Verano rural

Burgos a la fresca

Un viaje a través de las Merindades entre cascadas, ríos y otras direcciones refrescantes.

Muchos dirán: es lo que tiene estar al norte del norte. Pues sí… o no. Y es que esta comarca puede presumir de ser una de las más septentrionales de la península sin tener salida al mar. O de tener tanto bagaje histórico y rural como para atrapar a un urbanita. No obstante, lo que le hace única es la forma en la que naturaleza y patrimonio se funden de forma única, creando lugares que, labrados por el agua, son un plan muy refrescante cuando aprietan las temperaturas.

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El sendero hasta la cascada: Peñaladros

Foto: Turismo de Burgos

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El sendero hasta la cascada: Peñaladros

No, no es el salto de agua más algo de la zona. De hecho, no muy lejos queda el del Nervión, el más alto de España. Pero las cascada de Peñaladros tiene el embrujo de la sorpresa, del aparecer de la nada, como si fuera una fuga de agua en medio del bosque. Un hallazgo que se realiza andando, recorriendo un sendero cortito que parte de Cozuela y que se abre paso a través de la frondosidad del valle del Mena. Y tras este breve preludio, la recompensa del rumor del agua y, para los más atrevidos, de bañarse bajo sus 13 metros de caída.

El pueblo atravesado por una cascada: Orbaneja del Castillo

Foto: Miguel Ángel Muñoz Romero. Turismo de Bugos.

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El pueblo atravesado por una cascada: Orbaneja del Castillo

Esta rareza natural ha hecho famoso a un pueblo que, en los últimos años, se ha convertido en un referente del turismo rural de la zona. Su principal reclamo es ver como la montaña se derrite a través de sus calles, dibujando una fantasía de pequeños saltos, cortinillas acuáticas y rumor constante. Al indudable encanto de esta rareza natural, en verano se suma el aliciente de poder bañarse en las pozas que se ubican al pie de estos saltos, completando una postal perfecta y muy fotogénica.

El universo kárstico donde la temperatura es siempre de 8º: Ojo Guareña

Foto: iStock

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El universo kárstico donde la temperatura es siempre de 8º: Ojo Guareña

Así como si nada, sin apenas preverlo, la tierra de retuerce y se abre a lo humanos justo cuando Burgos se comienza a confundir con Cantabria. A simple vista, mientras se suben y bajan lomas por carreteras secundarias onduladas, es difícil suponer todo lo que hay debajo. En total, 110 kilómetros de cuevas y galerías que se pueden visitar desde dos puntos. El primero, la Cueva Palomera, desde donde parte un recorrido de casi tres kilómetros entre rampas, simas y dolinas. El segundo, la Cueva y Ermita de San Bernabé, quizás la imagen más icónica de esta rareza natural ya que mezcla el encanto del entorno con la mano del hombre, en este caso en forma de santuario rupestre.

El milagro del pueblo sobre el arco del río: Puentedey

Foto: iStock

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El milagro del pueblo sobre el arco del río: Puentedey

En Puentedey los días pasan como si debajo de sus pies hubiera tierra firme. Pero no es así. De hecho, debajo de gran parte de esta localidad lo que hay es un río caprichoso, el Nela, que hace miles de años prefirió horadar la piedra en lugar de sortearla, creando un portentoso arco sobre el que se asienta la iglesia de San Pelayo y el palacio de los Fernández de Brizuela, los principales monumentos del lugar. Debajo, el caudal no solo acompaña a una zona de penumbra perfecta para los peores soles de julio, también es propicio para el baño, sobre todo en su cauce alto, antes de que la corriente se encuentre con su tramo más fotogénico.

La cataratita más sacra: Tobera

Foto: iStock

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La cataratita más sacra: Tobera

En invierno, esta localidad cercana a Frías es famosa por la ermita de Santa María de la Hoz, un coqueto templo ubicado en una fotogénica grieta. Una estampa que se suele complementar con la fotogenia del río Molinar que, justo entre este punto y Tobera pega un brinco generando una coqueta catarata que redondea este idilio rural. Sin embargo, en verano es este accidente geográfico el que gana protagonismo, siendo el lugar perfecto para que los más valientes se atrevan a meterse en sus gélidas aguas e, incluso, para que solo los elegidos se inicien en el barranquismo.

La cataratita más sacra: Tobera

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