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Ciudad de México en siete imprescindibles

Por muy inabarcable que parezca, la capital concentra en unas cuantas coordenadas sus rasgos más esenciales.

Ciudad de México ha llevado la horizontalidad en urbanismo al grado superlativo. Es tan extensa que sólo se llega tras una aproximación que parece infinita. Cuando por fin el avión aterriza, se siente alivio: parecía que el piloto estaba por pasarse de destino. Una vez en territorio, sería absurdo pedir un mapa de la ciudad. Habría que doblarlo tantas veces que se perderían la mitad de las calles entre los dobleces. Hoy por suerte, se puede caminar con mapas digitales en los que un puntito señalará cuan lejos se encuentra uno del lugar que se desea visitar. Lo mejor es marcarse una estrategia, ir colonia a colonia y no dejarse atrás los planes básicos. Sin ellos, se entra y se sale de Ciudad de México sin saber muy bien por dónde se entró y se salió.

 

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lucha libre-cordon. La catedral de los enmascarados

Foto: Cordon Press

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En el #7: La catedral de los enmascarados

Un tiempo antes del inicio de la velada, los alrededores del Arena de la Ciudad de México se llenan de gente. La mayoría viste la camiseta de su luchador favorito o incluso la máscara comprada a cualquiera de los muchos vendedores callejeros que las ofrecen. Entre lo deportivo y lo teatral, la lucha libre mexicana no es sólo un espectáculo como la estadounidense. Aquí es expresión de la cultura popular: la eterna lucha del bien y del mal, la muerte, el esfuerzo... Luchadores como el Santo o El Hijo del Santo son parte de la iconografía pop que México ha exportado al resto del mundo. Y el mejor lugar donde disfrutarla es en la mítica Arena México, en la Colonia Doctores del centro de la Ciudad de México. Su interior parece haber vivido tiempos mejores, pero en cuanto el público empiece a gritar, los luchadores a hacer su coreografía y los vendedores a repartir micheladas y palomitas, hasta el más descreído comenzará a vibrar con los ‘costalazos’ de Karis la Momia, Kaos o Niño de la calle.

Museo Soumaya. Un Guggenheim azteca

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En el #6: Un Guggenheim azteca

Un convoy de vagones de tren hace sonar el silbato anunciando su paso frente a la Plaza Carso, en Polanco, y la gente acelera para cruzar antes. Enfrente, entre los coches del Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra se yergue un edificio recubierto de escamas metálicas que se ha convertido en símbolo del empuje cultural de México: el Museo Soumaya. La imagen es un maravilloso contraste. Por un lado, el lento avance del tren como de otro tiempo y por otro el futurista edificio diseñado por el arquitecto mexicano Fernando Romero, con asesoría de Frank Gehry, donde se exhibe la espectacular colección de la Fundación Carlos Slim, con más de 3 siglos de arte americano y europeo. Lo mejor, que su visita es gratuita. La oferta museística no queda aquí ni mucho menos. Ciudad de México cuenta con auténticos planazos: desde clásicos conocidisimos como el Museo Nacional de Antropología a rarezas más alternativas como el Museo del Objeto.

AlejandroLinaresGarcia-CC BY-SA -PolyforumSiqueiros06. Street art para el pueblo

Foto: AlejandroLinaresGarcia-CC

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En el #5: Street art para el pueblo

“Estos murales llegaron para a través de los símbolos dar respuesta al principal interrogante que surgió tras la revolución de la independencia: qué era ser mexicano”, explica Jonatan Chávez, coordinador de servicio al público en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Este edificio está considerado la cuna del muralismo mexicano. Del muralismo se conoce a Diego Rivera. Y aunque fue el más mediático por aquello de su affair con Frida y su temperamento tempestuoso, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco tampoco le fueron a la zaga. En el Antiguo Colegio de San Ildefonso hay obras de los tres. Aunque hay otros muchos murales repartido por toda la Ciudad de México. Por ejemplo, el Polyforum Cultural Siqueiros (en la imagen), que es el mural pintado más grande del mundo. También importante la enorme exhibición artística que hizo Diego Rivera en el Palacio Nacional y algo menos accesible, pero espectacular, es El origen de la vida, ubicado en el Cárcamo de Dolores, en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec.

 
tacos. Liar el taco

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En el #4: Liar el taco

La Ciudad de México huele a comida por todos lados: los tacos, huaraches, gringas, sopes, gorditas o las quesadillas dominan la línea de la comida callejera con puestos en todas las esquinas. Allá donde haya fila, ahí es donde hay que pedirlos. Lo que para los capitalinos es una rutina diaria más, para el viajero es un ritual. Sobre todo si cuando el taquero le pregunte “¿Con todo?”, responde que sí. Si sientan mal, como explica Juan Villoro en El vértigo horizontal (Ed. Almadía), “el problema no es que hayas comido dos tacos de suadero, tres de nenepil y uno de buche, sino que no estás suficientemente aclimatado”. Lo normal es que incluso el resto de establecimientos de comida tradicional suelan abrirse al espacio de la calle, con gente comiendo o esperando para comer. Si se tiene antojo de taco de marisco, las taquerías El Pescadito son para obligatoria. Hay varias sucursales en la ciudad, pero en todas ellas triunfa el Que-sotote, un taco de chile relleno de queso con camarón. 

 
chapultepec. En defensa del 'domingueo'

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En el #3: En defensa del 'domingueo'

Tener un bosque cerca de casa siempre es una ventaja: es posible perderse sin tener que ir muy lejos. Tanto por su extensión (más grande que Central Park) como por la variedad de planes (un castillo real, fuentes, flora y fauna, varios museos), el bosque de Chapultepec, considerado como el Mejor Parque Urbano del Mundo 2019, es uno de los espacios favoritos de los capitalinos. Les encanta pasear sobre todo festivos y los domingos. Entonces su ambiente es el de un parque de atracciones, lleno de color, de movimiento y aromas: “¿Qué vas a llevar, amigo?, ¿algo que le agrade?, ¿qué le ofrezco?”, gritan los vendedores al paso. Hay quien vende tortas, la fruta con chile y limón, las nieves de mango, el que hace tatuajes temporales o el que ofrece fotografías sobre caballitos de plástico…  Un planazo: la sucursal de Librería Porrúa, junto al lago donde circulan las barquitas de enamorados, es uno de esos lugares donde tomarse un descanso en la capital. Lo más parecido a estar en una cabaña de árbol sin subirse al árbol. 

 
Casa-Azulshutterstock 1659896920. Azul Frida

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En el #2: Azul Frida

El rostro de Frida Kahlo es universal y lo mismo vale para estampar camisetas que tazas de café, pero hasta que no se visita su casa azul no se la conoce. Ella vivió en Coyoacán -tal vez la colonia más hedonista de Ciudad de México: no hay que irse sin probar como mínimo los mejores helados y nieves de la ciudad-. Su casa se ha convertido hoy en lugar de peregrinaje para miles de personas porque quién no empatiza con un personaje así: tan bello y trágico a la vez, casi divino. La casa azul es su universo personal, una especie de submundo donde ella desarrolló toda la creatividad de la que fue capaz. Allí, claro, está el rastro de Diego Rivera, pero por muy eclipsante que fuera, Frida siempre se las apañó para brillar por cuenta y riesgo. La visita se realiza mejor con la audioguía, de manera que cada zona de la casa revela aspectos de su obra y personalidad. Para los más interesados, la ruta de Frida lleva al Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, en la Plaza San Jacinto de la colonia San Ángel, donde los sábados se monta un mercadillo de arte imprescindible.

 
Ciudad de México. El origen de todo

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En el #1: Descubrir el origen de todo

“La Luna y sus cráteres a 5 pesos”, grita un muchacho que ha instalado un telescopio al inicio de la calle Francisco I. Madero. Un Spider-Man camina más adelante, hay varias estatuas humanas, músicos ambulantes y un revoltillo de gente que sube y baja a lo largo de la vía peatonal que funciona como una de las principales vías de acceso al Centro histórico de la Ciudad de México. La calle deja atrás la Alameda y el Palacio de Bellas Artes y comienza justo en la esquina escogida para una de las excepciones a la horizontalidad de la ciudad: la Torre Latinoamericana, un rascacielos de récord que ha soportado más de un terremoto sin apenas enterarse. Siguiéndola, se llega al Zócalo y allí el núcleo duro de la ciudad histórica: Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el Palacio Nacional y el Templo Mayor de la antigua Tenochtitlán.

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