Leyendas, romanos y vino

Los cinco pueblos con más encanto de Tarragona

Esta ruta es un viaje en el tiempo para perderse por el legado histórico y el entorno natural de la Costa Daurada.

La historia de Tarragona aflora por cada rincón de la ciudad, pero también de la provincia. Su relevancia histórica pasa por ser segunda ciudad más importante del Imperio Romano, que le ha hecho valerse su fama como un enclave único en Europa. Y esto es, sin duda, gracias al legado que conserva, a su clima y a la marca Costa Daurada. Los pueblos que conforman Tarragona conservan un patrimonio romano y medieval en forma de murallas y ruinas, pero también de iglesias góticas y románicas. Y todo en medio de parajes naturales como las montañas de Prades o els Ports.

 

 

Montblanc

A media hora de Tarragona en coche, se encuentra el mayor recinto amurallado conservado de Cataluña, concretamente en el pueblo de Montblanc. El esplendor de esta localidad, que en la actualidad es la capital de la comarca de la Conca de Barberà, se dio justamente cuando se construyó la muralla, entre finales del siglo XIII y principios del XIV, y los edificios civiles y religiosos que todavía perduran. Así que, una visita a Montblanc, supone recorrer y adentrarse en la historia de las murallas y sus torres, pero también del convento de estilo gótico de San Francisco y de la iglesia románica de Santa María de Montblanc. La mejor manera de terminar la visita es paseando por la calle Mayor, donde otra iglesia se asoma, esta vez con una mezcla de estilo gótico y románico: la iglesia de San Miguel.

Prades

Por una carretera de bosques de castaños y encinas, las Montañas de Prades y, en concreto el pueblo homónimo, se sitúan a unos 40 minutos de Montblanc. En medio de las montañas, Prades se asoma como la ‘villa roja’ por el color rojizo de sus construcciones y como un Bien de Interés Cultural por su conjunto histórico, rodeado por murallas. Merece una visita especial la ermita de la Abellera, incrustada bajo una cueva en las rocas de la montaña. Y, para acabar y relajarse, en la plaza Mayor uno puede sentarse en una terraza frente la fuente renacentista.

Siurana

También en las montañas, Siurana se posiciona como el mirador más impresionante de la Costa Daurada. Está alzado en una cornisa rocosa, actuando de atalaya que preside el pantano de Siurana en medio de la sierra de Montsant y las montañas de Prades. Desde allí, uno puede observar las marcas del carruaje con el que, según la leyenda, saltó la reina mora Abdelazia cuando llegaron los cristianos. A parte del paraje natural, donde se pueden practicar deportes de exterior, Siurana cuenta con una amplia oferta cultural, como el castillo, la Iglesia románica y las callejuelas empedradas que conforman el pueblo, así como los restos de la fortaleza sarracena.

Miravet

Dejando las montañas, a una hora en coche, el pueblo de Miravet se presenta a escasos 120 metros de altitud sobre el nivel del mar. Forma parte de la Ruta Domus Templi, que recorre el trayecto que hacían los Caballeros Templarios (desde Aragón hasta Valencia), y jugó un papel muy relevante en historia de la Península por su cercanía con el río Ebro. Parte de esta ruta engloba la visita al Castillo Templario de Miravet. Además, uno también puede visitar las casas colgantes sobre el río y la iglesia Vieja de Miravet, asentada sobre los restos de una mezquita, así como el entorno natural que rodea la villa.

Horta de Sant Joan

Dentro del Parque Natural dels Ports, este pueblo medieval cuenta con un conjunto histórico que le han hecho valerse el reconocimiento de Bien Cultural de Interés Nacional, sobretodo gracias a la iglesia románica-gótica del siglo XII y a sus callejuelas empinadas y estrechas. Además, cuenta con el museo Picasso, la casa de la Encomienda y el Ecomuseo dels Ports, como también Lo Parlot, un olivo bimilenario declarado árbol monumental, ubicado a 500 metros de la salida de Horta, desde donde se pueden emprender rutas a pie.
Horta

Miravet

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