Paisajes de leyenda

Dún Briste, la roca sola ante el Atlántico

En los confines de un cabo sagrado, este pilar natural acoge alguna de las leyendas más especiales de la isla de Irlanda.

En el oeste irlandés más salvaje, una roca se alza entre las olas como la proa de un barco. És Dún Briste, una mole separada 228 m de tierra firme desde que en 1393 una violenta tormenta la quebró y dejó varada frente a la costa. Mide 45 m de altura, 63 m de largo y 23 de ancho, dimensiones que la convierten en una escultura de piedra excepcional para ser fotografiada desde los prados de Downpatrick Head. Este cabo se considera un enclave sagrado pues aquí San Patricio, el patrón de Irlanda, fundó una de las primeras iglesias de la isla. 

 

 
Roca Dun

Roca Dun

La leyenda, muy aceptada en la Isla Esmeralda, cuenta que fue el santo quien rompió Dún Briste. Al parecer en este lugar vivía el druida Crom Dubh, un ermitaño que rehusó convertirse al cristianismo que predicaba san Patricio. El enfado del evangelizador de la isla fue tal que al golpear el suelo con su vara dejó la roca aislada de tierra y al druida que la habitaba, condenado a morir allí en absoluta soledad.

Fuera una tormenta o el golpe de san Patricio, Dún Briste estuvo una vez unida a tierra firme. La evidencia definitiva la presentaron tres investigadores que en 1980 aterrizaron en helicóptero sobre ella y descubrieron restos de edificaciones de piedra y restos de pasos para las ovejas.

Downpatrick Head es fácil de localizar. Se halla a 5 kilómetros del pueblo de Ballycastle, en el condado de Mayo y en plena Atlantic Way, la ruta panorámica que recorre la costa oeste de Irlanda de punta a punta. Hay una pequeña zona de aparcamiento de la que sale un sendero que se asoma por un lado a unas plataformas de basalto cuarteadas como la famosa Calzada del Gigante, en territorio de Irlanda del Norte.

El caminito pasa por las ruinas de la iglesia fundada por san Patricio, donde hay una de las muchas fuentes sagradas (holy well) que hay por estas tierras, con ofrendas de flores y una estatua del santo. La mejor vista de la roca se consigue desde la antigua torre de vigilancia de la Segunda Guerra Mundial y desde el camino que bordea el acantilado. Atención: el suelo es inestable y es muy peligroso acercarse al borde, especialmente cuando el viento sopla con fuerza, algo corriente en esta zona, ¿un aviso para los descreídos, tal vez?