Puro monumento

La ciudad patrimonio de la humanidad más pequeña de España está en Jaén

La fama de su catedral, sus calles sinuosas de piedra y cal y sus deliciosos restaurantes acogen cálidamente a quienes paseen entre sus numerosos atractivos.

Cuando el visitante pone un pie en Baeza es fácil darse cuenta de que pocas son las piedras que le rodean que no tienen algo que contar. Toques medievales, reminiscencias árabes, herencia cultural, presencia de palacios y fuentes, edificios religiosos y civiles de gran valor arquitectónico y artesanía de renombre. Una ciudad Patrimonio de la Humanidad que, a pesar de no ser capital, lo tiene todo, y todo bien regado con una gastronomía de calidad, donde lo tradicional y lo vanguardista ponen la guinda a una localidad bañada de olivos y de la luz única del sur.

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Plaza Santa María, Baeza
Plaza Santa María, Baeza | Foto: iStock

PEQUEÑAS GRANDES PLAZAS de baeza

El casco antiguo de Baeza no sólo está repleto de estrechas calles a las que les cuesta mantenerse rectas, donde los adoquines desafían a los tobillos y la belleza, a las prisas. También son sus plazas las que reúnen ese magnetismo inherente a una localidad que no solo ha sido patio de juegos de Andrés de Vandelvira, importante arquitecto del Renacimiento, sino también testigo de la pluma de Antonio Machado o los pinceles de Gaspar Becerra.

La Plaza del Pópulo es una de las más emblemáticas de la población y punto de inicio para gran parte de sus visitantes. Se mire donde se mire, tiene algo que contar. Dando la bienvenida, la Fuente de los Leones, llegada desde Cástulo en el siglo XVI, está coronada por la que se cree que es la princesa Himilce, esposa de Aníbal, todo un símbolo del poder nobiliario y eclesiástico que alcanzó Baeza. A su alrededor, se despliegan varios edificios de gran interés.

Las Antiguas Carnicerías, de 1547, que cuatro siglos después pasaron a ser secadero de pieles y más tarde archivo histórico, están ocupadas actualmente por el Juzgado de la localidad. La Casa del Pópulo, Monumento Histórico Artístico, acoge ahora la Oficina de Turismo, y a su lado, la Puerta de Jaén, testigo del ir y venir de tropas, está acompañada del Arco de Villalar y de un pequeño secreto: un rincón en el que se erigió la Capilla de la Virgen del Pópulo y de la cual hoy aún puede verse un diminuto balcón.

Plaza del Pópulo, Baeza
Plaza del Pópulo | Foto: Shutterstock

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No hay que desviarse mucho para encontrar la Plaza de Santa María, sin duda la más grande de Baeza. En su centro se alza la fuente homónima, del siglo XVI, testigo del ajetreo estudiantil procedente del Antiguo Seminario de San Felipe Neri, fundado un siglo después y actualmente sede de la Universidad Internacional de Andalucía. En su fachada aún pueden verse los vítores que con letras rojas escribían los futuros sacerdotes al acabar sus doctorados.

Callejones Baeza
Callejones tras la catedral de Baeza | Foto: iStock

Frente a ellos, la Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza se alza desde el siglo VII escribiendo su historia como sede episcopal visigoda, más tarde como musulmana y nuevamente cristiana tras la Reconquista. Tras su hundimiento, fue reconstruida por Andrés de Vandelvira con su característico toque renacentista, a los que se añaden otros góticos y mudéjares. Igualmente maravilloso es su Museo Catedralicio y su exterior, donde preciosos callejones transportan a los paseantes a la época musulmana entre piedra y silencio.

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A pocos metros, la pequeñísima Plaza Santa Cruz aloja la iglesia homónima, del siglo XIII, curiosa por su cantería típica del norte de España y con frescos que datan del siglo XV, que representan escenas como la de la Santa Cena. Casi desde su puerta es posible ver la sorprendente fachada del Palacio de los Marqueses de Jabalquinto, obra de Juan Alfonso de Benavides Manrique y Monumento Histórico Artístico por ser un bello ejemplo de gótico isabelino, con ventanales en punta de diamante, arquerías de medio punto y columnas renacentistas.

Palacio de Jabalquinto, Baeza
Palacio de Jabalquinto | Foto: Shutterstock

DE LA POESÍA A LA ALFARERÍA

La presencia de Antonio Machado en la localidad no pasa desapercibida. El legado que dejó el poeta, que se trasladó a Baeza meses después de enviudar para dar clases, sigue presente como un velo cultural que ya es una más de sus señas de identidad. A pesar de la pena que arrastraba el profesor y las primeras impresiones negativas de un lugar en el que no quería estar –había solicitado plaza en Madrid–, muchas son las pruebas de amor a esta tierra que dejó en su obra.

Uno de los lugares que guarda más de su recuerdo es la Antigua Universidad de Baeza. Fundada en el siglo XVI, fue una de las cuatro universidades más antiguas de Andalucía hasta que la desamortización la convirtió en centro de enseñanza secundaria. Además de su hermoso patio de doble arcada, se conserva aún el Aula Antonio Machado con el mobiliario de la época y retazos de su paso por el lugar. Contigua al edificio se encuentra la Capilla Universitaria de San Juan Evangelista, otra de las bellas estampas que deja la calle Conde Romanones.

Baeza
Calle Conde Romanones, con la Capilla Universitaria de San Juan Evangelista de fondo | Foto: iStock

Paseando por Úbeda con Machado

Saliendo del casco histórico por la Puerta de Úbeda, incrustada en el torreón que guarda el Centro de Interpretación de Baeza Medieval, se llega al Paseo de Antonio Machado, que extiende el Valle del Guadalquivir a sus pies, una de las mayores inspiraciones del poeta. Para sus más devotos, existe una ruta que recorre algunos de sus pasos por la localidad, visitando la rebotica de Adolfo Almazán, donde asistía a algunas tertulias, o la que fue su residencia. Además, el Paseo de las Murallas y la Calle San Pablo guardan dos esculturas dedicadas a su figura.

Pero el arte de Baeza no solo se refleja en los versos que el poeta le dedicó, sino también en una de sus tradiciones más antiguas: la alfarería, una industria que se desarrolló en el siglo XVII y que destaca por su estilo propio. Diseñada más por necesidad que por decoración, ya que se destinaba para útiles de cocina y quehaceres diarios, su principal punto distintivo era su ornamentación, por lo que en aquella época se consideraban lujosos.

Cerámica Baeza
Cerámica de Pepa Moreno | Foto: Pedro Narváez Moreno

De aquella costumbre han quedado pequeños talleres de gran fama en Baeza, uno de ellos declarado Punto de Interés Artesanal, el de Pepa Moreno. Después de realizar una investigación para conseguir las cenefas, el color y el método de elaboración exactos que se utilizaban hace cuatro siglos, hizo del barro su profesión, elaborando piezas incluso para restaurantes como Vandelvira, galardonado con un Sol Repsol.

de la liga al cóctel

Cualquier visita a Baeza tiene como paso obligatorio – y voluntario – el Paseo de la Constitución. La alargada plaza, rodeada de edificios porticados, era donde antaño se celebraba el mercado, y tiene en su Fuente del Triunfo, su Fuente de la Estrella y el Quiosco de la Música, además de las Casas Consistoriales Bajas, toda una muestra de arquitectura de diferentes siglos. Cerca, el Ayuntamiento de Baeza, antigua Casa de Justicia y Cárcel, impresiona con su fachada plateresca, obra de Andrés de Vandelvira, al igual que la Torre de los Aliatares, una de las pocas muestras del paso de los musulmanes por la localidad.

Paseo de la Constitución, Baeza
Paseo de la Constitución | Foto: iStock

Pero no es solo historia lo que se respira en esta arteria principal de Baeza. Tras los bellos pórticos se encuentran algunos de los bares y restaurantes más frecuentados. Uno de ellos es la Taberna el Pájaro, donde ligar –que en Jaén hace referencia a ese tapeo antes de la comida, la liga– es un placer con nombre de lomo de orza, lagarto ibérico o alcachofas al estilo de la casa, siempre acompañados de una cuidada carta de vinos.

A su lado, la taberna gastronómica Ajedrea no se queda atrás, con toques algo más modernos, como el taco de mole con llata o el steak tartar con brioche y huevo de codorniz, y otros que hacen guiño a lo clásico, como el bacalao a la baezana o los andrajos. A pocos metros, dos jóvenes dirigen Mama Juana Ambiente Gastronómico Andaluz, con platos vanguardistas, como su versión de ochío de morcilla, donuts de carrillada y sus avíos o su magnum de paté de perdiz, almendra garrapiñada y mermelada de arándanos.

Detalle plato Restaurante Vandelvira
Restaurante Vandelvira

Es hora de salir de los soportales, porque hay mucho más allá. No muy lejos, el Restaurante Vandelvira, dirigido por Juan Carlos García, es una de las cartas más sabrosas y refinadas de la Baeza, con un excelente menú degustación y un maridaje estelar que tienen un punto más interesante aún si se toman en la barra frente a la cocina. Junto al restaurante no solo se ubica la Capilla de los Benavides, también obra del arquitecto que le da su apellido, sino también el Mercado de Abastos, del que se planea convertir en un mercado gastronómico.

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Para un ambiente más canalla, con carnes a la brasa, cerveza y buen tapeo, La Barbería es uno de los lugares más frecuentados, como lo es también la Taberna el Arcediano, donde el espacio es pequeño pero los platos abundantes – ojo a las sorpresas fuera de carta.

Éclair de paté de perdiz y cacao del  Restaurante Vandelvira
Éclair de paté de perdiz y cacao del Restaurante Vandelvira | Foto: Restaurante Vandelvira

A los pies de la catedral, la Taberna Canela en Rama, hermana de su homónima en Linares, se ha colado en las guías más prestigiosas por sus exquisitos bocados, su ambiente acogedor y el cariño por el producto de Juan Carlos Trujillo. Una delicadeza que no le falta a Pedro Salcedo en la cocina de Juanito, un restaurante con 70 años de historia familiar donde el recetario de la comarca se traduce en un menú donde las alcachofas de Luisa, la matriarca, son uno de los mejores bocados.

Para los mejores desayunos es necesario acercarse a la mítica Pastelería Martínez, donde Fina y Pepe preparan unos postres artesanos de diez, o la Pastelería Cafetería Virolo, en la que se venden estos dulces míticos de Baeza que se deshacen con un bocado.

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Y para llevar, nada mejor que los rosquillos de vino o las magdalenas de las monjas del Convento de San Antonio. Como colofón, es obligatorio conocer uno de los lugares más animados de Baeza y típico centro de reunión: el Café Teatro Central, ubicado en una casa solariega del siglo XIX donde tomar una copa, cantar en el karaoke, bailar al ritmo de un concierto o asistir a una tertulia con amigos.