Mapa NG

Los cinco pueblos más bonitos de Girona

El encanto de estas poblaciones gerundenses hará que más de uno consulte la agenda para planear una escapada.

Desde la naturaleza de su territorio interior hasta la abrupta e idílica Costa Brava, se sabe que la provincia de Girona enamora. Y este recorrido por algunos de sus pueblos más bellos tan solo viene a confirmarlo. Pero más allá de su belleza, estas localidades tienen mucho más que ofrecer: gastronomía, historia, patrimonio arquitectónico…

 

 

 

 

Besalú

La icónica imagen de su puente románico suspendido sobre el río Fluvià es una de las mejores cartas de presentación de Besalú, un pueblo situado en la comarca de la Garrotxa que presume de poseer uno de los conjuntos histórico-artísticos mejor conservados de Cataluña. Además de una visita a los principales monumentos medievales como el monasterio de Sant Pere o la Casa Cornellà, resulta especialmente encantador un paseo por el barrio judío, la comunidad a quien esta villa le debe la mayor parte de su legado histórico. Para sorpresa de los historiadores, en 1964 se descubrió en el lugar ocupado por la Sinagoga judía una sala subterránea construida en estilo románico con una piscina que se llenaba de forma natural. Un espacio que se usaba para purificar el alma y que todavía hoy mantiene la capacidad de trasladar al visitante cientos de años atrás.

Cadaqués

 

Unos 15 km de carretera de curvas pronunciadas son una de las posibles explicaciones para entender cómo Cadaqués ha conseguido mantener aquella belleza única que poseen los pueblos de pescadores que viven aislados y completamente abocados al mar. La brisa marina de la Costa Brava se cuela por las calles del casco antiguo en las que las casitas blancas de puertas y ventanas azules guían al visitante hacia el paseo marítimo, que ofrece una preciosa panorámica de la bahía y la playa principal. Desde luego, una vista de postal. Pero más allá de ser un destino contemplativo, las actividades culturales también tienen un gran protagonismo. Por ejemplo, en la playa de Portlligat se puede visitar la Casa-museo de Dalí, el lugar que el artista convirtió en su residencia después de instalarse en 1930 en lo que comenzó siendo un pequeña barraca de pescadores y terminó siendo una más de sus creaciones.

Pals

 

Decía Josep Pla que “Pals no es bueno para una, sino para cientos de visitas”. Y después de conocerlo alguien podría pensar que quizás es bueno incluso para instalarse. El escritor catalán cuenta con un mirador que lleva su nombre desde el que se puede contemplar las Islas Medes, el Canigó y la Sierra de l’Albera. La Torre de las Horas y la iglesia de Sant Pere, ambos monumentos de estilo románico, definen el perfil de este pueblo de origen medieval construido alrededor de un castillo. La piedra de los muros y los tejados anaranjados de las típicas casas catalanas lo bañan de un característico color cálido. Y a su alrededor los campos de arroz, el producto local del que no hay que olvidarse y que se puede probar en cualquiera de los locales repartidos por el municipio. Todo ello una receta que sin riesgo de error.

Peratallada

 

La Edad Media conformó el aspecto de este pueblo ampurdanés y parece que desde entonces el tiempo no haya pasado. La villa se organizó siglos atrás alrededor del castillo-palacio, cuyos primeros datos se remontan, al menos, al siglo XI. Un laberinto de estrechas calles empedradas invita a perderse por esta población, entrar en los comercios del núcleo antiguo para llevarse a casa alguno de los deliciosos productos artesanales, probar la gastronomía tradicional en sus restaurantes y seguir la inercia del caminar hasta llegar a las murallas. Antaño protección infranqueable del pueblo, actualmente todavía se puede pasear por los impresionantes fosos excavados directamente de la roca. De ahí su nombre, claro.

Calella de Palafrugell

 

Una retahíla de pequeñas calas de arena dorada rodeadas de bosque de pino y precedidas por un mar turquesa salpicado de barquitas de pescadores es el microclima litoral del que goza esta población gerundense. Dicen que Serrat se inspiró en este rincón de la Costa Brava para componer Mediterráneo y no parece descabellado, pues entre sus casas blancas de tejado inclinado y las calles y soportales del barrio de Port Bo se respira el más puro ambiente marinero. Algo que llega a su culmen cada primer sábado de agosto, cuando tiene lugar la tradicional Cantada de Habaneras. Siguiendo el camino de ronda hacia el norte se descubren las bellas calas de Llafranc, y hacia el sur los frondosos Jardines de Cap Roig, poblados por un millar de especies botánicas de origen mediterráneo que maridan a la perfección con el azul marino que reina en el horizonte.

Calella de Palafrugell MV

Compártelo