Belleza con altura

Cerler, un viaje al corazón del Pirineo aragonés

Esta ruta atraviesa las praderas y picos del valle de Benasque hasta alcanzar los pies del Aneto.

Encaramada sobre el valle de Benasque y con vistas a la mayor concentración de tresmiles de toda la cordillera, Cerler es una pequeña localidad alto–aragonesa de la que poco se había hablado antes de la década de 1970, cuando no era más que un conjunto de casas apiñadas de difícil acceso. Tras convertirse en la estación de esquí más alta del Pirineo aragonés y con el mayor desnivel esquiable de la cordillera, la historia del pueblo y la vida de sus habitantes dio un giro radical.

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Un cambio de modelo

De ser un elemento hostil contra el que había que bregar cada invierno, la nieve se convirtió en una fuente de riqueza, y el sendero de mulas que había que ascender para alcanzar el pueblo pasó a ser una cómoda carretera. El esquí y los valores naturales de la zona han devuelto la vida a Cerler y al valle de Benasque en el que se halla,  y han marcado una nueva etapa en la que el ganado, los pastores y el patués –dialecto de la zona– han cedido espacio a los esquiadores, las rutas de bicicleta de montaña y el turismo rural.   

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Esplendor invernal

La estación invernal Aramón Cerler se reparte entre dos valles, Cerler y Ampriu, rodeada por un paisaje espectacular con más de 60 picos que superan los 3000 m, entre ellos el Aneto (3404 m) –techo de la cordillera–, el Posets (3372 m), la Maladeta (3312 m) o el Perdiguero (3222 m). Desde sus remontes se disfruta de panoramas fantásticos, sobre estas líneas, el Aneto. Gracias a su altura y a la orientación norte de la mayoría de pistas, la temporada suele alargarse en Cerler, cuando la temperatura empieza a subir y anuncia el fin del invierno. Otra ventaja de la ubicación es que, aunque en el valle esté nublado, es probable que en Ampriu, en la parte alta de la estación, luzca el sol.

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El esqui en todas sus variantes

La estación de Cerler no es excesivamente grande y podría decirse que disfruta de ambiente familiar; eso sí, cuenta con la pista más larga del país, un descenso de 9 km que arranca en la cima Gallinero con 1130 m de desnivel. Otra posibilidad para disfrutar de la nieve en el entorno de Cerler es la estación de Llanos del Hospital, en pleno Parque Natural Posets-Maladeta. Cuenta con circuitos balizados para esquí de fondo o nórdico y también de travesía entre las cotas de 1750 y 1940 m. Los más experimentados pueden ascender con raquetas de nieve a algunos de los picos más elevados que rodean el enclave. Precisamente en invierno, cuando estas rutas alcanzan rincones aislados, surge el aliciente de avistar rebecos o alguna perdiz nival.

Cerler casco antiguo

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Historia y raíces

Si bien es cierto que los esquiadores, senderistas y ciclistas forman hoy parte del paisaje de Cerler, no hay que olvidar que el pueblo existía mucho antes de la apertura de la estación de esquí. Alrededor de la parroquia de San Lorenzo, Cerler tiene un casco antiguo que preserva la arquitectura del valle, a base de piedra, forja, pizarra y madera, y una zona nueva con apartamentos y hoteles que se extiende hasta la base de las pistas.

La Casa Cornel es el edificio más antiguo. Vinculada desde el siglo XII a la familia Cornel –estirpe centenaria del valle en la que no faltan hidalgos, obispos, militares e incluso algún ministro–, se ha transformado en un coqueto hotel que resguarda la estructura típica de casa-patio, con la planta baja protegida por un pórtico que da paso a un patio descubierto interior. Se conocen más datos de esta saga familiar que de la propia Cerler, que apenas aparece en los libros de historia, ni en las crónicas de viajeros decimonónicos, a pesar de que su origen está documentado en el siglo IX.

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Vida en el valle

Tras la visita a Cerler vale la pena descubrir otros pueblos bien conservados del valle. A 6 km se halla Benasque, uno de los enclaves más animados del Pirinero oscense por la cantidad de montañeros que pasean por sus calles todo el año; su núcleo conserva casonas de piedra del siglo xvi y la iglesia de Santa María (XIII), joya románica precedida por un patio de ángulos irregulares. Otro ejemplo es Sahún, que mantiene el entramado original de callejuelas adaptadas a los desniveles del terreno, o Villanova, que destaca por tener dos templos románicos, San Pedro y Santa María, ambos con detalles lombardos.

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El valor de lo autóctono

En estos y otros pueblos de la zona, muchas casonas se han reinventado como hoteles, casas rurales o restaurantes. En ellos se puede degustar la cocina recia del valle, con estofados de carne de caza o la típica olla benasquesa, en la que coles o judías verdes, según la estación, bullen con patatas, tocino, longaniza, jamón y costilla de cerdo. Las setas y las codiciadas trufas ponen un toque de distinción a la gastronomía local.

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Glaciares sureños

La ruta continúa en el oriente del valle de Benasque y dentro del Parque Natural Posets-Maladeta, donde se pueden admirar más de un centenar de ibones (lagos) de origen glaciar, impresionantes cascadas y un buen número de heleros. Aquí se localizan los glaciares más meridionales de Europa, como los de Maladeta, Posets o Perdiguero, protegidos como Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos. Entristece comprobar que estos bellísimos reductos del hielo no dejan de contraerse a causa del cambio climático. En 1980 ocupaban en conjunto más de 640 hectáreas y hoy apenas superan las 200.

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Tres tesoros por descubrir

  1. Anciles es una de las aldeas más bellas y desconocidas del Pirineo aragonés. Entre casonas de piedra y tejados de pizarra se alza la iglesia de San Pedro (s. xvi), que conserva el ábside románico primitivo y una torre con tejado acabado en punta.
  2. La ermita de San Pedro, patrón de Cerler, es sencilla y austera y se halla en la parte alta del pueblo. Desde su ubicación se disfruta de vistas tanto hacia Benasque como hacia Castejón de Sos y el valle del Ésera.
  3. La población de Sos destaca por su espectacular emplazamiento, en una pequeña cubeta de origen glaciar, y junto a uno de los miradores más impresionantes del valle de Benasque.

Cerler casco antiguo