Rurales y muy próximos

Entre iglesias, murallas y plazoletas: así son los pueblos más bonitos de Francia al otro lado de la frontera

Están cerca de España, tienen un inesperado patrimonio arquitectónico y son prefectos para una escapada de fin de semana.

El sur de Francia alberga aldeas, pueblos y pequeñas ciudades con un rico patrimonio arquitectónico. Situadas a orillas del Mediterráneo, asomadas al Atlántico o en el corazón de los Pirineos, las localidades de esta selección maravillan con su legado medieval y sus tradiciones montañesas o pescadoras. Conviene dedicar un día a cada una para disfrutar con sus iglesias románicas, murallas, torreones y plazoletas rodeadas de casas con entramado de madera, y después explorar sus alrededores con vistas a montañas míticas o al profundo azul del mar.

 

Collioure
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Collioure

La llamada Costa del Coral Rojo es la continuación del Cap de Creus hacia el norte, una línea de antiguos pueblos marineros y laderas tapizadas de vides que se asoman al mar. Cervera, Port-Vendres, Banyuls de la Marenda y Colliure forman un conjunto encantador, perfecto para recorrer en un fin de semana y seguir los pasos de artistas de inicios del siglo xx como Picasso o Matisse. La obra de estos y otros pintores puede verse en el Museo de Arte Moderno de Collioure. Siguiendo un corto sendero en el parque Pams, detra´s del museo, se llega a La Gloriette, desde donde se disfruta de una estupenda vista del pueblo. Se ve el puerto, construido en los años 70 y la iglesia de Notre-Dame-des-Anges, un templo reducido a una escénica torre que se levanta del mar como si fuera un faro.

Mirepoix
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Mirepoix

El pueblo de Mirepoix, en plena Ruta Cátara, se localiza en medio del triángulo de ciudades históricas formado por Foix, Carcasona y Toulouse. Es una ciudad bastide, planificada de forma cuadriculada, de calles estrechas, plaza central porticada con fachadas de entramado de madera y un pequeño canal en las afueras. Entre los edificios más representativos de la época medieval, destaca la Casa de los Cónsules y la Catedral de Sainte-Maurice.

Ceret
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Céret

El famoso pueblo de las cerezas, a pocos pasos de la frontera gerundense y de los puertos de montaña que en el pasado vieron pasar a miles de exiliados republicanos, es una villa luminosa, de plaza sombreada y calles de piedra que acogen un animado mercado. Y algo más, un inesperado Museo de Arte Moderno, fundado en 1950 y que expone obras de Chagall o Picasso, entre otros artistas conocidos. 

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Una vez se deja atrás las puertas del museo, las calles empedradas conducen hasta el Puente del Diablo (construido entre 1321 y 1341) sobre el río Tec, la iglesia románica de Saint-Pierre (siglo IX) o las medievales Puertas de España y Francia. En la plaza Picasso se encuentra la Fuente de la Sardana, que rinde homenaje a la obra La Sardane de la Paix, que Picasso realizó en Céret.

 

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RENNES-LE-CHÂTEAU
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Rennes-le-Château

Rennes-le-Château guarda un misterio que lo hace merecedor de una parada en la ruta por territorio cátaro. La zona estuvo poblada hace más de 3.000 años, sufrió conquistas de ambos lados de los Pirineos, vivió la persecución cátara, fue incendiada... Su buena estrella llegó en 1885 de la mano de Berenger Saunière.

 

Este párroco instaló aquí su parroquia y, al reconstruir la iglesia, descubrió bajo una columna carolingia unos manuscritos que, misteriosamente, cambiaron el rumbo de la villa y el ritmo de vida del abad, que empezó a viajar a París y a codearse con nobles, reyes y artistas. Se cuenta que, quizás, lo que descubrió fue la confirmación de que María Magdalena era la esposa de Jesucristo, que tuvo descendencia con él y que vivió sus últimos días en el sur de Francia. La visita del pueblo incluye la iglesia así como los edificios y jardines que mandó construir el abad.

VILLEFRANCHE-DE-CONFLENT
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Villefranche-de-Conflent

A las puertas del Parque Natural de los Pirineos Catalanes, Villefranche-de-Conflent es una de las localidades míticas de la Catalunya Nord por su proximidad a la montaña del Canigó y al monasterio románico de Sant Miquel de Cuixà, cuyo claustro original se expone en el museo The Cloisters, en Nueva York.

 

Las fortificaciones del siglo XI ordenadas por el conde de la Cerdanya se ampliaron en el XVII bajo los planes de Vauban, el arquitecto militar que reforzó el perímetro francés con fabulosos complejos que ahora son Patrimonio Mundial. Hay que subir al Fort Libéria para contemplar la vista sobre el valle del río Têt y después regresar a la ciudad a través del túnel de 1853 con 800 escalones. Para descubrir los alrededores, una buena opción es tomar el Tren Amarillo (jaune) que recorre la Cerdanya francesa.

Ainhoa
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Ainhoa

Al norte de Zugarramurdi, el pueblo brujo de Navarra, el País vasco francés despliega un tapiz de prados, bosques y pueblos encantadores como Ainhoa. Se trata de una bastide, un tipo de localidades construidas en Aquitania y Occitania entre el siglo X y el XIII, rodeadas por murallas y planificadas como un tablero, con casas de tamaño similar y pequeños pasajes en los que se acumulaba el agua. Lo que más destaca en Ainhoa son sus edificios de muros blancos con entramado de madera pintado de rojo a la vista y la iglesia de Notre-Dame de l'Assomption.

SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT
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Saint-Jean-Pied-de-Port

Donibane Garazi o, como la llaman sus habitantes, Garazi a secas, es una encrucijada desde su fundación a finales del siglo XII. Su nombre francés y castellano describe bien su situación geográfica: al pie del puerto de Roncesvalles, el paso de montaña que conecta la vertiente norte pirenaica con la sur, ya en tierras navarras. Saint-Jean-Pied-de-Port o San Juan Pie de Puerto es la última etapa francesa del Camino de Santiago (señalizado como GR-65) y también una etapa de la Ruta Transpirenaica (GR-10), que atraviesa de este a oeste la cordillera.

 

Entre los ineludibles del pueblo, destaca la Puerta de Santiago, que franquean todos los peregrinos rumbo a Roncesvalles, la iglesia gótica del siglo XIV y el camino de ronda de las murallas. Para disfrutar de sabores y aromas, lo mejor es acudir un lunes y pasear por su mercado de productos agrícolas y artesanos.

GUÉTHARY
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Guéthary

El Atlántico es la calle mayor de Guéthary, la Getaria francesa. La villa más pequeña de la costa de Aquitania fue, del siglo XI al XIX, un activo puerto pesquero y ballenero. Nadie lo diría hoy, ante el modesto aspecto de los muelles y rampas por los que se suben las barcas para amarrarlas en seco, a resguardo de los temporales. La plaza central de Guéthary, el punto de encuentro de los habitantes del pueblo y también de los veraneantes, tiene solo dos elementos, pero son esenciales: la casona de arquitectura tradicional y el frontón, donde los días en que se juegan partidos de pelota vasca se concentra todo el mundo. Fuera del núcleo, Guéthary es conocida por tener dos olas míticas, un reto irresistibles para surfistas llegados de todas partes.