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Los destinos que darán que hablar en el mes de noviembre

Viajes de ensueño, rutas enoturísticas, arte y arquitectura entre las mejores propuestas de la última revista de Viajes National Geographic.

El otoño se antoja como una de las mejores época para viajar y las propuestas del nuevo número dan buena cuenta de ello. El frío todavía no se ha adueñado del hemisferio norte y los destinos cercanos como Mallorca, el Delta del Ebro o La Rioja exhiben sus mejores estampas en la época de cambio por excelencia, algo que se ve reflejado en los colores y formas de sus paisajes. Por su parte, los destinos lejanos invitan a soñar entre templos hindús y laderas volcánicas de infarto. 

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Mallorca

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Mallorca

La isla despliega un mosaico de paisajes de interior y de costa que sorprenden y maravillan aún más fuera de la temporada estival. Escaparse a Mallorca en otoño o invierno equivale a reencontrar caminos que en verano resultan imposibles de recorrer por el calor, a vivir fiestas y a saborear platos de temporada. Desde la sierra de Tramuntana, con sus pueblos cobijados entre valles y acantilados, a la ciudad de Palma, con su soberbia catedral gótica, sus museos de arte y sus hornos tradicionales, cualquier ruta que se emprenda será un agradable descubrimiento. Los ineludibles son tantos que dan para uno o varios viajes, pero nuestra recomendación es no perderse Valldemossa, Sóller, Pollença, Llucmajor, las grutas del Drach, dels Hams o de Artà, la larga playa blanca de Es Trenc, la Ruta del Vino y el sendero GR-221 por la sierra de Tramuntana; y por supuesto Palma. 

Sierra Aracena

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Sierra Aracena

La ciudad del Guadalquivir, vital y repleta de estímulos artísticos, es el magnífico inicio de un viaje que continúa hasta la onubense sierra de Aracena. Esta ruta interprovincial tiene como objetivo mostrar dos ambientes muy distintos entre sí, perfectamente complementarios y sumamente agradables. Por una parte, la vital Sevilla, repleta de estímulos artísticos de ayer y de hoy. Por otra, la Sierra de Aracena, un remanso de paz reconvertido en destino de turismo rural y natural, situado a menos de dos horas de la ciudad aunque ya dentro de Huelva. La estancia en Sevilla equivale a penetrar en un gigantesco caleidoscopio: saltando de un barrio a otro, del suntuoso Real Alcázar a los bares de tapas de Triana, de los jardines de María Luisa y sus pabellones de 1929 al vanguardista complejo de Las Setas… La incursión en los pueblos de Aracena, en cambio, será un baño de calma y naturaleza, con sus bosques de alcornoques y sus pueblos blancos aupados sobre colinas.

La Rioja

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La Rioja

Una gran ruta por esta tierra de vino y de arte románico, donde a cada paso aparece un rincón que merece una visita detenida. El paisaje riojano es variado en color, textura y aroma, por eso resulta tan estimulante lanzarse a visitarlo todo, a caminar entre los viñedos de la Ruta del Ebro, a subir a las cotas más altas de Ezcaray o de la sierra de la Demanda, y a adentrarse en el silencio de monasterios que fueron etapa jacobea y donde se escribieron las primeras palabras en castellano y en euskera. Cuando el viajero se encuentre contemplando las huellas de dinosaurio grabadas en la roca creerá haber llegado al centro de la Tierra… a una tierra antigua y sabia.

Norte Portugal

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Norte Portugal

El norte de Portugal es ese territorio vecino, cercano y a la vez tan sorprendente. Desde la frontera gallega hasta Coimbra, la ruta sigue ríos que nacen en nuestro país y desaguan en el Atlántico, circula a través de viñedos, aldeas de montaña, playas, pueblos pescadores y ciudades repletas de tesoros artísticos. Una tierra encajada entre el azul del océano y el verde de bosques y campos. Un rosario de poblaciones de costa y de interior parecen competir por atraer al viajero e incitarlo a dedicar una parada larga y tranquila: Valença do Minho, Viana do Castelo, Braga, Bragança, Guimaraes, Oporto, Aveiro, Coimbra o La Guarda en la sierra da Estrela.

Isla Reunión

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Isla Reunión

Un frondoso bosque tropical tapiza los volcanes, barrancos y acantilados de esta isla del Índico, un paraíso para el senderismo. El viaje a esta mancha verdísima en pleno océano Índico evoca un “mundo perdido”, con volcanes de laderas esmeraldas, cañones de vértigo y una cultura que sabe a vainilla, azúcar y curry. La Isla de la Vainilla, como la definen los folletos turísticos, no es un destino de sol y playa como sus vecinas Mauricio o Seychelles, sino de senderismo y de actividades al aire libre con altas dosis de adrenalina como el descenso de barrancos, el parapente o el kitesurf. También es posible sobrevolar en helicóptero volcanes activos, caminar sobre levadas de antiguas erupciones o bucear entre tiburones. Hay opciones mucho más tranquilas y asequibles, como la opción de llegar en coche hasta miradores que se asoman a cráteres y valles tapizados de selva impenetrable. Si se tienen ganas, incluso es posible lanzarse a la búsqueda del tesoro que el pirata Le Buse escondió en la isla y que hasta ahora aún nadie ha encontrado.

Rajastán

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Rajastán

Un viaje por dos mundos que ejercen una increíble atracción: el Taj Mahal y las ciudades del Rajastán y los enclaves sagrados a orillas del Ganges. El viaje por el norte de la India es el escenario perfecto para sumergirse en la India legendaria, la de la fastuosa vida de los marajás, sus palacios y ciudadelas, completada con la mística de los lugares más sagrados, recorridos por sus principales venas fluviales. Todo empieza en Agra, frente al magnífico Taj Mahal, el mausoleo de mármol blanco con incrustaciones y rodeado de jardines que se ha convertido en símbolo del país. Hacia el oeste se extiende el inmenso estado de Rajastán, con ciudades pintadas de azul o de rosa, situadas al borde del desierto del Thar: Jaipur, Udaipur, Jodhpur y Jaisalmer, colmadas de callejones, palacios con celosías de piedra, mercados ambulantes y color, mucho color. El viaje cambia de ambiente y de paisaje en cuanto toma rumbo sur siguiendo el curso del sagrado Ganges hasta Varanasi (Benarés). Ahí se engarzan ciudades de honda espiritualidad, como Allahabad, adonde los peregrinos acuden por miles a purificarse o lanzar ofrendas al río, o Bodhgaya, donde Buda alcanzó la iluminación. 

Delta del Ebro

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Delta del Ebro

Una escapada otoñal por las marismas, arrozales y playas de este valioso y frágil enclave natural del sur de la provincia de Tarragona. En el extremo sur de la provincia de Tarragona se encuentra una de las maravillas naturales del Mediterráneo occidental. Es el delta del Ebro, 320 km2 de lagunas, marismas, salinas, acequias y arrozales ganados al mar. El recorrido más completo por este universo semiacuático puede comenzar en Amposta, la Amni Imposita de los romanos, en dirección hacia la desembocadura, pasando de una orilla a otra del Ebro. También se puede empezar en L’Ampolla o en Sant Carles de la Ràpita, las otras dos grandes poblaciones de la desembocadura del gran río. La bicicleta es la mejor alternativa al coche para recorrer toda la zona y detenerse en los miradores que se asoman a lagunas repletas de aves que crían todo el año o migratorias. Hay dos centros de interpretación que ayudan a entender este microcosmos natural, tan frágil que si no  se protege podría desaparecer dentro de unas décadas: la Casa de Fusta y MónNatura Delta. El flamenco es la especie más icónica del humedal, que tiene la segunda mayor colonia de cría de la Península Ibérica en las salinas de la Trinitat, en la Punta de la Banya. Para compensar la actividad, el viajero podrá recomponerse con un arroz en alguno de los pueblos de casas bajas de este inmenso y bello delta.

Bonn

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Bonn

La gran ciudad del valle del Rin celebra el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven con exposiciones y rutas hasta septiembre de 2021. La ciudad natal de Beethoven es una ciudad pensada para pasear y, a cada paso, hallar una excusa histórica para detenerse. Además de la casa del músico y los lugares que marcaron su vida y obra, Bonn cuenta con varios museos excelentes, como el Egipcio o el de Arte Moderno. Y claro, la Ópera y la Sala de Conciertos Beethovenhalle que, además de rendir homenaje al genio de las Sinfonías y a Clara y Robert Schumann, que vivieron en la ciudad, acoge conciertos con orquestas e intérpretes de fama internacional. Después de recorrer a fondo el centro, visitar su catedral y entrar en sus tabernas, apetece salir a pasear por alguna de las siete colinas que rodean Bonn. Se trata de enclaves  inspiradores que invitan a andar entre bosques o a sentarse a contemplar el llamado Rin romántico desde un mirador privilegiado.

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