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Los cinco pueblos más bonitos de Salamanca

El recorrido por estas cinco bellas localidades salmantinas descubre las tradiciones, los modos de vida y la arquitectura de una región que parece haberse detenido en el tiempo. El privilegiado entorno de la Sierra de Francia les da cobijo y ofrece, además, multitud de opciones para vivir la naturaleza de cerca.

 

Candelario

 

Todos aquellos visitantes que recorren las calles de la localidad de Candelario deben ir con cuidado donde ponen los pies, pues un entramado de regaderas que discurre paralelo a las aceras pone a prueba la atención de los caminantes. Cuando la nieve de la Sierra de Francia empieza a deshacerse en primavera, el ruido del agua se adueña de las empinadas calles y llena de vida el casco antiguo esta población. El carácter e historia del pueblo se ve reflejado en la arquitectura popular. La producción de embutido ha sido la actividad principal de sus habitantes, por ello la mayoría de viviendas cuenta con un gran balcón, que hacía las veces de secadero, y una planta a nivel de calle en la que se llevaban a cabo los trabajos de embutido propiamente. Huelga decir cuáles son los productos gastronómicos estrella del lugar. Otro de los elementos más característicos de Candelario son las llamadas batipuertas, puertas de madera que tapan la mitad de la entrada. Estas protegen las casas de la nieve y además, antiguamente, permitían regular la salida y entrada de los animales. Un rincón capaz de trasladar en el tiempo a todos sus visitantes.

Miranda del Castañar

 

Dentro del recinto fortificado de Miranda del Castañar se arremolinan las callejuelas organizadas en torno a la fortaleza que las defendía, cuya torre destaca por encima del perfil esta pequeña localidad salmantina. Estas mismas calles, donde se yerguen orgullosas las típicas casas charras de mampostería y madera, se visten de gala a principios de febrero, cuando se celebra la festividad de Las Águedas. Durante toda la jornada se festeja el “mando de las mujeres”, donde ellas lucen los trajes tradicionales llenos de colores y bordados y los bailes se suceden acompañados por la música de la dulzaina y el tamboril. El entramado urbano está dispuesto sobre una pequeña colina flanqueada por el río Francia. Sus estrechas calles proporcionan cobijo en invierno y protegen del calor del sol durante el verano, y un paseo por ellas descubre pequeños rincones con encanto como la antigua Plaza de Armas. Para los que quieran sentirse como en la Edad Media deben atravesar alguna de las puertas de sus murallas y seguir el recorrido de los pasadizos que se extienden junto a ellas.

Mogarraz

 

A finales de los años 60 del siglo pasado, Alejandro Martín, antiguo alcalde, creó un extenso archivo fotográfico de todos los vecinos del pueblo que no habían emigrado a la ciudad en una época en la que se imponía la industrialización. El objetivo era que estos pudieran formalizar su documento de identidad. Cincuenta años más tarde, aquel archivo ha convertido Mogarraz en “el pueblo de las mil caras”. El artista local Florencio Maíllo recuperó las fotografías y las reprodujo a gran tamaño, fijándolas en las fachadas donde cada habitante había tenido su casa. Debido al aislamiento que proporcionan sus frondosos bosques, en las calles de Mogarraz uno tiene la sensación de que aquí se detuvo la historia. Sus tradiciones siguen vivas especialmente en sus bordados y trajes típicos. Durante las fiestas patronales, los mogarreños los exhiben orgullosos en sus balcones, y es posible conocer su historia y algunos de los mejores ejemplares en La Casa de las Artesanías, el museo etnográfico del pueblo. Plácidas y sosegadas, las típicas casas serranas de Mogaraz aguardan la llegada de los visitantes.

La Alberca

 

La noche del 19 de mayo de 1434, tras largos años de peregrinaje en busca de una imagen de la Virgen, un joven llamado Simón Rolan encontró la talla que buscaba escondida en una gruta de la Sierra de Francia. Su destino le había sido revelado mediante una epifanía: debía encontrar una representación negra de la Virgen. Su hallazgo propició la construcción de un convento en el lugar, hoy conocido como la Virgen de la Peña. A cobijo de los límites del Parque Nacional de Las Batuecas, el santuario mariano vigila el pueblo salmantino de La Alberca. El laberinto de calles angostas y empedradas que dibuja el entramado urbano es el escenario privilegiado que, entre el 13 de junio y el 17 de enero (san Antón), recorre un marrano que es alimentado por todos los habitantes y entre quienes se sortea cuando se alcanza la segunda fecha. El centro neurálgico es la plaza mayor. Sobre los pórticos se levantan las casas cuyos balcones de forja lucen los alegres colores de los geranios cuando la temporada lo permite. Bajo ellas se instalaba el mercado. Ahora se puede degustar un plato de embutido ibérico o un vino de la cosecha de la comarca en alguno de los restaurantes en los que se han reconvertido.

Ciudad Rodrigo

 

Un perímetro amurallado en forma de estrella rodea el pueblo histórico de Ciudad Rodrigo. Situada al suroeste de la provincia de Salamanca y muy cerca de la frontera portuguesa, esta localidad ha sido escenario de guerras y batallas debido, precisamente, a su ubicación fronteriza. Testigo de ello son sus muros abaluartados que durante siglos la han protegido. Dejarse perder por el casco histórico es un placer que descubre los numerosos monumentos que posee la ciudad, un legado que viaja desde la Edad Media hasta el Renacimiento y el Barroco. La plaza Mayor, rodeada de callejuelas empedrades, es el corazón de la ciudad. Las majestuosas arcadas en uno de sus extremos señalan la localización del Ayuntamiento, presidiendo una plaza que invita a tomarse un descanso en alguna de sus terrazas. No se debería abandonar la población sin antes visitar la Catedral de Santa María. Este magnífico templo, levantado entre el siglo XII y XIV, luce una mezcla de elementos románicos y góticos fruto del periodo de transición artística en que fue construido. Y, por otro lado, resulta también imprescindible conocer el castillo, cuyas torres de defensa reciben a los visitantes que llegan desde Portugal y cuyos muros albergan hoy un Parador Nacional.

Alberca

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