Historia y vino

Entre dinosaurios y viñedos, los castillos de La Rioja que merecen una visita

Estas ocho fortalezas plasman la importancia fronteriza que en el medievo tuvieron las actuales tierras riojanas.

La Rioja es una comunidad con huellas de dinosaurios, monasterios milenarios, pueblo medievales con edificios barrocos y espacios naturales de interés como los valles de los ríos Jubera, Leza, Cidacos y Alhama, declarados Reserva de la Biosfera por la Unesco. En un destino así, no podía faltar el legado de castillos y fortificaciones. Testigos mudos de la historia, la mayoría de castillos riojanos se edificaron en la Edad Media para defender pueblos y monasterios fundados cerca de la línea imaginaria que separaba los antiguos reinos de Aragón, Castilla y Navarra.

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La Ruta de los Castillos de La Rioja propone un viaje en el tiempo por una veintena de estos monumentos, de los que de algunos solo se preservan vestigios. Esta selección de Viajes National Geographic reúne algunos de los que mejor reviven su pasado esplendor. Una visita que puede enriquecerse con la oferta enoturística riojana, visitando pueblos enmarcados entre viñedos y con bodegas centenarias o de arquitectura vanguardista.

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Arnedo
Foto: Shutterstock

ARNEDO

Esta villa es una de las más importantes nacidas en el valle del río Cidacos, un paraje declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. La localidad tiene un casco antiguo dominado por su fotogénico castillo cimero, cuyos muros se pegan a las rocas y narran sin palabras una historia que se remonta a la época de dominio árabe de este territorio, cuando la dinastía Banu Qasi gobernaba allá por el siglo IX. Fue así hasta que en la Edad Media pasó a manos de la familia noble de los Arnedo. En las inmediaciones se pueden recorrer vestigios de otros fortines riojanos coetáneos, como los de Autol, Quel y Enciso que, aunque con escasos restos, dan una idea de la importancia militar que tuvo este territorio, protegido por una imponente línea de bastiones defensivos.

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Davanillo San Asensio??
Foto: AdobeStock

DAVANILLO

Esta fortificación situada en el término municipal de San Asensio, a mitad de camino de la vitivinícola Briones, representa un valiosos ejemplo de la arquitectura militar que imperaba en el siglo XII. En su momento álgido, señoreaba la raya fronteriza que separaba los reinos de Castilla y de Navarra. Hoy sus restos permanecen sobre el cerro cercano al Ebro en el que fue construido, en el pasado un excelente punto de visión estratégica sobre el gran cauce fluvial. Consta de un recinto exterior protegido con murallas y torres cilíndricas en los extremos, y una altiva Torre del Homenaje en el interior, de base cuadrada. La misma senda que desde el pueblo lleva al castillo pasa por la ermita de Santa María o de Nuestra Señora de Davalillo, cinco años más joven y situada a sus pies. La fortaleza está declarada Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España.

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Jubera
Foto: Shutterstock

JUBERA

Este bastión dominaba un valle que antaño fue una avanzadilla militar asentada en un relieve agreste que parece deslizarse hasta el río Jubera, en el límite entre la cuenca del Ebro y la sierra del Camero Viejo. Esta forma parte de la histórica comarca de Los Cameros, con pueblos serranos y un paso histórico de la trashumancia.

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De su pasado estratégico conserva los vestigios de su castillo de origen árabe, cuyo triple perímetro domina un cerro de amplias vistas. Merece la pena subir por la empinada senda que desde el pueblo lleva hasta las ruinas. Queda poco en pie, pero paseando por su laberíntica estructura se tiene la idea de lo que llegó a ser, así como del privilegiado emplazamiento en el que había sido construido, con amplias vistas de este paisaje riojano. Cerca se pueden recorrer unas viejas minas de plomo, en funcionamiento hasta mediados del siglo XX y hoy acondicionadas para la visita.

Sajazarra
Foto: AdobeStock

SAJAZARRA

Al casco histórico de Sajazarra se accede pasando por la Puerta del Arco, una de las cuatro que en el siglo XV se abrían en la antigua muralla medieval que protegía el enclave. Curiosamente, las calles y algunas casas de este pueblo con siglos de historia están salpicadas de obras de arte contemporáneo. El bastión de este pueblo está presidido por una poderosa Torre del Homenaje, de base rectangular y cercada a su vez por un muro con torreones cilíndricos, que en su época dorada actuaba de desafiante entrada. En el interior destaca la iglesia de Santa María de la Asunción, en plena calle Mayor, un templo que fusiona su estilo románico con el barroco de su campanario.

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Cornajo
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CORNAgo

En el límite riojano con la provincia de Soria, separados por la sierra de Alcarama, se asienta este coqueto pueblo, salpicado de palacetes, caserones y ermitas como la de San Blas, esta con frescos en su interior. Cornago sobresale en el horizonte coronado por dos imponentes monumentos: la iglesia de San Pedro, que empezó a construirse en el siglo XIV, aunque se finalizó siglos después como testimonia su decoración barroca interior, y el bien conservado castillo de la localidad.

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La majestuosa fortificación de base cuadrangular, con cuatro torreones cilíndricos en los ángulos, remonta su origen al siglo XIII y sobresale por su tamaño y fisonomía inexpugnable. En la actualidad acoge un centro de interpretación donde se recoge la historia del monumento, del pueblo y de la comarca de Cervera del Río Alhama. Asimismo, el enclave cuenta alrededor con varios yacimientos arqueológicos y también paleontológicos de ictinas, las huellas de los dinosaurios que campaban a sus anchas por la zona hace millones de años. 

Clavijo
Foto: AdobeStock

CLAVIJO

Peñascos que asemejan ser mogotes, cerros formados por un único bloque de roca, presiden este pueblo del valle del Iregua, río que también baña Logroña, la capital riojana, y estas tierras situadas poco más al sur. La zona es rica en icinitas como las que se esparcen por Villanueva de Cameros. También cuenta con reservas naturales como el Parque Natural de la Sierra de Cebollera; y por supuesto, suma una línea de castillos medievales como los cercanos entre sí de Viguera, Nieva de Cameros y el que corona Clavijo. La historia ya hizo referencia a una atalaya cimera en este lugar durante una batalla que aconteció  el año 844 y que enfrentó a las tropas del Emirato de Córdoba con las del rey Ramiro I de Asturias. Los vestigios erigidos por los árabes hacia el siglo X fueron ampliándose a lo largo de los siglos, con una muralla almenada y amoldada al montículo y grandes torres defensivas que miraban al valle del Iregua. Además de las vistas desde su elevado emplazamiento, un broche a la visita es el cercano monasterio de San Prudencio, originariamente fundado en el siglo VII.

Agoncillo
Foto: Shutterstock

AGONCILLO

Este pueblo con solemne fortificación se localiza en la comarca histórica de Camero Viejo, cerca del cauce del río Leza que, antes de besar el pueblo,  serpentea entre espacios naturales y aldeas casi desplobladas, aunque ricas en edificios góticos y barrocos. Situada a unos 15 km de Logroño, y en pleno Camino de Santiago, Agoncillo cuenta con dos grandes atractivos, la iglesia barroca de Nuestra Señora la Blanca, y en pleno casco histórico el castillo de Aguas Mansas, cuya edificación comenzó en el siglo XIII y se considera el ejemplo más destacado de la arquitectura militar de La Rioja. El edificio de planta cuadrada, rematada en los ángulos por torres varias de ellas almenadas, es actualmente la sede del Ayuntamiento local. Está declarado Monumento Histórico Artístico Nacional desde 1983. Agoncillo también acoge el remarcable Museo Würt La Rioja, que desde el año 2007 exhibe arte contemporáneo de artistas como Picasso, Miró o Warhol.

 

 

San Vicente de Sonsierra
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SAN VIcENTE DE SONSIERRA

San Vicente de Sonsierra es otro buen ejemplo de lo que fueron las ciudadelas fortificadas del corazón del norte peninsular. Se asienta en una zona salpicada de pueblos de arquitectura medieval como San Asensio y Nájera, y monasterios milenarios como el de San Millán de la Cogolla (siglo XI), considerado la cuna de la lengua castellana. San Vicente de Sonsierra es asimismo una etapa fundamental en las rutas de enoturismo por La Rioja. Su castillo, acurrucado sobre un altozano, formó parte durante siglos de la línea defensiva del medievo que separaba Navarra de Castilla. De aquella época son los vestigios de la fortaleza que la domina la localidad desde un cerro, en el que hoy también se levanta la iglesia de Santa María la Mayor, templo de sillería del siglo XVI que cobija un delicado retablo renacentista. De gran tradición vinícola, el pueblo también es famoso por las numerosas bodegas de renombre que allí se congregan.