La otra guía

Dublín: lo que el turista no ve

El mapa definitivo para no perderse entre pintas y pelirrojos... ¿o sí?

Por mucho que Dublín sea ahora el hogar de Facebook, Google o LinkedIn en Europa, la capital irlandesa no ha perdido su identidad. Y en lugares como estos demuestra que sigue teniendo una personalidad muy fuerte y, también, que la quiere compartir con todos cuantos la visiten. ¡A disfrutar!

 

 

Aviva Stadium

Para el viajero común español, Dublín no es una ciudad de grandes noches deportivas. Al menos, no para el futbolero. Y sin embargo, la capital irlandesa tiene un estadio a la altura de urbes como Londres, Madrid, Múnich o Milán. Aquí juegan los partidos la selección nacional de rugby y la de fútbol, de ahí que en su más que recomendable tour las referencias a ambos equipos sean constantes y que en su pírrico museo lo que se exhiban sean fetiches de los héroes locales. Y sin embargo, por muy pez que se sea en ambos deportes, la experiencia de conocer las entrañas de esta joya arquitectónica obra de Populous inspirada en una ola merece y mucho la pena.

Docklands

La llegada de Facebook, LinkedIn, Google y todas las empresas informáticas al este de la ciudad ha cambiado la cara por completo de los viejos muelles industriales. En apenas unos años, han pasado de ser un suburbio a un agradable paseo donde espera algún que otro highlight como es el caso del Grand Canal y su plaza en la que asoman los palos rojos que recuerdan que aquí se ubicó un viejo leprosorio. O el cercano teatro Bord Gáis, que da la bienvenida a los archilovers que acaban cruzando el río por el puente de Samuel Becket (obra de Calatrava) y curioseando en el interior del Convention Center de Kevin Roche.

Hugh Lane

En los últimos años, Dublín se ha empeñado en poner en valor su potencial artístico y museístico. Fruto de este afán es la renovación de esta galería que pasó de ser el lugar donde se exhibían las obras de arte francés del coleccionista Hugh Lane a acoger algunas de las principales creaciones de la contemporaneidad irlandesa. De hecho, en su interior se puede disfrutar del doble legado del artista Sean Scully: tanto propia colección privada como algunos de sus cuadros más representativos.

O'Donoghues

Elegir solo un pub en todo Dublín es casi un acto kamikaze. Y más si lo que se pretende destacar es que es el mejor ya que las magnitudes para evaluar un bar en esta ciudad depende de las resacas de cada uno. Sin embargo sí que se puede decir que este curioso antro es uno de los más auténticos. ¿Por qué? Pues porque conserva la esencia fundacional de este tipo de locales. Es decir, música -preferiblemente folclórica- en directo y sin descanso, unos parroquianos fieles y muy dublineses y mucha, mucha Guinness. Es decir, la coordenada donde disfrutar de los pubs tal y como eran.

Iveagh Gardens

El que fuera, durante años, el jardín de la familia Guinness (sí, los de la cerveza) es hoy uno de los jardines secretos más carismáticos de la ciudad. Su encanto reside en que su acceso está mucho menos señalizado y anunciado que el del cercano St. Stephens Green y que se mantiene aislado del resto de la ciudad (tiene su propio horario y cierra por la noche). Dentro espera la paz y la monumentalidad, con estatuas y fuentes que se mantienen intactas desde hace décadas. Eso sí, su icono es la cascada donde el agua y la fotogenia fluyen incansables.

The Winding Stair

Este restaurante juega mucho con las apariencias. Y es que se anuncia como una librería con nombre de verso de Yates en una ubicación inmejorable: frente al Ha’Penny Bridge y junto al río Liffey. Lo que sorprende es la escalera que sube anexa al escaparate principal y que conduce hasta uno de los restaurantes con más personalidad de la ciudad. Lo que se sirven aquí son platos que beben del recetario clásico pero que se perfilan con sabores más modernos. Y, sobre todo, un ambiente en el que Dublín resiste ante las moderneces y donde es fácil ver algún escritor taciturno perdiendo su vista detrás de la ventana.

Marsh's Library

Junto a la catedral de San Patricio, oculta ante los ojos de muchos turistas, se encuentra esta preciosa biblioteca que data de 1701 y que es la más antigua de todo el país. Dentro se encuentran ochenta incunables e infinidad de libros de temática religiosa ya que el complejo es dependiente de la iglesia. Pese a que no cuenta con la espectacularidad de la biblioteca del Trinity College, sí que es más accesible al viajero que busca consultar alguna de sus maravillas y reliquias.

Two Pups Coffee

El barrio de Liberties está viviendo su propia primavera fruto del optimismo y la prosperidad por la que está pasando ahora la ciudad. ¿Gentrificación? Puede ser, pero con bastante buen gusto. Y esta ola refrescante la están liderando locales como Two Pups, una cafetería que se transforma, de vez en cuando, en mercadillo de segunda mano y que no ha hecho sino aprovechar el flujo de amantes de lo vintage que siempre ha tenido Francis Street debido a sus anticuarios. Y rejuvenecerlo a lo grande, con tartas, brunchs, cafés y tertulias improvisadas.

Destilería Teeling

El titular es muy sencillo y directo: es la única destilería que se sitúa en Dublín. Porque, por mucho que Jameson tenga la visita más popular, Teeling ha sido la responsable de devolverle al viejo Golden Triangle (donde se ubicaban siglos atrás las grandes casas de Whisky irlandés) el brillo de antaño. Aquí el incentivo no es visitar un parque temático de la triple destilación, sino conocer de primera mano los procesos de elaboración de este líquido dorado. La experiencia culmina con un bar lleno de fotogenia y de cócteles en los que se pone de relieve que esta bebida está más de moda que nunca.

Aviva

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