¡Orgullo Canario!

Las Canteras, de destino de sol y playa a paraíso repleto de biodiversidad

Desde que se prohibió extraer roca de la Barra, la playa de las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria) se ha convertido en referencia debido a la riqueza de sus ecosistemas.

A pesar de ser urbana y de que, durante los últimos 150 años, el hombre ha modificado tanto este espacio que incluso hizo desaparecer las dunas que conectaban ambas partes del itsmo de Guanarteme, la Playa de la Canteras (Las Palmas de Gran Canaria) sigue siendo una de las mejores bazas que posee el Atlántico para presentarse en sociedad.​

Aquí las olas no mueren en la orilla, sino que lo hacen casi trescientos metros antes. En ese punto, la marejada se encuentra con las Canteras, y es que aunque parezca mentira, lo más reconocible de esta playa no son sus aguas cristalinas, ni el tipo de arena, ni la gran variedad de peces que pueden encontrarse. Irónicamente es la Barra, un muro de piedra.

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La Barra, una fortaleza subacuática

Foto: Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria

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La Barra, una fortaleza subacuática

Creada de forma totalmente natural, la Barra es la responsable de haber generado a su alrededor un auténtico paraíso submarino que alberga hasta ocho especies de rayas y tiburones en peligro de extinción, entre otros muchos animales marinos. Incluso sin estar, es protagonista. En el extremo oeste, las Canteras desaparecen y el Atlántico irrumpe entonces con fuerza, formando olas de varios metros, en lo que hoy ya es uno de los puntos más codiciados por los surferos en las Islas Canarias. En definitiva, las Canteras no es una playa cualquiera, es el refugio de miles de peces y especies vegetales, el motor de la ciudad y la vía arterial por el que transcurre la vida canaria.

Todo empezó con una cantera

Foto: iStock

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Todo empezó con una cantera

Para entender cómo de especial es la playa de las Canteras, primero hay que hacer una parada en el barrio de Vegueta, a unos cinco kilómetros de la orilla. Allí, una fachada de piedra volcánica pinta de negro la Catedral de Santa Ana; y en el interior, otro tipo de roca, la de las Canteras. De tonos semidorados e incluso más porosa que la volcánica, en realidad no es una piedra, sino arena que ha ido solidificándose con el paso de los milenios hasta parecerlo.

Durante décadas se instaló a lo largo del arenal una industria basada en la extracción de la ‘piedra’ de las Canteras. Con ella se construyeron todo tipo de edificios, algunos emblemáticos, como por ejemplo, parte de los muros del Castillo de la Luz, actual sede del museo de Chirino. Pero también se utilizó para crear pilas de agua. Y es que en una época en la que las enfermedades causadas por la insalubridad -como el tifus- estaban a la orden del día, este sistema aprovechaba la porosidad de la piedra para destilar el agua.

Se mantuvo así hasta mediados del siglo XX, momento en que se decidió parar. Para entonces, se calcula que llegaron a extraerse hasta 15.000 metros cúbicos de roca, suficiente para llenar un cono volcánico de 52 metros de diámetro y 21 de altura. Con el cese de la extracción comenzó un movimiento de defensa de la Barra como patrimonio natural, hasta convertirse hoy en día en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Ahora todos desean preservarla, desde el Ayuntamiento hasta los propios ciudadanos, pues sin ella, el Atlántico haría suyo los 3 kilómetros de arena que se extienden a los pies del paseo, terminaría con el frágil ecosistema marino de la playa e incluso podría adentrarse por las callejuelas del barrio de Guanarteme, antiguo istmo cubierto de dunas y que aún hoy sigue haciendo de nexo entre la playa y el puerto de costa a costa y la península de la Isleta con el resto de la ciudad de norte a sur.

Cosmos submarino

Foto: Arturo Telle / Mónica Machado

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Una guardería submarina

“La playa de las Canteras es algo así como una gran guardería” dice Enrique Faber, fotógrafo grancanario y director técnico del festival de fotografía submarina FotoSub, que se celebra cada año en el arenal. Al estar cerrada por la Barra, se crea un refugio natural que muchas especies aprovechan para establecerse durante la época de cría. Luego emigran -comenta- pero gracias a la gran cantidad de peces e invertebrados que llegan hasta aquí, los arrecifes siempre están llenos.

Entre esponjas de mar y rocas aterciopeladas por el musgo y las algas, se esconde un cosmos submarino repleto de colores metálicos. Un ejemplo son los bancos de sargos, que deslumbran a su paso con los destellos que producen al reflejar la luz filtrada por el agua. La fula negra, en cambio, es más tímida. Un movimiento ligero basta para que huya, pero justo en ese momento, parece encenderse. De su lomo emana una fina línea azul radiante que desaparece rápidamente como una estrella fugaz. En ese universo cromático, se esconden otras especies más difíciles de ver, como las mantelinas u otras de mayor tamaño como las bicudas o los meros.

Pero la biodiversidad de la Barra no termina de puertas hacia dentro, sino que sigue hacia mar abierto, y es que las costas canarias son el hogar de la tercera parte de especies de cetáceos del mundo. A cierta distancia de la costa aparecen varios tipos de calderones, reptiles como las tortugas marinas, e incluso delfines.

A la ‘caza’ de la mantelina

Foto: Fernando Robledano / Davinia Hernández

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A la ‘caza’ de la mantelina

Desde hace trece años, la playa de las Canteras celebra el FotoSub, el Festival de fotografía submarina que da el pistoletazo de salida con la categoría nocturna. Entonces, las linternas de los buzos comienzan a dibujar un paisaje de luces circulares que se extienden como estrellas hasta los límites de la Barra. La mayoría son blancas, pero también aparecen algunas rojas para no asustar a los invertebrados. Sin embargo, todos quieren inmortalizar a la mantelina, una de las especies de raya mariposa que surcan las Canteras de una manera tan útil que parece volar. Octubre y noviembre son los meses perfectos para fotografiarla, pues coinciden con su época de reproducción, y entonces se exponen mucho más, dice Enrique Faber. 

A la mañana siguiente, cientos de bañistas acompañan a los fotógrafos durante sus inmersiones. Familias enteras enfundadas en trajes de neopreno, aletas y gafas de buceo. Desde hace varios años, el Ayuntamiento colabora con las distintas empresas de kayak y snorkel afincadas alrededor de las Canteras, y ofrece actividades gratuitas para todos aquellos que quieran observar el fondo marino. La que se organiza junto al FotoSub es la más multitudinaria, aunque eventos de este tipo se celebran esporádicmente durante todo el año. 

El kayak, la embarcación por excelencia

Foto: Salitre Sport

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El kayak, la embarcación por excelencia

El kayak es sin duda, una de las actividades más codiciadas junto al snorkel, pero porque conformarse con una, ¿si se puede hacer todo a la vez? Eso mismo debieron pensar los fundadores de Salitre Sport. Poco a poco, comenzarón a inundar las Canteras con sus canoas transparentes. El mar está en calma, tanto que casi da la sensación de estar navegando por el parque del Retiro, y el agua tan cristalina que basta con dirigir la mirada entre las piernas para ver el fondo. Las rutas son circulares, parten de playa chica hasta el borde de la barra donde la vida marina explota en una simfonía de movimientos bruscos y colores radiantes. De allí, se dirige hacia el oeste, donde la Barra está cerca de desvanecerse y entonces vuelve otra vez al punto de partida, pasando por una zona de rocas donde con algo de suerte, es posible ver pulpos escondidos entre las pétreas hendiduras. 

Iniciación surfera

Foto: Mojosurf canarias

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Iniciación surfera

A pesar de todo lo dicho, las Canteras no es solo una playa donde tomar el sol y envelesarse mientras se observan las maravillas marinas que se esconden bajo el agua. También es acción y deporte. En su extremo oeste, la arena dorada da paso al grano volcánico tiñiendo el paisaje de negro. Allí se encuentra la Cícer, la única zona de la playa que no está a refugio de la Barra, y es precisamente este hecho la que la ha convertido en la zona de iniciación preferida por todos los surferos. El agua se desahoga en ese punto, impotente por no traspasar el muro de roca, hasta formar olas de cuatro y cinco metros que terminan en el auditorio Alfredo Kraus, el edificio que da por terminada el arenal.

En ese lugar se mezclan surferos experimentados con novatos, y es que la pasión por el surf ha transformado el barrio en pocos años. Desde entonces, multitud de escuelas se concentran justo al lado del paseo marítimo. A su lado, bares y restaurantes temáticos,  e incluso hoteles enfocados a un tipo de público en alza durante los últimos años: los nómadas digitales

Cosmos submarino

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