Sin eclipses

Una ciudad, un guía: Ciudad de México de la mano de Cristina Lugo

Esta megalópolis tiene tanto estímulos que no hay nada como escoger una experta en la ciudad para ahondar en sus secretos.

Cristina Lugo no debía haber acabado trabajando en el sector turístico. Su madre, chef mexicana, y su padre, un comercial estadounidense, la enviaron a Estados Unidos e Inglaterra a estudiar Filosofía Política con la esperanza de que se convirtiera en abogada. En cambio, poco después de graduarse, comenzó a desarrollar su pasión: viajar por el mundo trabajando en hoteles en destinos como Brasil, Nicaragua, España y Tailandia.

 

Por su portafolio profesional han pasado cadenas como Four Seasons y Auberge, hasta que a los 27 años se convirtió en la directora de ventas más joven del restaurante Pujol en un momento en el que la alta cocina aún no había llegado a México, de hecho fue Enrique Olvera, chef de Pujol, quien ubicó el país en el mapa culinario mundial. Y ahí estaba Lugo.

 

Fue su capacidad para explicar hábilmente puntos de vista personales sobre la cultura mexicana y su incansable búsqueda de un nuevo modelo de viaje lo que hizo que, en 2017, fundara Morenita Experience, una agencia de viajes que, sin serlo, cuenta una historia sincera y elegante de México a través de su refrescante autenticidad. Y es que pocos lugares conjugan la mezcla que caracteriza a Ciudad de México. Casi podría decirse que el mundo entero se resume en esta ciudad de más de 22 millones de habitantes que, tras la pandemia, ha visto multiplicado su atractivo: hay nuevos museos, una innumerable variedad de restaurantes y bares y una necesaria vuelta a lo local y artesanal en sectores como la moda. Y Cristina los conoce todos. O casi. 

Zócalo
Foto: Zócalo Central

Murales y margaritas

México a pie, la comida callejera, el muralismo o los recorridos de arquitectura se combinan, en Morenita Experience, con experiencias culturales más inmersivas y más largas, como clases de cocina, artistas al aire libre o talleres impartidos por reconocidos pintores y escultores mexicanos. De la mano de Cristina nos adentramos en lo más profundo de la cultura mexicana arrancando en el Centro Histórico, el más grande de toda Latinoamérica. 

 

“Aquí se pueden encontrar museos, templos, claustros y un sinfín de vestigios culturales de diferentes épocas se concentran en sus casi 10 kilómetros”, cuenta Lugo. En el corazón del Centro Histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1987 por la UNESCO, se encuentra el Zócalo, cuyo nombre oficial es Plaza de la Constitución. La explanada, que forma parte de la antigua Tenochtitlán, está presidida por la enorme bandera de México que, ondeando día y noche, es una de las instantáneas más habituales de Instagram. A su alrededor se encuentran algunos de los recintos principales, como el Palacio Nacional, la Corte Suprema de Justicia y la Catedral Metropolitana.

 

Prácticamente inabarcable, resulta una buena idea hacer un alto en el camino en el recorrido por el Centro Histórico en La Merced, un colorido y ruidoso mercado cuyo origen se remonta a los aztecas. Como todo en la ciudad, sobre todo por su tamaño, puede que resulte un tanto intimidante, pero en palabras de la propia Lugo siempre resulta “curioso y divertido”. 

 

Ildefonso
Foto: Shutterstock

Cerca del Zócalo se encuentra el Antiguo Colegio de San Ildefonso,donde se encuentra el origen del movimiento muralista mexicano. Y si bien es Diego Ribera uno de sus máximos exponentes, los frescos de Clemente Orozco que pueden verse en este edificio de estilo barroco, adornan las tres plantas del lado norte del patio principal con enormes murales del México posrevolucionario. No muy lejos y siguiendo la senda del legado muralista de Orozco, la Casa de los Azulejos es un precioso edificio de la época colonial donde se encuentra uno de las obras más bonitas del muralista mexicano.

 

Y con una carga histórica mucho menor, pero con una privilegiada ubicación en un edificio histórico en la esquina frente a la Catedral Metropolitana, la terraza del restaurante del Zócalo Central Hotel es, muy posiblemente, el mejor lugar donde hacer un alto en el camino dentro de toda esta algarabía de gente, arte, cultura y compras para disfrutar de una buena margarita con excelentes vistas. El objetivo aquí es simplemente disfrutar. 

 

Casa Pedregal
Foto: Lorena G. Díaz

Arquitectura y artesanía

 

Famosa por sus grandes espacios abiertos, jardines de roca volcánica y un uso inusual de los colores pastel, Casa Pedregal fue diseñada y construida entre el año 1947 y 1951 por el arquitecto mexicano Luis Barragán para la familia Prieto López. Hoy es una casa privada que pertenece a César Cervantes, quien la compró en 2013 y la reformó durante 4 años para devolverle su aspecto original. La visita guiada dura poco más de una hora y al salir, resulta casi obligado detenerse a tomar algo en el centro cultural Tetetlán, justo al lado de Casa Pedregal, también en la colonia del Pedregal. Tetetlán es un multi-espacio que engloba una biblioteca, un espacio de exposiciones, una tienda donde encontrar artesanía local y un restaurante donde sirven unos deliciosos chilaquiles que, aunque aptos a cualquier hora del día, los mexicanos suelen tomar para desayunar. 

 

Si es sábado, es, seguramente, día de mercado. Por eso la próxima parada para Cristina Lugo será, seguro, El Bazaar del Sábado donde, “desde 1960 promueven y comercializan el diseño artesanal mexicano”, cuenta Lugo. Ubicado en San Ángel, al sur de la ciudad, El Bazaar del Sábado es un mercado ubicado en una casa del siglo XVIII que todos los sábados alberga puestos donde comprar artesanía, y también donde comer. Aquí hay dos paradas fundamentales, una es la joyería Matl, que fue la joyería preferida de Frida Kahlo, quien siempre lucía sus joyas. Esta platería mexicana lleva 85 años tallando piezas a mano y su muestrario puede verse cada sábado en uno de los puestos del mercado.

 

 

Cruzando la plaza se encuentra la Barbacoa San Ángel donde, entre compra y compra, es recomendable parar para probar uno de sus deliciosos y auténticos tacos barbacoa antes de continuar hacia otro de los edificios insólitos de Ciudad de México.

Casa Orgánica
Foto: Lorena G. Díaz

Lo primero que hay que hacer al llegar a Casa Orgánica es descalzarse para poder caminar por la moqueta blanca que recorre el icono del arquitecto Javier Senosiain, un lugar nada convencional que es, además, un prodigio de arquitectura sostenible. Casa Orgánica es el hogar donde vivió la familia Senosiain durante más de 20 años, una vivienda de formas cóncavas que recuerdan notablemente al útero materno, ya que el arquitecto mexicano concibió esta casa como una solución a la necesidad de conectar la naturaleza con el hombre. Ubicada en Naucalpan de Juárez (se necesita coche para llegar hasta aquí) este ejemplo de arquitectura orgánica lo es precisamente porque logra una fluidez en los espacios que, aunque la mayoría están casi bajo tierra, tienen grandes entradas de luz natural, colores cálidos y mobiliario integrado a la estructura. 

 

No solo tacos

 

Tras la sobredosis de belleza y la conmoción del gentío, el ruido, el tráfico y lo mejor de Ciudad de México, su vida, es momento de disfrutar de la creativa escena gastronómica de la ciudad. Alejado del bullicio, aunque en plena Colonia Roma, se encuentra Lorea, del chef mexicano Oswaldo Oliva, un lugar donde tomarse un tiempo para comer, beber y conversar. “Tuve la fortuna de trabajar en restaurantes como El Celler de Can Roca o Mugaritz y ahí aprendí que lo que la gente necesita una experiencia gastronómica, ganas de algo especial”, confirma a Viajes National Geographic Oliva durante una clase de cocina en su restaurante. 

Lorea
Foto: Lorea

En sus manos, y en sus fogones, está el compromiso que impulsa la innovación en la alta cocina mexicana, y Lorea es una prueba de ello. Nada más cruzar el umbral de la puerta aquí se construye una relación con el comensal, a quien trata de llevar a sus propios límites a través de un viaje de sabores, texturas, aromas. Una historia colectiva donde la innovación es la reina. 

 

Sin salir de la Roma la siguiente parada es Maximo Bistrot, un lugar donde se celebran los ingredientes frescos, locales y de temporada que está capitaneado por el chef Eduardo García y su mujer, Gabriela López. Aquí, aprovechando al máximo los huertos y cultivos sostenibles en la Ciudad de México y sus alrededores, García se ha hecho un nombre como una estrella de la escena gastronómica de la ciudad. No es para menos. Es la cocina internacional con productos locales que García practica con esmero a la hora de crear combinaciones explosivas de sabores en platillos como el pulpo a la parrilla con salsa de mole de olla y camote orgánico, o las colmenillas con emulsión de jerez y foie gras.

Maximo Bristot
Foto: Maximo Bistrot

Hasta llegar a Contramar, la marisquería dirigida por el chef Andrés Barragán donde se preparan auténticos manjares del mar (las tostas de atún son casi una religión) aplicando también técnicas culinarias de otros países. Este clásico mexicano de la cocina del mar sigue siendo el lugar de moda por los locales ansiosos por degustar cualquier a de los platillos de tacos de camarones salteados y pescado entero a la parrilla. 

 

A pierna suelta

 

Que México continúa siendo un destino sobresaliente para viajeros de negocios lo demuestran recientes aperturas internacionales como la de Ritz Carlton, que llegó a la ciudad por todo lo alto, y nunca mejor dicho: instalándose en los 35 al 47 de la Torre Chapultepec Uno, ubicada en Paseo de la Reforma. 153 suites, extraordinarias vistas del Bosque y del Castillo de Chapultepec y un sinfín de prestaciones añadidas marca de la casa, como un enorme spa y el bar de moda de la ciudad donde disfrutar de una copa con la ciudad a bajo los pies. Con su llegada queda satisfecha, o al menos va por el buen camino, la demanda de hoteles de lujo de la ciudad, un nicho algo descuidado en los último años.

Casa Polanco
Foto: Casa Polanco

Para aquellos que prefieran dormir a ras de suelo y en un entorno mucho más hogareño, Casa Polanco es como alojarse en la casa de un amigo que todos querríamos tener en Ciudad de México. Tan solo 19 suites y toda la ética y estética que un hotel debería tener, los propietarios tardaron cerca de cuatro años en realizar la cuidadosa restauración de la propiedad, conservando y devolviendo los detalles arquitectónicos originales de esta casa catalogada y construida en la década de 1940 en el estilo renacimiento colonial californiano típico de las grandes casas de la época. En la actualidad, un fascinante diálogo arquitectónico de materiales y estilo adorna la propiedad, conservando el esplendor de la construcción original pero con toques modernos que la convierten en un verdadero hogar del siglo XXI. En el desayuno hay que tomar sus huevos rancheros y a cualquier hora del día probar algunos de los mejores tequilas que se producen en México y que se encuentran en el carrito de bebidas del salón de la propiedad. Además son cortesía de la casa.

 

A tan solo unos pasos de Casa Polanco se encuentran numerosos espacios culturales, como el Museo Soumaya, el Museo Rufino Tamayo, el showroom de diseño de Pirwi, el Teatro Telcel, el Museo de Antropología, el Auditorio Nacional y el tranquilo parque Plaza Uruguay. Más allá de la gran oferta que hay para comprar en Polanco, es un hecho probado que en Ciudad de México abunda el arte, la cultura, la historia y la exquisita gastronomía. A la vista está.

 

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