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Cinco pueblos para perderse por Huesca

Un viaje en el tiempo y el espacio para recorrer la provincia oscense y transportarse al medioevo.

 

Montañana

La monumental iglesia románica de Nuestra Señora de Baldós preside el caserío de Montañana, una localidad pirenaica de la comarca de la Ribagorza donde el tiempo se detuvo en la Edad Media. Sin ir más lejos, este templo traslada al viajero al siglo XII a través de su portada, en la que destaca la decoración del tímpano y los capiteles adornados. Asimismo, invita a entrar para descubrir unos frescos originales del gótico lineal del siglo XIV. Junto a Nuestra Señora de Baldós, en Montañana se conservan dos iglesias románicas más, los restos de dos castillos y un puente de doble arcada que se ha convertido en el protagonista de la villa. Y es que, al cruzarlo, uno se adentra a uno de los pueblos que mejor conserva la esencia medieval, también presente en la torre de la Cárcel y en la ermita de San Juan. Toda esta riqueza arquitectónica le ha valido los títulos de Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural. Además, por sus alrededores se puede emprender una ruta senderista que llega hasta un mirador natural.

Roda de Isábena

También en la Ribagorza, esta localidad esconde una de las catedrales con más encanto ya no de Aragón, sino de toda España, convirtiéndose en el pueblo más pequeño en poseer una catedral. Es la de San Vicente de Roda, considerada la más antigua de la comunidad autónoma. Y es que cruzar sus puertas es llegar directamente al siglo X, cuando Roda de Isábena fue la capital del condado de Ribagorza y sede episcopal. En este contexto, el templo se levantó por primera vez en ese siglo, pero tuvo que reconstruirse en el XII. En su interior conservó durante siglos la versión más antigua de la Crónica de Alfonso III o Crónica Retense. Junto a la catedral se erige el palacio del Prior, que fecha del siglo XVI. Con todo esto, al pasear por las callejuelas de Roda de Isábena, las portadas, pasadizos y murallas transportan directamente a la época de mayor esplendor de la localidad.

Graus

Ubicada estratégicamente en la confluencia de los ríos Isábena y Ésera, Graus adquirió protagonsimo bajo el mandato del rey aragonés Sancho Ramírez, quien el año 1083 adscribió la localidad al monasterio de San Victorián para su reconstrucción y repoblación, que duró hasta 1571. Un siglo antes, el dominico fray Vicente Ferrer visitó la villa invitado por el noble Berenguer de Bardaxí. Ambos personajes permanecen presentes a día de hoy en Graus y forman parte del rico patrimonio con la Casa Bardaxí del siglo XVIII y las fiestas patronales de Santo Cristo y San Vicente Ferrer, celebradas en septiembre y en las que destaca la Mojiganga, una representación satírica de la vida cotidiana declarada Interés Turístico Nacional. Otro símbolo de Graus es la basílica de la Virgen de la Peña y la Casa Consistorial, un edificio del siglo XVI del renacimiento aragonés, ubicada en la Plaza Mayor. Y, cerca de todo esto, a unos 10 kilómetros de la villa, se erige el templo budista Shang Kagyu de Panillo.

Aínsa

En la confluencia de los ríos Ara y Cinca y custodiada por la Peña Montañesa se encuentra el Conjunto Histórico-Artístico de Aínsa, una villa de la comarca de Sobrarbe que destaca por su origen legendario. El Castillo, que fecha del siglo XI, formó parte de la línea defensiva de los territorios cristianos y se convirtió en la cuna de la villa, que en la Edad Media pasó a ser la capital del condado de Sobrarbe, que posteriormente se integró al reino de Aragón. Así, la explanada del castillo atesora la Cruz Cubierta para conmemorar la victoria de las tropas cristianas de Garcí Ximénez en el año 724 contra el ejército musulmán, gracias a la milagrosa aparición de una cruz de fuego en la carrasca. Los ainsetanos rememoran este origen legendario cada dos años con la representación teatral de La Morisma en la Plaza Mayor. En esta se alza la iglesia románica de Santa María, uno de los mejores ejemplos del románico del Alto Aragón. Los amantes del senderismo pueden recorrer la ruta que discurre entre Aínsa y Boltaña.

Alquézar

En la comarca de Somontano de Barbastro, al pie de las sierras de Balcez y Olsón y en medio del Parque Natural de la sierra y los Cañones de Guara se asoma Alquézar, una villa declarada Conjunto Histórico-Artístico y que debe su nombre a el castillo o al-qasr. Tras la reconquista, esta fortaleza musulmana se convirtió en una colegiata cristiana dedicada a Santa María. En ella, se percibe como a lo largo de los siglos se añadieron elementos de diferentes estilos artísticos. Junto a la Colegiata de Santa María la Mayor, en Alquézar permanecen fragmentos de muralla del siglo XI, los restos de una torre cuadrangular, la torre albarrana y partes de la iglesia románica del siglo XIV, entre los que destacan los capiteles y las pinturas de los muros del claustro. En la Plaza Mayor se encuentra el Museo Etnológico Casa Fabián, mientras que en la parte más alta se halla el mirador Sonrisa del Viento, que ofrece una de las mejores vistas de la localidad. Alrededor de la localidad se pueden hacer senderismo, practicar deportes de aventura y observar arte rupestre en el Parque Cultural Río Vero.
Montañana

Foto: Kom Bo

Montañana

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