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En Curazao nada es lo que parece

Este paraíso isleño es una explosión de colores y de mestizajes casi imposibles.

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iStock-137853694. Más que una isla, un remedio

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Más que una isla, un remedio

A Curazao –'curación' en portugués– hay que buscarla en el Caribe sur, a 50 kilómetros de la costa de Venezuela y entre otras dos islas, Aruba y Bonaire. Con su deslumbrante vida marina, una sucesión de playas espectaculares y una capital que presume de un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad, esta joya caribeña poco explorada rebosa elegancia y buen rollo. Antaño se le conocía como la Isla de la Curación, pues los colonizadores afectados por el escorbuto lograban reponerse gracias a la ingesta de frutas locales. Por su parte, los curazoleños, políglotas y empáticos, son buenos anfitriones y dan la bienvenida al visitante como si fuera uno de los suyos.

matthew-t-rader-ZYXUlrkpWrI-unsplash. El Ámsterdam tropical

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El Ámsterdam tropical

Elegante, colorida y multicultural, Willemstad debe su encanto a una combinación única: la arquitectura colonial típica holandesa y los colores y la alegría caribeña. Las casonas de su casco antiguo, de tejados a dos aguas y frontones barrocos, recuerdan a las de Ámsterdam, eso sí el naranja, amarillo y verde de sus fachadas devuelve al viajero al trópico. Cuenta la historia que esta explosión de color en los muros fue gracias al excéntrico gobernador Albert Kikkert, a quien el reflejo del intenso sol caribeño sobre las paredes blancas le causaba fuertes dolores de cabeza. Así que en 1817 dictó una ley que obligaba a pintar los edificios de la capital de Curazao en colores pastel.

iStock-516444355. Dos ciudades en una

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Dos ciudades en una

Willemstad está dividido en dos por la bahía de Santa Ana. De un lado esta Punda, en cuya orilla se encuentran esos coloridos edificios que conforman la postal más conocida de la isla. También hay sorpresas como la sinagoga Mikve Israel-Emanuel, la más antigua de América aún en funcionamiento, el ajetreado Mercado Flotante en el que se vende pescado y frutas provenientes de Venezuela o el inquietante museo Kura Hulanda que muestra cómo fue el comercio trasatlántico de esclavos provenientes de África. Al otro lado del icónico puente de la Reina Emma está el barrio de Otrobanda, antiguamente preferido por los criollos y en el que destaca el RIF Fort, un baluarte erigido en 1828 con piedras de mar, reconvertido en un centro de ocio y restauración.

iStock-1064904606. Fusión 'pitufa'

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Fusión 'pitufa'

La capital de Curazao hay que recorrerla a pie, perderse entre sus callejuelas para desentrañar vestigios de épocas coloniales, descubrir las majestuosas haciendas de antaño o deambular entre tiendas de artesanías, galerías de arte o bares como el tradicional Netto Bar de cuyo techo cuelgan toda clase de cachivaches, balones, cuadros, y que sirve el famoso Rom Berde, con un fuerte sabor a Anís. En Curazao la gastronomía se teje con retazos de sabores holandeses, españoles, africanos y hasta asiáticos, con ingredientes de aquí y de allá: iguana, langosta, maíz, cabra, cerdo, verduras o frutas tropicales como la papaya. No hay que olvidar el sabor más conocido de la isla, el licor de Curaçao; con su característico color azul pitufo, es el resultado de macerar con alcohol la corteza de la naranja agria.

iStock-964384750. Encrucijada de culturas

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Encrucijada de culturas

En la isla, el mestizaje entre holandeses, afroamericanos y latinos está en todas las facetas; su entrañable factor humano se ha tejido a base de patrimonio europeo y raíces africanas. Desde la gastronomía, hasta la religión, pasando por la lengua, el mestizaje es evidente. Aunque el idioma oficial de la isla es el holandés, los locales dominan el inglés y el español, y aún conservan el papiamento, una lengua inventada por los esclavos que combina lenguas africanas y europeas. De hecho, suelen preguntar al forastero qué idioma prefiere. Porque, los curazoleños son así, buenos anfitriones, fiesteros, afables y orgullosos de sus raíces, de su pasado colonial que conservan como su mejor baza para el turismo.

Skalo. Lienzos sin límites

Foto: Street Art Skalo

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Lienzos sin límites

Aun hay más, los amantes del arte callejero y los grafitis, deberán poner pie en el barrio de Scharloo. Gracias a Street Art Skalo, un proyecto lanzado en 2016, sus se han convertido en un polo creativo, con obras de artistas locales e internacionales.

iStock-881504632. Caribe con calas

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Caribe con calas

Y si el pasado colonial está bien conservado, las playas de la isla siguen como hace siglos, en estado puro, muchas de ellas resguardadas por íntimas calas. Un rosario de 35 playas de arena blanca y aguas cristalinas se sucede a través de la costas sur, cada una con su encanto propio, algunas de pago, pero todas igual de paradisíacas. Para los fiesteros, Mambo Beach que por la noche se convierte en un gran club nocturno; para los que buscan postales de ensueño, Kenepa Beach, que en varias ocasiones ha sido nombrada la mejor playa del mundo y para los amantes del submarinismo la cala de playa Kalki, con un fondo marino repleto de peces de arrecife, corales en forma de hongo, anguilas, langostas y morenas verdes.

iStock-1008015888. Mucho más que playas

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Mucho más que playas

En la costa norte, de cara al Atlántico, las olas revientan con fuerza en las rocas del Parque Nacional Shete Boka, unas 200 hectáreas de calas y ensenadas donde tres especies de tortugas depositan sus huevos. Más allá de las playas y del mar, hay tesoros naturales como las Cuevas Hato con impresionantes estalactitas y estalagmitas y dibujos de hace 1.500 años o el Parque Nacional Christoffel con senderos para explorar su exótica vida salvaje, rutas de observación de aves y recorridos históricos.

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En Curazao nada es lo que parece

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