Italia secreta

Cinco ciudades eternas (y algo desconocidas) en el norte de Italia

Más allá de los destinos más clásicos, las regiones más septentrionales del país transalpino esconden joyas urbanas que merecen más de un paseo.

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iStock-614618498. Mantua (Italia)

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Mantua, la deslumbrante

Esta exquisita ciudad de la Lombardía conserva intacto el patrimonio artístico acumulado a lo largo de los siglos, especialmente el construido en época del Renacimiento. A su paso por Mantua, el río Mincio forma los lagos Superiore, Mezzo e Inferiore que rodean por tres lados la ciudad lombarda. Este peculiar emplazamiento le otorga una atmósfera serena que se acentúa al caminar por sus calles medievales, contemplando iglesias y palacios. La mayoría fueron erigidos entre los siglos XIV y XVIII, coincidiendo con el reinado de los Gonzaga, una poderosa familia de nobles y mecenas italianos. Fue entonces cuando la ciudad acogió a artistas del Renacimiento como Andrea Mantegna, cuyos frescos decoran muchos rincones y monumentos de Mantua. El recorrido por la ciudad puede realizarse cómodamente a pie o en bicicleta, pues los principales puntos de interés se articulan alrededor de tres plazas muy cercanas: la Plaza delle Erbe, la de Mantegna y la Sordello. La primera es el espacio más céntrico y animado de Mantua. En él se reúnen por ejemplo la Torre del Reloj y los palacios medievales de la Potestà y la Regione. Otro lugar maravilloso es el Palacio Té, villa renacentista de los Gonzaga formada por cuatro cuerpos distribuidos en torno a un jardín y dos estanques. Los frescos que decoran en el palacio la Sala de los Gigantes son los mas famosos de Mantua. Pero su esplendor también se plasma en el Palacio Ducal, un recinto inmenso que aglutina varios edificios, entre ellos el Castillo de San Giorgio, y donde se plasma el lujo con el que se vivía en esta ciudad durante el Renacimieto. Su Catedral es en cambio modesta, aunque se compensa con la Basílica de San Andrea, el mayor templo de Mantua, con un interior con frescos de Andres Mantegna, cuyos restos descansan desde 1506 en una de sus capillas.

iStock-1296485171. Ferrara

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Ferrara, la más renacentista

A medio camino entre Bolonia y Venecia, Ferrara es un capricho urbanístico gestionado hace 500 años. Los arquitectos del Renacimiento proyectaron en ella la llamada Adición Hercúlea, un trazado moderno para la época, en el que se combinaban calles rectilíneas y perspectivas airosas, muy distintas a los callejones tortuosos, pasadizos y recovecos oscuros hasta entonces presentes. Ferrara llenó pues sus calles de fisonomía novedosa con palacios y templos renacentistas. La ciudad conserva su imponente Castillo Estense, emblema de la Ferrara medieval, enclavado en pleno centro urbano. También el renacentista Palacio de los Diamantes, obra maestra de Rossetti, cuyo nombre hace alusión a los 8500 sillares de la fachada, tallados en forma de punta de diamante. En el acceso al Ayuntamiento se pasa entre un desfile de estatuas de antiguos miembros de la corte. Cerca destaca la imponente Catedral, templo originario del siglo XII, rematada por su campanario renacentista y una fachada de mármol labrada con tres arcadas.

iStock-890669206. Padua

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Padua, la sacra

Padua fue la corte medieval de la poderosa familia Carrara. La cuna de san Antonio se enorgullece de su rico pasado, estrechamente vinculado al trabajo de grandes artistas y humanistas que desde el medievo la visitaron, atraidos por su Universidad. La ciudad se deja explorar por calles con soportales que desembocan en sus principales plazas: Signori, della Frutta o la delle Erbe. En esta última se halla el Palacio della Ragione, cuyo piso superior, llamado el Salón, exhibe un ciclo de 333 frescos del siglo XV, que muestran alegorías y animales fantásticos. Desde la Piazza dei Frutti se continúa hacia el Palacio del Bo, universidad del siglo XVI que hospeda el primer teatro anatómico de Europa (1594) y la Cátedra de Galileo. La Via Cavour lleva hacia el norte de la ciudad donde se halla la joya de Padua, la Cappella degli Scrovegni, creada por el herederos de una dinastía de usureros que, para limpiar el nombre de la familia, hizo construir en 1300 una capilla dedicada a la Virgen y encomendó a Giotto decorar con frescos el interior. Así nació una de las obras más extraordinarias del arte medieval italiano. La visita a la Basílica de San Antonio en Padua, que destaca por su aire oriental, y a la fortaleza de Montagnana son también etapas recomendadas.

iStock-1159158022. Trento

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Trento, la conciliadora

La ciudad donde se firmó el histórico Concilio de Trento tiene sus edificios más singulares en la Plaza de la Catedral, decorada con una fuente escultórica y rodeada con palacios como las Casas Cazuffi-Rella, con fachadas decoradas con frescos del siglo XVI. Trento, la denominada splendidum municipium por el emperador romano Tiberio, es una ciudad tranquila, asentada a orillas del río Adigio, que invita a conocer sus muchos tesoros artísticos sin prisa. El mejor paseo conecta la Plaza del Duomo y su Catedral del siglo XIII con el Castillo del Buonconsiglio, este con torreones, almenas, puentes levadizos, jardines, patios y frescos de extraordinaria belleza que trasladan a la época medieval y renacentista. En la visita guiada a este imponente recinto destacan la Loggia veneciana, el Refectorio, con bovedas con coloridos frescos, la Sala Grande, donde se recibían las visitas de ilustres y se realizaban fiestas, la Sala de la Torre, cuyos óvalos narran episodios de la vida de Julio César, o la Torre Aquila, la sala pinrcipal, que luce los frescos del Ciclo de los Meses, del siglo XV, con gran riqueza de detalles, que hablan de la vida cotidiana en Trento en el medievo a lo largo del año. Desde el Castillo se contempla además todo el centro antiguo de la capital del Trentino, un espejismo medieval al pie de los Alpes italianos.

iStock-496924272. Vicenza

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Vicenza, la 'palladiana'

El célebre arquitecto italiano Palladio, del siglo XVI, dejó un gran legado en esta ciudad para siempre vinculada a sus villas, iglesias y a un Teatro Olímpico, único en el mundo. La magnificencia de los antiguos teatros romanos desborda este escenario metido de forma sorprendente en el interior de un edificio. Lo más curioso de este recinto es el juego de perspectivas y profundidad que el arquitecto logró con su escenografía. Sin duda la arquitectura de Palladio en el mayor motivo por el que visitar Vicenza, ciudad del Véneto italiano. Nada más salir del Teatro se encuentra la Plaza Matteotti, dominada por grandes obras palladianas como el Palacio Chiericati, un edificio hoy convertido en Museo Cívico. De este lugar parte la vía que lleva al corazón histórico, cómo no, llamada Corso Palladio. Por ella se llega a la espaciosa Plaza dei Signori, donde se levanta una esbelta Basílica, también del arquitecto. Otro emblema de la plaza es la Torre Bissara, donde en el siglo XV se instaló el primer reloj de la ciudad, y el Palacio del Capitaniato. La Basílica incluye una logia porticada, la Galería de la Basílica, que rodea el Palacio della Ragione. La plaza es también un lugar idóneo en el que detenerse en uno de sus cafés para deleitarse contemplando los detalles de la arquitectura de Palladio. Sin embargo, habrá que salir unos kilómetros de Vicenza pra visitar la llamada Villa Rotonda, que ejemplifica las teorías de la arquitectura del italiano. La visita a Vicenza puede concluir dando un relajado paseo por los pequeños Jardines Salvi, con sus sauces reflejándose en el riachuelo Seriola.

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