La otra guía

Costa Brava: lo que el turista no ve

Trece enclaves para disfrutar a la vez de la esencia y la modernidad que caracterizan a los pueblos y playas de este litoral de belleza inquieta.

La belleza mediterránea de la Costa Brava es atemporal. Siempre seductora, su alma se ha mantenido con el paso del tiempo en numerosos rincones, a pesar de que otros justo al lado ya hayan sido conquistados. Pero la Costa Brava, famosa por albergar paisajes inspiradores, pueblos encantadores, playas salvajes y caminos al borde del mar, todavía reserva sorpresas, algunas con siglos de historia y otras de creación más reciente.

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iStock-1299187629. Ullastret

Foto: iStock / Ruinas de Ullastret

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El poblado ibérico de Ullastret

El yacimiento del Puig de Sant Andreu de Ullastret está considerado la ciudad ibérica más grande de Cataluña. Ullastret fue la capital de una tribu ibérica que antiguos autores como Ptolomeo, Estrabon y Plinio el Viejo llamaron indiketes, y que habitaba dispersa por las comarcas actuales del Empordà y la Selva. Además del Puig, Ullastret tenía un segundo asentamiento muy cerca: la Illa d'en Reixac, en medio de un estanque de grandes dimensiones. El momento de máximo esplendor de este lugar fue hacia los siglos IV-III a. C., cuando en él habitaban unas 6000 personas. Entonces allí había templos, calles, villas nobles, mercados..., todo protegido por imponentes murallas que confirmaban que Ullastret era un centro neurálgico con un destacado papel en el comercio de la zona, junto a la ciudad griega de Empúries, hoy a 25 km por carretera. Además de las visitas comentadas y un pequeño museo con objetos hallados en las excavaciones, acaba de lanzarse una recreación virtual que permite ver cómo era vivir en Ullastret en la antigüedad.

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Foto: Palau de Casavells / Galería Alzueta

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El Palau de Casavells

A escasos 4 kilómetros de Ullastret se puede visitar el Palau de Casavells, una masía con aspecto de palacete que ha sido reconvertida en un inesperado espacio expositivo de arte contemporáneo. El centro, con 2000 metros cuadrados y ocho salas expositivas, es un proyecto estival impulsado por el grupo Alzueta Gallery, con varios centros de arte repartidos por Barcelona, Girona y Madrid. En este reúne medio centenar de obras de artistas nacionales e internacionales que suelen exhibir sus trabajos en sus casas matriz, entre otros Jordi Alcaraz, Paula Codoñer o Lidia Masllorens. Asimismo colabora en muestras puntuales con otras instituciones, galerías y artistas. El proyecto, que nació para difundir el arte contemporáneo también en destinos vacacionales, incluye una programación con actividades y talleres.

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Foto: Restaurante Can Bach

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Una cata de vino en Can Bach

El histórico restaurante Can Bach de Sant Feliu de Boada es un lugar entrañable para todos los que lo conocen. La masía que lo aloja, con un comedor interior de muros de piedra y una terraza ajardinada, incluye una pequeña bodega en la que guiados por Mariona, el alma máter del establecimiento, se pueden catar los vinos que se producen desde hace cuatro generaciones con las uvas cultivadas en los viñedos familiares del Celler Roig Parals. A finales del siglo XIX, cuando la filoxera arrasó muchas de las viñas europeas, la familia Roig se trasladó al sur de Francia para cultivar vides en el Rosellón. En 1896, el bisabuelo Quim comenzó a replantar los terrenos que tenía en el Empordà. Hoy, las 12 hectáreas de esta bodega, extendidas por la llanura de Mollet de Peralada, a 50 metros sobre el nivel del mar, dan vida a unas vides cultivadas bajo una climatología mediterránea, con la tramontana como protagonista y una pluviometría anual escasa. El restaurante, donde las catas se realizan en su bodega entre toneles o al aire libre en la naturaleza, propone degustaciones para descubrir sus tintos, rosados y blancos comercializados con las marcas Mallolet y Camí de Cormes, los tintos La Botera y L'Intrús, y el licor l'Eròtic. El Celler Roig Parals también ofrece visitas guiadas por sus viñedos, que acaban catando vinos (es preciso reservar).

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Foto: iStock / Faro del Cap de Creus

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De faro en faro

El itinerario los Faros de la Costa Brava descubre, además de miradores en enclaves únicos, un sinfín de historias y leyendas. La mayoría de estas linternas marinas fueron construidas entre 1852 y 1868, cuando las flotas inglesas quisieron «modernizar» este litoral para hacer más segura la navegación de sus navíos. El faro del cabo de Creus, localizado en un paraje agreste y aislado, a 500 metros de la punta del Cap de Creus, es uno de los más representativos de la Costa Brava, además del más oriental de la Península Ibérica. Su edificio se asoma a un litoral esculpido, protegido dentro de los límites del Parque Natural del Cap de Creus, con senderos que pueden recorrerse a pie o excursiones en barca desde Cadaqués, Llançà o El Port de la Selva. Pero esta atalaya luminosa no es la más septentrional de este litoral: ese honor le corresponde al faro de Port de la Selva que corona la Punta de s'Arenilla. Desde esta y hacia el sur, la ruta se completa con los faros de Cala Nans en Cadaqués, que ilumina la costa de Roses, esta con acantilados y calas temporales como Jóncols o Pelosa; el faro de las Islas Medes, una reserva marina frente a L'Estartit; el de Palamós, que mira a su puerto de pescadores desde la Punta del Molino; y el de Tossa de Mar, que hoy aloja el Centro de Interpretación de los Faros del Mediterráneo.

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Foto: Bodega Brugarol

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Brugarol, vinos con premio Pritzker

En el término de Palamós, junto a la finca del Mas de Bell Lloc –hoy un alojamiento–, se puede visitar la Bodega Brugarol, productores de unos vinos de calidad, en un enclave también remarcable por su arquitectura de vanguardia. La singularidad de este celler emplazado entre la viña y el bosque en un edificio de nueva factura, es su bodega enterrada bajo tierra. La obra, realizada por el estudio de arquitectura RCR de Olot, sorprende por las líneas novedosas, las estancias subterráneas, los materiales empleados y especialmente por su simbiosis con la naturaleza. En su estructura externa, un camino de planchas de acero inclinadas guían el paseo, creando una estética y una atmósfera original e innovadora. La bodega organiza visitas comentadas por el laberinto de pasillos subterráneos para ver dónde reposan los vinos, en estancias oscuras, frescas y dotados de una climatización controlada. En la bodega se pueden adquirir la media docena de caldos que elaboran: tres blancos, un rosados, tres tintos, y también aceite.

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Foto: iStock / Camino de Ronda Costa Brava

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Camino de Ronda en Begur

Lo que en su origen fue un camino junto al mar que permitía a los pescadores llegar a calas inaccesibles y, a inicios del pasado siglo, vigilar a los contrabandistas, hoy representa una de las propuestas senderistas más atractivas de la provincia de Girona. Escaleras y miradores se encadenan en el llamado Camino de Ronda que, desde la acogedora S’Agarò al abrupto Cap de Creus, recorre los rincones más idílicos de la Costa Brava. Entre los tramos de mayor belleza intacta sobresale el que conecta las calas de aguas color esmeralda de Begur: Aiguafreda, Fornells, Aiguablaba.... Su visita se pueden iniciar tanto desde Sa Riera como desde Sa Tuna, también enclaves encantadores que preservan su esencia de aldea de pescadores.

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Foto: Abricoc

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Abricoc, productos de proximidad

Desde el año 2019 se puede visitar en el encantador pueblo de Fonteta la tienda-boutique Abricoc, dedicada a la venta y divulgación de productos gastronómicos del territorio. Fruto del sueño de Alba, su propietaria e hija natal de este lugar, el establecimiento ofrece en sus estanterías productos de calidad elaborados en este pueblo y otros de los alrededores, por pequeños productores que tratan y cuidan con mimo sus elaboraciones. Es el caso de un productor de gin de Vullpellac, otro de aceite de Fontanilles, o de miel de Casavells, y más de frutos secos, vinos o embutidos... Pero si por algo destaca este pueblo es por sus quesos. No podía ser de otro modo en este pequeño rincón ampurdanés famoso desde hace décadas por su recuit, de leche de cabra o de vaca, un producto registrado con Denominación de Origen de Calidad. La tienda también organiza talleres de gastronomía y charlas.

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Foto: Shutterstock / Castillo de Torroella de Montgrí

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El Castillo de Torroella de Montgtrí

El castillo del Mongrí se eleva desafiante sobre este macizo, frontera natural entre las comarcas del Baix Empordà y el Alt Empordà. Su emplazamiento privilegiado le permitió controlar las trifurcas de la Edad Media, aunque a causa de estas y otras escaramuzas de aquellos tiempos, hoy el monumento solo preserva sus muros exteriores. Sin embargo, su ubicación sigue regalando una de las vistas más impresionantes de la Costa Brava, hacia las llanuras del interior por un lado y el mar situado a 6 kilómetros por el otro. La fortaleza militar fue edificada entre 1294 y 1304 en tiempos del rey Jaume II. Hoy se alcanza con una excursión de una hora aproximadamente que escala hasta sus vestigios, a 303 metros de altura. Comienza en el mismo pueblo de Torroella de Mongrí al que pertenece. Siempre señalizado, al inicio discurre por un amplio camino de tierra que luego se vuelve algo más empinado y pedregoso. Los que han realizado la excursión en más de una ocasión recomiendan iniciarla al menos una vez poco antes del amanecer, entonces acompañados de linternas para iluminar el camino, para así poder contemplar desde lo alto la salida del sol en el horizonte. 

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Foto: Shutterstock / Castillo de Púbol

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Púbol, vértice del Triángulo de Dalí

El Triángulo Daliniano es una ruta que enlaza los tres centros neurálgicos en el Empordà que permiten adentrarse en la vida y obra de Salvador Dalí: Figueres, Cadaqués y Púbol. Desde Figueres, donde nació y se halla su museo, a Cadaqués, donde se pueden seguir sus primeros pasos tanto en este emblemáticos pueblo de la Costa Brava como en la recogida cala de Portlligat, donde se retiró con Gala ya de adulto. Sin embargo, el tercer vértice de este triángulo cultural suele ser el menos conocido. Camino de este pueblo de interior, la ruta daliniana puede incluir el Santuari dels Àngels (50 km al sur de Figueres), donde Gala y Dalí se casaron en secreto. A una decena de kilómetros se halla el Castillo de Púbol, una fortaleza que el pintor adquirió en 1969 para regalársela a su esposa. En ella vivió Helena Ivànovna, más conocida como Gala, quien la habitó hasta su muerte. Ella se encargó de decorarlo con una estética que le recordaba su procedencia aristocrática rusa. La musa del genio murió en 1982 y, tras ser embalsamada, fue enterrada en la cripta del castillo, ataviada con un elegante vestido rojo de Dior. Justo al lado había otra cripta, inicialmente concebida para dar sepultura a Dalí. Pero quedó vacía, ya que el genio ampurdanés decidió, al final de sus días, que quería reposar eternamente en el museo de su Figueres natal y mandó construir un mausoleo en una de las salas. Allí fue enterrado en 1989.

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foto: Fundación La Caixa / Jardín Botánico de Cap Roig

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Jardín Botánico de Cap Roig

Los jardines de Cap Roig, situados entre los municipios de Palafrugell i Mont-ras, están considerados por su singularidad un espacio único en el Mediterráneo. Con una extensión de 20 hectáreas, este espacio ajardinado hasta el borde de los acantilados atesora cerca de 800 especies botánicas. Además de un castillo, pérgolas, torreones, fuentes y terrazas en las que descansar y contemplar las vistas sobre el Mediterráneo, cuenta con senderos con 22 puntos señalizados, donde se distinguen distintos grupos de plantas: arboreto, fruticetum, palmetum, cactarium, plantas anuales muy diversas y herbáceas perennes. Su creación se remonta a 1927 cuando el coronel ruso Nicolai Woevodsky, amante del dibujo y la arquitectura, y la aristócrata inglesa Dorothy Webster, aficionada a la decoración, la arquitectura y la jardinería, huyendo de una Europa conflictiva, decidieron establecerse en la Costa Brava en un lugar donde construir su sueño. Allí crearon este espacio singular hoy repleto de vegetación procedente de todo el mundo, que incluye esculturas de artistas como Oteiza o Basterretxea y una arquitectura encantadora.

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Foto: Can Bassa

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Hotel rural Can Bassa

Can Bassa es un acogedor alojamiento rural ubicado en una antigua masía del siglo XIV rehabilitada con mucho encanto, situada en el bonito pueblo de Madremanya, en la falda del macizo de Les Gavarres del Baix Empordà. Este exclusivo hotel cuenta con tres habitaciones tipo suites en la parte baja de la masía, decoradas con exquisito gusto en un estilo rural. El alojamiento incluye cinco casas rurales independientes. Tanto las suites del hotel como las casas rurales tienen acceso directo al jardín y a la piscina, además de disfrutar de vistas a los campos que rodean la masía y al pueblo medieval de Madremanya. Can Bassa ofrece a sus clientes bicicletas para descubrir los alrededores pedaleando.

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Foto: Mooma

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Sidrería Mooma

El Baix Empordà es tierra de campos de manzanas. A las afueras del pueblo rural de Palau-sator se puede descubrir la sidrería Mooma, regentada por la tercera generación de una familia dedicada al cultivo y recolección de la manzana. En 2016 se decidieron a comercializar la primera sidra catalana, Mooma (de Montgrí y poma, manzana en catalán). Esta bebida fresca, completamente natural y de Km0 es la protagonista del establecimiento de restauración que vino después, situado en una masía rodeada de pomares, que cuenta con un comedor interior y otro que con el buen tiempo se emplaza entre los manzanos. Mooma incluye una tienda donde se pueden comprar, además de sidra, zumos, licores, vinagre y mermeladas.

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Foto: Shutterstock / Cementerio de Lloret

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El cementerio modernista de Lloret de Mar

El campo santo de Lloret de Mar forma parte de la Ruta Europea de Cementerios que engloba algunos de los más remarcables de Europa, por su historia y por su patrimonio artístico. El de Lloret de Mar se sitúa alrededor de la parroquia de Sant Romà que, construida en el siglo XVI, ya usaba sus alrededores como lugar de entierros. En plena Costa Brava, destaca por conservar un importante legado modernista y de arquitectura indiana o colonial. Ello se debe a la reforma de un «nuevo» cementerio que fue impulsado a finales del siglo XIX por un sector de la población que había regresado enriquecido de su aventura «a las Américas», en su mayoría familias relacionadas con el comercio de ultramar y la riqueza que este generaba.