Las coordenadas más estimulantes para descubrir (o volver) a Ámsterdam

Contestataria, agradable y artística, la capital holandesa fascina con propuestas innovadoras y rutas clásicas.

Oficialmente, Ámsterdam es la capital de los Países Bajos. Solo oficialmente, porque los principales órganos del Gobierno holandés residen en La Haya. Pero el título se queda corto frente al mito de este pequeño vecindario que no alcanza el millón de almas: su entramado de canales, bicicletas y tranvías amarillos resulta ser la ciudad más libre del planeta. Algo congénito a su carácter anfibio, fluctuante, obligado a no fiarse de tierra firme, de dogmas demasiado sólidos, y a tender puentes.

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max-van-den-oetelaar-fxpJGoTA1rU-unsplash. Contracultural por excelencia

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Contracultural por excelencia

Solo desembarcar, resulta evidente que se trata de un espacio civilizado que acostumbra a ir siempre por delante, marcar tendencias, y eso desde siglos atrás: desde que sirvió de asilo a refugiados judíos, o perseguidos por motivos religiosos en la Europa reformista. Ámsterdam es por sustancia física e historial clínico una capital mundial de la contracultura.

Pionera en los años 60 de una ruta iniciática que se alargaba hasta la India, ha sido siempre avanzadilla en aspectos como el consumo de hachís, la libertad sexual, la movilidad sostenible, la calidad ambiental o leyes sociales permisivas. Pero también ha sabido mantenerse a la cabeza en el mundo de la moda, del arte e incluso de la economía, alojando compañías como Heineken, ING, Philips, Booking.com y tantas otras.

clarisa-ravasotti-iuM8EaJUmZQ-unsplash. Entre canales y restaurantes indonesios

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Entre canales y restaurantes indonesios

Al margen de sus atributos más sólidos, Ámsterdam es es también uno de los paisajes urbanos más románticos, una deliciosa postal que sus habitantes sobrellevan con resignado humor. Que los turistas se hacen selfis en cruceros o barandillas de los canales, pues los vecinos aprovechan estos para patinar en invierno, e incluso para vivir en barcazas que ni se privan de la coquetería de unas macetas a modo de jardín. Y sin cortinillas en las ventanas, las casas de Ámsterdam nada tienen que ocultar.

Los canales son el esqueleto líquido del centro histórico, uno de los más extensos de Europa. Son más de 160, atravesados por unos 1300 puentes, y son por supuesto Patrimonio de la Humanidad. Porque los cuatro principales, en forma de abanico abierto al puerto, constituyen un escaparate vivo de la historia local. A sus aguas oscuras se asoman casas con gablete, muchas peligrosamente inclinadas, o viejos almacenes que evocan el Siglo de Oro holandés, el xvii, cuando el país llegó a conformar un difuso imperio ultramarino en islas del Índico y las Antillas; los restaurantes indonesios de Ámsterdam son parte de su entraña.

iStock-1064257892. Mucho más que una estación

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Mucho más que una estación

Sea o no la primera vez que visita la capital holandesa, el viajero que llega a la Estación Central –aunque haya aterrizado en el aeropuerto de Schiphol– debe escoger entre los muchos reclamos que le brinda esta ciudad; imposible abarcar todo en pocos días. Es aconsejable confiarse al Amsterdam Pass, de uno a tres días, porque además de ofrecer lo básico permite moverse libremente con tranvías, autobuses o metro.

La Estación Central es como el kilómetro cero de la ciudad. Rodeada de dársenas, a una de ellas llega a principios de diciembre un personaje popular que reparte regalos entre los niños: Sinterklaas, San Nicolás, que según la tradición procede de Alicante.

shutterstock 1892419966. Por la Dam Rak hasta el río Amstel

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Por la Dam Rak hasta el río Amstel

También de la estación parte el Dam Rak, la «rambla» o avenida principal que conduce a la gran explanada donde están el Palacio Real y la Nieuwe Kerk (Iglesia Nueva), que ahora se utiliza para conciertos o exposiciones de arte; la Oude Kerk (Iglesia Vieja) que queda por el lado opuesto, detrás del modernista edificio de la Bolsa, es una síntesis matérica de la pintura holandesa de interiores.

Lo que prolonga el Dam Rak tras la plaza del palacio es el Rokin, un desahogado bulevar acaparado por joyeros y tiendas elegantes. El Rokin acaba en uno de los puntos más fotogénicos, sobre todo de noche, allí donde se le ve por fin el pelo (o la espuma) al Amstel, el río domesticado con un dique (dam) que dio origen y nombre al pueblo de pescadores que se instaló en la zona allá por el siglo XII.

frans-ruiter-jfPGunIH 9M-unsplash. un safari de museos

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un safari de museos

Y aquí hay que decidir. Si uno se decanta por los grandes museos y figuras, tendrá que caminar un poco hasta el área donde se codean el Rijksmuseum –reformado en 2013 por los arquitectos españoles Cruz y Ortiz, con los más buscados cuadros de Rembrandt–, el Museo Van Gogh, imprescindible, y el Stedelijk, de arte moderno. Esta tríada suprema encabeza una lista de más de 70 museos. Si no hay fuerzas para todos, lo aconsejable es no perderse la Casa de Rembrandt (Rembrandthuis) en el barrio judío, la Casa de Ana Frank, el Amstelkring –una iglesia católica camuflada en una buhardilla–, el Museo de la Biblia, el arqueológico Allard Pierson, el de los Trópicos (Tropenmuseum) o el NEMO, museo de Ciencias que parece un buque de cristal.

shutterstock Amsterdam cheese company Store. Compras con mucho sabor

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Compras con mucho sabor

Al margen del arte y de la historia, Ámsterdam es pura tentación para los sentidos. La comida étnica y de raíz oriental forma parte de su pasado colonial. Como es tradicional su afición por los quesos, mucho más variados de lo que fuera del país se sabe. Tienen los amsterdameses su propio elixir, el jenever, una ginebra artesanal que hay que sorber inclinándose sobre la mesa y tocando el vaso solo con los labios. Y qué decir de sus cafés, no solo los bruin krog (cafés ahumados) o los coffeeshops que sirven de merienda pastel de marihuana; hay también cafés elegantes que evocan estilos y arquitecturas de variado rango, o terrazas de aire bohemio como las del barrio de Jordaan.

 

iStock-516280227. Jordaan, un barrio para vivir Ámsterdam

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Jordaan, un barrio para vivir Ámsterdam

Y para las compras, la zona de Jordaan, la calle Kalverstraat, el centro Magna Plaza o el mercado al aire libre en torno a Nieuw Markt y el Waag (peso o báscula) son coordenadas a tener en cuenta. Leidseplein y alrededores es la zona preferida por los más jóvenes, herederos tal vez sin saberlo de aquella generación florida y hippy que llenó de inconformismo e ilusión el mítico parque Vondel. En Ámsterdam el tiempo pasa, los sueños permanecen.

 

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