 30 nudos que hace que el barco se escore, y en algún momento dado se percibe una sensación de riesgo y miedo. Al igual que por tierra no está permitido ir en coche (solo a pie, bici o caballo) la travesía debe ser en velero, sin motor. No salen ampollas en los pies pero sí se sufre de algún que otro mareo.

A pesar de que la travesía es larga, ya que se recorren las Rías de Vigo, Pontevedra, Arousa y la de Muros y Noia, el barco solo puede amarrarse en los puertos deportivos o fondear cerca de la costa. La Compostela se consigue sellando la credencial en los mismos puertos que marca la ruta.

Este Camino tiene la ventaja que no se necesita experiencia en la navegación y se puede alquilar el barco con un grupo de amigos con o sin patrón, o por plazas, en fechas concretas que la naviera Sailway va publicando en su web.

Los peregrinos que se atrevan con esta ruta marítima dormirán en el camarote del velero (amarrado en un puerto) que hace de hostal. Aunque se puede optar por otros alojamientos, el encanto está en pasar la noche lo más cerca del mar.

GettyImages-689752410. De maravilla marítima en maravilla marítima

Foto: Getty Images

4 / 6

De maravilla marítima en maravilla marítima

Navegar por las Rías Baixas es una maravilla porque el conjunto de las Islas Atlánticas actúa como barrera ante los oleajes fuertes del océano, que la convierte en una zona de navegación calmada.

La primera parada de esta ruta jacobea es el archipiélago de las Cíes, la más septentrional de este Parque Nacional, que están formadas por tres islas: San Martiño, Do Faro y Monteagudo. Las dos últimas están unidas por un istmo y por el gran arenal de Rodas, una de las playas más bellas de Galicia con su media luna de arena blanca y aguas cristalinas, todo un emblema de las Islas Atlánticas. Esta ya se yergue al poco rato de partir de Vigo. Es conveniente salir por este puerto para así acumular las 90 millas náuticas que exige este Camino. Con la llegada a las Cíes ya se han acumulado ocho.

Una vez se desembarca en la playa de Rodas, existen varias rutas a pie que salen desde el punto de información y es posible hacerlas con un guía. La más popular es la que asciende al faro de Cíes, que regala unas vistas fantásticas. Otra opción es ir directamente al restaurante y tomarse un pulpo a feira con vistas al mar.

Pero las Cíes no son las únicas islas de este paraíso, un poco más al norte se encuentra la isla de Ons cuyas rutas empiezan desde una iglesia cerca del muelle, y es la única que mantiene una población estable. La más septentrional es la de Sálvora, que frente al embarcadero se erige una antigua factoría de salazón con aspecto de típico pazo, y solo es accesible por embarcación privada.

Aunque se necesita autorización previa de la Xunta de Galicia para acceder a las Islas Atlánticas, en este viaje no es necesario ya que la empresa Sailway se encarga de todo el papeleo.

Atracados en Muros

Foto: D.R.

5 / 6

Atracados en Muros

Encontrarse a escasos metros del casco antiguo de la preciosa villa de Muros, uno de los pueblos marineros mejor conservado de Galicia, inmediatamente después de bajarse del barco resulta impagable.

La visita por Muros empieza como un peregrino de la Edad Media que acaba de llegar en barco. Para ello, hay que dirigirse a una escultura en forma de ola y acabada de estrenar con motivo del nuevo Camino Marítimo de Santiago. Pero es mucho más que una escultura moderna, es el punto exacto donde se encontraba el puerto en que desembarcaban los peregrinos llegados desde el norte de Europa en la Edad Media. Quien se lo podía permitir tardaba una semana mientras que por tierra se tardaba tres meses y eran caminos muy peligrosos. Ese peregrino recién llegado se encontraba con la villa amurallada, de ahí proviene el nombre de Muros, y cruzando un portal se alcanzaba la primera iglesia para dar gracias por la transio. Ahora se cruza un paso de peatones por una calle muy transitada y sin la muralla.

Tras subir por la calle Rosalía de Castro, enseguida se alcanza una bellísima plaza con un cruceiro presidida por la iglesia de Santa María del Campo. Catalogada de estilo gótico (siglo XV), pero de un marcado carácter gallego que poco tiene que ver con el gótico clásico. En realidad, es una mezcla de estilos. Su pórtico es románico, su torre es de estilo barroco compostelano asemejándose a la torre de la Berenguela (la del reloj de la catedral de Santiago). Este estilo de torre se puso muy de moda y abundan en Galicia. El interior es gótico mariñeiro, con los arcos muy poco apuntados y la escasez de luz, hace el efecto de la quilla de un barco invertido. Este estilo es muy típico de la costa gallega, la de Normandía y la de la Bretaña francesa. Pero sí hay algo que la hace única en el mundo, es su curiosísima pila de agua bendita con una serpiente esculpida dentro. No se sabe muy bien el significado y se cree que es de la época de cuando la iglesia era románica.

Tras imitar a un peregrino de antaño que hacía el Camino solo por razones religiosas, ahora toca descubrir Muros, pero como un viajero contemporáneo. Muros es una pequeña joya en piedra que vale la pena callejear sin rumbo fijo y descubrir plazoletas, fuentes y cruceiros, estrechos callejones y casas de arquitectura popular que sorprenden al peregrino. Pero siempre es mejor conocer esta villa marinera de la mano de un guía oficial, de la asociación cultural sin ánimo de lucro Muros, vila de agua e sal.

shutterstock 1643397784. Por el interior hasta Santiago

Foto: Shutterstock

6 / 6

Por el interior hasta Santiago

Tras visitar Muros, el velero se dirige al último puerto de esta travesía, el de Portosín, que es el más cercano a Noia y a Santiago. Hasta aquí se ha cumplido la primera condición de la ansiada Compostela: la acumulación de las 90 millas náuticas. Aquel peregrino que desee llegar en cuanto antes a la plaza del Obradoiro solo tiene que dirigirse en taxi a Bertamiráns y realizar el último tramo a pie (12 km). Los más aventureros tienen por delante 45 km pero en menos de dos horas andando se llega a la villa de Noia, cuya visita estrella es la iglesia de Santa María de Nova que alberga el Museo de las Lápidas Gremiales. La más llamativa, por supuesto, es la del peregrino. Se cree que perteneció a un peregrino pudiente que falleció antes de llegar a Compostela. Siguiendo el recorrido, pronto se alcanza el monasterio cisterciense de San Xusto de Toxosoutos, otra visita obligada, rodeado de un entorno natural privilegiado; un bosque caducifolio junto a un río con cascadas. Tras un paseo por este maravilloso enclave y quizá un baño, ya solo queda una etapa (28 km) para llegar a la oficina de acogida del peregrino. Y así poder estrenar el nuevo icono en forma de vela que se ha incorporado este año en la Credencial, y presumir de ello, claro.

AS 20100913-0651