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Baviera no es solo Múnich

Pocas regiones en el mundo acumulan tantas urbes bellas... y sin necesidad de parar en su capital ni en Núremberg.

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iStock-479198461. Augsburgo

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Augsburgo, una de las ciudades más antiguas de Alemania


Romana y católica, artística y burguesa, Augsburgo fue además la cuna del Renacimiento alemán. Fundada por el emperador romano Augusto hace más de 2000 años, entre sus atractivos se hallan la Catedral gótica de la Santísima Virgen, donde se conservan vidrieras del año 1140. Otra visita fundamental es la Plaza del Ayuntamiento, escenario principal de su histórico mercado navideño, que preside el edificio renacentista más significativo al norte de los Alpes alemanes. Junto a él se erige la Perlachturn, una primitiva torre de defensa de la muralla que hoy es un mirador excepcional. La calle Maximilian invita a dar un agradable paseo entre tiendas elegantes y casas señoriales, como la que fue la residencia del los Fugger, una dinastía de banqueros que desde el siglo XV embelleció su ciudad. Precisamente a Jacob Fugger, apodado «el Rico», se debe el llamado Fuggerei, un pequeño recinto benéfico que se inauguró en 1523 –está considerado el primero que hubo en el mundo– y que está formado por 50 casitas de obra social (sus alquileres siguen siendo muy bajos). El sistema de canalización y gestión de aguas en la ciudad, de origen romano, fue declarado en 2019 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
 

iStock-1037521042. Rothenburg ob der Tauber

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Rothenburg ob der Tauber: la Baviera más medieval


Desde que el rey Conrad III de Alemania trasladó en el siglo XII su corte imperial a Rothenburg ob der Tauber, el pueblo no hizo más que embellecerse. Hoy es una de las localidades más bellas de Baviera y etapa de la Ruta Romántica alemana. De aquella época es el barrio Altstadt, una joya que preserva callejones adoquinados, edificios con entramados de madera, tabernas históricas y el anillo de las murallas, con 12 torres unidas por un paseo que circunda la ciudad y ofrece vistas sobre el valle del río Tauber. El centro neurálgico lo ocupa desde hace siglos la Plaza del Mercado, presidida por el Ayuntamiento gótico del siglo XIV. De ella arrancan calles peatonales como la Schmiedgasse, llena de tiendas y mesones tradicionales, por la que se llega a la Casa Plönlein, erigida en una bifurcación que es el rincón más fotografiado de Rothenburg. Además merece la pena contemplar las hermosas vidrieras de la iglesia de St Jakobs, recorrer la calle Handwerker llena de talleres de artesanos (toneleros, tejedores, zapateros y alfareros...) y visitar el espeluznante Kriminalmuseum, que muestra utensilios de tortura que se utilizaban en la Edad Media. 
 

iStock-1066951114. Bamberg

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Bamberg y su encanto imperial

El centro antiguo de Bamberg no solo es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1993, sino que también es el tercero en extensión en Europa tras los de Venecia y Praga. Las calles empedradas de esta ciudad imperial desde el siglo XI y universitaria desde el XVII acumulan un legado artístico que abarca del románico al rococó. Destacan mansiones y palacios decorados con frescos como los de la Nueva Residencia (siglo XVII), que incluye en sus jardines una hermosa rosaleda. En su plaza más céntrica se alza la Catedral, que cobija la popular estatua medieval del Caballero de Bamberg, de autor e identidad anónimas. Pero lo más fotografiado de Bamberg son sin duda los canales navegables del barrio conocido como la Pequeña Venecia, donde sobre un islote del río Regnitz fue edificado en el siglo XIV el Viejo Ayuntamiento. Desde la colina que corona la abadía de San Miguel se obtiene la mejor vista del conjunto histórico de Bamberg, uno de los mejor preservados de Alemania. 

 

iStock-172483968. Bayreuth: el Olimpo de Wagner

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Bayreuth: el Olimpo de Wagner

Esta coqueta ciudad es famosa por su relación con el compositor Richard Wagner, quien vivió en ella desde 1872 a 1882, un año antes de fallecer en Venecia. Bayreuth permanece tranquilo y disfrutando de una atmósfera relajada gran parte del año, pero al llegar el verano, cuando se celebra el Festival Wagner (en 2020, del 25 de julio al 31 de agosto), se convierte en un destino operístico internacional y se llena de visitantes. Muchos de sus principales atractivos están vinculados a la música. Es el caso de la Casa Wahnfried -hoy un museo wagneriano–, que fue la residencia del músico y se construyó gracias al patrocinio de su mecenas, el rey Luis II de Baviera. También la Ópera, un teatro cubierto de maderas talladas y revestido con mármoles, que fue construido especialmente para estrenar y representar las obras wagnerianas. Pasear por el Parque del Eremitage, una antigua residencia real hoy abierta al público, y los jardines del Neues Schloss, en cuyo centro hay un mosaico del templo del Sol con una estatua dorada de Apolo, resulta una auténtica delicia.

iStock-513543490. Regensburg

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Regensburg, un museo al aire libre

Ratisbona es otra pequeña ciudad de Baviera, perfecta para descubrirla a pie y sin prisas. Toda ella es como un museo al aire libre, con un legado que abarca desde los romanos a los siglos en los que predominaba el estilo gótico. Su centro antiguo también está declarado Patrimonio de la Humanidad. Entre sus visitas fundamentales se hallan la Porta Praetoria, construida en tiempos del emperador Marco Aurelio, y antiguamente la entrada norte de la fortificada urbe romana Castra Regina, núcleo fundacional de la ciudad. Para los visitantes es una tradición cruzar a pie el Puente de Piedra (1146), que se alza desde hace siglos sobre el río Danubio. También vale la pena descubrir la Catedral de San Pedro, que destaca por ser uno de los escasos ejemplos del estilo gótico francés en Baviera. El castillo de los Thurn und Taxis es otro emblema de la ciudad. Los príncipes de esta dinastía inventaron el sistema postal de Europa en el siglo XV y convirtieron lo que era un monasterio en su residencia. Y una última curiosidad: en el centro de la ciudad se puede buscar la estatua de Don Juan de Austria. Bárbara Blomberg, hija de un artesano, supo «levantar el ánimo» del depresivo emperador Carlos V. Concibieron un hijo en Ratisbona al que llamaron Juan. En 1571, ya como Don Juan de Austria, ganó la batalla de Lepanto y así se hizo héroe de su siglo.

iStock-519622900. Passau

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Passau sobre el Danubio

Al nordeste de Múnich, Passau se asienta cerca de la frontera con Austria, en la confluencia de los ríos Danubio, Inn y Ilz, por lo que es conocida como «la ciudad de los tres ríos». Los primeros registros que hablan de una iglesia en este lugar datan del año 450. Sobre ella fue construida la catedral de San Esteban, considerada el templo más imponente al norte de los Alpes. En 1662, la ciudad fue destruida por un gran incendio. Para su reconstrucción llamaron a los arquitectos italianos de más renombre, que le imprimieron un estilo barroco. Desde entonces, Passau se distingue de las demás ciudades de la región por ese estilo italiano de muchas de sus construcciones que destacan en medio de las verdes y frondosas colinas. La Ludwigsstrasse y calles aledañas forman una zona para peatones con numerosas tiendas, agradables cafés y algún pequeño museo como el del vidrio, famosa artesanía local. A las afueras, descubrir el paisaje en torno al Niederhaus, antiguo monasterio y castillo medieval, y recorrer el paseo arbolado a orillas del río In, es siempre una experiencia inolvidable.
 

iStock-1145190243. Oberammergau: trampantojos en los Alpes

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Oberammergau, trampantojos en los Alpes

A unos 20 km de la alpina Garmisch-Partenkirchen se halla este pueblo de montaña, uno de los más encantadores de Baviera. El enclave es conocido en Alemania por la representación de La Pasión, un acto religioso que se remonta al siglo XVII, que se representa cada Semana Santa. Pero si por algo es recordado este pueblo es por sus llamativas fachadas decoradas con trampantojos, esa técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con materiales y perspectivas. Algunos son dibujos de escenas religiosas, otros que narran leyendas, también los hay con escenas vinculadas a la elaboración de la cerveza o a cuentos infantiles como Hansel y Gretel y Caperucita Roja. La más destacada en la Pilatus Haus, una casa cuyas columnas pintadas se transforman en tres dimensiones cuando el visitante se aproxima. Su interior alberga talleres de artesanos, principalmente de tallas de madera, una técnica que cuenta con un museo propio. Oberammergau es además la puerta de acceso para visitar el bellísimo Linderhof, la residencia más pequeña que hizo construir Luis II de Baviera, el llamado «rey loco», del que se puede seguir en Baviera una Ruta de los Castillos.

iStock-690883192. Lindau, el más lindo

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Lindau, la isla más linda

Hoy al sudoeste de Múnich, Lindau nació en una pequeña isla del lago Constanza. En la Edad Media, aquel encantador lugar fue elegido sede imperial y al poco tiempo se convirtió en un próspero enclave de la época, gracias a su emplazamiento en la gran ruta comercial que surcaba el país de norte a sur. La Insel, donde se hallan el centro antiguo y el puerto, está unida a tierra firme por el Seebrücke, un puente para trafico rodado, y por el Eisenbahndamm, otra pasarela, esta ferroviaria y también abierta a ciclistas y peatones. La animada Plaza del Mercado, el centro vital de la ciudad, acoge la hermosa Casa Cavasen, un edificio barroco de 1729 decorado con trampantojos. Esta es la sede del Museo del Historia, que muestra mobiliario, armaduras, pinturas e instrumentos musicales de la región. La Peterskirche, el monumento más antiguo de la ciudad, fue una iglesia románica del siglo XI, que hoy aloja un monumento conmemorativo de la guerra, decorado con frescos del Hans Holbein el Viejo. El Ayuntamiento o Alte Rathaus, del siglo XV y adornado por murales, está situado junto a la Torre de los Bandidos, antaño la cárcel. En 1856, en Lindau se construyó el único puerto fluvial del sur de Alemania, presidido por la estatua del famoso león de Baviera, el animal simbólico de la región. En su puerto Lindau conserva dos faros: el Alter Leuchtturm, del siglo XIII con tejado cuadrado, y el Neuer Leuchtturm, de 1856, una linterna marina de 33 m de alto, que es el faro más meridional de Alemania.

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Baviera no es solo Múnich

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