Con otro 'style'

Corea del Sur en siete imprescindibles

Un sinfín de motivos hacen que Corea del Sur sea un 'must' que visitar en el continente asiático.

Por el conflicto político, por el K-Pop o por las operaciones de estética, las razones por las que se conoce Corea del Sur son tan variadas como su cultura. Con la frenética Seúl como capital y pueblos muy diversos, es difícil abarcar todos sus rincones, así que es mejor empezar por un repaso de las principales atracciones que hacen de Corea del Sur un lugar único. 

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En el #X: Gyeongju

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En el #7: Conocer la historia en Gyeongju

No es ni Seúl ni Busan, pero Gyeongju es Corea del Sur en estado puro. Situada en la costa este del país, es una ciudad imprescindible para entender su historia, pues fue capital del país durante la dinastía Silla, una de las más relevantes que reinó en la península durante más de 1000 años. Gyeongju es un museo al aire libre y en cada rincón hay un bien cultural, un sitio arqueológico o una tumba de un rey que merece la pena visitar. Sus reliquias culturales del siglo I a.C., el Templo Bulguksa, la Gruta Seokguram o los Emplazamientos Funerarios Reales de Daereungwon hacen de Gyeongju la Roma de la cultura coreana. 

 

En el #X: Florecer en Jinhae

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En el #6: Florecer en Jinhae

A pocos kilómetros de Busan, pequeña y poco conocida, la ciudad de Jinhae acoge cada primavera el Festival de Flores de Cerezo. Hasta hace un lustro su parada de tren era una parada corriente, pero sus raíles se han convertido en el mejor sitio para ir a disfrutar de las flores de cerezo tras el fin del servicio de ferrocarril. Detenerse para hacerse fotos, pasear en pareja o disfrutar del buen tiempo en familia en Jinhae se ha convertido en una tradición para los coreanos. Si bien esta ciudad del sur es la favorita para ir en primavera y contemplar este espectáculo de la naturaleza, Gyeongju, con sus edificios tradicionales, y Yeoido, en la misma capital, también son un lugar ideal para no perderse el florecer de los cerezos.

 

Haedong Yonggungsa Temple, Busan...

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En el #5: Dejarse llevar en Busan

La segunda ciudad de Corea del Sur no tiene nada que envidiar a las grandes urbes asiáticas. Mientras la capital despunta por su tecnología y los rascacielos, Busan se presenta como la mezcla ideal entre el bullicio de las grandes ciudades y la tranquilidad de los templos y la naturaleza. Prueba de ello es el templo Haedong Yonggungsa, uno de los mejores sitios budistas de Corea. La entrada del templo tiene la representación de los 12 signos del zodiaco oriental, que llevan hasta la pagoda blanca. Al descender 108 escalones se llega al recinto del templo justo sobre el nivel del mar, desde donde merece la pena ver el amanecer frente a los faros de piedra. Con sus playas de arena, bosques y una gastronomía reconocida, la ciudad de Busan es el contrapunto perfecto para quienes visitan Seúl.

 

comida coreana. Soju y comida...

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En el #4: Probar el kimchi y el soju

No se ha estado en Corea si no se ha probado su comida y, en especial, el kimchi. Esta conserva, generalmente con base de col china, es el acompañamiento por excelencia de la gastronomía coreana. Con más de 200 variedades según la región, este fermento no falta en ninguna mesa y está ganando popularidad a nivel internacional gracias a su valor nutritivo. De hecho, la comida coreana es una de las más saludables del mundo y sus aromas y sabores la convierten en única. A pesar de sus similitudes con la gastronomía china y la japonesa por el arroz y la salsa de soja como elementos básicos, en Corea del Sur son indispensables el bibimbap, una mezcla de arroz con verduras y huevo, el Samgyetang, una sopa de pollo con ginseng, y el Samgyeopsal, las tradicionales barbacoas coreanas. Y para acompañar, no puede faltar la bebida típica: el Soju, un licor hecho de arroz que incluso puede mezclarse con cerveza. A pesar que los coreanos no pierden el tiempo a la hora de comer, las cenas al salir del trabajo pueden alargarse e incluso acabar en el karaoke.

isla de jeju. Jeju

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En el #3: Explorar la isla de Jeju

Espectacular, porque otro adjetivo quedaría corto. La isla de Jeju es de esos lugares donde la naturaleza ha hecho de las suyas y ha dejado un sinfín de accidentes geográficos dignos de ser visitados al menos una vez en la vida. Dominada por el volcán inactivo Hallasan, comparte ránking con las cataratas de Iguazú, la Amazonia y la Bahía de Ha Long como una de las siete maravillas naturales del mundo, y tiene triplete de la Unesco como Patrimonio Natural de la Humanidad, Geoparque Global y Reserva de la Biosfera. En Jeju las opciones no se acaban: hacer una excursión a lo alto del Hallasan, el pico más alto de Corea con 1950 metros de altura para ver el amanecer, adentrarse en los túneles de lava Manjanggul, explorar las cascadas Jeongbang, las únicas de Asia que vierten su agua al mar, y subir a Seonsan Ilchubong para sacar la foto por excelencia de Jeju. Sin dejar de lado la visita a algún de los más de 100 museos curiosos de la isla, como el museo erótico o el museo de osos de peluche.

Visitar la DMZ

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En el #2: A un paso de Corea del Norte

Justo en frente, Corea del Norte. A tan solo 50 kilómetros de Seúl, la Zona Desmilitarizada de Corea, conocida como la DMZ o ZDC en inglés, no es solo un punto estratégico de encuentro político, sino que se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas del país. Con más de medio millón de visitantes al año, el conocido como 'Paralelo 38' es considerado la última frontera de la Guerra Fría que sigue dividiendo desde 1953 dos países que en su día fueron hermanos. Solo es posible visitarla con tours privados y siguiendo unas normas que van desde no llevar chanclas ni pantalón corto o vaqueros gastados hasta zooms de más de 300 mm. Tras pagar 50 euros y firmar un documento que acepta estar en una zona hostil, es posible vislumbrar las casas de madera de Corea del Norte, visitar los túneles que los norcoreanos construyeron para invadir Seúl en la Guerra Fría o dejar un mensaje de paz en los alambres del recinto. Incluso es posible visitar Corea del Norte con circuitos restringidos y siempre acompañado de un guía a través de ciertas agencias de viajes.

 

En el #X: Explorar la variopinta y frenética Seúl

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En el #1: Explorar la variopinta y frenética Seúl

Puede parecer abrumadora y cuando más se explora, más se necesita conocer. Seúl nunca duerme y su inmensidad la convierten en inalcanzable para unas vacaciones, pero su mezcla impresionante de arquitectura tradicional y nuevos barrios llenos de rascacielos la convierten en una de las principales ciudades asiáticas. Visitar Seúl es sinónimo de pasear por el barrio de casas tradicionales de Bukchon, adentrarse en los templos de Gyeongbokgung Palace, perderse por Myeong-dong, la calle más famosa de la capital donde comprar los mejores cosméticos, probar todo tipo de comida en el Namdaemun Market, ver las mejores vistas desde la N Seoul Tower o salir de fiesta por el frenético barrio de Gangnam. Seúl es una ciudad moderna, que presume de uno de los mejores sistemas de transporte público del mundo, de una gran oferta de ocio y gastronomía y con diversas zonas verdes para desconectar del bullicio de la capital.

 

Gyeongju

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