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Los cinco pueblos más bonitos de Badajoz

Las extensas llanuras y dehesas extremeñas de la provincia exhiben en estos lugares cercanos a la frontera lusa una rica cultura y bellos paisajes.

 

Llerena

El mirador de la cercana sierra de San Miguel es el lugar ideal para hacerse una idea de la belleza de Llerena. Ubicada en la extensa llanura pacense, los tejados de las casas de esta villa combinan a la perfección con un paisaje que transmite el sosiego de la vida pausada. Como introducción, el visitante se encuentra con los restos de las antiguas murallas que guardan tras ellas un interesante casco histórico por descubrir. Su plaza Mayor, el auténtico centro neurálgico, condensa gran parte del patrimonio arquitectónico en sus cuatro aristas. El estilo mudéjar, con sus arcos y soportales, es el protagonista en la estructura del Ayuntamiento y en la del Portal del Pan, antaño la prisión. Y a continuación, la vista se detiene en la fachada de la iglesia Nuestra Señora de la Granada, en la que destaca una maravillosa puerta barroca y su esbelta torre.

Zafra

Por su fisionomía llena de patios, conventos, coloridas fachadas y suelos empedrados, Zafra es conocida como «Sevilla la Chica». Su arquitectura urbana, con retorcidas callejuelas de herencia árabe y un omnipresente color blanco, condensa la importancia de su pasado mercantil. Desde el siglo xv, sus dos plazas porticadas, la Chica y la Grande, son el núcleo de la actividad comercial, artesanal y ganadera. En ambas se debe echar un ojo a las varas de medir ubicadas en las columnas de las plazas, utilizadas para dar fe de que el comerciante vendía la medida sin ninguna trampa. Pero Zafra también fue una ciudad amurallada que contaba con decenas de puertas, como la puerta de Badajoz y la de Jerez. Estos dos accesos a intramuros tenían un objetivo comercial, no defensivo, pues controlaban las entradas y salidas de la villa con el fin de saber quién las cruzaba y qué productos llevaba.

Jerez de los Caballeros

El famoso Festival de los Templarios que se tiene lugar anualmente en esta localidad dice mucho sobre sus orígenes y explica parte de su nombre. Durante las cuatro jornadas de julio en las que se celebra, la villa renace con el aspecto esplendoroso que exhibía durante el dominio de los Caballeros de la Orden del Temple, en el siglo XIII. La fortaleza que reina sobre los tejados y la línea de murallas son originarias de esa época. Intramuros se descubre un recinto cuyo perfil se recorta en el cielo extremeño de forma inconfundible caracterizado por sus cuatro torres, que se yerguen cual mojones señalizando cada una de las cuatro iglesias a las que pertenecen: Santa María, San Miguel, San Bartolomé y Santa Catalina. Y disfrutando de las vistas y de una modo de vida sosegado, algunos de los cerdos ibéricos más codiciados lo contemplan todo desde las dehesas circundantes.

Olivenza

En Olivenza el viajero se ve rodeado de aires lusos que conforman una seductora mezcla. Gran parte de la historia de esta localidad extremeña está dividida entre ambos lados de la frontera, desde antaño definida por las aguas del Guadiana. Entre el siglo XIII y principios del XIX, Olivenza cambió de manos en tres ocasiones, hasta que terminó formando parte del territorio español. Los edificios de baja altura, los adoquines blancos y negros en el suelo de las calles y la icónica iglesia de Santa María Magdalena, con su impresionante interior decorado con azulejos, son la herencia portuguesa más palpable. En Olivenza se llegaron a construir hasta cuatro murallas. Para comenzar un viaje hacia la época medieval, basta con cruzar los robustos muros a través de la impresionante Puerta del Calvario, la de Alconchel o la de Los Ángeles, y descubrir, a continuación, numerosos templos religiosos y palacetes nobiliarios.

Alburquerque

Descubrir las particularidades del paisaje que rodea Alburquerque, cuyos alcornoques definen su aspecto, es una delicia que se puede experimentar en las numerosas rutas de senderismo que discurren por sus tierras. Una vertiente de turismo natural que se completa en el Parque Natural de la Sierra de San Pedro, que contempla en panorámica el pueblo. Pero lo que convierte esta localidad rayana en una visita imprescindible es lo mismo que define su característico perfil: el Castillo de Luna. La fortaleza, una de las mejor conservadas de Extremadura, fue levantada en el siglo XV sobre un cerro que domina las vistas en base a un sistema de múltiples líneas defensivas, cuyo primer nivel constituían las murallas. En su interior se encuentra el barrio de Villa Adentro, al que todavía se puede acceder a través de alguna de sus antiguas puertas, como la de la Villa o la de Valencia.

Zafra

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